viernes, 28 de marzo de 2008

El fin de las FARC

El fin de las FARC
Será largo y sangriento
La guerra colombiana lleva tantos años, que parece que el país estuviera condenado a padecerla para siempre. Casi medio siglo de lucha contra las guerrillas ha dejado una cicatriz en el rostro de la Nación. Por eso, durante varias décadas muchos colombianos han sido escépticos frente a un desenlace del conflicto que le ponga fin al baño de sangre. En alguna época se habló de que no había voluntad política de acabar con la guerrilla, en otra, de que a los militares no les interesaba porque dependían de su amenaza, o corrió la tesis de que era imposible derrotar a las Farc con un Estado famélico, ausente y corrupto.

Pero los acontecimientos de los últimos días han empezado a cambiar las percepciones históricas. La muerte en sólo una semana de 'Raúl Reyes' e 'Iván Ríos', dos miembros del Secretariado de las Farc, rompió el mito de que la guerrilla era invencible o de que no había interés en derrotarla. La sicología del país sobre la guerra está cambiando. Mientras hace 10 años apenas el 34 por ciento de los colombianos consideraba posible que las Fuerzas Armadas podían derrotar a la guerrilla militarmente, esta semana una encuesta de Gallup demuestra que el 75 por ciento lo cree posible. Y el primer paso para ganar una guerra es que la sociedad crea que es posible hacerlo. Pero no se trata sólo de percepciones, de la moral de una tropa o del estado de ánimo de una sociedad. El ataque al campamento de 'Raúl Reyes' demostró que la superioridad técnica y militar del gobierno es una ventaja definitiva. Y la muerte de 'Iván Ríos', asesinado a traición por uno de sus hombres de confianza, deja al desnudo el grado de resquebrajamiento de las Farc en el interior de sus filas.

Las muertes de estos dos hombres son un hito en la historia del conflicto armado colombiano. No tanto por la importancia militar, política o simbólica de cada uno de ellos, sino por lo que reflejan de la etapa de la guerra. Estas muertes marcan el fin de una era y el comienzo de otra.

Queda atrás un largo período en el que se consideraba que había un equilibrio entre gobierno y guerrilla, o lo que muchos llamaron un empate negativo. Empate que parecía irresoluble pues no permitía una victoria militar, pero tampoco hacía viable una paz negociada, pues ambos bandos aspiraban a una revancha para ganarle ventaja al otro, e intentar el triunfo militar.

Ahora la correlación de fuerzas ha cambiado. Quedan pocas dudas sobre la superioridad del Estado, y la evidente debilidad de las Farc parece un hecho irreversible. Después de seis años de ofensiva sostenida, de miles de millones de dólares gastados en munición, de miles de soldados y policías caídos en combate y de tantas víctimas inocentes que han padecido los coletazos de la barbarie, se puede decir que está llegando la fase final de la guerra.

Pero el entusiasmo sicológico de un incipiente desenlace contrasta con el camino tortuoso, impredecible y violento que significa transitar hacia una solución definitiva. Los últimos capítulos de las guerras suelen ser difíciles, llenos de sorpresas desagradables y pueden ser prolongados.

En Perú, por ejemplo, la naturaleza mesiánica y autárquica de Sendero Luminoso hizo posible que con la captura de su principal líder, Abimael Guzmán, se desencadenara una derrota militar de la guerrilla, difícil de repetir en otros conflictos. Incluso, su manera de recurrir al terrorismo indiscriminado ya los había aislado políticamente y era una organización repudiada incluso por la izquierda radical peruana. A pesar de su derrota, persisten unos grupúsculos seudoguerrilleros a los que les queda mejor el traje de bandas criminales que el de revolucionarios alzados en armas.

En El Salvador, la guerrilla del Fmln controlaba parte del territorio, tenía buen respaldo campesino y había un empate militar que hizo posible un modelo de negociación donde se pactaron reformas profundas al régimen. El Fmln negoció desde una posición de fuerza, pues acababa de lanzar una ofensiva sobre la capital del país, y puso en jaque al gobierno. En todo caso, esta se considera la última negociación de la era de la Guerra Fría, que selló una paz política duradera, pero no redujo los índices de criminalidad.

Otro caso reciente que vale la pena observar es el de Irlanda, donde un conflicto centenario entre el IRA y el gobierno de Gran Bretaña finalizó en un acuerdo político. Al momento de firmar el pacto, el grupo separatista estaba infiltrado hasta el tuétano por los servicios policiales británicos, y se le habían cerrado espacios políticos y diplomáticos. Aunque pudo ser llevado a su mínima expresión como grupo armado, la negociación se hizo para garantizar una paz más duradera y una mayor legitimidad para el gobierno.

