lunes, 13 de agosto de 2007

El ‘Suizo’, el hombre que voló avión de Avianca

El ‘Suizo’, el hombre que voló avión de Avianca durante los aciagos tiempos del narcoterrorismo

Darío Uzma planeó el atentado del HK-1803. En el vuelo murió uno de los sicarios del cartel de Medellín junto a otros 106 pasajeros. Estas y otras sorprendentes revelaciones están en el libro De Rasguño y otros secretos del bajo mundo, del periodista Juan Carlos Giraldo. Semana.com publica a continuación el sorprendente capítulo.
El curtido investigador judicial, al que simplemente le decían Carrillo, llegó al lugar de los hechos seis horas después de divulgada la noticia de la caída de un avión jet de la empresa Avianca, con 101 pasajeros y seis tripulantes a bordo.

La aeronave hk 1803, que debía cubrir la ruta BogotáCali, había salido del Aeropuerto Eldorado a las siete y trece minutos de la mañana de ese lunes 27 de noviembre de 1989.
El Boeing 727100 cayó del cielo cuando volaba a 10.400 pies de altura, y se desparramó en mil pedazos sobre una montaña rocosa, en jurisdicción de la población de Soacha, ubicada al extremo sur de la capital colombiana.

Muchas personas vieron cuando explotó en el aire y pudieron observar los pedazos del aparato cayendo a tierra. Esas mismas personas llamaron a las emisoras locales y nacionales, pero nadie quiso dar crédito a «semejante vaina», a esa hora de la mañana, cuando el cielo se abría y daba paso a un sol radiante que comenzaba a iluminar la ciudad.

El investigador Carrillo era el duro de los explosivos en el naciente Cuerpo Especial de Investigaciones de la Unidad de Instrucción Criminal. Cuando llegó al lugar de los hechos o, dicho en términos judiciales, a la escena del crimen, ya se encontraba invadido de periodistas, camarógrafos, fotógrafos, policías, curiosos y saqueadores que aprovechaban cualquier descuido de la sorprendida autoridad para hacerse a una prenda, un collar o un reloj.

Partes de cuerpos se encontraban regadas en un radio de unos tres kilómetros, vísceras humanas y retazos de ropa colgaban de las ramas de los eucaliptos que abundan en ese lugar. El espectáculo era macabro. Nadie se salvó.

Un pedazo de unos doce metros del fuselaje del avión fue la parte más intacta que quedó. Tres letras de la palabra Avianca se podían leer sobre un fondo rojo y blanco, los colores oficiales de la empresa aérea más grande e importante del país.

Carrillo era un hombre muy conocido en los pasillos judiciales por todos los periodistas que cubrían las noticias de su sector, y seguramente por eso fue abordado de inmediato cuando los comunicadores descubrieron su menuda figura agazapada a un lado del fuselaje, tomando las primeras impresiones de la tragedia.

¿Accidente, falta de gasolina, falla humana, mal tiempo? Todos sus amigos periodistas le querían preguntar, al mismo tiempo, en desorden. «Fue un atentado terrorista», se atrevió a asegurar, no sin antes advertir que lo decía «off the record», pues aún era muy prematuro hablar de forma oficial.

Carrillo tomó del brazo a uno de los periodistas que más le generaba confianza, y apartándolo le confió el motivo de su intuición. «¿No le huele raro, como a dulce?», le preguntó al reportero. «Sí, huele como a dulce, como a gasolina dulce», le respondió aquél. «No, guevón, es el olor del explosivo plástico, del C4».

Nadie le paró bolas al investigador, pese a que Colombia vivía uno de los capítulos más sangrientos de su historia reciente, derivado de la guerra que el capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, le había declarado al Estado, con el fin de evitar que se aprobara la extradición de narcotraficantes como él a Estados Unidos.

A diario, y a veces hasta en intervalos de horas, las explosiones de las bombas sacudían las calles de ciudades como Cali, Bogotá y Medellín, sembrando el pánico y la desolación. Decenas de personas, inocentes en su mayoría, murieron por culpa de la arremetida de los llamados Extraditables, el grupo militar que formó Escobar Gaviria para enfrentar una guerra que él calificó como «sin cuartel».

«Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos», era el lema de los comunicados que los Extraditables publicaban cada vez que se adjudicaban un atentado criminal o un ataque terrorista.

Aunque esta vez no hubo comunicado alguno que se atribuyera semejante crimen, las conclusiones de Carrillo no eran tan descabelladas como a priori lo asumieron los periodistas que llegaron al lugar. ¿Sería posible que la caída de un gigante de los cielos como el Boeing de Avianca hiciera parte de un plan fraguado por la mente criminal de Pablo Escobar? En principio el tema se quedó en simples especulaciones de un investigador tercer mundista. Y si se tiene en cuenta que Colombia es un país de altísima accidentalidad aérea, pues la hipótesis de un atentado parecía esfumarse con el mismo viento que soplaba fuerte contra las rocas de la montaña donde descansaban los restos de los pasajeros del avión.

Dos días más tarde, en el lugar de la tragedia aparecieron regados por todas partes agentes del fbi enviados desde Estados Unidos, de la dea y de la Agencia de Aviación.

Y sólo entonces los periodistas comenzaron a sospechar, a aceptar la posibilidad de un atentado terrorista, a no descartar con tanto facilismo que la siniestra mente de Pablo Escobar había ideado un nuevo ataque sin antecedentes recientes en el mundo.
Para entonces, Carrillo ya se había embolatado en otros asuntos, en otras áreas de su trabajo, sin saber que su olfato era aún más acertado que los sofisticados aparatos con los que se vio llegar al grupo de gringos vestidos por completo de negro, con gorra y comida enlatada que cargaban en gruesos morrales color militar.

Tomaron muestras de los árboles, de las ramas de las que todavía, cincuenta horas después, pendían restos humanos ya putrefactos; tomaron muestras de los pedazos de cadáveres que habían sido acomodados en fila, cubiertos con sábanas blancas para que los curiosos y fotógrafos de periódicos sensacionalistas no le dieran rienda suelta al morbo. Y también se llevaron muestras de los restos del avión y de la tierra donde cayeron sus pedazos.

La escena del crimen, que en cualquier otra parte del mundo es lo más sagrado en una investigación, había sido docenas de veces manipulada por los primeros curiosos, por los policías inexpertos que acudieron al lugar cuando escucharon el golpe del fuselaje contra la tierra y, obviamente, por los saqueadores que se robaron las pocas prendas que quedaron buenas y los billetes rotos que alcanzaron a llegar al suelo como plumas que se desprenden de un colchón.

Pero, gracias al cielo, los investigadores colombianos no necesitaron los pocos elementos que se lograron salvar. Mientras en los laboratorios de Estados Unidos se comprobaba la presencia de explosivos en partes del avión y en el tejido blando de algunos trozos de cadáveres, en Bogotá un juez recibía el testimonio de una mujer que, sin proponérselo, allanaría el camino para aclarar los hechos o, por lo menos, una de las razones del hecho.

Con el corazón destrozado y el desespero de saber noticias de su esposo que iba en el vuelo, la mujer se presentó al despacho judicial como una viuda más.

La investigación la asumió en principio el juez Antonio Cadena Farfán, quien atiborró en su estrecha oficina del complejo judicial de Paloquemao, los cientos de papeles de las diligencias iniciales, los cientos de folios con testimonios de familiares de víctimas y testigos y los cientos de actas de defunción. El juez Cadena se vio en la necesidad de habilitar el baño de su despacho para acomodar allí las bolsas plásticas con los restos más pequeños del avión y algunas pertenencias de los pasajeros.

El caso judicial tomó forma cuando llegó a manos de un segundo juez, en ese entonces un joven abogado tolimense que tuvo la fortuna de contar con el testimonio que revelaría una parte de la verdad. Jaime Gómez Méndez llevaba pocos meses al frente del Juzgado Séptimo de Orden Público cuando, por una comisión especial del gobierno, le entregaron el expediente con las diligencias previas y los resultados de las agencias estadounidenses que estuvieron en el lugar. Y fue a él a quien una tarde visitó en su oficina la viuda, argumentando que quería reclamar el carro que su esposo había dejado en el parqueadero del aeropuerto en Bogotá. La mujer explicó que era un Renault 9 de color blanco y que ahora, después de identificado el cadáver de su esposo, debían devolvérselo a ella, la legítima heredera.

El juez Gómez Méndez echó mano de su olfato como investigador especializado en criminalística para detectar en el relato de la viuda un elemento importantísimo que le podría dar un giro a las pesquisas que en ese instante se encontraban bajo el rótulo de «determinadores sin identificar».

Le tomó declaración bajo juramento, como requisito para la devolución del vehículo, aunque ésa no fuera su verdadera intención. Ella entregó documentos: la tarjeta de propiedad del carro, fotocopias de la cédula del esposo, el registro civil de matrimonio y su pasado judicial. En la declaración, reveló el verdadero nombre de su cónyuge y explicó, además, que él siempre viajaba «con chapa», por razones de seguridad. Chapa, según explicó, era la cédula falsa que el hombre cargaba para pasar controles oficiales, pues confesó que se trataba de un importante ex empleado del cartel de Medellín que había decidido entregarse a la justicia norteamericana para convertirse en testigo de cargo contra Pablo Escobar.

