sábado, 22 de noviembre de 2008

Captura de David Murcia en Panamá.




Foto de www.semana.com

Capturado David Murcia Guzmán

Capturado David Murcia Guzmán

El prinicipal dueño y promotor de la polémica DMG, sindicado de cometer varios delitos en Colombia, fue capturado en la noche del miércoles en Panamá. Allí y en Ecuador hubo allanamientos a las oficinas de esta firma.

Este miércoles a las 10 de la noche, fue capturado David Murcia Guzmán, propietario de DMG en la región rural de Campana, Distrito de Capira, a 60 kilómetros al oeste de Ciudad de Panamá por la policía de ese país.

Murcia, quien a esa hora salía de una finca, iba acompañado de 14 escoltas y no puso resistencia a los agentes que lo capturaron, según información obtenida por el diario La Prensa de Panamá.

Fue trasladado inmediatamente a las instalaciones de la Polícía Judicial panameña para dar trámite expedito a petición de de las autoridades colombianas y enviarlo a este país a enfrentar los diversos cargos por los que la Fiscalía ha ordenado su captura.

Esta misma noche fueron allanadas varias oficinas de DMG y de otras empresas de Murcia Guzmán y sus socios en la capital panameña.

Murcia fue trasladado en un avión de la policía a Cartagena y se espera que llegue en las próximas horas al aeropuerto militar de Catam en Bogotá.

También el miércoles en la noche, en Ecuador, la Fiscalía y la Unidad contra el lavado de activos allanaron las oficinas de DMG en Quito.

Desde ayer los empleados de la empresa cerraron las puertas y ya no atienden a sus clientes que han empezado a reclamar su dinero. Según información que consiguió Semana.com, ninguna autoridad de control tiene registros legales de la empresa. No se sabe a ciencia cierta cuál es su cartera de clientes.


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¿La fosa perdida del Palacio?

¿La fosa perdida del Palacio?

Después de 23 años, SEMANA revela las fotografías que podrían resolver el misterio de los desaparecidos del Palacio de Justicia.

Seis macabras fotografías tomadas en enero de 1986 y los testimonios de dos espectadores circunstanciales –los holandeses Jan Thielen y Harry Van der Aart– podrían resolver el misterio que ha atormentado a los colombianos: ¿dónde están los desaparecidos del Palacio de Justicia?

La búsqueda de la respuesta a esta pregunta es parte integral de la investigación que adelanta la Fiscalía General de la Nación desde finales de 2005 que ha resultado en la detención de dos coroneles y un general de la República. Aunque la Fiscalía ha confirmado la desaparición de por lo menos tres personas, hasta ahora no ha sido posible hallar algún rastro de ellos. En otras palabras, se sabe que salieron con vida del Palacio de Justicia y que no volvieron a aparecer luego de estar bajo la custodia de la Fuerza Pública. Otras ocho personas también están desaparecidas desde los luctuosos hechos del 6 y el 7 noviembre de 1985.

Las fotografías, tomadas por el reportero Harry Van der Aart, muestran una escena dantesca: el entierro de varios cadáveres en una fosa común en la mañana de un miércoles en el Cementerio del Sur de Bogotá. La presencia de Harry Van der Aart y su amigo, el periodista Jan Thielen, en ese lugar, fue fortuita, como le explicaron a SEMANA.

Esas imágenes y la historia de lo que ocurrió ese día, posiblemente se habrían mantenido inéditas si no fuera por otro hecho igual de fortuito: hace 15 días, Thielen decidió revisar por Internet qué pasaba en Colombia, un país donde había sido corresponsal a principios de los 80. Allí se sorprendió con una noticia que lo dejó perplejo: el titular hablaba de las fosas de las víctimas del Palacio de Justicia. La noticia lo golpeó en lo más profundo de su alma, ya que lo recordaba de una experiencia que aún hoy lo mortifica. Fue tanto el impacto, que hizo algo que no había hecho en 10 años: llamó a su gran amigo Harry Van der Aart, quien vive en Holanda, para comentar sobre ese nefasto día que pasaron en la capital colombiana hace ya casi 23 años.

