viernes, 3 de agosto de 2007

Acuerdo Humanitario




Uribe propone crear 'zona de encuentro' por 90 días si Farc libera a secuestrados
En un agitado contrapunteo con el profesor Gustavo Moncayo, el Presidente ratificó su negativa a la desmilitarización. El educador hizo esperar al Presidente, lo obligó a pararse ante una multitud en la Plaza de Bolívar y lo cuestionó enérgicamente, pero no le pudo sacar el sí al acuerdo humanitario.

Hasta los más optimistas y simpatizantes del acuerdo humanitario presentían lo que pasaría el jueves, durante el cara a cara del presidente Álvaro Uribe y Gustavo Moncayo, el humilde educador que durante 46 días caminó más de mil kilómetros desde Sandoná (Nariño) para pedir al gobierno y la guerrilla una fórmula pacífica que devuelva a la libertad a los rehenes de las Farc.

La cita se cumplió en dos tiempos, un diálogo privado y una charla pública en plena Plaza de Bolívar. Fueron en total cuatro horas tras las cuales el caminante no logró el sí de Uribe al acuerdo humanitario y tuvo que conformarse con dos propuestas gubernamentales novedosas en su forma pero no en el contenido y ante las cuales él cree que no habrá respuesta positiva de las Farc. La primera, Uribe está dispuesto a liberar guerrilleros si las Farc hacen lo propio con todos los secuestrados. La segunda, si la guerrilla entrega a todos los rehenes el gobierno hará un despeje de 90 días para sentarse a hablar sobre la paz del país.

Ni la formación humilde de Moncayo, ni el nerviosismo por estar ante una multitud tan grande, ni la presión de encontrarse cara a cara con el hombre más poderoso del país, ni siquiera el cansancio después de mes y medio de travesía lograron hacerle perder el hilo de la discusión. Si Uribe le hablaba en tono bajo, él le preguntaba por la libertad de los secuestrados y si el presidente gritaba, volvía a interrogar sobre el mismo punto.

Por eso mientras las agencias de prensa y los periodistas se apresuraban a titular sus despachos con la “nueva” propuesta presidencial, el profesor Moncayo sacó fuerzas de donde no tenía y volvió a cuestionar a un presidente ya desencajado ante las arengas que le gritaba la multitud en la plaza de Bolívar, de Bogotá. “Esa propuesta no sirve para nada. Es una farsa. Aquí no se trata de lanzar propuestas por propuestas”, dijo Moncayo mientras reclamaba un acto “concreto” por los secuestrados, entre quienes se encuentra su hijo Pablo Emilio.

Con el paso de los minutos la tristeza del educador aumentaba. Uribe no cedió en sus propuestas y el país entero, que lo apoyó en su marcha, lo miró llorar de desconsuelo a través de la televisión. En algún lugar del mundo, la agencia Anncol, que reproduce permanentemente las noticias del grupo que secuestró al hijo de Moncayo, publicó un panfleto que daba cuenta del cinismo del grupo armado frente a la tragedia. Con un montón de calificativos endilgaba a Uribe la responsabilidad exclusiva por la suerte de los plagiados y no dedicaba una sola letra a la de las Farc, por habérselos llevado.

El cara a cara

Moncayo llegó pasadas las 10:30 a la Plaza de Bolívar luego de asistir a una misa. Allí lo esperaba el presidente Uribe que había llegado más de media hora antes. A esa hora ya se congregaban en el lugar centenares de personas expectantes que querían escuchar a quien se ha convertido una figura emblemática del acuerdo humanitario.

Llevaba una camiseta blanca con la foto de su hijo secuestrado, alrededor del cuello y en las muñecas tenía las cadenas que usa desde octubre pasado como protesta contra el presidente Álvaro Uribe y su política de rescate a sangre y fuego. Cuando no podía ocultar el cansancio, se apoyaba en el bastón indígena que lo acompaña desde su primera semana de travesía.

Al llegar a la cita Uribe se mostró paternal y proteccionista con quienes se le acercaban para pedirle gestiones por la libertad de sus hijos secuestrados. Sin embargo, dejó claro que “todo el país ya sabe cuál es mi posición”. Luego estalló en gritos ante las rechiflas, insultos y gritos de los asistentes.