Y relató, con lujo de detalles, que ese día iba para Cali a encontrarse con los agentes de la dea que lo iban a trasladar; pues la idea era sacarlo por una ciudad distinta de Bogotá o Medellín, porque los sicarios de Pablo Escobar ya lo estaban siguiendo para asesinarlo antes de salir del país.

Aunque con beneficio de inventario, el juez Gómez tomó aquel relato como un elemento trascendental para empezar a dirigir la investigación hacia el grupo de los Extraditables, que para esos días ya habían enviado mensajes anónimos grabados a las emisoras radiales, atribuyéndose el plan criminal.

Si hasta entonces se mantenían algunas dudas sobre los móviles y los autores del hecho, la versión de la viuda las disipó. Pero el juez nunca creyó que semejante plan terrorista, que seguramente contó con asesoría de empresas criminales extranjeras, se hubiera montado con la exclusiva intención de asesinar a un solo hombre, por muy amenazante que éste resultara para los intereses del cartel de Medellín.

Y tenía razón el juez, pero nunca pudo saber esa otra parte de la verdad, porque la investigación se enredó en asuntos más administrativos, como la entrega de las pertenencias a las familias, la identificación plena de los pasajeros y las llamadas actas de defunción. Para ello, debió releer las versiones de todos los familiares, con el fin de confrontarlas con los documentos de identidad hallados en el lugar, y poder así hacer entrega física y oficial de los cadáveres, para que recibieran los oficios religiosos de rigor y cristiana o católica sepultura.

Aunque el juez Gómez Méndez encontró méritos suficientes para abrir investigación formal y vincular como autores a los jefes del cartel de Medellín, nunca conoció un segundo testimonio que acabaría de confirmar las especulaciones que ya se habían convertido en verdades callejeras. Testimonio que, más que reiterar quiénes fueron los autores intelectuales, arrojó luces sobre la forma como se desarrolló el macabro plan, desde su inicio en Medellín hasta su ejecución a 10.400 pies de altura en los cielos de Bogotá.

Lo entregó una persona muy cercana a la familia de Pablo Escobar Gaviria, casi diez años después de ocurrido el hecho, época en que la investigación ya había sido archivada y olvidada. Sucedió cuando se encontraba preso en Estados Unidos uno de los sicarios más sanguinarios al servicio del capo, conocido como La Quica y señalado por la dea de haber sido parte del grupo encargado de volar el avión, donde además figuraba en la lista de víctimas un ciudadano estadounidense.

Según ese último testimonio -del que existe evidencia magnetofónica-, uno de los jefes del ala terrorista de Pablo Escobar, y quien fuera asesinado años después al salir de la cárcel, fue el encargado de organizar a los hombres y dotarlos de todos los elementos necesarios para el atentado.

Aunque se presume que hubo asesoría de un terrorista español, al parecer ex miembro de la eta, la bomba con que volaron el avión de Avianca resultó ser un aparato sencillo de fabricación casera, que mandó a hacer un joven sicario del cartel de Medellín, bajo de estatura, grueso y de tez trigueña. Un bigote que sólo se le pobló en los extremos del labio superior, le daba a su rostro un parecido al memorable humorista mexicano Mario Moreno. Pero dentro del cartel de Medellín no se le conocía con el alias de Cantinflas sino así, simplemente Uzma, por su apellido.

Darío Uzma tenía una mirada penetrante y agresiva, y aunque nunca cursó estudios superiores -apenas hasta primero de bachillerato-, sobresalía por su astucia innata, su arrojo y su despiadada forma de acabar con sus víctimas. Pocas veces utilizaba armas de fuego para cumplir las órdenes de Pablo. Generalmente lo hacía con cuchillos o dagas. En las comunas de Medellín, una zona que frecuentaba, le adjudicaban la leyenda de haberle propinado cincuenta puñaladas a un joven que se le había quedado con una plata.

Uzma fue el elegido por el extinto jefe terrorista al que a su vez Escobar había confiado toda la organización y la logística del plan por el que el capo había ofrecido un millón de dólares si se cumplía al pie de la letra.

La información de inteligencia, que los sabuesos de Escobar habían recogido mediante infiltrados y la interceptación de llamadas telefónicas, daba cuenta de la posibilidad de que en ese vuelo de Avianca viajarían los dos hermanos Rodríguez Orejuela, los jefes del cartel de drogas de Cali, para esa época ya clasificados como archienemigos del capo de Medellín. También se decía tener la certeza de que el avión sería abordado por el político colombiano César Gaviria Trujillo, quien había sido declarado objetivo militar.

Seguramente Escobar también sabía de la presencia del testigo de la dea que declararía en su contra en Estados Unidos. Siendo así, la mesa estaba servida para que el jefe del cartel de Medellín se deshiciera de un solo golpe de cuatro enemigos que en ese momento representaban su mayor amenaza. Y todo por un mismo precio, un millón de dólares, que para él no significaban mucho, si se tiene en cuenta que manejaba una caja menor permanente de 10 millones de dólares en una caleta que él en persona había construido en su ciudad.

Por eso, cuando Uzma se enteró del encargo y de la importancia que ese trabajo significaba para el Patrón, expresó a sus allegados la inmensa alegría que le producía el anuncio y prometió cumplirlo a cabalidad. Buscó al asesor en explosivos, quien le entregaría la bomba ya fabricada, y él se encargaría de idear la manera más eficaz y desapercibida posible de hacerla llegar al interior de la aeronave y camuflarla en un lugar que no pudiera ser escudriñado por la seguridad aeroportuaria. Lo demás, lo más fácil, sería conseguir a alguien que la llevara y la activara en pleno vuelo.
Uzma contactó a uno de sus secuaces de la comuna de Zamora, en el oriente de Medellín, a quien le encargó la contratación de un jovencito que cumpliera con la última fase del atentado. «Conseguime un suizo», le pidió a su amigo. Y éste no tuvo mucha dificultad para convencer a un muchacho de 18 años, recién cedulado, hijo de humildes recogedores de basura, pobres y desahuciados de la sociedad.

La de los suizos era una de las muchas formas que utilizaban los jefes de sicarios de Pablo Escobar para llevar a cabo sus objetivos sin mancharse las manos de sangre, sin tener que apretar el gatillo, cuando las condiciones del atentado se tornaran difíciles.
En varios de los atentados que cobraron la vida de dirigentes políticos, los matones de Escobar habían acudido a esta desalmada figura que tristemente hizo carrera como la de los suizos.

Suizo, invento paisa, es una derivación de la palabra «suicida», acomodada a los jovencitos hambrientos que harían cualquier cosa por conseguir dinero, para comprarle una casa a la mamá o algún electrodoméstico que les aliviara las cargas domésticas. En algunos casos sabían de antemano que morirían en el intento, y por eso exigían la mitad del pago por anticipado antes de ejecutar el trabajo.

Otras veces eran engañados por los reclutadores, que los convencían diciéndoles que se trataba de vueltas fáciles y con pocos riesgos, o que contarían con el apoyo de otros sicarios si encontraban dificultades en el camino.

Así se lo hicieron saber, por ejemplo, a Jerry, un niño de 17 años al que le dieron un arma para que asesinara a un candidato presidencial en el interior de un avión, concidencialmente de la misma empresa de aviación.

En este caso, a Jerry le aseguraron que dos hombres irían con él cubriéndole la espalda, para ayudarlo a huir una vez cumplido el trabajo. Pero no fue así. Cuando apretó el gatillo de la 9 mm contra la humanidad del dirigente de izquierda Carlos Pizarro, el supuesto compañero que le habían enviado para apoyarlo lo asesinó para borrar cualquier vestigio.

Lo mismo hicieron con el terrorista que llevó un carro cargado con explosivos para volarlo en el periódico El Espectador de Bogotá. Lo convencieron de que, una vez estacionado el vehículo, sólo debía accionar el freno de aire y salir corriendo. Le aseguraron que tendría entre cinco y siete minutos para huir, pero tan pronto activó el supuesto freno, el carro voló en mil pedazos, con él adentro.

Y, claro está, el atentado al avión de Avianca no sería la excepción. También iban a engañar al terrorista. Cuando su amigo del barrio Zamora lo llevó hasta donde Uzma, éste le explicó que necesitaban de sus servicios para hacer una grabación en el interior de la aeronave, supuestamente a unos políticos enemigos del Patrón que viajarían allí.

Los detalles del plan se ultimaron en una casa de la loma El Esmeraldal de Medellín, adonde llevaron al suizo para explicarle lo que debía hacer. Ya entonces Uzma había decidido que el explosivo sería introducido en un maletín, similar al que utilizan los ejecutivos de las empresas. Negro, que combinara perfectamente con el vestido de paño oscuro que le compraron al muchacho, para que se subiera al avión sin despertar sospechas y no fuera objeto de una excesiva requisa, o de un cuestionario antes de abordar.