Van der Aart le recordó que tenía unas fotografías del suceso y empezaron a rememorar ese viaje que hicieron a Colombia a principios del año de 1986. No era el primer periplo que hacían juntos. Jan Thielen, quien trabajó durante 20 años como corresponsal de radio y televisión en varios países de América Latina, como Colombia, El Salvador, Nicaragua, Chile, Argentina y Brasil, había invitado a su amigo, a otra aventura periodística con anterioridad. Sin embargo, el amor por el oficio de Van der Aart se acabó ese miércoles de enero cuando vio en vivo y en directo la degradación humana. Desde entonces, se dedica a dictar clases de arte gráfico en Holanda.

Era la cuarta vez que Van der Aart visitaba a Colombia. Thielen había convencido a sus editores de que lo enviaran al país para hacer una serie de reportajes. Colombia había estado en las noticias mundiales por lo del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero. Como Thielen relata en su desgarrador testimonio de los hechos (ver nota aparte), decidieron hacer un reportaje sobre la violencia en Colombia y el uso indiscriminado de fosas comunes para enterrar a indigentes e “indeseables” de la sociedad.

En la mañana del miércoles 22 de enero –ambos creen que esa es la fecha–, llegaron al Cementerio del Sur. A los pocos minutos, vieron ingresar dos “pequeños carros o camiones”, según recuerda Van der Aart. En los vehículos había más de ocho cadáveres que fueron removidos y lanzados a una fosa. No fue lo único que arrojaron. De unos baldes, comenta Van der Aart, salieron huesos calcinados, “negros como el carbón” y pedazos de cuerpos. El olor de la muerte estaba en todos lados. Era sofocante, coinciden los dos.

Algunos de los cadáveres estaban hinchados, incluso uno tenía una apariencia verdosa. Otros estaban en muy buen estado; “cuerpos frescos” y con moretones. Según ambos holandeses, parecían haber muerto recientemente, como se observa en algunas de las fotografías. La mayoría eran hombres, pero había por lo menos una mujer. Fue ante la aparición de este cuerpo que Thielen no aguantó y vomitó su repugnancia.

Uno los hombres que participaban en la operación le dijo a Thielen: “Son los hijueputas del Palacio”. Para el periodista holandés, eso explicaría la presencia de los huesos calcinados; eran de personas que habrían muerto en el incendio del Palacio de Justicia.
A ambos les llamó la atención la falta de cuidado con que se manejaban los cuerpos. “No fueron tratados con el respeto que merece un ser humano”, dice Van der Aart. Fue tanta su impresión, que describió en detalle su experiencia en una carta enviada a su mujer días después. Una misiva que aún guarda.

Regresaron de inmediato al hotel, ansiosos de quitarse de encima la fetidez de los cadáveres. Van der Aart recuerda como si fuera ayer su horror al ver incrustado en la suela de su zapato un pedazo de cuerpo humano.

Thielen hizo su reportaje radial, Van der Aart logró vender sólo una de las fotos a un diario. Thielen se estableció hace cuatro años en Salvador de Bahía, Brasil, y Van der Aart en Europa.

La historia de estos dos holandeses sería sola una anécdota más de la violencia colombiana donde las fosas comunes son, tristemente, demasiado comunes si no fuera por esa frase tan contundente que escuchó ese día Thielen: “Son los hijueputas del Palacio”. En enero de 1986, el clamor de las familias de los desaparecidos no tenía mayor eco. La versión oficial de que todos habían muerto en el incendio del cuarto piso era la aceptada. Tal vez por eso, ninguno de los dos le dio mayor trascendencia al comentario de que los muertos eran “del Palacio”.

Pero en noviembre de 2008, gracias a la investigación que adelanta la Fiscalía, que ha encontrado pruebas en lugares insospechados, el episodio descrito y fotografiado por los holandeses no puede ser descartado de antemano.

SEMANA hizo una visita al cementerio con el fin de verificar si las fotografías habían sido tomadas en ese terreno, como lo manifestaban los holandeses. El lote está abandonado –lo cuida un indigente– y está cubierto de maleza y basura. Pero no hay duda de que es el mismo sitio donde estuvieron los holandeses (ver foto de enero de 1986 y noviembre de 2008). Muy cerca de ahí está localizada la llamada fosa oficial del Palacio de Justicia.