Después de un rato de reunión, en la cual Uribe y Moncayo habían acordado hablar cordialmente, las arengas del público contra el presidente Uribe obligaron al profesor Moncayo a recriminar a los asistentes. Estos vociferaban un “sí al acuerdo humanitario” y “abajo el presidente”. En ese momento el profesor abandonó el diálogo para referirse a la multitud:

"Aquí no estamos diciendo abajo a nadie, vamos a hacer lo posible para que esto tenga un feliz término. Que viva la libertad y viva la paz... cambiemos la mentalidad y no seamos retrógrados", dijo enérgico, pero conciliador.

La reunión bilateral terminó y llegó el momento de presentar el balance de lo sucedido al país. Se multiplicaron las cámaras de televisión y los dispositivos de seguridad. Junto al atril, parado de tal forma que parecía más grande que los demás, estaba el Presidente. A su lado, sus ministros, asesores, escoltas, jefes de protocolo, el comisionado de paz y el subintendente John Frank Pinchao –el que se les fugó a las Farc- vestido para la ocasión con su uniforme de Policía. Al frente, miles de personas que gritaban arengas contra el gobierno. Y en el rincón más humilde de la Plaza, como contraparte del imponente equipo de gobierno y las instituciones, un profesor encadenado, su esposa, su hija de tres años de edad y la foto de Pablo Emilio, el Policía secuestrado por defender al gobierno y las instituciones.

“El profesor me dijo que yo estaba procediendo con venganza hacia las Farc porque asesinaron a mi padre. Le dije que sentía el dolor que ha sentido el 50 por ciento de familias colombianas que han sido víctimas de la violencia. Le dije que ese dolor no me privó de gobernar mi departamento (Antioquia) y le expresé que si hubiera tenido ánimo de venganza, no me hubiera presentado como candidato al Senado, a la Gobernación de Antioquia, ni a la Presidencia”, dijo Uribe.


Pitos y rechiflas

La plaza se volvió a llenar de insultos. “El que tenga algo para decirme, que salga al frente y me lo diga”, dijo, retando a la multitud.
Uribe gritó que no cederá ni “un milímetro” a la guerrilla y el maestro caminante le recordó que mientras ellos discutían en Bogotá, los secuestrados estaban sufriendo en la selva. Para ese momento el discurso del presidente sonaba más a regaño para los estudiantes congregados en el lugar, quienes no lo bajaban de paramilitar.

Moncayo retomó la palabra y recordó que el Presidente dejó en libertad a doscientos guerrilleros que la guerrilla no había pedido y que eso que el gobierno llamaba un gesto de paz era una ‘farsa’. "No hay que lanzar propuestas por lanzar propuestas, hay que sentarse a la mesa y dialogar. Si lanza propuestas, quien nos garantiza que la guerrilla va a aceptar propuestas, nadie nos garantiza nada", agregó Moncayo.

Cuando Uribe aseguró que este gobierno fortaleció la presencia estatal en el país, el profesor le respondió que la presencia estatal no se hace solo a trasvés de la Fuerza Pública, sino que debe incluir también profesores, enfermeras y asistencia social. Y cuando el Jefe de Estado se jactó por el patriótico de su gobierno el educador dijo que no estaba de acuerdo con que los niños fueran educados en los colegios para que después “en un año, se les entrene para cambiarles sus convicciones y se les enseñe a disparar al blanco”. Y con la sabiduría del viejo y el dolor de padre en sus palabras volvió al tema central del encuentro: "¿Por qué tenemos que esperar que nuestros hijos nos los entreguen como los diputados del Valle?"

En un abrir y cerrar de ojos, Uribe asumió el control de la reunión y quedó como eje central de la cita, a usanza de los consejos comunitarios que hace cada ocho días por las regiones del país. Dejó de ser el blanco de las críticas para mostrarse como el facilitador hacia la resolución de los problemas. Hasta se dio el lujo de pasar al frente a una estudiante de ciencias políticas que lo chiflaba, le pidió que hablara, le respondió y por un momento el tema de la reunión pasó a ser el del desempleo, la pobreza, el TLC...