En esa casa de El Esmeraldal solían reunirse jefes y sicarios de Pablo Escobar a planificar los atentados terroristas y los homicidios. De allí salían las órdenes y llegaban los mensajes del Patrón. Muchas veces Pablo los mandaba a llamar, y entonces el grupo se iba hasta una de las fincas de Envigado donde él les daba instrucciones de forma directa y personal.

El Combo, le llamaban a este grupo de asesinos de confianza del capo, al que pertenecían los mejores en cada especialidad. Había explosivistas, ladrones de carros, armadores de caletas y expertos en alistar carros bomba, en conseguir armas, y los sicarios con mayor destreza en el manejo de pistolas automáticas y que hubieran sobresalido por su puntería a la hora de disparar desde una motocicleta en movimiento.

Chopo, Arete, Carlos Chocao, el Negro, eran los alias de cuatro de los más temibles del Combo que acostumbraban reunirse en El Esmeraldal. Un político muy importante de Bogotá les enviaba los datos necesarios sobre los movimientos de las posibles víctimas, especialmente cuando se trataba de funcionarios del gobierno o de personalidades de la vida nacional que vivían en la capital del país. Por eso, confiaban tanto en la información acerca de que el avión sería abordado por los personajes que tanto trasnochaban a Pablo Escobar.

En la casa le explicaron al suizo que una grabadora de audio ya había sido acondicionada en el interior del maletín, y le enseñaron a activarla con el simple movimiento de un interruptor. «Cuando yo le diga, usted la pone a grabar», le explicó Uzma, quien, para darle más confianza, le aseguró que estaría con él durante el viaje, a su lado, en la silla contigua.

Eso sí, Uzma siempre insistió en que debía ponerla a funcionar únicamente cuando el avión hubiera ganado buena altura, antes no. «Cuando vos veás que vamos altos, zas, la ponés a grabar, porque si lo hacés antes, la grabadora interfiere con las comunicaciones internas del avión y te hacen bajar». El muchachito entendió la advertencia, emocionado no sólo porque sería su primer trabajo grande para Pablo Escobar, sino porque del resutado de esta tarea dependía su ingreso definitivo al Combo. La exaltación crecía en su corazón al pensar que sería su primer viaje en un avión.

Y todo salió a la perfección. Al joven lo disfrazaron de ejecutivo, le dieron los tiquetes, la cédula falsa, dinero para viajar por tierra hasta Bogotá y hospedarse en un hotel del centro de la ciudad la noche anterior al ataque. El maletín le sería entregado minutos antes de subir al aparato, pues Uzma temía que el suizo sintiera curiosidad, lo abriera y descubriera que, en vez de grabadora, lo que llevaría era una bomba que mataría a 107 personas.

Aparentemente Darío Uzma arregló otros detalles con anterioridad, pues no de otra manera se explica la facilidad con la que ingresaron el maletín a la aeronave, sin requisas y sin mayores controles por parte de las autoridades encargadas del filtro de ingreso y de los equipos de rayos x que se ubican en las puertas de los terminales aéreos.
Uzma y el suizo entraron sin problemas y, según sospechas de los investigadores, se acomodaron en las sillas 18a y 18k, en la zona intermedia, encima de uno de los tanques de combustible del hk 1803.

Cuando el vuelo estaba casi listo y los pasajeros en su mayoría habían abordado el avión, Uzma volvió a recitarle una por una las instrucciones a su compañero de viaje; incluso, al azar, señaló a tres robustos pasajeros de la otra fila y le explicó que a ellos era a quienes debía grabar. Calculó el tiempo, y justo cuando una de las azafatas anunciaba que el vuelo quedaría cerrado, Uzma activó un beeper que portaba en la correa del pantalón, y con cara de resignación, le notificó al muchacho que debía regresar de urgencia a Medellín por instrucciones del Patrón, pero que los planes seguían intactos, que siguiera el viaje solo y que él lo recogería en la noche, cuando regresara de Cali, para llevarlo de nuevo a Medellín. Se bajó.

Desde el mismo aeropuerto Eldorado, Uzma pudo observar cuando el avión tomó rumbo hacia el sur de la ciudad, surcando el cielo en dirección a un destino al que jamás habría de llegar. Sintió alegría y satisfacción. Pensó en su Patrón y, claro está, en el millón de dólares que se acababa de ganar.

Darío Uzma regresó a Medellín por vía terrestre y esa noche durmió tranquilo. Al otro día, según lo convenido, se reuniría con otro de los jefes de confianza de Pablo Escobar, a quien el capo ya le había dado indicaciones para recoger el millón de dólares de una de las tantas caletas que mantenía repletas de billetes en casas y apartamentos de diferentes barrios de la ciudad.

Pero alguien todavía más tramposo, sagaz y malo que Uzma ya tenía planes muy diferentes para él. Tres días después, Uzma sólo recibió 100.000 dólares del millón acordado, con la promesa de que más tarde, quizás en semanas, el resto le sería entregado por un emisario del cartel.

Aunque entre las víctimas no figuraron los hermanos Rodríguez ni César Gaviria, el atentado terrorista había causado otros efectos que Pablo agradeció. Por ejemplo, fortaleció su imagen de hombre fuerte y dispuesto a todo, y la gente en la calle empezaba a pedir un tratamiento jurídico más benévolo con él, si de esa manera se terminaba la guerra fratricida que ya dejaba cientos y cientos de víctimas inocentes. Pablo había dado muestras de estar satisfecho con la gestión de Uzma.

Por eso Uzma esperó tranquilo y confiado. Si algo había aprendido en este mundo del hampa organizada, era ver al Patrón como un hombre de palabra: que lo que prometía lo cumplía sin ninguna vacilación.

En el cartel, las palabras de Pablo eran recibidas como decretos que no admitían reposición. Una orden suya se regaba como pólvora en Medellín, y de inmediato las veinte «oficinas de cobro» se disponían a trabajar en esa dirección. La que primero comenzara el trabajo, se ganaba la gran bonificación.

Eso explica que varios crímenes se cumplieron años después de haber salido la orden de boca de Escobar, cuando ya ni siquiera el capo se acordaba del asunto. El ministro de Justicia Enrique Low Murtra, un jurista bonachón y amigable, murió acribillado a bala en una calle del centro de Bogotá, muchos años después de haber dejado el cargo desde el cual autorizó la extradición de Escobar y el resto de jefes del cartel. Ya nadie se acordaba del doctor Low Murtra, que en esa época, desprovisto de cualquier temor, caminaba por las calles al regresar de dictar sus clases nocturnas de derecho penal en una universidad. Pero su cabeza ya tenía precio desde tiempo atrás, y el capo ya lo había pagado.

Uzma cumplió su misión a cabalidad, sin dejar un solo rastro. Tenía claro, eso sí, que no fue culpa suya que los enemigos del Patrón no hubieran abordado el avión o que se arrepintieran a última hora de viajar. El jefe ya estaría averiguando eso; seguramente, ya habría ordenado investigar esos detalles, porque lo cierto es que las labores previas de inteligencia habían fallado, o la información se había filtrado hasta llegar a oídos de los narcos caleños. Pero nada de eso tenía por qué preocupar a Uzma, que sólo esperaba el dinero pendiente.

Pasaron las semanas y el saldo no llegó. Decidió entonces acudir a la fuente de información, ir directamente adonde el hombre encargado por Pablo de pagar todo el plan criminal. Y fue cuando Uzma descubrió que su dinero estaba más embolatado de lo que temía. Le respondieron con un «no» rotundo, sin más explicación. Pero antes que rendirse, decidido a todo, envió un mensaje de reclamo a Pablo para que éste recriminara al jefe y lo obligara a pagar. Sin proponérselo, con esos reclamos estaba firmando su propia condena de muerte.

A una famosa discoteca de Medellín en la que solían reunirse los sicarios del cartel a celebrar sus golpes, a beber y a derrochar dinero a manotadas con lindas mujeres, llegó Uzma una noche a contar el motivo de su frustración. Que Pablo ya estaba enterado del robo, que iba a luchar hasta el final por recuperar todo el dinero, que esto y que lo otro. Y, en un tono que sonó un tanto amenazante, hasta llegó a hablar de cobrar de otra manera si las cosas no se solucionaban de forma civilizada.

No estaba en su día el temible Uzma. Abrió la boca en el lugar equivocado, a la hora equivocada y delante de la persona equivocada: un hombre que creía su mejor amigo, su parce, el de más confianza. Y no contaba Uzma con que su amigo era más amigo aún del jefe que se había quedado con su dinero.