Posiblemente ninguno de los anteriores casos sea paradigmático para Colombia. El país empieza a darse cuenta de que algo importante está ocurriendo en la guerra: hay una ruptura del equilibrio existente y se hace necesario imaginar cómo será el final de la partida.

Esa exitosa ofensiva militar no está dada por los episodios recientes, sino que es el resultado de decisiones estratégicas tomadas por el Estado. La política de seguridad democrática, el aumento del gasto militar, el respaldo de Estados Unidos, la sofisticación en la inteligencia, la degradación de la guerrilla por el influjo del narcotráfico, el rechazo casi nacional contra la violencia guerrillera y hasta el cambio de paradigma luego del 11 de septiembre, han inclinado la balanza y garantizado un control del territorio que antes no existía y que ha sido crucial para debilitar a las Farc.

Al lado de estos saltos estratégicos hay una cantidad de virajes tácticos que han hecho más eficientes las campañas militares, como se ha visto en los meses recientes (ver recuadro).

Se puede decir que la pérdida de territorio, el incremento en las deserciones y las desmovilizaciones, la ofensiva del Ejército a la retaguardia selvática de la guerrilla, y el incremento y la efectividad en los combates, son los principales signos de que el gobierno está ganando la guerra.

Pero la pregunta es ¿qué sigue? ¿qué tipo de final tendrá el conflicto? ¿Por qué los finales son tan complejos, difíciles y violentos?

Tres escenarios posibles

La fase final de la guerra, si es que ha llegado, plantea tres escenarios posibles de resolución. El primero es el del aniquilamiento militar, similar a la manera como lo hizo Perú con Sendero Luminoso. Aunque hay sectores muy marginales del gobierno que creen posible un exterminio físico de las Farc, este es un epílogo muy improbable para la guerra colombiana. Básicamente porque a diferencia de Sendero Luminoso, que estaba localizado sólo en la sierra peruana, las Farc están desplegadas en todo el territorio. Son una organización más descentralizada y colegiada que puede sobrevivir a pesar de que sus cabezas sean golpeadas.

Y mientras el narcotráfico siga aceitando la guerra, las Farc tendrán una gran capacidad de reproducir su aparato militar. Apostar únicamente por el camino del plomo, sin crear ningún escenario político, es una elección costosa, sangrienta, y posiblemente con resultados poco sostenibles, pues la claudicación total de una guerrilla es un espejismo, sobre todo con la realidad geográfica, de narcotráfico y de falta de Estado que se vive en Colombia. Es utópico e ingenuo pretender que hasta el último guerrillero llegue en una bolsa negra.

Un segundo desenlace posible es el de una negociación política al estilo salvadoreño, o como las que ha conocido el país con otras guerrillas como el M-19 o incluso, como lo que se intentó en El Caguán. Esta idea de una pronta salida es todavía promovida por muchos sectores, especialmente de izquierda, pero cada vez menos gente la considera viable.

Básicamente porque las Farc no representan hoy en el país una fuerza social o política que les brinde legitimidad para exhibir y negociar una agenda de reformas. El M-19 pudo hacerlo en 1991, cuando pactó con el gobierno la realización de una constituyente porque, aunque era una guerrilla derrotada militarmente, supo interpretar lo que pasaba en el mundo -el fin de la Guerra Fría- y la coyuntura del país -la necesidad que tenían las propias elites de una modernización política-. En El Salvador sin duda había una agenda de reformas pendientes para transitar de una larga dictadura, a la democracia. Y el pacto de paz fue crucial para ello.

En la Colombia de hoy eso ya no es posible. Hay una democracia claramente reconocida como tal, una Constitución garantista y progresista, y aunque muchas reformas están pendientes, no serán pactadas en una mesa de negociación con una guerrilla desprestigiada, aislada y criminalizada.

Pero entre la derrota militar y la negociación al viejo estilo hay una tercera vía que posiblemente sea la que más se ajusta a la realidad de la guerra colombiana. Es una combinación de la presión militar con la apertura de un espacio de negociación con reglas de juego completamente distintas.

La presión militar se requiere porque aunque haya un cambio de tercio en la confrontación, aún no hay un punto de inflexión definitivo. "Las Farc han sufrido un fuerte debilitamiento, pero aún no están derrotadas. Con el desgaste que han experimentado posiblemente regresen a la guerra de la pulga. Hay grandes espacios de terreno que han desocupado los paramilitares que todavía no están bajo el control del Estado y su fuerza pública. Las Farc pueden recuperar este terreno y fortalecerse de nuevo", dice Gabriel Marcella, profesor del Instituto de Estudios Estratégicos de Estados Unidos.