Dijo que había permitido que una comisión de la ONU tuviera acercamientos con las Farc y que cuando el ex presidente Ernesto Samper y el ex candidato Álvaro Leyva le pidieron permiso para buscar una negociación, los autorizó. También comentó que Suiza, Francia y España están buscando acuerdos para liberar a los secuestrados y no han podido.

“Hace más de dos años liberé a 27 guerrilleros presos y hace poco propuse lo mismo para otros 150. De ellos, faltan 108 por definir su situación, pero van a quedar libres... ¿Y cómo responden ellos? Mataron a 11 diputados del Valle de los 12 que tenían secuestrados”, dijo el presidente.

Uribe, quien se adueñó de la moderación de la reunión, decidió contestarle una vez más. El profesor, agotado, se recostó en el hombro de su esposa y unas lágrimas salieron de sus ojos. Se sentó en las escalinatas que dan al Capitolio Nacional mientras su acompañante le sobaba las piernas. Minutos más tarde, se le vio salir de la tarima, de la mano de su esposa y bajo una sombrilla que lo protegía del sol, se dirigió hacia su “cambuche”. Uribe se quedó hablando sin contertulio. Para la televisión. Minutos después cerró el acto anunciando que una semana después volverá a debatir, pero que no cederá en sus convicciones.

“Profesor, quiero hablarle con franqueza, pero no engañarlo. No puedo aceptar el despeje. No le entregaré ni un milímetro cuadrado al terrorismo de las Farc”. El caminante se quedó sin palabras.


Publicado en www.semana.com

La constitución oculta

La constitución oculta
Enviado por Morrigan el Mar, 31/07/2007 - 5:02pm. Opinión
Por: Rafael Rincón Patiño*

Si los paras son delincuentes políticos porque son iguales a la guerrilla, entonces el presidente Uribe V. está: 1) afirmando que la guerrilla tiene un estatus político; 2) reconociendo que sí hay conflicto armado en Colombia; 3) dando a entender que el Estado colombiano está obligado a acatar el Derecho Internacional Humanitario aplicable a los conflictos armados sin carácter internacional (Protocolo II, adicional a los Convenios de Ginebra y Art. 3, común a los cuatro Convenios de Ginebra); 4) está afirmando que la guerrilla no es un grupo terrorista y que, por lo tanto, no hay agresión terrorista y 5) dejando sin piso político la denominada guerra preventiva contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Si el presidente Uribe V. le está diciendo a la Corte Suprema de Justicia cómo debe tipificar o calificar los delitos para juzgar a sus barones electorales presos, entonces: 1) En Colombia no hay Estado de derecho; 2) no hay separación de poderes; 3) no hay independencia de la justicia; y 4) sobra la Fiscalía General de la Nación.

Si el presidente propone una ley para que, finalmente, sus reelectores espurios salgan de la cárcel a hacer política, entonces: 1) la Constitución de Paramillo prima sobre la Constitución de 1991; 2) el poder paramilitar y el del narcotráfico se han institucionalizado; 3) el bloque de constitucionalidad está supeditado al bloque paramilitar; 4) los derechos de los victimarios son prevalentes sobre los derechos de las víctimas.

Si el Congreso aprueba la ley que exonere a los jefes paramilitares de responsabilidad penal por las masacres, entonces: 1) El Congreso apoya al Abogado Defensor del paramilitarismo, 2) el Abogado Defensor litiga con leyes, es decir aprovecha su calidad para ser juez y parte; 3) la Justicia ha sido derrotada por los hechos y no por el derecho; 4) el Congreso confirma su dependencia del poder paramilitar; 5) el pueblo de Colombia está en manos de las mayorías parlamentarias demócratas de los Estados Unidos.

La pirueta jurídica del presidente Uribe para favorecer al paramilitarismo y a los partidarios con impunidad o penas benévolas, que es lo que finalmente busca el abogado defensor para sus clientes es una voltereta política, o complicidad criminal que descubre sus compromisos preelectorales.

