'Cuchillo', Pedro Oliveiro Guerrero
- 26/01/2009 A indagatoria gobernador del Guaviare
- 11/01/2009 Un socio incómodo (Semana)
- 07/11/2008 Las dudas del presidente (Semana)
Bloque Centauros
Desde muy joven empezó a militar en las autodefensas en el ejército de Gonzalo Rodríguez Gacha y más adelante, se unió al Bloque Centauros. Su jefe por mucho años, fue el fallecido Miguel Arroyave, quien también terminó siendo víctima de Guerrero. Según El Tiempo, tras asesinar a Arroyave, Guerrero se adueñó de su estructura de narcotráfico y del mercado de la coca en Guaviare, Vichada y Meta, convirtiéndose en uno de los narcos más poderosos del país.
Además de ser el comandante del Frente Héroes del Guaviare, alias “Cuchillo” formó el Ejército Revolucionario Popular Anticomunista Colombiano (Erpac) en las áreas rurales de San Martín, Puerto López y Puerto Gaitán en el Meta.
De acuerdo al Coronel Rubio, subcomandante de la policía del Meta, en sus investigaciones detectaron acuerdos delictivos entre miembros de las Farc con hombres de alias Cuchillo en torno a los cultivos ilícitos.
Alias usados: Didier, Cuchillo.
Estructura: Frente Héroes del Guaviare que hacía parte del Bloque Centauros.
Ubicación geográfica: Departamentos del Meta, Casanare, y Guaviare.
Víctimas que le atribuye la justicia: Las autoridades le atribuyen el asesinato de su ex jefe, Miguel Arroyave. También es acusado junto a sus hombres de las masacres en Mapiripán y en Puerto Alvira (Meta) que dejaron 69 campesinos muertos.
Bienes entregados: El día de su desmovilización el bloque entregó 1.024 armas (845 largas, 23 cortas, 151 de apoyo), 178.798 unidades de munición de diferente calibre, 1.485 granadas, 141 radios portátiles, 11 radios de base, 26 vehículos y 4 máquinas de coser.
Los crímenes conocidos: Tiene en su contra seis procesos vigentes por homicidio, extorsión, desaparición forzada, tráfico de narcóticos y acceso carnal violento. También se le señala como posible responsable de la muerte del jefe paramilitar Miguel Arroyabe.
Fecha de desmovilización: 6 de abril del 2006.
Situación a julio de 2008: A pesar de su desmovilización en el 2006, Pedro Oliveiro Guerrero se negó a reclutarse en la cárcel de La Ceja y está prófugo. Es buscado por la justicia.
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lunes, 4 de mayo de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
Salvatore Mancuso, alias 'El mono Mancuso'

Hijo de un inmigrante italiano y una colombiana, Salvatore Mancuso Gómez nació el 17 de agosto de 1964 en Montería, Córdoba. Estudió hasta séptimo semestre de Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana y se formó como administrador agropecuario en la Escuela de Formación Técnica Agrícola. También aprendió a pilotear helicópteros gracias a las enseñanzas de un capitán retirado del Ejército y tomó cursos de inglés en la Universidad de Pittsburgh en Estados Unidos.
En los años noventa regresó a su ciudad natal donde el frente 38 de las Farc extorsionaba a su familia desde hace algún tiempo. Entonces consiguió las armas con ayuda del Ejército y nacieron Los Tangueros, autodefensas comandadas por Fidel Castaño, que tomaron el nombre de la finca Las Tangas, que Castaño le había usurpado a una familia antioqueña. A Mancuso le fue encargada el ala militar de las AUC, controlar la zona del Catatumbo en la frontera con Venezuela y la conquista del Nudo de Paramillo y del Sur de Bolívar, territorios del ELN.
Informó Caracol que el ex jefe paramilitar asumió la responsabilidad del negocio de cocaína en Córdoba que se inició en 1996 y que para el 2004 llegó a producir mil trescientas toneladas. Según las cuentas de Mancuso publicadas por la Revista Semana, en Colombia hay sembradas 160.000 hectáreas de coca que producen 1.000 toneladas de cocaína anuales. Esas mil toneladas producen 7.000 mil millones de dólares que finalizan, en su mayoría, inyectados en la economía nacional.