Pero así como Uribe ha demostrado que sabe hacer la guerra, también tiene que abrir un espacio para el diálogo. "Todas las fórmulas están gastadas y habría que imaginar algo diferente", dice el ex senador Rafael Pardo. Y tiene razón. Los dos modelos que el gobierno ha probado para negociar son inaplicables para las Farc. El modelo que se probó con los paramilitares, y cuyo énfasis es la desmovilización, es inviable porque con las Farc es necesario contemplar además del desarme la reinserción política. Por eso la propuesta de negociación realista sería como lo plantea el analista Román Ortiz, "una negociación para facilitar su desmovilizacion y reinserción en el sistema democrático, no para modificar la estructura constitucional ni el orden social y económico del país".

¿Les sirve una oferta así a las Farc? Seguramente no al Secretariado, pero sí a muchos mandos medios que han empezado a sospechar lo que todo el país sabe: que jamás se tomarán el poder y que el tiempo corre en su contra. Mientras más tiempo pasen en el monte, más débiles y menos condiciones tendrán para una negociación que les sea favorable.

Abrir una pequeña compuerta de diálogo hoy, manteniendo la misma presión militar, puede salvar vidas y ahorrar sufrimientos. Ese espacio es necesario no tanto para demostrar la magnanimidad del gobernante de turno, ni para tirarles un salvavidas a las guerrillas, sino porque las Farc son el mayor obstáculo para la prosperidad colectiva de los colombianos.

La guerra es una espiral de violencia y los colombianos deben buscar el camino menos doloroso y más rápido para salir de ella. Una solución exclusivamente militar, o una negociación sin objetivos claros significarían prolongar la agonía.

¿Está listo el país?

Pero, para que exista un epílogo a este conflicto, hay una serie de variables que van mucho más allá de los mapas desplegados por los generales, la estrategia militar, la capacidad de fuego, la moral de la tropa o la sensación de victoria que puede sentir una sociedad.

Por un lado, el esfuerzo económico se tiene que mantener en este momento tan crucial. ¿Seguirá Estados Unidos, en caso de que gane un gobierno demócrata, apoyando a las Fuerzas Militares? ¿Cuántas veces más están los colombianos dispuestos a pagar impuestos al patrimonio para financiar la guerra? A eso se suman también los temores por una recesión económica en el mediano plazo que merme la creciente inversión en defensa. Es un hecho que el buen desempeño económico del país en los últimos años ha permitido que se invierta un 6 por ciento del PIB en la política de seguridad.

Otro gran interrogante que hay planteado sobre la mesa es el escenario regional. El reciente conflicto diplomático con Venezuela, Nicaragua y Ecuador, que se suavizó en la cumbre de Río, demostró que en la región hay una pugna de dos proyectos políticos e ideológicos. Un proyecto de izquierda, que las Farc ven con buenos ojos, y que encarnan los presidentes Chávez, Correa y Ortega, y un proyecto de derecha, que representa Álvaro Uribe. La pregunta es si los procesos que viven los países vecinos pueden terminar ayudando a las Farc para que reviertan su crítica situación militar y política, y recuperen la iniciativa. Enorme preocupación causó el contenido del computador de Raúl Reyes sobre las relaciones entre las Farc y Chávez, y no menos grave fue encontrar el campamento de Reyes en territorio ecuatoriano.

Un tercer elemento crítico para el futuro es el narcotráfico. Mientras éste subsista, las Farc tendrán una inagotable fuente de financiación para alimentar su dialéctica de la dinamita y el plomo.

El último ingrediente es la tercera reelección del presidente Uribe. Para muchos, Uribe debe ser el mariscal de campo que toque las trompetas de la victoria y, por lo tanto, creen que debe seguir al mando. Sin embargo, es una visión facilista y mesiánica. El futuro de Colombia va más allá de Uribe. Así como la sociedad ha asimilado la política de seguridad democrática, casi toda la baraja de presidenciables debe entender lo que está en juego y está en capacidad de llevar la batuta.

Pero, más allá de la importancia de la exitosa ofensiva y de las consideraciones geopolíticas y económicas, quizás el mayor reto de esta fase final de la guerra no es militar. Es poner a prueba la capacidad del Estado para incorporar en su proyecto de Nación a todo el territorio, aun las selvas húmedas olvidadas. Aunque las Farc sean una guerrilla que use métodos terroristas y que se criminalice a cada vez más, en la columna vertebral del conflicto colombiano subyace una falta de Estado. Hay un problema atávico de tierras, de injusticia, de falta de oportunidades, de cultura de la ilegalidad, entre tantos otros flagelos, de un país que está tan lejos de Bogotá y tan cerca de las Farc. Un país extenso y vital que mientras sus grandes metrópolis saborean las mieles del siglo XXI está sumido en las penumbras del medioevo.