La Constitución de Paramillo o acuerdo narcoparamilitar para refundar a Colombia fue un golpe de Estado con participación del Jefe de Estado. El presidente, que juró defender la Constitución de 1991, le dio la espalda al Estado de derecho. Por eso, muchos de sus reelectores congresistas son criminales en un orden jurídico, pero son congresistas admirables en el otro orden jurídico; su ejército de desmovilizados son criminales de guerra en un orden institucional y son recibidos y tratados como héroes en el marco parainstitucional.

El presidente Uribe V. acusa a la Corte Suprema de Justicia de tener una visión sesgada del proceso de paz con los paramilitares, pero la visión oblicua, sin rectitud, es aquella que pretende favorecer, por fuera de la ley, a quienes lo han apoyado militar y políticamente: los mismos que lo tienen chantajeado. El presidente Uribe V. hace lo que ellos digan, so pena de que las versiones del ventilador apunten hacia la Casa de Nariño.

La norma fundamental, la cúspide jurídica y política, aquella que le da validez al régimen de la 'seguridad democrática' es un acuerdo oculto, producto del dañado y punible ayuntamiento de un candidato con los poderes salvajes para alcanzar la victoria sobre una fuerza ilegal del conflicto armado colombiano. De este acuerdo oscuro, constitución oculta o Constitución de Paramillo se conoce el lugar, se conoce el número de constituyentes -seis-, se conocen los políticos que dieron su aval, se conoce su objetivo general -refundar la nación-, se conocen las fuerzas que garantizan el nuevo orden.

Para este orden paramilitar, la Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional, los órganos de control son palos en la rueda de la nación refundada.

Se acerca la hora de la versión del presidente Uribe V., la versión que pedirá comprensión y entendimiento, la versión de quien se considera la primera víctima de la nación. El presidente Uribe V. pedirá la libertad por pena cumplida y alegará haber pagado la pena máxima de ocho años que establece la Ley de Justicia y Paz.

_______________

* Director de háBeas Corpus, Consultorio de Derechos y Gobernabilidad.

Publicado en www.elturbion-modep.org

El Presidente Uribe embiste contra la Corte Suprema de Justicia

El Presidente Uribe embiste contra la Corte Suprema de Justicia
Por: Apolinar Díaz – Callejas (especial para ARGENPRESS.info)

El orden jurídico de Colombia está bajo la mira agresiva del Presidente Uribe Vélez, quien embistió contra la Corte Suprema de Justicia. Hasta donde llega mi memoria de 86 años de edad que tengo y las lecturas de la historia política nacional, ningún gobernante se lanzó contra el poder judicial simbolizado por la Corte Suprema de Justicia, como lo acaba de hacer Uribe Vélez, quien ha levantado tribuna a lo largo y ancho del país para protestar de una decisión judicial de la Corte que considera que el paramilitarismo es un delito común. Argumenta la Corte que los paramilitares colombianos no actuaron contra el Estado sino en complicidad con él, como informa la Revista Política Semana No 1317. En una sentencia la Corte Suprema de Justicia reconoce que Colombia ha sufrido muchas condenas en los tribunales internacionales “por masacres y crímenes donde los paramilitares actuaron protegidos o conjuntamente con militares y policías… el escándalo de la parapolítica se convierte en la otra prueba de que gran parte de la burocracia estatal estaba a su servicio”. El Magistrado Alfredo Gómez de la Sala Penal de la Corte dijo en un comunicado: “rechazamos la censura grave y peligrosa formulada por el señor Presidente de la República”. Además, dice El Tiempo (julio 28 del 2007); “la Corte considera que la rebelión, la sedición y la asonada los cometen grupos que pretenden derrocar al Estado, una intención que los paras nunca tuvieron en mente, así hayan suplantado las autoridades en muchas regiones.

La embestida del Presidente Uribe contra la Corte Suprema de Justicia de Colombia ha sido muy enconada, al tiempo que la Corte Suprema de Justicia afirmó que “cambiar el delito de concierto para delinquir por el de la sedición, al procesado, era un imposible jurídico. Uribe saltó de nuevo al ruedo y acusó a la Corte Suprema de Justicia de aplicar un “Sesgo ideológico” en su sentencia”, y dijo que ese fallo pone en riesgo el proceso de paz con los paramilitares curiosamente, esos paramilitares acogen las tesis del Presidente Uribe Vélez.