Así mismo en sus declaraciones ante la fiscalía, afirmó que los paramilitares habían sido financiados desde 1997 por grandes multinacionales como Chiquita Brand, Dole, maderas Pizano entre muchos otros.
Las confesiones de Mancuso se acabaron en el 2008 porque fue extraditado a Estados Unidos, pedido por la corte del estado de Columbia por cargos de narcotráfico. Sin embargo, Mancuso es el único de los 14 jefes paras extraditados que ha enviado una carta a la Corte Suprema de Justicia afirmando su voluntad de seguir diciendo la verdad desde una cárcel en Estados Unidos.
Alias usados: El Mono Mancuso, Santander Lozada, Triple Cero, José Manuel, o El Cacique.
Estructura: Bloque Norte, Catatumbo y Córdoba.
Ubicación geográfica: Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena, Santander, Norte de Santander y la Guajira.
Víctimas que le atribuye la justicia: Antes de su desmovilización, Mancuso tenía en su contra ocho órdenes de captura dictadas por la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía y 57 procesos. Se le acusa del secuestro de la senadora Zulema Jattin. Además es culpable de los asesinatos de las siguientes personas:
El representante a la Cámara, Wilson Borja, en diciembre del 2000. Héctor Acosta, alcalde de Tierralta (Córdoba) el 20 de febrero del 2001, en una presunta retaliación de las Auc. Carlos Quiroz, alcalde de San Jacinto (Bolívar) el 6 de noviembre de 1997, pocos días después de su elección. Henry Tafur, alcalde de San Martín de Loba (Bolívar). Pauselino Camargo, ex sacerdote y ex alcalde de Cúcuta. Bernabé Sánchez, concejal del municipio de Tibú (Norte de Santander) el 30 de agosto de 1999, en La Gabarra. Tirso Vélez, candidato a la Gobernación de Norte de Santander, en el 2003. Aury Sara Marrugo, presidente de la Unión Sindical Obrera en Cartagena, en el 2000, junto con su escolta. Kimy Pernía Domicó, líder de la comunidad indígena Embera. Varios profesores y alumnos de la Universidad de Córdoba.
A esto se le suma la solicitud de extradición a los Estados Unidos por cargos de narcotráfico.
Número de delitos confesados: En sus versiones libres hasta principios del 2008, alcanzó a confesar más de 500 crímenes entre los que se destacan: desaparición forzada, fabricación y tráfico ilegal de armas, homicidio, hurto, incendio, lesiones personales, secuestro extorsivo, tentativa de homicidio y terrorismo
Bienes entregados: Al finalizar la primera etapa de versión libre Salvatore Mancuso entregó bienes por 51 mil millones de pesos, principalmente en predios
Los crímenes conocidos: A Mancuso se le atribuyen las masacres de Mapiripán, en la que murieron veinte campesinos en 1997. La de la Gabarra en 1999, en la que paramilitares bajo su mando asesinaron a treinta y cinco personas. La del Aro, en Ituango Antioquia, en octubre de 1997 y la del Salado en febrero de 2000 en la que murieron treinta y ocho campesinos.
Fecha de desmovilización: 10 de diciembre del 2004.
Situación a julio de 2008: En mayo del 2008 fue extraditado a los Estados Unidos por cargos de narcotráfico.
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martes, 13 de enero de 2009
Autodefensas del sur del Magdalena e Isla de San Fernando
Las Autodefensas del Sur del Magdalena e Isla de San Fernando, el nombre que asumió la organización en el momento de la desmovilización, eran conocidas como los Chepes o Cheperos, por el nombre de su jefe, José María Barrera, alias Chepe Barrera, que las había fundado más de veinte años antes.