Las lealtades en la mafia suben y bajan con el precio del dólar. El que tiene más poder, tiene más plata. Y era evidente quién pesaba más en el cartel, quién era más allegado al Patrón. El amigo con quien departía en la mesa lo escuchó con atención, sin interrumpir, y en una supuesta visita al baño, telefoneó al hombre del dinero para ponerlo al tanto de las palabras de Uzma y de sus intenciones de delatarlo ante el Patrón. Al otro lado de la línea, se alcanzó a escuchar la orden de asesinarlo de inmediato. Un escuadrón de sicarios preparó el ataque esa misma noche, aprovechando que el resentido Uzma estaba pasado de tragos. Todo se planeó y ejecutó en cuestión de horas. Tres hombres llegaron hasta su mesa y, delante de todos los presentes que gozaban de la rumba del lugar, lo acribillaron sin piedad. Recibió casi toda la descarga en el estómago, pero no murió.

Cuando los sicarios ya no estaban en el sitio, un moribundo Uzma se paró como pudo y salió de la discoteca para salvar su vida en una clínica de la ciudad. Eso sí, nunca más pudo caminar. Quedó postrado en una silla de ruedas y prácticamente se apartó de las actividades del cartel. Pensaría que se salvó.

Cinco meses más tarde, cuando terminaba de almorzar con su familia, en una casa del barrio Fátima de Medellín, otro de sus amigos del cartel llamó a la puerta y Uzma lo hizo seguir. El hombre subió las escaleras hasta el segundo piso, lo saludó y le declaró su solidaridad. Se despidió con un fuerte abrazo y, al salir, dejó abierta a propósito la puerta de la calle; y por ahí, sólo unos segundos más tarde, dos sicarios entraron sigilosos, silenciosos, y terminaron la tarea que habían dejado inconclusa en la discoteca de Medellín. Esta vez sí. Uzma murió en el acto, sobre la misma silla de ruedas en la que se movilizaba. Lo traicionó su mejor amigo en el cartel, así como él traicionó al flaco, como cariñosamente le decía al suizo que contrató para volar el HK 1803 de Avianca esa mañana del 27 de noviembre de 1989.

Publicado en www.semana.com
Agosto 8 de 2007 -
Al menos seis cirugías para despistar a las autoridades se practicó 'Chupeta'
Las operaciones (algunas realizadas en Colombia) transformaron la fisonomía del capo a tal punto solo hasta cuando se le tomaron las huellas decadactilares se pudo confirmar su identidad.


Juan Carlos Ramírez Abadía, alias 'Chupeta', "se desvaneció los pómulos, se adelgazó y partió el mentón y se perfiló la nariz", aseguró un experto.

Pero de nada sirvieron las cirugías. Tras 22 años de vida delictiva (hoy tienen 44), fue capturado este martes por un comando de agentes de la DEA y de la Policía de Brasil, a las 2:55 a.m., quienes le notificaron que tenía una orden de captura con fines de extradición.

Autoridades le 'pisaban los talones'

Al momento de su detención, 'Chupeta' posaba como un respetable ciudadano italiano, de nombre Marcelo Javier Unzue, que se movía por Suramérica con el pasaporte argentino No. 16036657.

El documento fue expedido el 23 de noviembre del 2005 por el Ministerio de Gobierno de Buenos Aires.

Allí estuvo a punto de ser capturado a mediados del 2006, pero un movimiento en falso de la policía argentina echó por tierra la operación.

Luego, la cacería se extendió a Paraguay y Uruguay e incluso informes de inteligencia daban cuenta de su presencia en Tijuana (México).

En ese país fue en donde se graduó de capo de la mano de Rafael Aguilar Guajardo, narco asesinado hace una década por el extinto Amado Carrillo, 'El señor de los cielos'.

'Chupeta' llegó allí por órdenes de Hélmer 'Pacho' Herrera, el cuarto hombre del cartel de Cali, asesinado en octubre de 1998 en medio de una sangrienta guerra entre mafias.

La historia de 'Chupeta'

En 1985, Juan Carlos Ramírez Abadía era un joven de clase media, aficionado al fisicoculturismo, con fama de mal estudiante y experto en montar caballos finos.

Esa última característica llevó al poderoso capo Iván Urdinola Grajales a reclutarlo para que se hiciera cargo del manejo de sus pura sangre.

Ese talento se convirtió en su pasaporte a las ligas mayores de la mafia, que escaló hasta llegar a ser uno de los sucesores de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez en la cúpula del cartel de Cali.

Pese a su ascendente carrera delictiva, su nombre era prácticamente anónimo.

Pero en 1995, tras la caída de la cúpula del cartel de Cali, 'Chupeta' y su amigo Juan Carlos Ortiz, alias 'Cuchilla', asumieron el control de la mafia del Valle y empezaron a figurar en expedientes.

"Era el consentido de Miguel Rodríguez", comenta un oficial de la Dijín.

Por el acoso de la Policía, en 1996 'Chupeta' y 'Cuchilla' decidieron someterse a la justicia en un arreglo inusual:pese a que confesaron haber traficado más de 30 toneladas de cocaína, para el 2000 ya estaban en libertad.

'Cuchilla' fue asesinado y 'Chupeta' solo gozó seis meses de su libertad. Tuvo que volver a la clandestinidad cuando una corte de Washington emitió una orden de captura en su contra. En ese momento, el gobierno colombiano le puso precio a su cabeza: 5 millones de dólares.

Computador y muerte

Sin embargo, hasta enero pasado, no se sabía casi nada de sus narconegocios y menos de su paradero.

Pero tras el decomiso en Cali de 89 millones de dólares, que el capo tenía ocultos en cinco caletas, y la incautación de su computador personal, se inició la operación final en su contra.

Las principales pistas las dio Laureano Rentería, su mano derecha por años, capturado en una de las casas donde estaba oculta una caleta.

Sin embargo, Rentería murió en prisión -envenenado con cianuro- poco antes de reunirse con autoridades de E.U. que tramitaban su extradición relámpago.

En junio, el director de la Policía, general Óscar Naranjo, y la DEA encontraron las pistas suficientes para dar con su paradero.

Incluso, ante su inminente captura, 'Chupeta' echó a rodar la semana pasada la versión de su muerte. Como parte del plan, uno de los oficiales del Ejército reclutados por el capo Diego Montoya, 'Don Diego', entregó dos agendas con las supuestas coordenadas donde estaría el cadáver de 'Chupeta'.

El dato fue divulgado por algunos medios, como desarrollo al escándalo revelado por EL TIEMPO.

El pasado lunes, el director de la Dijín, coronel César Pinzón, desmintió el rumor.

Y anoche, un grupo élite de la Dijín viajó a Brasil para interrogar a 'Chupeta' antes de su envío a Washington.

Van 6 capos que caen en el exterior

Acoso oficial de la Policía. A esto atribuye E.U. el hecho de que al menos media docena de peces gordos del narcotráfico colombiano hayan caído en el exterior. Aún faltan Diego Montoya, Wílber Varela, Alberto Rentería, Vicente Castaño, Fabio Ochoa Vasco y los mellizos Mejía.

Marzo del 2007: Wenceslao Caicedo Mosquera, el 'hombre de la motosierra', cayó en Manta, Ecuador.
Septiembre del 2006: Jaime Maya, narco del Valle primera línea, cayó en México.
Octubre del 2006: Orlando Sabogal Gamboa cayó en Majadahonda (España).
Julio de 2004: Hernando Gómez, 'Rasguño', gran capo del norte del Valle, fue capturado en Cuba con pasaporte mexicano.
Enero del 2004: Jesús Henao Montoya, segundo al amando del cartel del Norte del Valle, cayó en Panamá en operativo de policía y de agentes de la agencia DEA. Ese mismo día fue capturada la gran viuda de la mafia, Lorena Henao, esposa del extinto capo del norte del Valle Iván Urdinola.

Pubñlicado en www.eltiempo.com

Cumple Alvaro Uribe un año de su segundo mandato con una crisis

"La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida" - José Martí

Cumple Alvaro Uribe un año de su segundo mandato con una crisis
Por: Marcela Rodríguez (XINHUA)
Fecha publicación:07/08/2007

El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, cumple hoy un año de su segundo mandato sin muchos puntos a favor en el manejo de los constantes conflictos del país, y entre manifestaciones para exigir un acuerdo de paz.

A pesar de la alta popularidad del gobernante que le permitió reelegirse, los problemas derivados del paramilitarismo y las guerrillas dejan una opinión pública cada vez más polarizada frente a la capacidad de maniobra del gobierno.

Para algunos analistas, el primer año del segundo gobierno de Uribe ha sido 'bueno', para otros 'catastrófico' y una mayoría identifica los logros pero también los fracasos. Todos coinciden en que los últimos 12 meses han sido de crisis.

El escándalo por los presuntos nexos de servidores públicos con paramilitares, la muerte de 11 rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el estancamiento el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, son sólo tres de las principales dificultades que enfrenta Uribe.

A estas se suma el ambiente que dejan dos históricas jornadas de protesta convocadas en torno a una misma causa: frenar el conflicto entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.

El pasado 5 de julio, los colombianos paralizaron sus actividades en rechazo a la muerte de los rehenes. Las FARC afirmaron que estos secuestrados murieron en intentos de rescate del ejército, pero el gobierno aseguró que fueron víctimas del 'fuego amigo' entre los grupos de la guerrilla.