La cuestión es muy dramática por que los paramilitares han intentado escapar de la aplicación de condena jurídica ofreciendo entrega de bienes de valores impresionantes: “Carlos Mario Jiménez, “Macaco”, ofreció ciento trece mil millones de pesos; Francis Javier Zuluaga, “Gordolindo”, ofreció diecisiete mi millones; Salvatore Mancuso, cincuenta y cinco mil millones; Manuel de Jesús Piraban “Pirata” dos fincas tres lotes, tres carros y 152 toros; Fredy Rendón Herrera “El Alemán”, cinco mil quinientos millones en casas, lanchas y motos. El monto de las ofertas de los paramilitares para reparar los daños causados es de cifras ilimitadas y van más allá de toda consideración racional. Es una confesión de una delincuencia civil organizada y muchas veces protegida por gobiernos regionales.

La posición de la Corte Suprema de Justicia se convierte cada vez más, en un vigoroso planteamiento jurídico, al tiempo que el presidente Uribe Vélez “sostiene que en el país no hay conflicto y que no existe el delito político”. Para él la “guerrilla” y “paras” cometen los mismos delitos y deben recibir el mismo trató al decir la Corte Suprema de Justicia, sin embargo de que “detrás de sus acciones, “paras”, buscaban un interés netamente personal”.

Cada vez es más claro que el Presidente Uribe Vélez está empeñado y tiene el propósito de exterminar a los grupos guerrilleros sobrevivientes al tiempo que abre vías de reconciliación al paramilitarismo en Colombia.

Publicado en www.argenpress.info

Cuando no había carne, ordenaban sacarla de los cadáveres para comerla"

Cuando no había carne, ordenaban sacarla de los cadáveres para comerla"
A través de un vídeo difundido en el Congreso colombiano, un ex paramilitar relata que sus jefes los obligaban a asesinar y descuartizar a un amigo
EFE - Bogotá - 02/08/2007

Los jefes paramilitares colombianos del sureño departamento del Putumayo obligaban a sus hombres a comer carne y beber sangre humana, según ha confesado un desmovilizado de esos grupos ultraderechistas a través de un vídeo, han revelado hoy fuentes del Congreso colombiano.

La grabación ha sido presentada en un debate que ha analizado los alcances, logros y tropiezos de la Ley de Justicia y Paz, marco legal de la desmovilización de grupos armados, que se ha celebrado en la Cámara de Representantes. Según Robinson, un ex miembro de esos escuadrones, los jefes paramilitares obligaban a sus combatientes a consumir carne y sangre de sus víctimas.

El vídeo ha sido presentado por el representante del departamento de Putumayo en la Cámara, Guillermo Rivera, en el debate en el que el Partido Liberal ha criticado los alcances y resultados de la citada ley. En el mismo análisis, el Gobierno, por medio de los ministro del Interior y de Justicia Carlos Holguín, y de Defensa, Juan Manuel Santos, ha defendido ese proceso "pionero y que ha servido de ejemplo mundial".

Robinson ha dicho que la prueba de fuego en la facción era asesinar y descuartizar al mejor amigo, y eso representaba recibir felicitaciones de los comandantes. "Cuando no había carne ordenaban sacarla de los cadáveres para comerla", ha dicho el paramilitar, quien ha confesado haberlo hecho una vez, pero que regularmente lo hacían varios, entre ellos el comandante alias Muela Rica.

Críticas a la ley de Uribe

Germán Olano, otro legislador, ha criticado la campaña gubernamental para aplicar a los paramilitares una consideración política a sus delitos y se preguntó si "esos antropófagos" serán los legisladores del mañana. Olano y Rivera han cuestionado si su extradición será perdonada y si serán condenados, ya que si consiguen el indulto los ex paramilitares podrían aspirar a cargos públicos.

Tanto el ministro Holguín como el titular de Defensa, sin embargo, han defendido la Ley de Justicia y Paz y han señalado que por primera vez, en el mundo, se tenían en cuenta los principios de verdad, justicia y reparación de las víctimas.