"Chepe" Barrera
Este grupo nació en el departamento del Magdalena, donde también tenían presencia las autodefensas que comandaban Hernán Giraldo y Adán Rojas. Las de éstos estaban en la Sierra Nevada de Santa Marta y las de Chepe Barrera se movían en los municipios del sur del Magdalena como El Díficil, Ariguaní, Santana, Plato, El Banco, Guamal, San Sebastián, San Zenón, Pedraza, Chivolo, Pivijay y Sabanas de San Ángel.
Tradicionalmente Chepe Barrera ocupó el sur del Magdalena, y según algunas versiones su dominio alcanzó también la depresión Momposina en Bolívar y cubrió igualmente parte del Cesar, al norte de la Serranía de San Lucas y al occidente de la serranía del Perijá desde donde bajaban grupos de las guerrillas para golpear en la zona plana y después replegarse. No obstante, cuando alias Jorge 40 se expandió, alrededor de 1999, negoció con Chepe Barrera y lo dejó circunscrito a un área muy restringida, en el corregimiento Los Andes del municipio de El Difícil. A pesar de ello, en el momento de las desmovilizaciones, el hijo de Chepe, Juan, afirmó que el grupo operaba en 11 municipios y apoyaba a otros grupos de autodefensa en unas cinco poblaciones.
Las autodefensas de Chepe Barrera, en sus inicios, muy posiblemente a finales de los ochenta y principios de los noventa, empezaron matando a ladrones de ganado. Así lo relató El Tiempo en 2005: “Dicen que al poco tiempo de llegar, ’Chepe Barrera’ le declaró la guerra a una banda de abigeos que pertenecían a una reconocida familia de apellido Méndez, de Plato y El Difícil (Magdalena), que tenían azotada a la región metiéndose a los corrales y robando ganado (…) Los habitantes aseguran que con ayuda del Ejército, Barrera combatió ferozmente a los Méndez hasta casi exterminarlos. Luego, conformó grupos de autodefensa que se dedicaron a combatir a la guerrilla, pero principalmente a lo que ellos denominan ’limpieza social’, dándoles un plazo perentorio a personas que no eran bien vistas por ellos para que se fueran de la región.”
Hay que tener en cuenta que con excepción de la Sierra Nevada de Santa Marta, el departamento del Magdalena es en lo esencial plano y con vocación ganadera. Es por ello que las zonas planas no fueron principalmente zona de refugio de la guerrilla sino donde realizaban sus extorsiones y secuestros. Primero surgió el frente Francisco Javier Castaño del Eln, a principios de los noventa y en esa misma década, el Domingo Barrios de la misma agrupación. Paulatinamente empezaron a crecer los secuestros en El Banco, Pivijay, Ariguaní, Guamal, Plato, El Retén, y en otros pueblos aledaños. Igualmente las Farc realizaron algunos secuestros en los años noventa en las partes planas del Magdalena pero con menos frecuencia que el Eln.
Según algunas versiones no confirmadas, Barrera, de origen santandereano, perteneció al Ejército, pero la gente creía que era campesino. Comenzó trabajando las fincas Las Mercedes y Risaralda en el corregimiento Pueblito Los Andes. A juicio de un habitante: “se ganó a la gente entregándoles tierras para cultivar o tener ganado. A veces les regalaba vacas, les pagaba jornales por trabajar las tierras que él mismo les regalaba y hasta les construía sus casas".
Según la información disponible cosechó una fortuna con actividades ilegales. Según la revista Cambio, la Fiscalía le incautó 21 bienes, por un valor de 14.000 millones de pesos y le congelaron sus cuentas bancarias en Bucaramanga, Santa Marta y algunas poblaciones de Magdalena. “Según información de prensa –dice Cambio—, Barrera usó una red de testaferros para ocultar buena parte de su fortuna y, sin embargo, en su última declaración de renta conocida en 2004, reportó un patrimonio líquido superior a 2.208 millones de pesos. Diez de los bienes que hoy son materia de procesos de extinción, están en Santa Ana y son tierras de actividad pecuaria; ocho más pertenecen a Plato y el resto a Pijiño del Carmen, todos municipios del Magdalena.” Los Barrera adquirieron también influencia política en la región, y Juan Barrera, también desmovilizado, llegó a ser diputado en el Magdalena.