Días después, Gustavo Moncayo, padre de un militar secuestrado, realizó una caminata de más de 800 kilómetros desde el departamento de Nariño (sur) a Bogotá, para establecerse en la céntrica Plaza de Bolívar en la capital del país y exigir un acuerdo humanitario entre el gobierno y la guerrilla.

Ambos hechos derivaron en un descenso, aunque tímido, en la popularidad del presidente Uribe.

Durante este año, las negociaciones con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) han sido cuestionadas por quienes consideran que se ha otorgado concesiones jurídicas y logísticas a los autores de masacres y por quienes acusan a los ultraderechistas de rearmarse.

Legisladores, alcaldes municipales y gobernadores provinciales son investigados por sus presuntos vínculos con paramilitares, en el escándalo de la 'para política' al que se agregaron revelaciones de la prensa sobre la filtración del narcotráfico en la cúpula militar.

El jefe de Defensa, Juan Manuel Santos, reveló al menos cinco capturas por el caso y anunció otras tres contra coroneles del Ejército involucrados con poderosos mafiosos que huyeron gracias a sobornos y filtraciones en las altas capas de tropas militares.

La política de Seguridad Democrática, con más escándalos que resultados, es considerada entonces el 'talón de Aquiles' del gobierno que se esfuerza por recuperar los recursos que congeló el Congreso estadounidense debido a los cuestionamientos.

En mayo pasado, la cúpula de la policía fue removida tras descubrir interceptaciones ilegales de teléfonos que agentes de inteligencia realizaron a políticos, periodistas y opositores desde épocas electorales.

Los atentados simulados por las tropas, los asesinatos de campesinos señalados como guerrilleros 'muertos en combate', la participación de uniformados en asesinatos selectivos o desapariciones forzadas denotan la crisis de la fuerza pública.

El presidente, aferrado a sus convicciones, lidera una campaña para conseguir una aprobación del tratado de libre comercio en Estados Unidos, pero el tema pierde protagonismo cada vez que algún escándalo sale a la luz pública.

El diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla de Colombia, que ha contado con seis rondas en Cuba, parece agotarse entre las discusiones ideológicas de los rebeldes y la renuncia del gobierno a aceptar su responsabilidad en el conflicto.

El campo económico representa el mejor rendimiento en materia de gestión para Uribe en el primer año de su segundo gobierno. El producto interno bruto logró un crecimiento récord a pesar de que la inflación amenaza con desbordar las metas.

El jefe de Estado, que espera permanecer en el poder hasta 2010, ordenó a su gabinete ministerial iniciar desde este martes una rendición de cuentas ante los colombianos que serán transmitidas por canales regionales.

http://www.argenpress.info/nota.asp?num=045843

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Cumple Alvaro Uribe un año de su segundo mandato con una crisis

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"La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida" - José Martí

Cumple Alvaro Uribe un año de su segundo mandato con una crisis
Por: Marcela Rodríguez (XINHUA)

Fecha publicación:07/08/2007

El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, cumple hoy un año de su segundo mandato sin muchos puntos a favor en el manejo de los constantes conflictos del país, y entre manifestaciones para exigir un acuerdo de paz.

A pesar de la alta popularidad del gobernante que le permitió reelegirse, los problemas derivados del paramilitarismo y las guerrillas dejan una opinión pública cada vez más polarizada frente a la capacidad de maniobra del gobierno.

Para algunos analistas, el primer año del segundo gobierno de Uribe ha sido 'bueno', para otros 'catastrófico' y una mayoría identifica los logros pero también los fracasos. Todos coinciden en que los últimos 12 meses han sido de crisis.

El escándalo por los presuntos nexos de servidores públicos con paramilitares, la muerte de 11 rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el estancamiento el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, son sólo tres de las principales dificultades que enfrenta Uribe.

A estas se suma el ambiente que dejan dos históricas jornadas de protesta convocadas en torno a una misma causa: frenar el conflicto entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.

El pasado 5 de julio, los colombianos paralizaron sus actividades en rechazo a la muerte de los rehenes. Las FARC afirmaron que estos secuestrados murieron en intentos de rescate del ejército, pero el gobierno aseguró que fueron víctimas del 'fuego amigo' entre los grupos de la guerrilla.

Días después, Gustavo Moncayo, padre de un militar secuestrado, realizó una caminata de más de 800 kilómetros desde el departamento de Nariño (sur) a Bogotá, para establecerse en la céntrica Plaza de Bolívar en la capital del país y exigir un acuerdo humanitario entre el gobierno y la guerrilla.

Ambos hechos derivaron en un descenso, aunque tímido, en la popularidad del presidente Uribe.

Durante este año, las negociaciones con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) han sido cuestionadas por quienes consideran que se ha otorgado concesiones jurídicas y logísticas a los autores de masacres y por quienes acusan a los ultraderechistas de rearmarse.

Legisladores, alcaldes municipales y gobernadores provinciales son investigados por sus presuntos vínculos con paramilitares, en el escándalo de la 'para política' al que se agregaron revelaciones de la prensa sobre la filtración del narcotráfico en la cúpula militar.

El jefe de Defensa, Juan Manuel Santos, reveló al menos cinco capturas por el caso y anunció otras tres contra coroneles del Ejército involucrados con poderosos mafiosos que huyeron gracias a sobornos y filtraciones en las altas capas de tropas militares.

La política de Seguridad Democrática, con más escándalos que resultados, es considerada entonces el 'talón de Aquiles' del gobierno que se esfuerza por recuperar los recursos que congeló el Congreso estadounidense debido a los cuestionamientos.

En mayo pasado, la cúpula de la policía fue removida tras descubrir interceptaciones ilegales de teléfonos que agentes de inteligencia realizaron a políticos, periodistas y opositores desde épocas electorales.

Los atentados simulados por las tropas, los asesinatos de campesinos señalados como guerrilleros 'muertos en combate', la participación de uniformados en asesinatos selectivos o desapariciones forzadas denotan la crisis de la fuerza pública.

El presidente, aferrado a sus convicciones, lidera una campaña para conseguir una aprobación del tratado de libre comercio en Estados Unidos, pero el tema pierde protagonismo cada vez que algún escándalo sale a la luz pública.

El diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla de Colombia, que ha contado con seis rondas en Cuba, parece agotarse entre las discusiones ideológicas de los rebeldes y la renuncia del gobierno a aceptar su responsabilidad en el conflicto.

El campo económico representa el mejor rendimiento en materia de gestión para Uribe en el primer año de su segundo gobierno. El producto interno bruto logró un crecimiento récord a pesar de que la inflación amenaza con desbordar las metas.

El jefe de Estado, que espera permanecer en el poder hasta 2010, ordenó a su gabinete ministerial iniciar desde este martes una rendición de cuentas ante los colombianos que serán transmitidas por canales regionales.


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miércoles, 8 de agosto de 2007

El efecto teflón de Álvaro Uribe
MARÍA PÉREZ PLÁ • CORRESPONSAL
El Universal

Martes 07 de agosto de 2007


presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que cumple hoy cinco años en el gobierno, uno desde su reelección, continúa gozando de altos índices de popularidad: 75% de aprobación, según las últimas encuestas, a pesar de varios escándalos y algunas promesas incumplidas


BOGOTÁ.— El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que cumple hoy cinco años en el gobierno, uno desde su reelección, continúa gozando de altos índices de popularidad: 75% de aprobación, según las últimas encuestas, a pesar de varios escándalos y algunas promesas incumplidas.

Este primer año de su segundo periodo presidencial (de cuatro años de duración) ha estado marcado por el escándalo de la parapolítica, que llevó a la cárcel a 17 congresistas retirados y en activo, todos afines al uribismo, acusados de vínculos con los paramilitares.

El golpe más duro se lo llevó la can- ciller María Consuelo Araújo, cuando se vio obligada a dimitir ante la detención de su hermano, el senador Álvaro Araújo, por sus nexos con los ‘paras’ y la posterior acusación de su padre, aún prófugo de la justicia. Sumado a este escándalo, los juicios a los ex jefes paramilitares, dentro del marco de la desmovilización de 31 mil combatientes, caminan de forma lenta y confusa, pues los acusados se han negado a rendir indagatoria en varias ocasiones, alegando que el gobierno no cumple sus promesas.

Mientras tanto, el hombre que prometió acabar con las FARC en cuatro años ofreció, la semana pasada, un intercambio incondicional de secuestrados por guerrilleros presos para después sentarse a hablar de paz.

El acuerdo humanitario se ha convertido en el tema que despierta mayor división social: mientras unos exigen al presidente plegarse a las exigencias de la guerrilla, otros le alaban por mantenerse firme. El mandatario de la “mano dura y el corazón grande”, como rezó el eslogan de su campaña, se ha inclinado en este caso por la mano dura, pues considera que llegará un momento en que la debilidad de las FARC les obligue a sentarse a negociar.