Entre 2003 y abril de 2006 más de 31.000 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia se desmovilizaron en el marco de un proceso de paz con el gobierno del presidente Álvaro Uribe, pero cerca de 19.000 de ellos aguardan la definición de su situación jurídica. Uribe anunció la presentación de un proyecto de ley para resolver la situación de los paramilitares que se acogieron a la Ley de Justicia y Paz con la premisa de que sus delitos serían considerados políticos.

Publicado en www.elpais.com

El 'caminante de la paz' llega a Bogotá

El 'caminante de la paz' llega a Bogotá
Un profesor recorre 850 kilómetros a pie para pedir un acuerdo humanitario que devuelva la libertad a su hijo, secuestrado
PILAR LOZANO - Bogotá (Colombia) - 02/08/2007

Ayer, con los pies llenos de llagas y ampollas y convertido en un héroe, cumplió su sueño el caminante de la paz, el profesor colombiano Gustavo Moncayo. A las cuatro de la tarde entró en medio de una gigantesca manifestación en la céntrica plaza Bolívar de Bogotá, donde fue recibido por el alcalde y sus secretarios. “Colombia dijo hoy a sí a la vida, a la paz, al acuerdo humanitario”, dijo encaramado en una tarima.

Salió hace 46 días de Sandoná, un pueblo de montaña al sur del país, en compañía de una de sus hijas, con tres mudas de ropa y sin dinero en el bolsillo. La idea era andar los 850 kilómetros que lo separaban de esta capital para pedir un acuerdo humanitario que le devuelva la libertad a su hijo, el suboficial del ejército Pablo Emilio Moncayo, secuestrado hace más de nueve años por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y uno de los canjeables con los que la guerrilla espera recuperar a sus combatientes en prisión.

Llegó con un bastón de mando que le regalaron los indígenas en el camino y encadenado como permanece desde hace tiempo en señal de protesta, con una cadena que rodea su cuello y amarra sus manos. Por la noche se instaló en dos inmensas carpas, en medio de la plaza; allí piensa vivir los próximos días; tiene espacio para oficina, sala de espera, zona privada y cafetería. Hoy será visitado por el presiente colombiano, Álvaro Uribe. “Sería un milagro que el presidente aceptara el acuerdo humanitario”, ha afirmado Moncayo. Sin embargo, Uribe le ha prometido en conversación telefónica “escucharlo con atención”.

Miles de personas acompañaron a Moncayo en su última etapa, que empezó a las 10 de la mañana, después de una misa, en Soacha, población de los alrededores de Bogotá. El profe marchaba adelante, en medio de un círculo formado por los 15 caminantes que lo han acompañado en la mayor parte de su recorrido, todos familiares de secuestrados. Entre ellos había parientes de Libio José Montoya, compañero de su hijo. Se los llevaron en la toma guerrillera a la base de Patascoy, en diciembre de 1997, en lo alto de una montaña en Nariño, al sur, casi en la frontera con Ecuador. Ese día murieron 22 militares y 18 fueron secuestrados. 16 de ellos, los soldados rasos, fueron liberados cuatro años después.

Moncayo, de 55 años, pasó de profesor de geografía en su pueblo a ídolo y símbolo nacional. Su larga marcha, al comienzo solitaria, se convirtió en la expresión de rabia y rechazo de las víctimas del secuestro, de la guerra y las injusticias.

En pleno camino, un día recibió la mejor noticia: una prueba de supervivencia de su hijo, de quien no sabía nada desde hace cuatro años y medio. “Está muy flaco”, fue lo primero que comento al verlo en el video enviado a un periodista.

A su paso, en un recorrido del extremo sur al centro del país, los curas oficiaron misa en su nombre, las escuelas suspendieron clases para verlo pasar o hablar con él, los músicos le inventaron coplas y los indígenas le hicieron un baño ritual “para darle ánimo y fortaleza”… Cada llegada a una meta y cada salida se convirtieron en multitudinarias fiestas. Ayer, a su entrada a Bogotá, fueron muchos lo que salieron, con banderas blancas y la tricolor de Colombia, a saludarle.