Es muy probable que no sea con las Farc con las que se pacten las grandes reformas del país, pero promoverlas es un imperativo democrático de cualquier gobierno y un requisito para que todo el esfuerzo militar que se está haciendo -y que tanta sangre ha costado- termine por dejar un país mejor y con una paz sostenible. Y no el caldo de cultivo para que, a pesar de que las Farc sean derrotadas, se vuelva a reciclar la violencia en un ciclo interminable que empezó hace ya 200 años, al tiempo con la vida republicana.


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La sordidez

La sordidez
Las autoridades han conseguido corromper a los colombianos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende.
Por Antonio Caballero
Fecha: 03/15/2008 -1350
Dice 'Rojas', el delator, el colaborador de las autoridades, el infiltrado, el traidor, el buen ciudadano, como quieran llamar al guerrillero que mató a su jefe 'Iván Ríos' y quiere cobrar la recompensa de cinco mil millones de pesos que ofrecía el gobierno:

-Pues a ver: si se habla, se cumple. No más.

No hay más que hablar, en efecto. Se paga. Porque ahora a 'Rojas' le quieren escamotear el premio prometido con el pretexto leguleyo de que no estaba contemplada la posibilidad de cobrarlo por un cadáver (o dos), sino sólo por la información que condujera a las autoridades a una captura (o a un cadáver). Ahora le dicen a 'Rojas', para ponerle conejo, que no leyó la "letra pequeña" del cartel de 'Se busca', la parte que decía "aplican restricciones", como en las mentirosas ofertas de gangas para incautos. Y dice el presidente Álvaro Uribe que habrá que esperar los resultados de las investigaciones a ver si se paga o no, porque "Colombia es un Estado de derecho que no estimula masacres". Hipocresía. Cuando se le pone precio a la cabeza de alguien, como ha hecho el gobierno con los miembros del Secretariado de las Farc, de antemano se sabe que eso puede tener consecuencias sangrientas. Judas no cobró sus treinta monedas simplemente por darle un beso a Jesús, sino porque ese beso permitió que lo crucificaran.

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Así que tienen que pagar. Si no le pagan a 'Rojas' la recompensa ofrecida se les viene abajo todo el sistema de compra de lealtades y pago de traiciones que han montado para luchar contra la guerrilla y (desde los tiempos de la presidencia de César Gaviria) contra el narcotráfico, y que, según el consejero para la Reintegración, Frank Pearl, "ha sido muy efectivo".

Ahora: también tiene que juzgar a 'Rojas' por asesinato. No puede salir el fiscal general Mario Iguarán a decir, como ha dicho, que '' en principio no habrá imputación de homicidio'' por atenuantes risibles en este caso como el de '' miedo insuperable''. Ni puede decir el Fiscal, como ha dicho, que ese miedo obedece a que en la guerrilla "la vida no vale nada", cuando están pagando cinco mil millones de pesos por ella. Si no juzgan a 'Rojas' (y después ya verán los jueces si lo condenan o no) se les termina de venir abajo también el aparato de la justicia penal en Colombia, ya muy maltrecho por cuenta de las reformas: el regateo de penas, los beneficios de la Ley de Justicia y Paz, los aún más escandalosos que ahora están proponiendo el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo sobre la excarcelación para culpables de crímenes atroces.

Y lo que ya se vino abajo por completo, precisamente a causa de la utilización de métodos perversos como la delación pagada, es la moral de los colombianos. Las autoridades han conseguido corromperlos hasta el tuétano al convencerlos de que todo se compra, todo se paga, todo se vende. El aplauso casi general con que ha sido recibida la traición de 'Rojas' a su jefe guerrillero muestra la extensión y la profundidad de esa desmoralización de la sociedad. Desmoralización entendida no en su aspecto, digamos, militar: como la pérdida de la decisión de combatir; sino en la civil: la pérdida del sentido moral, de la capacidad de distinguir el bien del mal. Salvo cuando nos pagan por ello. Nos han vuelto moralmente ciegos. Mezquinos. Sórdidos.

Decía el poeta Porfirio Barba-Jacob:

"Hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos

como la entraña oscura del oscuro pedernal.

La noche nos sorprende con sus profusas lámparas

En rútilas monedas tasando el bien y el mal".

Y fíjense ustedes que así es. En esas estamos.