En ésta fueron inhumados 26 cadáveres del Palacio el 9 de noviembre de 1985, y el 14, el 23 y el 30 del mismo mes, víctimas de Armero y fetos y otros desechos hospitalarios. En 1998 se ordenó la exhumación de los cuerpos para buscar a desaparecidos. Sólo encontraron a Ana Rosa Castiblanco. La semana pasada, la Universidad Nacional reiteró que ninguno de los 11 desaparecidos restantes estaba en esa fosa.

Según fuentes judiciales, es evidente que esa fosa es diferente a la que describen los holandeses y se ve en las fotografías. Para estas fuentes, que por la sensibilidad del tema pidieron no ser identificadas, el procedimiento de inhumación que presenciaron es altamente irregular. En primer lugar, uno de los vehículos donde transportaron los cadáveres es de un particular, según pudo verificar SEMANA con las autoridades. Ninguno de los hombres porta una identificación de Medicina Legal, la única entidad autorizada para hacer inhumaciones. Varios de los cuerpos no tienen marcas de necropsia, un procedimiento obligatorio para cualquier cadáver. Y llama la atención el desdén con el que arrojan los cadáveres a la fosa. No hay cuidado alguno. Contrasta con los cadáveres enterrados en la fosa oficial del Palacio, que fueron cubiertos con plásticos y de manera ordenada. Según una fuente judicial, hay cuidados mínimos de salud pública que no se cumplieron en la fosa fotografiada por Van der Aart. Con el manejo de los cadáveres siempre existe el riesgo de que se produzca gangrena gaseosa, que puede generar una epidemia en las zonas cercanas al cementerio.

Esas no son las únicas anomalías. Según el registro oficial de todas las inhumaciones hechas en enero de 1986 en los cementerios Central y del Sur, sólo aparece un NN –de 80 años de edad– el miércoles 22 de enero. El martes 21 de enero hubo ocho NN en los dos cementerios, pero de estos había un niño de 2 años y un hombre de 60. Tanto Van der Aart como Thielen insisten en que no vieron niños ni ancianos. Todo indicaría que esa fosa no fue registrada oficialmente.

El estado de los cuerpos también es diciente. No parecen indigentes, como le comentó una fuente judicial a SEMANA.

En las fotos se observa que por lo menos tres individuos sobresalen por ser diferentes al resto de los participantes en la operación. Uno de estos hombres, según cuentan los holandeses, estuvo más pendiente de ellos que de la operación. Los miraba detenidamente. Y los tres hombres, curiosamente, parecían inmunes al fuerte olor de los cadáveres, no usaban tapabocas.

Fuentes judiciales consultadas por SEMANA dicen que es altamente probable que la Fiscalía ordene una exhumación de esa fosa común en las próximas semanas para verificar si hay restos del Palacio de Justicia. Hay tres indicios adicionales que motivarían esta decisión: el comentario que escuchó Thielen sobre el Palacio, los huesos calcinados que describe Van der Aart y la cercanía de esta fosa a la oficial.

En el momento, no hay razones para dudar de la palabra del holandés periodista. Hace años que no ejerce su profesión –está dedicado a hacer documentales– y no parecía estar al tanto de la investigación de la Fiscalía. Tal vez si el coronel Alfonso Plazas, acusado de secuestro y desaparición forzada, no hubiera señalado hace 15 días que los desaparecidos se encontraban entre los cadáveres sin identificar exhumados de la fosa oficial del Palacio de Justicia, Thielen y Van der Aart no hubieran vuelto a hablar entre sí.
Pocos días después de fotografiar el irregular entierro, Van der Aart escribió sus impresiones a su mujer. Su relato no ha cambiado y su descripción de los huesos calcinados es impactante. Si los cuerpos eran de unos indigentes, ¿qué hacían allí huesos calcinados y brazos y piernas mutilados?

Si algunos de los restos eran de Palacio, ¿por qué no se enterraron en la fosa oficial?
En cualquier lado del mundo, la escena que se ve en las fotografías motivaría una investigación. Son más propias de los campos de concentración de la Alemania nazi. Parafraseando a Hamlet: Algo huele mal.

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La Crisis de DMG



David Murcia
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Murcia desafía al Estado

Murcia desafía al Estado

Mientras el gobierno enfrenta la crisis de las pirámides, el dueño de DMG amenaza con lanzar a las calles a sus seguidores.