“Las FARC tienen un interés político en sentarse a negociar. Estamos mucho más cerca de esa situación que al principio del gobierno de Uribe, donde ambas partes rechazaban la posibilidad de plano”, explica Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia en Bogotá.

El aumento en 40 millones de dólares del presupuesto de Defensa para el 2006, quizás con el fin de paliar la congelación de 70 millones de dólares por parte del ahora demócrata Congreso estadounidense, llevó a un cambio de estrategia tanto en la lucha contra la subversión como contra la coca, que a veces se confunden.

El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, afirmó que se está consolidando lo ya obtenido en seguridad, mientras que los cultivos ilícitos están pasando de ser fumigados a ser erradicados manualmente, pues, según el gobierno, resulta más efectivo. La realidad es que no hay grandes diferencias entre las hectáreas cultivadas en 2005, 80 mil y las de 2006, 78 mil.

Con todo, Colombia sigue manteniendo un crecimiento económico envidiable, 8% en el primer trimestre de este año, acompañado con una inversión privada que iguala el 23% del PIB. Sin embargo, el Departamento Nacional de Estadística reveló que el desempleo ha subido casi un punto en el último año, de 10.5 % a 11.1%.

La negativa por parte del Congreso de EU a firmar un Tratado de Libre Comercio con Colombia que había sido negociado durante dos largos años, fue el golpe más duro e inesperado al gobierno de Uribe, que de todos modos sigue haciendo un fuerte “lobby” por lograr el tratado.

Tal vez sea su lema de trabajar y trabajar, o su estilo cercano al pueblo, lo cierto es que sigue vigente lo que analistas llaman “efecto teflón”, por el que Uribe sale siempre intacto de todo lo negativo que se cocina a su alrededor.




Publicado en www.eluniversal.com.mx
Destape de un jefe ‘para’
Éver Veloza, alias 'HH', el primer comandante paramilitar que será extraditado a Estados Unidos, confiesa haber matado a miles de personas, dice que Vicente Castaño está vivo, desnuda los vínculos de las AUC con los militares y habla sobre los pagos que recibieron de las multinacionales .
Éver Veloza se convertirá en el primer gran jefe paramilitar en ser extraditado a Estados Unidos. Conocido con los alías de 'Hernán Hernández', 'Carepollo' y 'HH', este hombre deberá responder ante una corte estadounidense por cargos relacionados con narcotráfico. Aunque otros miembros y colaboradores de las AUC están purgando penas en cárceles norteamericanas, la importancia de la decisión radica en que Veloza es un 'pez gordo' en el mundo de los paramilitares.

En 1994 ingresó a las nacientes autodefensas fundadas por los hermanos Carlos y Vicente Castaño. Ese mismo año fue enviado a la zona de Urabá, con la misión de disputarles a las Farc esa región estratégica. A sangre y fuego, Veloza rápidamente consolidó municipios estratégicos, como Turbo y Apartadó, para los paramilitares. En cuestión de meses consiguió por medio de una estela de masacres y miles de desplazados convertir a Urabá en un fortín clave para los paramilitares. Desde su ingreso a los paras siempre estuvo al lado de Vicente Castaño, a tal punto que se convirtió en su mano derecha. Veloza fue el comandante del temible Bloque Bananero con influencia en toda la zona de Urabá y debido a sus 'logros' fue encargado del Bloque Calima, con influencia en los departamentos del Valle y Cauca.

Veloza hizo parte del Estado Mayor de las Autodefensas y durante años siempre estuvo en las decisiones fundamentales que tomaba la cúpula de los paramilitares. Es uno de los jefes más antiguos y poderosos de las AUC y conoce como pocos los oscuros secretos de los paramilitares. En 2004 fue uno de los primeros en desmovilizarse, junto con un ejército de más de 1.000 hombres. Pero meses después, al igual que Vicente Castaño, decidió no presentarse ante las autoridades cuando el presidente Álvaro Uribe ordenó que los paras deberían estar concentrados en La Ceja y más tarde en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. Esa decisión hizo que el gobierno anunciara que Veloza había perdido los beneficios concedidos por la Ley de Justicia y Paz. Después de permanecer durante meses en la clandestinidad, en abril pasado fue capturado por la Policía y ahora está a la espera de ser extraditado. Veloza habló con SEMANA.

SEMANA: ¿Vicente Castaño está vivo?
Éver Veloza: Hasta donde yo sé, está vivo y espero que siga vivo por mucho tiempo más. No hace mucho, poquito antes de que me capturaran, me mandó una carta donde me dijo que le ayudara a averiguar por qué lo estaban acusando de la muerte de Yolanda Izquierdo. Él dice que no fue y me pidió que le ayudara averiguar quién fue. Me dijo que estaba decidido a un encuentro con el gobierno donde se hicieran efectivos los acuerdos verbales que se habían hecho. A finales de marzo me llegó esa carta.

SEMANA: ¿Pero diferentes sectores y personas, incluidos varios comandantes paramilitares como 'Macaco', dicen que está muerto?
E.V.: 'Macaco' dijo que hace un mes no tienen comunicación con él. Pero el que no lleguen cartas no quiere decir que esté muerto.

SEMANA: ¿Si Vicente Castaño está muerto, es posible que, como ocurrió con Fidel Castaño, sólo se confirme años más tarde?
E.V.: Son épocas diferentes. Cuando mataron a Carlos estábamos en armas y fue imposible ocultar su muerte. Creo que ahora sería imposible ocultar la muerte de Vicente.

SEMANA: ¿Vicente Castaño negoció con la DEA?
E.V.: Él es un convencido de que había que negociar con Estados Unidos . No sé si tenía algún arreglo con la DEA. Lo que sí sé es que después de la desmovilización estaba negociando un asilo en Italia o en España, seguramente con alguna injerencia de los norteamericanos.

SEMANA: ¿Con quién hizo esos contactos?
E.V.: No sé, pero eso lo echó para atrás porque se generó mucho malestar en las autodefensas y él lo reconoció. Lo estaba haciendo secretamente y cuando la gente se dio cuenta, lo admitió y dijo que estaba abriendo un camino para otros comandantes.

SEMANA: Pero ese tipo de acuerdos secretos a espaldas de los otros jefes paras podría ser un poderoso motivo para que alguno de ellos que se sintió traicionado lo matara.
E.V.: No. A nadie le convendría en este momento la muerte de Vicente, menos a los de Itagüí porque, mal que bien, él es un Castaño, tiene vocería, es escuchado y puede recuperar los acuerdos verbales que se hicieron en Ralito. Además, también les sirve de chivo expiatorio porque le echan la culpa de todo lo que pasa.

SEMANA: ¿Pero no es mejor un chivo expiatorio muerto que uno que esté vivo y que se pueda defender?
E.V.: No necesariamente. Por ejemplo, hagan una radiografía de dónde están funcionando los grupos emergentes en el país y miren si esas zonas eran de influencia de Vicente Castaño. Hagan el cruce. Lo que pasa es que como está por fuera, dicen que él está rearmando todas esas bandas. Nosotros no manejamos esas zonas, las nuestras eran otras. Si él estuviera muerto, pues no se puede justificar ni explicar que un muerto maneje esas bandas. Si estuviera muerto, tendrían que mirar quiénes son los que verdaderamente manejan esas bandas

SEMANA: Usted y Vicente Castaño estaban metidos hasta el cuello en el negocio del narcotráfico y enviaron toneladas de coca al exterior.
E.V.: Lo que yo pude saber de Vicente con respecto al narcotráfico fue lo del cobro de impuestos, que era la obligación que yo tenía. En esa parte yo asumo responsabilidad y él que era el cerebro de todo eso. Pero que Vicente haya mandado una lancha, eso nunca lo vi. El acabose de las autodefensas vino con la vinculación de algunos comandantes con el narcotráfico. Yo reconozco que cobré impuestos hasta el día que me desmovilicé por órdenes de Vicente Castaño. Ese es uno de los motivos para que me hayan pedido en extradición. Pero yo estoy acusado es por conspiración y no como dijeron los medios, que fui declarado narco puro. Acá nunca he tenido procesos por narcotráfico.

SEMANA: Pero sería ingenuo pensar que sólo se limitaron a cobrar 'impuestos' cuando usted fue el comandante de una zona estratégica para el negocio del narcotráfico como Urabá.
E.V.: Por ahí en el 97-98 Vicente comenzó a hablar de cobrarles impuesto a la droga. En ese entonces, Vicente coloca un impuesto de cinco millones de pesos por lancha que salga por esas zonas controladas por las AUC en esa parte de San Onofre. En ese entonces éramos yo y otro muchacho de las AUC los encargados de recibir parte del dinero en ese sector. Esa plata iba hacia Vicente, eso se llevó a cabo como hasta el 99.

SEMANA: ¿Cuánto podían recoger mensualmente?
E.V.: Se recogían 200 ó 300 millones de pesos mensuales, que para ese tipo de negocio era poco. Después Vicente dice que subió el impuesto a 50 dólares en todas las zonas. De esos 50 dólares se le entregaban 25 a Vicente, 25 eran destinados para el crecimiento de los grupos y el sostenimiento de nosotros. Después se fue subiendo el impuesto; a lo último quedó en 200 dólares.