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Advierten las FARC que investigarán la muerte de 'Iván Ríos', uno de sus líderes; niegan versiones acerca de resquebrajamiento al interior del grupo

BOGOTÁ, Colombia, mar. 11, 2008.- Las FARC calificaron este martes de "sórdido novelón" del Gobierno colombiano las informaciones "alrededor de la muerte" del miembro del Secretariado, la cúpula de la guerrilla, "Iván Ríos", asesinado por uno de sus guardaespaldas, y que investigarán los hechos que rodearon su asesinato.

"Iván Ríos", alias de Manuel de Jesús Muñoz, fue muerto la semana pasada por Pedro Pablo Montoya "Rojas", su jefe de seguridad, quien se entregó a las autoridades colombianas con una mano cercenada de "Ríos", su pasaporte, su cédula de ciudadanía y su computadora personal.

"La mentira ruin, es el arma favorita del Gobierno narcoparamilitar del (presidente colombiano, Álvaro) Uribe y sus áulicos", dice el comunicado difundido por su página de internet "Resistencia".

Según las FARC, Uribe y sus ministros buscan "desdibujar la realidad, bien sea en el terreno local del conflicto social y armado, o inclusive, desconociendo y/o tergiversando las graves repercusiones internacionales que producen las ínfulas guerreristas del lacayo del imperio", en alusión a Estados Unidos.

También afirman los rebeldes que los "agentes del narcotráfico y del imperio, han trazado el plan de propagar la falsa idea de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se están resquebrajando moralmente".

Por otra parte, añaden, "Resistencia informa a la opinión pública nacional e internacional que nuestras instancias superiores trabajan arduamente en el esclarecimiento de los hechos".

Las FARC aseguran que sus columnas guerrilleras "combaten con firmeza y lealtad por la causa revolucionaria" en todo el país, lo que, agregan "no impedirá que muy pronto haya información nuestra, creíble y respetable, sobre los últimos acontecimientos".
Crisis andina
Las FARC hallan refugio en Ecuador
Un ex combatiente asegura que la guerrilla colombiana transporta droga por la frontera norte - Los campamentos rebeldes cuentan con talleres y arsenales
MAITE RICO - Bogotá - 12/03/2008

El norte de Ecuador se ha convertido en santuario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Testimonios de ex combatientes y el contenido de los ordenadores intervenidos a la guerrilla en la operación militar que acabó con la vida de su número dos, Raúl Reyes, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, revelan nuevos detalles sobre la colaboración ecuatoriana con las FARC.

Gracias a las redes de corrupción entretejidas con autoridades locales y militares, el grupo armado ha establecido, aseguran fuentes militares colombianas, al menos ocho campamentos estables, desde donde lleva a cabo tráfico de armas, transporte de drogas y adoctrinamiento de las poblaciones. "Toda la zona fronteriza es segura en el lado ecuatoriano", cuenta Miguel, un ex guerrillero que conoce el terreno por haber sido mando medio del Frente 48 de las FARC durante 10 años y acogido ahora, como miles de sus compañeros, a un programa de reinserción.

"Hacemos nuestros campamentos en fincas y nos abastecemos en las comunidades. Altos mandos militares nos apoyan con la logística, con armamento, carpas y uniformes. En el Frente 48 llevamos uniformes ecuatorianos, porque es más fácil que esperar a que el Secretariado los mande desde Colombia", afirma el ex guerrillero Miguel, miembro de la seguridad de Raúl Reyes que abandonó recientemente la lucha armada y vive en la clandestinidad cerca de Bogotá.

Los guerrilleros se mueven por el norte de Ecuador en camionetas, como ha constatado un funcionario de la Organización de Estados Americanos (OEA), que expresaba en privado el desconcierto que le provocó cruzarse en comedores del área fronteriza con miembros de las FARC perfectamente pertrechados.

El gran proveedor de la guerrilla es Patricio González, poderoso traficante de armas ecuatoriano que colabora con las FARC desde hace 25 años. "Los generales ecuatorianos con los que trabaja Patricio le venden una parte de las armas que debían ser destruidas" asegura Miguel. "Alguna vez el armamento llegaba en contenedores desde el puerto de Guayaquil".

En este territorio liberado, la guerrilla ha establecido corredores para el transporte de cocaína, principal fuente de financiación. "Desde Putumayo entran las camionetas cargadas con pasta base, que preparan los campesinos, y por carreteras ecuatorianas siguen hacia el oeste e ingresan de nuevo en Colombia por Nariño, donde están los laboratorios. Luego la droga vuelve a salir por Ecuador, hacia la costa", dice Miguel. El antiguo guerrillero no tiene pelos en la lengua y lanza gravísimas acusaciones contra las autoridades ecuatorianas que el Gobierno de Quito ha negado reiteradamente.