Desde las épocas de Pablo Escobar, cuando figuraba como un filántropo y con su programa Medellín sin Tugurios se ganaba el fervor de las barriadas populares, no aparecía en Colombia un personaje tan enigmático y tan polémico como lo es ahora David Murcia Guzmán.

Por supuesto hay grandes diferencias, pues en aquel entonces, tras el paso del tiempo, Escobar dejó de parecer un 'Robin Hood' y le declaró una sangrienta guerra al Estado, mientras que Murcia lo único que anuncia es que va a sacar a sus cientos de miles de ahorradores a la calle y advierte es que tiene preparada toda su artillería jurídica para hacer respetar su emporio económico que, según él, cumple la ley al pie de la letra.

En lo que sí se parecen -guardadas las debidas proporciones- es en que ambos se convirtieron en blancos del Estado. Por lo menos así quedó declarado el viernes, cuando el propio presidente Álvaro Uribe decidió liderar todo el aparato del Estado para enfrentar penalmente a DMG y tratar de desenmascarar la fórmula mágica que se esconde detrás de ese multimillonario negocio.

El país apenas empezó a pellizcarse sobre la existencia de David Murcia Guzmán, el dueño de la meteórica firma, la semana pasada, cuando se desplomaron pirámides en todo el país y dejaron cerca de dos millones de damnificados que, por ignorancia, torpeza o ambición, les habían confiado sus ahorros.

Ninguna de las 'pirámides' que colapsaron pertenecía a DMG. Pero los ojos del gobierno y la justicia se posaron en esta porque ha sido la fuente de inspiración de las cerca de 250 pirámides que el gobierno ha identificado en todo el país. Con su filosofía de multiplicar el dinero y alimentar así esa cultura mafiosa del dinero fácil, se ganó la confianza de sus clientes y les abrió el camino a muchos otros avivatos que encontraron el mercado dispuesto apostarle a este riesgoso negocio.

Y, así mismo, el país apenas conoció el verdadero talante de David Murcia Guzmán el viernes pasado, y hasta dónde parece estar dispuesto a llegar, cuando le habló al presidente Álvaro Uribe de igual a igual, como ningún colombiano se atreve, o por lo menos ningún empresario. Le dijo a través de La W: "No, señor Presidente, eso no es así y ojalá esté escuchando esto. Porque si usted va a hacer cosas arbitrarias, pues permítame decirle que yo también me pondré en cosas arbitrarias". Y, a renglón seguido, dejó planteada una sutil declaración de guerra: "y (permítame decirle) que también pondré a toda la gente en contra del gobierno".

Una de las preocupaciones del gobierno con DMG es que, además de pirámide, pueda estar sirviendo como herramienta para negocios de narcotráfico. Ya sea para lavado de activos, pues tiene todo a su disposición para introducir dinero en efectivo al mercado legal, o para financiar envíos de droga. Las autoridades investigan un posible nexo con el narco 'Chupeta', a través de una casa de cambios que abrió sucursales en locales de DMG.

David Murcia rechaza de inmediato cualquier acusación y repite, como lo dijo en su primera entrevista concedida a SEMANA, en febrero de este año, que lo que él ha construido es una marca -como Coca Cola o Google, advierte- porque, entre otras, se ahorra el dinero de publicidad y por eso puede darles tan grandes beneficios a sus clientes.

Pero la historia de David Murcia Guzmán va más allá de los artilugios de las pirámides. Para los periodistas que han seguido de cerca su vertiginosa carrera en el último año es claro que se trata de un hombre extremadamente inteligente y con evidentes ambiciones políticas. Su conglomerado financiero no es un fin en sí mismo, sino una plataforma para construir de sí mismo un fenómeno social. "Crean en Dios y en David Murcia Guzmán" es uno de sus lemas más recurrentes.

Su carrera ha sido meteórica. Salió de su natal Ubaté, en Cundinamarca, muy temprano, y con sólo el bachillerato a cuestas -que lo hizo en Bogotá- viajó de ciudad en ciudad dedicado al rebusque. En 2003 llegó a La Hormiga (Putumayo) y la plata no le alcanzaba ni para pagar una habitación para él solo en el hotel del pueblo. Pero eso duró poco. En 2005, con un capital de 100 millones de pesos, fundó en Bogotá el grupo DMG, y hoy, a sus 28 años, ya tiene un emporio con más de 200.000 clientes, sucursales en siete países y socios para abrir nuevas sedes en otras 99 naciones, según dijo el propio Murcia a la emisora La W.