El profe Moncayo y su esposa tenían una vida tranquila en Sandoná, un pueblo conocido por la inmensidad de su iglesia y por los sombreros y tejidos elaborados por sus mujeres. El secuestro del hijo les cambió la vida; fueron varias veces a hablar con los comandantes guerrilleros, durante los fallidos diálogos de paz con el pasado Gobierno, Moncayo subió al cerro de Patascoy a ver si encontraba huellas del su hijo, participó en tomas de iglesias y amenazó una vez con crucificarse. Para todo esto ha tenido que hipotecar dos veces su casa.

“No soy héroe, ni santo, sólo soy un hombre que se cansó de tantas humillaciones y se fue a caminar para buscar la libertad de su hijo y de todos los secuestrados”, ha dicho este hombre con barba y hablar arrastrado, como todos los de su tierra. Y ayer, al entrar en Bogotá, manifestó que esta dispuesto a dar la vida por la libertad de todos los secuestrados que hay en Colombia, más de 3.000.

Publicado en www.elpais.com
El mayor Rodríguez trabaja para los 'narcos'
Colombia anuncia un plan para combatir la infiltración de las mafias en el Ejército
PILAR LOZANO - Bogotá - 01/08/2007

El 6 de octubre de 2005, una llamada alertó a las autoridades: se iba a realizar la transacción de un cargamento de droga al norte de Bogotá. La sorpresa no sólo fue por los 200 kilos de cocaína, el sofisticado cargamento de armas con mira láser y los 11.500 euros en efectivo. En la camioneta donde iba la mercancía viajaba Juan Carlos Rodríguez, un mayor del Ejército colombiano que apenas unos días antes había pasado a retiro.

Hoy Rodríguez está de nuevo en el ojo del huracán: es el hombre que ejemplifica mejor que nadie hasta dónde ha llegado a infiltrarse el narcotráfico en las Fuerzas Armadas y en el Ministerio de Defensa. Rodríguez no sólo trabajaba para los narcos, sino que reclutó otros oficiales y suboficiales para trabajar en las filas del crimen organizado. El militar acabó siendo el jefe de seguridad de Diego Montoya, alias Don Diego, el jefe del cartel de Cali y uno de los narcotraficantes más poderosos de Colombia.

El escándalo es de tal magnitud que el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, tuvo que aceptar públicamente que "la infiltración llegó a los máximos niveles y que hay un grupo de sospechosos bajo investigación". Reconoció, además, "grandes fallos en el funcionamiento de los servicios secretos".

El caso del mayor retirado está plagado de irregularidades. Una vez arrestado y procesado, a Rodríguez se lo condena a 12 años de prisión. No obstante, un juez decide que, en vez de pasarlos en la prisión, el condenado cumpla arresto domiciliario en casa de su madre. El magistrado arguyó que el oficial retirado era cabeza de familia y le otorgó un permiso para salir a trabajar a diario. Mientras las autoridades penitenciarias daban por hecho que el militar cumplía su condena sin meterse en problemas, la Fiscalía ya tenía pruebas de que el trabajo de Rodríguez era el de velar por la seguridad de Don Diego.

La cadena de irregularidades de la detención de Rodríguez es aun más larga. El diario El Tiempo las reveló ayer: dos meses después de la detención domiciliaria otro juzgado ordenó nuevamente su captura y ésta no se llevó a cabo. Además, las visitas de control a la casa de la madre se reportaban sin novedad, mientras que hoy se sabe que Rodríguez lleva mucho tiempo sin ver a su progenitora.