Las Autodefensas de Chepe Barrera surgieron como protectoras de ganaderos y finqueros que sufrían la presión de las guerrillas. Velaban por neutralizar a las guerrillas que presionaban desde los departamentos de Bolívar y Cesar. Su radio de acción era localizado y su propósito no era expansionista. No obstante, hacia 1999, cuando el proyecto de las Auc estaba en marcha, el grupo de Barrera fue cooptado por el Bloque Norte de las Auc. De acuerdo con un relato de un miembro de Los Cheperos citado en el informe del Observatorio de Derechos Humanos de la Presidencia esto sucedió así:
“… Como para finales de 1999 hubo una fuerte presencia de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, que comandaba Mancuso, quien exigió a Chepe que le entregara el territorio. Chepe no quería problemas con nadie. Aunque las cosas no fueron tan fáciles tampoco…Mancuso quería las cosas así por él era el chacho y había que dárselo ya, pero luego vino el comandante Castaño y se reunió con nosotros. Él sí es un hombre que sabe negociar. Él le dijo a Chepe que firmaran una alianza, que no era que nosotros íbamos a dejar de mandar o de tener libertad en la zona, sino que ahora éramos parte de las Auc. Claro que ahora ellos son los que mandan. Tienen la base en San Ángel y Chepe se quedó con un grupo para su protección privada en un pueblo que se llama Los Andes, pertenece al Difícil. La gente a veces nos dice: ‘que tan distintos que eran los tiempos antes’; ahora la gente tiene miedo, está aterrorizada (…)”.
Otro poblador citado en el informe dijo que: “Al parecer en las negociaciones, se le dio la oportunidad a Chepe Barrera de elegir el territorio donde deseaba permanecer (…) No hubo una mala relación entre Chepe y las Auc…Chepe tomó una parte de la región y ‘40’ tomó la otra (…) Hay desplazamientos de la población civil con la llegada de alias ‘40’ a la región. Es que ellos son terroristas. Ahora hay muchas muertes, sobre todo los fines de semana encuentras tres y cuatro cadáveres en las esquinas…” .
Las masacres en el Magdalena, excluyendo los municipios de la Sierra Nevada de Santa Marta, es decir Santa Marta, Ciénaga, Aracataca, Fundación y Zona Bananera, se intensificaron a partir de 1998 pero adquirieron su máximo nivel a inicios de los 2000 cuando las Auc intensificaron los guerra. Las masacres de tres o más víctimas según el Departamento de Policía del Magdalena pasaron de 42 en 1998 a 45 en 1999 y a 116 en 2000 siendo El Piñón, Pueblo Viejo, Salamina, Tenerife, El Banco y Plato los municipios más afectados. A estos habría que agregarle Ciénaga que si tiene jurisdicción en la Sierra Nevada, pero igualmente cuenta con zonas planas. En este municipio quedaron registradas las víctimas de la masacre de la Ciénaga Grande, en el municipio de Sitio Nuevo, ocurrida 2000. Resulta difícil establecer para cada uno de los municipios si las masacres fueron responsabilidad de las Autodefensas del Sur del Magdalena (Los Cheperos), o de las Auc, pero es más probable que lo sean hayan de estas últimas, tal como ocurrió en la Ciénaga Grande.
Como resultado de las incursiones de las autodefensas, los secuestros empezaron a ceder. Excluyendo los municipios de Santa Marta, Ciénaga, Fundación, Aracataca y Zona Bananera, que tienen jurisdicción en la Sierra Nevada, el pico de los secuestros fue en 2000, cuando ocurrieron treinta; en 2001 fueron solamente once y en 2002 cinco.
No obstante que el esfuerzo principal de las Auc y en particular de las Autodefensas del Sur del Magdalena se centró en neutralizar a las guerrillas y especialmente al Eln, la zona bajo su dominio se convirtió en un corredor del narcotráfico. Por allí pasaron cargamentos provenientes del sur de Bolívar con destino a la Sierra Nevada, desde donde se embarcaban al exterior. Pero esto sucedió cuando ya las Auc habían sometido a Chepe Barrera a sus órdenes. De ahí que es difícil saber hasta donde el negocio ilícito lo manejaba éste o las Auc. . Lo que sí es cierto es que aún después de las desmovilizaciones, algunas zonas del Magdalena siguen siendo corredores de tráfico de narcóticos.