Hasta ahora, DMG se ha sabido rodear de un estratégico pool de abogados, encabezados por un jurista mediático y reconocido amigo del Fiscal General de la Nación, Abelardo de la Espriella, y les ha dado honorarios a otros respetados juristas como el ex procurador Jaime Bernal y el ex vicefiscal Armando Otálora. Mientras tanto, al interior de su gigantesca organización va construyendo sobre él un culto a la personalidad y una imagen de redentor de las clases menos favorecidas, abandonadas por el Estado y atropelladas por los bancos. En un video que por obligación tiene que ver cada uno de sus clientes para poder acceder a los beneficios aparece en el pantano ayudando a niños pobres, dice que quiere "erradicar el hambre de Colombia".

Por eso, en medio de la crisis de esta semana pulularon en muchos sectores medios y bajos las voces de respaldo a David Murcia, "Con DMG conseguí casa y el gobierno no me ha dado nada", decía un señor a un noticiero de televisión.

Parte de ese fanatismo que ha ido creando a su alrededor se refleja en las ya recurrentes marchas de seguidores que protestan cada vez que alguna autoridad sanciona o pone en tela de juicio a DMG. El viernes, por ejemplo, más de 2.000 personas coparon la Plaza de Bolívar. "Apoyamos a David Murcia. Acá los únicos ladrones son los bancos que no permiten que los pobres multipliquen sus ingresos", decía una de las manifestantes.

Esta obsesión con su personalidad llegó tal vez a su clímax el miércoles pasado, cuando estalló el escándalo de las pirámides. Al ver las hordas de ciudadanos enardecidos, David Murcia montó un video en Youtube, con escenografía digna de Primer Mandatario, bandera de Colombia y de DMG, donde detrás de un escritorio desafía solemnemente al Estado, reta el Presidente y le declara la guerra a un sector del establecimiento bancario al que señala como responsable de todos los males del país.

"El pueblo tiene que despertarse ante esos abusos y esas infamias porque la guerra no es contra DMG sino contra cada uno de los colombianos", dice. Habla de que "es hora de hacer justicia" y hace un llamado "a mi familia DMG para que demostremos (...) quién es el que manda en este país". Y concluye con una frase de mártir: "Sé que pueden matarme, creyendo que eliminándome como líder podrán acabar con esta familia que se ha convertido ya en una revolución económica (...) si he de morir por esta causa, moriré orgulloso y tranquilo, pero jamás podrán acabar con la familia DMG".

El Estado, liderado por el propio presidente Uribe, ya tiene preparada toda su artillería jurídica para ponerle punto final a esta historia. El sábado se aprestaba a tomar medidas excepcionales para controlar el negocio. Ojalá en esta transición David Murcia no cometa el error de seguir avivando a las masas y acepte, en franca lid, lo que la ley a bien tenga decidir.

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La Físcalia acredita 5 años de relación FARC-Eta

Acusa a cinco etarras de conspiración para homicidio terrorista
MANUEL ALTOZANO - Madrid - 15/11/2008

La banda terrorista ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han mantenido contactos más o menos intensos desde 1993. Así lo asegura el fiscal en su querella contra cinco presuntos etarras, a los que acusa de pertenencia y colaboración con banda armada y conspiración para cometer asesinatos.

La banda terrorista ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han mantenido contactos más o menos intensos desde 1993. Así lo asegura el fiscal en su querella contra cinco presuntos etarras, a los que acusa de pertenencia y colaboración con banda armada y conspiración para cometer asesinatos. El escrito, basado en la investigación de los discos duros de los ordenadores incautados al número dos de las FARC, Luis Edgar Devia, Raúl Reyes -muerto en una operación militar colombiana el 1 de marzo-, recoge cursos sobre manejo de explosivos compartidos por miembros de ambas organizaciones y 21 correos electrónicos que evidencian su relación.

Los acusados son Iñaki Domínguez Atxalandaburo, José Ignacio Etxarte, José Ángel Urtiaga, Arturo Cubillas y una quinta persona que responde al sobrenombre de Martín Capa. Este último y Domínguez Atxalandaburo impartieron en la selva colombiana un curso a 20 guerrilleros de ese país sobre el manejo de C4, un explosivo de mayor poder destructivo que la dinamita y fácil de encontrar en la vecina Venezuela. Domínguez Atxalandaburo fue el encargado de enseñar "la utilización de teléfonos móviles como mecanismo iniciador de las cargas explosivas", relata el fiscal.