Gracias a las "mensualidades" que reciben de las FARC, asegura Miguel, las autoridades locales hacen la vista gorda. "Los jefes de la policía avisan a los retenes para que nos dejen pasar. En El Carmelo, en el cruce de la frontera, hay una base del Ejército ecuatoriano que controla la carretera. Y también están comprados".

"Hemos detectado 11 campamentos en suelo ecuatoriano", dice una fuente de la inteligencia colombiana. "Ocho grandes, con talleres, polvorines y pistas de entrenamiento en la zona del río San Miguel, y tres más pequeños por el río Putumayo". Las ocho bases permanentes (Rancherías, San José, El Arenal, La Isla -donde Raúl Reyes vivió dos años-, El Limón, La Escalera, Farfán y Puerto Mestanza) jalonan la frontera norte de Ecuador de este a oeste.

Desde esa retaguardia, Colombia ha sufrido 39 ataques de las FARC desde 2004. Uno de ellos causó la muerte de 22 soldados en la localidad de Teteyé. "Hemos entregado 16 informes a la Comisión Binacional para Asuntos Fronterizos, y ocho más a la cancillería ecuatoriana, sobre la presencia de las FARC en su suelo", dice un alto funcionario colombiano. "Ellos lo niegan o, simplemente, no responden". Bogotá dice entender ahora esa actitud. Esa mina que es el ordenador de Raúl Reyes ha desvelado las relaciones políticas sostenidas por las FARC con el Gobierno de Quito al más alto nivel. El número dos de la guerrilla da cuenta de dos reuniones, el 18 de enero y el 28 de febrero de este año (dos días antes de su muerte), con emisarios del presidente Rafael Correa. Uno de ellos es su ministro de Seguridad, Gustavo Larrea. El presidente ecuatoriano propone reunirse con los mandos de la guerrilla en Quito, establecer "coordinaciones sobre la frontera binacional", contrarrestar los efectos del Plan Colombia contra el narcotráfico con denuncias de las fumigaciones, "cambiar a los mandos de la fuerza pública" hostiles a la guerrilla... Se trata de neutralizar al presidente colombiano, Álvaro Uribe, representante "de la Casa Blanca, las multinacionales y las oligarquías".

La indignación de Correa por el ataque colombiano contra la base de Reyes se volvió virulencia cuando esos dos correos salieron a la luz el pasado martes. Llamó "mentiroso e insolente" a Uribe y dijo que asociarle a él con las FARC era "una desfachatez". Luego justificó la presencia de la guerrilla con los desvelos de su Gobierno por lograr la liberación de los secuestrados.

El problema, ha dicho Correa, es que Colombia no cuida sus fronteras. "El Gobierno de Ecuador se niega a establecer mecanismos de cooperación. Con Perú tenemos patrullas conjuntas en los ríos, y allí no hay problemas de campamentos. Con Ecuador quisimos hacer lo mismo, y ha sido imposible", dicen en Bogotá. Para compensar, Gustavo Larrea, el ministro de Seguridad ecuatoriano, ha propuesto la interposición de cascos azules de la ONU entre ambos países.

[Para la comisión especial de la OEA, que visitó el lunes la frontera, no hay duda de que Ecuador necesita de ayuda internacional para mantener el control de su frontera con Colombia, informa desde Quito Daniela Creamer. "Ecuador requiere de cooperación para lograr un control efectivo", dijo José Miguel Insulza, secretario general del organismo.]

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Las FARC tienen ligas con todos los cárteles: PGR

Lunes 10 de Marzo de 2008


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Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia han tejido una red que alcanza a todas las agrupaciones delictivas mexicanas, pues lo mismo realiza negocios con el cártel de Tijuana que con el de Sinaloa, Juárez y el Golfo, e incluso con grupos menores, esto de acuerdo con investigaciones de la Procuraduría General de la República.

Si bien es cierto que en el pasado sólo se conocía la relación entre dicho grupo y los hermanos Arellano Félix, hay datos que revelan que los colombianos se abastecen de armas a cambio de cocaína, y una prueba de ello es la detención del narcotraficante Ricardo Tamez Alanís, El Richi, miembro del grupo de Los Mellizos, liderado por los hermanos Víctor y Manuel Ángel Mejía Munera, organización ligada a las FARC.

Alanís, quien hace un par de semanas solicitó la protección de la justicia al juez Tercero de Distrito de Amparo en Materia Penal contra un posible cambio de prisión a una de máxima de seguridad, era el encargado de abastecer del alcaloide a Arturo Beltrán Leyva, dirigente del cártel de Sinaloa, así como a Delia Patricia Buendía Magaña, MaBaker, esta última dirigente del cártel de Nezahualcóyotl, organización responsable de la muerte de funcionarios de primer nivel de los ámbitos federal y local.