SEMANA: Para el envío de droga y otras actividades ilegales en la zona de Urabá, ¿usted tuvo colaboración de miembros de la Fuerza Pública?
E.V.: Sí hubo colaboración de la Fuerza Pública, tanto de la Policía como del Ejército

SEMANA: ¿Usted realizó masacres y otro tipo de acciones con la colaboración de miembros de Fuerza Pública en la zona de Urabá?
E.V.: Hubo estrecha relación con Ejército y Policía. Si no hubiera existido colaboración y coordinación con la Fuerza Pública, habría sido imposible lograr lo que se hizo, porque eso era total dominio de las Farc y del EPL.

SEMANA: Cuando usted llegó a la zona de Urabá al frente del bloque, ¿quién era el comandante militar en la zona?
E.V.: El general Rito Alejo del Río

SEMANA: De 1 a 10, siendo 10 el máximo de colaboración, ¿cómo califica la ayuda que las autodefensas recibieron del general Del Río, por ejemplo?
E.V.: En ese entonces, en Urabá fue donde comenzamos la guerra. De Del Río y de toda la Fuerza Pública yo creo que puedo calificar la colaboración con un 10.

SEMANA: ¿Cómo funcionaba esa relación?
E.V.: Mediante operaciones conjuntas, coordinaciones e información que nos proporcionaban. En algunas ocasiones miembros de la Fuerza Pública nos daban las listas de gente para que nosotros los ejecutáramos. En ese momento ellos lo hacían por desespero del yugo de la guerrilla y del desespero de la impotencia de ellos para operar legalmente con la Constitución porque les era imposible combatirlos. Con el Ejército fuimos a combate muchas veces, pero por ahora no voy a mencionar más nombres.

SEMANA: ¿Usted va a optar por la estrategia a la que han acudido otros jefes de las AUC que mencionan como colaboradores a militares que ya están muertos?
E.V.: No. Voy a contar todo. Pero por ejemplo, por dar un nombre, uno de los que más nos ayudaron fue el coronel Carvajal que está detenido en Cali. Él era capitán, patrulló conmigo y con mi tropa y no una sola vez, sino cantidad de veces, y combatimos la guerrilla juntos, hicimos operaciones juntos. Lo de Carvajal fue en el 95

SEMANA: ¿Cómo conoció usted a Carvajal?
E.V.: Él era capitán del Ejército en la zona de Urabá. A Carvajal lo conocí porque él mismo se me presentó en Turbo. Un día yo entré a un centro comercial y él estaba ahí y me preguntó que si yo soy era el 'Mono Veloza' y me dijo que quería conversar conmigo y así fuimos haciendo amistad y hablando, hasta llegar a hacer operaciones en conjunto.

SEMANA: Para ese momento usted ya estaba buscado por la justicia y era plenamente reconocido como el jefe paramilitar de la zona. ¿Cómo le planteó la colaboración?
E.V.: En la zona todo el mundo sabía que yo era el comandante del Bloque. Carvajal lo que me dijo es que él quería operar conmigo para que no fuéramos a tener problemas ambos en la zona

SEMANA: ¿Cómo coordinaban?
E.V.: Directamente él y yo o subalternos míos coordinaban con él también. Yo entraba a la brigada o yo iba a donde él estaba.

SEMANA: ¿Cuántas 'operaciones' hizo usted con Carvajal?
E.V.: No tengo el número, pero fueron muchas y no sólo con Carvajal, sino con otros miembros de la Fuerza Pública. Lo menciono como por dar un nombre concreto y demostrar que yo no voy a hablar de muertos.

SEMANA: ¿Con Carvajal planeó o ejecutó alguna de las masacres o desapariciones en las que usted participó?
E.V.: Eso no se lo voy a responder en este momento, pero sí hubo enfrentamientos y contactos con la guerrilla estando nosotros con tropas de Carvajal.

SEMANA: ¿Ustedes le pagaban a Carvajal por la 'ayuda'?
E.V: Él lo hacía por convencimiento. Todo el tiempo que estuvo en la zona nos ayudó, hasta cuando lo trasladaron.

SEMANA: Aparte de los militares, ¿usted recibió ayuda y pagos de empresarios de las bananeras con el pretexto de combatir a la guerrilla?
E.V.: Los bananeros siempre pagaron impuesto, ese era el acuerdo con nosotros. La idea era que se reactivara la economía bananera allá. Todas las compañías tuvieron contacto directamente con Carlos y con Vicente.

SEMANA: ¿Y con usted?

E.V.: Estuve en varias reuniones. Pero llegó este señor Hazbun que hacía parte de una compañía bananera y quedó encargado de manejar el tema del banano. Raúl Hazbun llegó con la idea de cobrarles creo que eran 80 dólares por caja.

SEMANA: ¿Una de las multinacionales que hizo aportes a las autodefensas fue Chiquita?
E.V.: Sí.

SEMANA: ¿Las empresas multinacionales patrocinaban y les indicaban a ustedes a qué sindicalistas u otro tipo de personas tenían que asesinar?
E.V.: A nosotros nos hacían los aportes como darle en cualquier otra parte del país, pero en últimas éramos nosotros los que tomábamos las decisiones. Nosotros éramos los que hacíamos trabajo en la zona e identificábamos quiénes eran de las Farc y decidíamos si ejecutábamos o no ejecutábamos.

SEMANA: ¿En qué consistía la 'ayuda' con las multinacionales y los bananeros?
E.V.: En esa época los sindicatos estaban muy fuertes y había mucha huelga. Lo que hacíamos, y era el compromiso, era obligar a los trabajadores a ir a trabajar a las plantaciones. El que desobedecía la orden y no iba a trabajar, ya sabía qué le pasaba.

SEMANA: Aparte de los militares y empresarios, ¿usted ayudó o recibió peticiones para ayudar a políticos en Urabá, en el Valle y en Cauca, que eran las zonas que estaban bajo su mando?
E.V.: No hablo de todos los políticos, pero hay políticos muy parecidos a los narcos. El narco se alía con quien sea por el dinero y muchos políticos tienen como objetivo llegar al poder y se alían con quien sea para lograr ese poder.

SEMANA: Pero ¿qué políticos lo buscaron?
E.V.:Varios, en muchas partes. Pero hoy yo soy un convencido de que en este tema de la para-política hay gente que quiere afectar a otros porque no les pudieron ganar en las urnas. Por ejemplo, el comandante Mancuso, que lo quiero y lo estimo mucho, terminó enredando a Juancho López sólo porque son enemigos de toda la vida. Y ahora Juancho López está en la cárcel dizque porque fue colaborador de Mancuso.

SEMANA: A usted lo vincularon como uno de los responsables de la muerte de Carlos Castaño. ¿Cuál fue su participación?
E.V.: En los medios se dijo que yo lo había matado. Como usted sabe, 'Monoleche' se hizo responsable de la muerte de Carlos. Él fue el que estuvo en el operativo que terminó con la muerte de Carlos. Eso no se planeó como dicen con el Estado Mayor, no hubo reunión, ni colecta. Fue una decisión que tomó Vicente, dio la orden a un grupo y se ejecutó la orden.

SEMANA: ¿Por qué Vicente tomó esa decisión?
E.V: Porque Carlos ya se estaba ganando muchos enemigos de toda clase. Mucha gente lo quería matar, Vicente analiza y ve que si no toma la decisión, a él también lo matan. Si cualquier otro mata a Carlos, esa persona coge mucho poder. El poder que perdería la casa Castaño sería enorme y quien tomara esa decisión de matar a Carlos tendría que matar también a Vicente. Entonces eso lo forzó a tomar la decisión. Y muchos otros problemas personales. Hacía tiempo venían discutiendo por diferentes conceptos en la negociación. Carlos llamaba a Vicente narco. Tuvieron muchos problemas al final.

SEMANA: Pero Vicente efectivamente era un narco, de hecho, vendió franquicias de las AUC a varios reconocidos capos...
E.V.: No puedo decir si Vicente vendía las franquicias o no. Pero sí les daba el aval y el nombre de él a muchos de los grupos del país. Eso fue muy berraco porque cualquiera llegaba y tomaba poder. Entonces los que llegaban con plata montaban un grupo y eso no era justo. Los viejos le decíamos que no nos parecía.

SEMANA: Usted, al igual que Vicente Castaño, se desmovilizó pero se voló cuando el gobierno ordenó recluir a los jefes paramilitares en La Ceja y perdió todos los beneficios de la ley. ¿Por qué huyó?
E.V.: Nunca salí del proceso. Yo me desmovilicé, el Bloque Bananero fue el primer grupo que se desmovilizó de Ralito, inicié el proceso de reinserción que fue modelo a nivel nacional en Urabá. Luego el Comisionado me dijo que por seguridad era mejor que saliera de Urabá porque Inteligencia había detectado que la guerrilla me iba a hacer un atentado allá. Me trasladé a Medellín, el Presidente hace un llamado voluntario a que se presenten en el centro de reclusión en La Ceja. Muchos fueron capturados, supuestamente conducidos, pero uno no puede ser conducido cuando no ha sido citado a una fiscalía. Yo asumí esa posición porque no tenía orden de captura y era un llamado voluntario. Yo estaba esperando que se fijara la fecha de versión libre y me iba a presentar. Nosotros no nos presentamos a La Ceja porque la conducción era voluntaria, no obligatoria.