Las autodefensas de Chepe Barrera hicieron parte integral de las Auc. No obstante, se desmovilizaron aparte de otros bloques y frentes de la misma organización. El 4 de diciembre de 2004 se desmovilizaron 47 de sus integrantes que entregaron 41 armas en el Corregimiento de Santa Rosa, municipio de Santa Ana. La desmovilización de Barrera causó controversia. Por un lado Barrera había sido detenido por el Ejército en octubre de 2004 pero quedó libre en virtud de la Resolución 262, del 30 de noviembre del 2004, con la que el Gobierno le otorgó el estatus de miembro representante del estado mayor de las Autodefensas del sur del Magdalena. Así Barrera pudo volver a sus tierras y permanecer ahí, mientras otros jefes de las autodefensas siguieron concentrados. En febrero de 2005, El Tiempo informó que había comprobado que “Barrera gozaba de algunos privilegios como salir de Santa Fe Ralito, Córdoba, y andaba libremente en su finca Las Mercedes, en el Magdalena.” La Fiscalía siguió investigándolo y encontró mérito para detenerlo y ordenar la incautación de varios de sus bienes.
Cuando el presidente Álvaro Uribe ordenó que los jefes paramilitares se concentraran en La Ceja, Antioquia, en 2006, Barrera fue sacado por la Policía de su finca Las Mercedes, en Pueblito de los Andes, sur del Magdalena, y llevado a los calabozos del Comando Departamental en Santa Marta.
Fuentes:
Observatorio Presidencial de DDHH y DIH. Panorama Reciente de la Sierra Nevada de santa Marta. Bogotá, 2002.
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH. Dinámica Reciente de la confrontación en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Jefe paramilitar que fue capturado goza de beneficios como si se hubiera desmovilizado. En: El Tiempo (ver)
Nuevas órdenes de captura a jefes paramilitares. En Revista Cambio (ver).
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH. Dinámica Reciente de la confrontación en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Vote bien. El Fraude se huele en el Magdalena (ver).
La libertad del conocido jefe paramilitar José 'Chepe' Barrera, concedida la semana pasada, genera preocupación. ¿Quedarán impunes sus crímenes?. En: El Tiempo, 10 de julio de 2006.
www.verdadabierta.com

"Chepe" Barrera
Este grupo nació en el departamento del Magdalena, donde también tenían presencia las autodefensas que comandaban Hernán Giraldo y Adán Rojas. Las de éstos estaban en la Sierra Nevada de Santa Marta y las de Chepe Barrera se movían en los municipios del sur del Magdalena como El Díficil, Ariguaní, Santana, Plato, El Banco, Guamal, San Sebastián, San Zenón, Pedraza, Chivolo, Pivijay y Sabanas de San Ángel.
Tradicionalmente Chepe Barrera ocupó el sur del Magdalena, y según algunas versiones su dominio alcanzó también la depresión Momposina en Bolívar y cubrió igualmente parte del Cesar, al norte de la Serranía de San Lucas y al occidente de la serranía del Perijá desde donde bajaban grupos de las guerrillas para golpear en la zona plana y después replegarse. No obstante, cuando alias Jorge 40 se expandió, alrededor de 1999, negoció con Chepe Barrera y lo dejó circunscrito a un área muy restringida, en el corregimiento Los Andes del municipio de El Difícil. A pesar de ello, en el momento de las desmovilizaciones, el hijo de Chepe, Juan, afirmó que el grupo operaba en 11 municipios y apoyaba a otros grupos de autodefensa en unas cinco poblaciones.