La droga la recibía en Monterrey, Nuevo León, a través de Juan Pablo Rojas, El Halcón, para después ordenar su envío a New Jersey, en Estados Unidos, donde la entregaba a Heriberto Santos, El Pichón, no sin antes pasar por Tamaulipas, donde una parte era dejada al cártel del Golfo.

En enero de 2004, Juan Pablo Rojas fue detenido en las inmediaciones de la delegación Iztapalapa con dos toneladas de cocaína, tras dos años de investigaciones; dicho personaje era el responsable de la recepción y distribución del alcaloide procedente de Colombia, y encargado de fijar el precio en el mercado negro de la Ciudad de México y municipios conurbados.

La droga era abastecida por los hermanos Carlos y Mauricio Jaramillo Correa, operadores de las FARC en Medellín, según las declaraciones de Juan Pablo Rojas, quien comenzó su carrera delictiva en los años 80, cuando se vinculó con miembros del cártel de Medellín que operaban en México, por órdenes del colombiano Miguel Ángel Willis, además conoció a Pablo Escobar Gaviria.

Sin embargo, perdió contacto tras la muerte de Escobar y se mantuvo sin enlaces directos hasta 2002, cuando fue reclutado por los hermanos Munera, quienes lo incorporaron a la organización como su representante en México.

A fines de diciembre de 2007, la juez Cuarto de Distrito con sede en el Reclusorio Oriente, Taissia Cruz Parcero, sentenció a 15 años de prisión a Tamez Alanís por ser penalmente responsable del delito de delincuencia organizada.

De acuerdo con las pesquisas de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), Los Mellizos se dedican al trasiego de droga desde Colombia, pasando por Panamá, México y Estados Unidos, además es considerada la estructura criminal más peligrosa tras la muerte de Escobar Gaviria, líder del cártel de Medellín.

No obstante, no es la única organización colombiana ligada a las FARC. También está el cártel Norte del Valle, que se ha visto disminuido en su capacidad operativa luego de la captura de su principal líder,Diego León Montoya, Don Diego, ocurrida el 10 de septiembre de 2007.

- Claves

Narcoterroristas

. Las FARC están clasificadas por Estados Unidos y el Consejo de la Unión Europea como un grupo narcoterrorista, pronunciamiento al que se ha sumado México, donde ese grupo colocó oficinas de relaciones públicas desde fines de 2003.

. El control del tráfico de la cocaína en el mundo fue asumido por la organización rebelde, por lo que ahora los cárteles mexicanos se deben entender con ese grupo, o por intermediarios que laboran para las organizaciones criminales de Colombia.

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El todo vale no sirve

El todo vale no sirve
Lo que garantiza la paz continental es el principio interamericano de no intervención, y no su ignorancia deliberada
Por Antonio Caballero
Fecha: 03/08/2008 -1349
El gobierno de Álvaro Uribe ha decidido usar contra las Farc "todas las formas de lucha", para decirlo con la frase de las propias Farc. La cooperación internacional (con las agencias de inteligencia de los Estados Unidos, el Reino Unido e Israel) y el enfrentamiento internacional, (con los gobiernos del Ecuador y Venezuela); los bombardeos desde lejos (?) y la recuperación de cadáveres "en caliente"; las verdades obvias (las Farc secuestran y asesinan) y las mentiras absurdas (una especialmente cómica: "las Farc tienen armas de destrucción masiva", afirmó el vicepresidente Francisco Santos en Ginebra); los recursos más crudos de la arbitrariedad ilegal (el ministro Juan Manuel Santos explicó por qué los guerrilleros muertos merecían la muerte, como si aquí existiera la pena de muerte) y los de la legalidad más rebuscada (uno especialmente cómico: el presidente Uribe amenazó con denunciar penalmente a su colega Hugo Chávez de Venezuela por incitación al genocidio); la ley (el principio interamericano de no intervención para protestar contra la de Venezuela en Colombia) y la violación de la ley (la intervención armada de Colombia en el territorio del Ecuador). Todas las formas de lucha. Para este gobierno, todo vale. Y todo sirve.