SEMANA: Usted estaba huyendo. Cuando usted fue capturado estaba escondido en una finca
E.V.: No, yo estaba normal en una finca, salía a Medellín. Lo que pasa es que creían que conmigo cogían a Vicente, que yo lo tenía debajo de la cama

SEMANA: ¿Usted ya fue notificado de su extradición a Estados Unidos?
E.V: El gobierno dice que me sacó de Justicia y Paz y que por eso puedo ser extraditado, porque no me presenté a La Ceja. Me parece injusto porque yo sólo tengo delitos de autodefensa, mientras que hay muchos que son pedidos en extradición por cocaína. Hay muchos como 'Gordolindo', el 'Tuso' y los 'Mellizos'. Otros tienen órdenes de captura porque conformaron grupos después de la desmovilización, que es el caso de 'Macaco'. 'Ernesto Báez' goza de todos los beneficios aunque reconoció que tenía mando sobre el grupo de Caldas que nunca se desmovilizó y todavía está en el monte. El 'Tuso' se desmovilizó sólo un año después de que se desmovilizó el grupo al que pertenecía.

Publicado en www.semana.com
Agosto 6 de 2007 -
Prostitutas son reclutadas por paramilitares en Putumayo y sometidas a maltratos
Son más de 80 jovencitas que permanecen secuestradas en la zona, cinco de las cuales habrían sido asesinadas, en situaciones que inicialmente hicieron pensar que se trataba de hechos aislados.


La Fiscalía y la Policía en Puerto Asís llevan la investigación. Según evidencias recolectadas por los investigadores, los asesinatos se produjeron con arma blanca y los cuerpos fueron abandonados en las carreteras de la zona de La Hormiga, Orito y otras poblaciones del Putumayo en las que la coca y la violencia todavía campean.

El hecho fue confirmado por María, una de las jóvenes prostitutas -la mayoría no pasa de los 23 años- que viajan a la región con la ilusión de ganar mucho dinero, pero terminan siendo explotadas, maltratadas y no pueden regresar porque desde que llegan les cobran 'multas' por todo y hasta que no paguen hasta el último centavo no quedarán libres.

"Cuando llegamos nos trataron como reinas. Con el pasar de los días simplemente éramos las putas del pueblo. Y hoy no solo somos sus rehenes sino sus víctimas: los muchachos ('paras' no desmovilizados y los de las nuevas bandas) ya mataron a unas cinco compañeras".

María tiene 20 años, es mona, hizo hasta tercero de bachillerato y, riéndose, dice con acento paisa que es "muy sexi". "Como dicen por ahí, ahora puedo contar el cuento de milagro, porque me salvé".

Las jóvenes (algunas menores de edad) son contactadas a través de mujeres que trabajan de la mano con los 'paras', especialmente en Cali, Medellín, Popayán, Armenia, Pereira, San José del Guaviare e Ibagué.

"Nos dicen que es una gran oportunidad porque allá está la coca y hay mucha 'rama' (plata) y los manes la dejan en los prostíbulos -le contó María a EL TIEMPO-. Que ensayemos una o dos semanas y si nos aburrimos nos devolvemos. Pero mentira, hay amigas que llevan más de 6 meses y no las dejan salir, nos tienen secuestradas y amenazadas".

Dice que desde que llegan están endeudadas porque ya deben lo de los pasajes en bus y una muda de ropa que les tienen lista.

Cuando llegan, dice, las distribuyen en prostíbulos de La Hormiga, algunos legales y otros clandestinos. Un grupo parte hacia Orito y "las menos atractivas", dice María, "van para otros pueblos de más adentro".

Son recibidas por unas 'matronas' que, al mejor estilo de la mafia Yakuza japonesa les quitan los documentos para que no escapen. "Nos dicen que es para que no los botemos o por si llega la Policía".

"Después llegan los paracos con pistolas y dicen que ellos son los que mandan. Que tenemos que portarnos bien, que nada de vicio ni peleas".

Lo peor, dice María, es que no se ve el dinero porque empiezan las multas. "100 mil para la que no quiera trabajar esa noche, 50 mil por no levantarse, así esté borracha, 20 mil a la que se asome a la puerta, 20 mil si se demora en la calle más de 10 minutos, 20 mil a la que no reclame la comida que preparan allá, 50 mil si uno no se quiere acostar con alguien. Todo son multas".

Y con esas sanciones llegan los problemas.

"En una noche, si le va a uno bien le quedan unos 120 mil pesos los fines de semanas. Hay días que no llegan sino unos 10 clientes y somos muchas, por las que hay unas que pasan en blanco.

Deben hasta $ 4 millones

"Y eso de que dejan mucha plata no es así... Pero lo que si llegan son a diario las multas y en un mes uno llega hasta deber un millón o más. En estos meses compañeras han llegado a deber hasta 3 o 4 millones. ¿Así cuándo se van a poder ir?", pregunta María.

Solo una tarde en la semana las dejan salir al río o al pueblo, pero siempre están vigiladas.

Viven en el mismo sitio en piezas muy pequeñas que ocupan dos o tres mujeres. No hay ventilador, tampoco en las habitaciones que utilizan para trabajar. Y eso que en esta zona el termómetro fácilmente se estaciona en los 38 grados centígrados.

Algunas tienen televisor y allí se reunen para distraerse un poco. "Hay mucha marihuana, coca y licor. En eso también se va el tiempo", explica.

María dice que por lo menos 80 de sus compañeras han pensado en irse, pero recuerdan las advertencias de los 'paras': " Se pueden ir cuando paguen todo lo que deben y si van a volarse aténganse, no vaya a ser que terminen tiradas en el monte".

Hace unos meses se reunieron 12 jóvenes, entre ellas María, para escapar. "Pero nos sapiaron, íbamos a salir en grupos de a tres, y a las primeras las agarraron y las mataron saliendo del pueblo. No se supo más de ellas. Otra, que no apareció, dicen que la enterraron en el patio de una casa".

Una trampa con 30 años de uso

Blanca Rodríguez fue la primera mujer recuperada por la Fundación Vida Nueva, que se dedica a ayudar a las trabajadoras sexuales. Ahora es coordinadora de esa institución.

Ella dice que esa modalidad de esclavitud es un problema que viene de muchos años: "Eso es de toda la vida. Yo fui una de las que 'vendieron' y engañaron. Eso fue como en 1983. Me llevaron diciéndome que tendría mejor vida. A uno le dan comida y le regalan una pantaloneta, pero cuando se quiere ir le dicen: 'me paga todo lo que le hemos dado y si no, no se va".

Para ella, esa práctica es un secuestro. "Una vez en Acacías me intenté volar y me dieron una tunda y me amarraron durante 8 días", contó.

Afirma que lo más importante es que las autoridades sepan que se está presentando un maltrato y violación de los derechos de las mujeres. "Necesitamos ayuda de las fundaciones. El Gobierno debe tomar de verdad algunas determinaciones", explica.

Blanca agrega que las jóvenes tienen que aprender a no dejarse engañar cuando les prometen una mejor vida, y deben buscar apoyo en sus padres y familia: "Nadie conoce esa realidad del país, que pasa hasta en las capitales".

'Nos tocaba castigarlas'

Un desmovilizado que hacía parte del grupo que manejaba a las trabajadoras sexuales confirmó a este diario la situación de estas mujeres.

"La orden es controlarlas. Las que piensan en volarse se les advierte que no van a llegar más allá de El Tigre y que si se dejan pescar se bajan del bus o del carro".

También cuenta que las que pelean, roban o 'meten vicio' son castigadas. "Delante de todas se les bajan los pantalones y se les pega con un machete".

El ex 'para' dice que la única manera para que salgan es que "les den un paz y salvo" y paguen lo que deben. "Muchas lloran y dicen que están desesperadas, que quieren visitar a sus familias, pero la orden la tenemos que cumplir".

'Me golpearon y me violaron'

Otra mujer que logró escapar, como María, le dijo a la Fiscalía que en los prostíbulos de los pueblos cocaleros "se reúne esa gente" y que una noche un jefe 'para' la sacó del cabello porque creía que se iba a volar. "Les dijo a otros tres que me hicieran lo que quisieran -contó-. Me sacaron del pueblo y me violaron. Después me cogieron a patadas. Estaban tan drogados y borrachos que me escapé por el monte. Estaba embarazada y casi pierdo el bebé. Nació de 7 meses y se está recuperando".

JAIRO FIDEL LOZANO
Enviado especial de EL TIEMPO
Puerto Asís (Putumayo)