José Ángel Urtiaga, responsable del colectivo de militantes de ETA en Cuba, fue, según la fiscalía, el interlocutor con el grupo guerrillero colombiano después de que la organización terrorista vasca decidiera "el establecimiento de relaciones oficiales con las FARC" en noviembre de 1999.

Ese mismo año, en la operación antiterrorista en la que fue detenido José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, se descubrió un archivo informático que mostraba cómo el refugio de las FARC en la selva fronteriza entre Venezuela y Colombia sirvió a terroristas de ETA como lugar de entrenamiento con explosivos y armas. José Ignacio Etxarte, deportado a Cabo Verde por Francia en 1986 y que luego se refugió en Cuba, pidió permiso a ETA "para efectuar pruebas en Venezuela con un artefacto explosivo de 40 kilogramos", según el escrito.

La querella recoge también 21 correos electrónicos entre mandos de las FARC, hallados en los ordenadores de Raúl Reyes, que confirman la existencia de los cursos. Los colombianos usaron esa relación para que ETA les ayudara a localizar en España al ex presidente colombiano Andrés Pastrana y al vicepresidente actual, Francisco Santos, entre otros.



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La marca de ‘Macguiver’

La marca de ‘Macguiver’

Martes, 11 de Noviembre de 2008 18:03

Insólito ha sido el desarrollo de la versión libre del jefe paramilitar Luis Eduardo Zuluaga, alias ‘Macguiver’. Después de años de sometimiento y accionar criminal en corregimientos de Antioquia, el desmovilizado afirma haber realizado obras de beneficencia con recursos de las autodefensas. Pero también confesó varios crimenes que permanecían impunes en el Magdalena Medio.
Luis Eduardo Zuluaga nació el 7 de abril del 1969 en San Francisco, Antioquia. Allí estudió hasta quinto de primaria.


Luis Eduardo Zuluaga, ex comandante del frente José Luis Zuluaga. Foto: Fiscalía
Para ese entonces la presión de la guerrilla del Eln en el pueblo lo obligó a desplazarse a la zona urbana del municipio de San Francisco, Antioquia, en compañía de su hermano José Luis, quien fue el primero en comentarle sobre la existencia de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM).

La muerte de su hermano a manos de guerrilleros del ELN, hicieron que, con 19 años, se presentara ante el jefe paramilitar Ramón Isaza en 1988 para enlistarse en su grupo de autodefensas del Magdalena Medio. Isaza decidió enviarlo con Henry Pérez quien lo mandó a una de las escuelas 'paras' que crearon en la región. Desde entonces fue conocido con el alias de ‘Macguiver’.

En ese entonces las Autodefensas del Magdalena Medio era un movimiento que se manejaba con criterio familiar, por este motivo muy pronto 'Macguiver' se ganó la confianza de sus jefes al casarse con una de las hijas de Ramón Isaza, fundador de este grupo, quien lo convirtió en unos de sus hombres de confianza.

Para comienzos del 2000 'Macguiver' asumió la comandancia del frente Jose Luis Zuluaga, el cual bautizó en honor a su hermano asesinado por el Eln.

Seis años después, el 7 de febrero del 2006, Ramón Isaza se acogió al proceso de Justicia y Paz; Macguiver se desmovilizó pero estuvo prófugo de la justicia hasta el 19 de diciembre del 2007 cuando se entregó a las autoridades, en Sonsón.

A sus 39 años de edad, el jefe paramilitar continuó su versión libre ante la Fiscalía, en donde, antes que confesar sus crímenes, empezó a enumerar las obras que las Autodefensas realizaron bajo su mando.

‘Macguiver’ construyó más de 80 kilómetros de carretera en diferentes veredas y corregimientos de Antioquia, además de millonarias edificaciones. Verdad Abierta tuvo acceso a algunas de las obras de “beneficencia” supuestamente realizadas por el paramilitar que actualmente se encuentran bajo el estudio del despacho segundo de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía. Los documentos reposan en una carpeta llamada “Proyectos de Obras Sociales” que entregó el mismo paramilitar durante su primera versión libre el pasado 6 de octubre.