No es el primero, por supuesto. Todos sus predecesores han actuado de la misma manera. Antes de que las Farc acuñaran la expresión de la "combinación de todas las fuerzas de lucha" ya los gobiernos de Colombia las habían usado contra ellas. Baste con un ejemplo: cuando exterminaron a los militantes de la Unión Patriótica, que hacían política sin armas, le quitaron la personería jurídica a la Unión Patriótica con el pretexto legal de que no contaba con los suficientes militantes. Pero el gobierno actual lo hace con más crudeza todavía que sus predecesores porque cuenta con el aplauso ciego de la muchedumbre, alimentado por dos cosas: los repugnantes excesos de las propias Farc, que han conseguido que nazca en el corazón de muchos un pequeño paramilitar; y la irritante intervención "bolivariana" del gobierno venezolano de Hugo Chávez, que ha dado pábulo al patrioterismo de otros muchos (tanto aquí como allá). Pero la barbarie de la guerrilla no justifica la barbarie de sus adversarios. Y el intervencionismo venezolano en Colombia no justifica el intervencionismo colombiano en el Ecuador. La una y el otro son muestras de la misma filosofía del todo vale. Y el ciego aplauso de la muchedumbre no es garantía de que se tiene la razón, sino más bien de lo contrario: las muchedumbres rebajadas por sus jefes a sus más sucios instintos -la venganza, el patrioterismo- tienden a equivocarse.

Pero el todo vale es indefendible en la teoría, desde la ética. Muchas veces he citado la brillante frase del escritor R.H. Moreno Durán según la cual "el aforismo que dice que el fin justifica los medios no tiene principios". Inevitablemente, los medios corrompen el fin, como lo han corrompido en el caso de la propia guerrilla: no puede ser un "proyecto respetable", como lo llama el presidente Chávez, uno que para imponerse se sirve de la infamia del secuestro. Los medios innobles no pueden llevar un fin noble.

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El todo vale es, además, contraproducente en términos prácticos. Así acaban de mostrarlo en la OEA las protestas contra la acción colombiana de los países vecinos, aunque no hayan llegado a la condena formal. Casi todos tienen sus propios problemas limítrofes, de modo que no pueden aceptar como recurso válido la violación de las fronteras, cualquiera que sea el pretexto invocado. Lo que sirve de garantía a la paz continental es el respeto del principio interamericano de no intervención, y no su ignorancia deliberada. La cual, de rebote, justificaría las ansias intervencionistas de Chávez, o, retrospectivamente, las de Cuba. Y, naturalmente, las de los Estados Unidos: las únicas que de verdad han tenido efectos.

Me preguntan: ¿qué hacer entonces hoy-hoy?

Por supuesto que el Estado tiene que, hoy-hoy, defenderse de las armas con las armas. Pero tiene que entender también que eso no resuelve el problema. Porque la guerrilla no es el problema, sino sólo un síntoma del problema, y una consecuencia del problema, como una llaga purulenta es el síntoma y la consecuencia de una infección, pero no es la infección. El problema, o la infección, es histórico: viene de ayer, y hay que resolverlo para mañana: no basta con cauterizarlo hoy, dejándolo vivo y exacerbado en el torrente interno de la sangre. "Darle la matada" a los guerrilleros que se pongan a tiro, como ha prometido con elocuencia de rufián de esquina el presidente Uribe, tal vez desfogue la pulsión primaria de venganza. Pero no resuelve el problema. Lo prolonga. (Ya lleva medio siglo en su faceta actual, la de la sintomatología guerrillera). Lo agrava. Lo justifica. Hace pocas semanas cité aquí una frase de un paramilitar preso, 'el Iguano', más realista desde su cárcel que Uribe desde su palacio presidencial: "Vi que la guerrilla iba a ser derrotada, pero no exterminada. Siempre habrá población, y siempre van a surgir de ella nuevos guerrilleros".


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Identifican cuerpo de mexicano muerto en campamento de las FARC
Natalia Gómez
El Universal
Ciudad de México
Sábado 08 de marzo de 2008


Acuden los padres de Juan González del Castillo al Servicio Médico Forense, donde lograron identificar el cuerpo de su hijo; la identidad se confirmará con los resultados de las pruebas del ADN


Los padres de Juan González del Castillo, mexicano encontrado en el campamento de las FARC que fue bombardeado por el ejército de Colombia en territorio ecuatoriano, acudieron al Servicio Médico Forense y lograron identificar el cuerpo de su hijo.

En un comunicado la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) informó que de acuerdo con las propias autoridades forenses, la identidad se verificará una vez que se cuente con los resultados del ADN, los cuales se encuentran en proceso.
Los familiares estuvieron acompañados por el Cónsul de Protección de la Embajada de México en ese país sudamericano.
En las próximas horas viajará a Quito el Director General para América Latina de la SRE, José Ignacio Piña, a fin de apoyar la labor que realizan las autoridades mexicanas en Quito.
El funcionario dará puntual seguimiento a las actividades de protección consular de los mexicanos que resulten involucrados en este hecho.


La Cancillería aseguró que conforme se avance en esta investigación proporcionará la información correspondiente.


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