Hay contundentes testimonios contra este mayor retirado, hijo del coronel Homero Rodríguez, quien fuera director de la cárcel de La Catedral en los tiempos en los que se fugó de allí el jefe de los carteles de la droga más famoso de Colombia: Pablo Escobar. Uno de esos testimonios -publicado en la revista Semana- es de un capitán retirado del Ejército. Confiesa que "pagó mucho dinero" a civiles y militares en activo y retirados, con dinero de su "patrón", Juan Carlos Rodríguez, que trabaja para Don Diego. Otro coronel retirado, Javier Escobar, detenido en medio de este escándalo, cayó cuando le pincharon el móvil de su Rodríguez. En una de las llamadas, el mayor le insta a enviar hombres a Cali: "Qué ha pasado hermano... estamos pendientes del envío... acá todo listo"

La red de reclutamiento encabezada por Rodríguez funcionaba desde el mismo mando central del Ejército. La secretaria de la oficina de recursos humanos tenía como misión sustraer los expedientes de militares retirado o activos que por su capacidad y entrenamiento podrían servir a Don Diego. Ella es una de las siete personas detenidas hasta el momento.

Una de las misiones que el grupo de militares al servicio del narcotráfico tenía planeada era, según las primeras investigaciones, un operativo cinematográfico para rescatar al hermano del jefe de los narcos detenido en una cárcel de máxima seguridad La operación requería una inversión de casi ocho millones de euros.

La fiscalía colombiana, apoyada por los servicios secretos y las agencias antidroga extranjeros, destapó el escándalo. Desde un comienzo, han contado con el apoyo de los pocos en el Gobierno que sabían de la grave infiltración de los narcos en el Ejército. Todo empezó luego de la masacre de Jamundí -población cercana a Cali, la capital de la provincia del Valle del Cauca- en mayo del 2006, cuando un pelotón del Ejército mató a disparos al escuadrón más reconocido de la policía antinarcóticos. Desde allí se empezó a investigar hasta qué punto podía el Ejército estar colaborando con los narcos. Los investigadores dicen que el caso de Rodríguez es parte de un escándalo mucho mayor, y que de momento sólo han visto la punta del iceberg.

Publicado en www.elpais.com

Padre de secuestrado por las FARC llega a Bogotá junto con miles de colombianos

Padre de secuestrado por las FARC llega a Bogotá junto con miles de colombianos

El profesor Gustavo Moncayo, padre de un militar secuestrado por las FARC desde hace más de nueve años, quien desarrolló una
caminata por Colombia para pedir la libertad de su hijo, llegó ayer a Bogotá acompañado por miles de personas.
“El caminante de la libertad” está a escasos minutos de cumplir su objetivo de llegar a la Plaza de Bolívar de la capital colombiana,
donde se prevé se reunirá mañana con el presidente colombiano, Álvaro Uribe.
Moncayo camina por las calles de Bogotá acompañado por miles de personas, quienes llevan banderas de Colombia, pañuelos
blancos y pancartas con las que rechazan el secuestro y respaldan el canje de secuestrados por rebeldes presos en cárceles.
A su llegada a la Plaza de Bolivar se espera que Moncayo mantenga un encuentro con familiares de los cerca de 3 mil
secuestrados que hay en la nación sudamericana, entre ellos Yolanda Pulecio, madre de la ex candidata presidencial Ingrid
Betancourt, retenida por las FARC desde hace cinco años.
La ultima parada de Moncayo antes de llegar a Bogotá fue el municipio de Soacha, donde se reencontró con su esposa y sus dos
hijas.
Minutos antes de partir hacia la capital el caminante asistió a una ceremonia litúrgica que se ofreció en homenaje a todos los
secuestrados.
El profesor, de 56 años de edad, fue autorizado ayer por el alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, para que se quede a vivir en
la tradicional Plaza de Bolívar de Bogotá.
Moncayo afirmó que se instalará en el lugar hasta el día en que el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) se sienten a negociar el canje humanitario que permita la libertad de su hijo Pablo Emilio Moncayo, retenido por
la organización guerrillera desde 1997.
El maestro inició el pasado 17 de junio una solitaria marcha desde Sandoná, un municipio del departamento de Nariño (fronterizo
con Ecuador).
Sin embargo, a medida que ha marchado cientos de familiares de víctimas del conflicto colombiano se han unido a su caminata.
En su periplo Moncayo va recolectando firmas para respaldar el intercambio humanitario.


Correo Electrónico: el_sur@infosel.net.mxTeléfonos: 486.27.72 486.27.73 486.66.64Publicidad: publicidad@suracapulco.com.mx

Derechos Reservados © 2006

Publicado en www.elsur.com.mx