Los proyectos comprenden la construcción de 18 kilómetros de carretera en la Danta, Antioquia en las veredas de Playa Linda y Playa Hermosa; 7 kilómetros entre la vereda La Hermosa y Aquitama; 10 kilómetros entre la vereda El Remanso y Piedras Blancas; 11 kilómetros de carretera entre La Mesa y San Rafael; 38 kilómetros entre Mulato Bajo y Guadualito; 6 kilómetros entre las veredas de San Antonio y Caño Seco y 13 kilómetros de la autopista Medellín-Bogotá desde la vereda La Mañosa hasta el municipio de San Francisco.

‘Macguiver’ también dijo haber realizado obras de infraestructura entra las que sobresalen un conjunto de viviendas de interés social, un hospital y una plaza de toros en el corregimiento de La Danta, Antioquia. Según sus propias palabras el frente tenía dos retroexcavadoras y un buldózer que eran utilizados para construir sus proyectos.

En la versión, confesó que empresas como Cementos Diamante, Cementos Samper y Río Claro presuntamente fueron obligadas a donar material para la construcción de dichas obras. Los camiones eran interceptados en la carretera y posteriormente trasladados a la obra donde descargaban el material.

El “carácter social” del Frente José José Luis Zuluaga contrasta con el testimonio de las más de 7.245 víctimas registradas de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, quienes sufrieron en carne propia crímenes de extorsión, desaparición, homicidios, reclutamiento ilegal y 'limpieza social' atribuídos al paramilitar.

Dice haber infiltrado a las guerrillas hasta tal punto que más de la mitad de su ejercito llegó a estar conformado por ex militantes del Eln.

‘Macguiver’ ha confesado 51 homicidios entre los años 1999 y 2005 en San Luis y San Francisco, Antioquia. La última decisión judicial proferida en su contra fue adoptada en abril pasado por un fiscal de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario que lo investiga por el secuestro y homicidio de las hermanas Lucila y Liliana González Cardona.

Los hechos se presentaron el 26 de noviembre de 2002, cuando hombres bajo su mando secuestraron a las dos hermanas, menores de edad, a las cinco de la mañana de un hogar juvenil de Argelia, Antioquia. Las mujeres fueron asesinadas en el campo de fútbol de esa población.

El jefe paramilitar también reconoció haber participado en el reclutamiento de menores y el entrenamiento en actividades ilícitas. Su frente se financió principalmente del robo de combustible, la prestación de servicios de seguridad a mineros y la extorsión de comerciantes, cantineros y dueños de fincas.

Su nombre fue recordado hace algunos meses, tras la captura del ex director de fiscalías de Medellín y hermano del ministro del Interior y de Justicia, Guillermo León Valencia Cossio, pues durante su gestión, un proceso contra Zuluaga fue archivado y hace parte de al menos ocho investigaciones que son revisadas por una comisión especial de la Fiscalía.

‘Macgiver’ era señalado de ordenar la tortura y asesinato de Luz Adiela Quintero Ramírez y Eugenio Antonio Hernández, ocurridos el 26 de agosto del 2002, en la vereda Mata de Guadua en Argelia, Antioquia. En diciembre de 2006, un fiscal de Medellín aseguró que no existían pruebas contra el paramilitar por lo que salió del centro de reclusión de La Ceja, Antioquia.

El narcotráfico no fue un tema ajeno al frente José Luis Zuluaga, aún cuando ‘Macguiver’ afirmó estar en contar de los cultivos ilícitos aceptó haber impuesto una vacuna a los narcotraficantes para financiarse.

En su segunda versión libre el jefe paramilitar ofreció a la Fiscalía muebles, inmuebles, ganado y derechos de mejoras en viviendas avaluadas por 2.213 millones de pesos. Los bienes se encuentran bajo el estudio de la Fiscalía para poder ser entregados al Fondo de Reparación.

El jefe paramilitar dice estar interesado en devolver a las víctimas los terrenos robados. Asegura que a muchas de las casas y fincas invadidas les hizo “mejoras”. Muchos de los afectados no han regresado a sus tierras por temor después de lo sucedido. Algunas de las víctimas entrevistadas por Verdad Abierta aseguran que en la zona aun permanecen grupos paramilitares

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