Las autodefensas de Chepe Barrera, en sus inicios, muy posiblemente a finales de los ochenta y principios de los noventa, empezaron matando a ladrones de ganado. Así lo relató El Tiempo en 2005: “Dicen que al poco tiempo de llegar, ’Chepe Barrera’ le declaró la guerra a una banda de abigeos que pertenecían a una reconocida familia de apellido Méndez, de Plato y El Difícil (Magdalena), que tenían azotada a la región metiéndose a los corrales y robando ganado (…) Los habitantes aseguran que con ayuda del Ejército, Barrera combatió ferozmente a los Méndez hasta casi exterminarlos. Luego, conformó grupos de autodefensa que se dedicaron a combatir a la guerrilla, pero principalmente a lo que ellos denominan ’limpieza social’, dándoles un plazo perentorio a personas que no eran bien vistas por ellos para que se fueran de la región.”
Hay que tener en cuenta que con excepción de la Sierra Nevada de Santa Marta, el departamento del Magdalena es en lo esencial plano y con vocación ganadera. Es por ello que las zonas planas no fueron principalmente zona de refugio de la guerrilla sino donde realizaban sus extorsiones y secuestros. Primero surgió el frente Francisco Javier Castaño del Eln, a principios de los noventa y en esa misma década, el Domingo Barrios de la misma agrupación. Paulatinamente empezaron a crecer los secuestros en El Banco, Pivijay, Ariguaní, Guamal, Plato, El Retén, y en otros pueblos aledaños. Igualmente las Farc realizaron algunos secuestros en los años noventa en las partes planas del Magdalena pero con menos frecuencia que el Eln.
Según algunas versiones no confirmadas, Barrera, de origen santandereano, perteneció al Ejército, pero la gente creía que era campesino. Comenzó trabajando las fincas Las Mercedes y Risaralda en el corregimiento Pueblito Los Andes. A juicio de un habitante: “se ganó a la gente entregándoles tierras para cultivar o tener ganado. A veces les regalaba vacas, les pagaba jornales por trabajar las tierras que él mismo les regalaba y hasta les construía sus casas".
Según la información disponible cosechó una fortuna con actividades ilegales. Según la revista Cambio, la Fiscalía le incautó 21 bienes, por un valor de 14.000 millones de pesos y le congelaron sus cuentas bancarias en Bucaramanga, Santa Marta y algunas poblaciones de Magdalena. “Según información de prensa –dice Cambio—, Barrera usó una red de testaferros para ocultar buena parte de su fortuna y, sin embargo, en su última declaración de renta conocida en 2004, reportó un patrimonio líquido superior a 2.208 millones de pesos. Diez de los bienes que hoy son materia de procesos de extinción, están en Santa Ana y son tierras de actividad pecuaria; ocho más pertenecen a Plato y el resto a Pijiño del Carmen, todos municipios del Magdalena.” Los Barrera adquirieron también influencia política en la región, y Juan Barrera, también desmovilizado, llegó a ser diputado en el Magdalena.
Las Autodefensas de Chepe Barrera surgieron como protectoras de ganaderos y finqueros que sufrían la presión de las guerrillas. Velaban por neutralizar a las guerrillas que presionaban desde los departamentos de Bolívar y Cesar. Su radio de acción era localizado y su propósito no era expansionista. No obstante, hacia 1999, cuando el proyecto de las Auc estaba en marcha, el grupo de Barrera fue cooptado por el Bloque Norte de las Auc. De acuerdo con un relato de un miembro de Los Cheperos citado en el informe del Observatorio de Derechos Humanos de la Presidencia esto sucedió así:
“… Como para finales de 1999 hubo una fuerte presencia de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, que comandaba Mancuso, quien exigió a Chepe que le entregara el territorio. Chepe no quería problemas con nadie. Aunque las cosas no fueron tan fáciles tampoco…Mancuso quería las cosas así por él era el chacho y había que dárselo ya, pero luego vino el comandante Castaño y se reunió con nosotros. Él sí es un hombre que sabe negociar. Él le dijo a Chepe que firmaran una alianza, que no era que nosotros íbamos a dejar de mandar o de tener libertad en la zona, sino que ahora éramos parte de las Auc. Claro que ahora ellos son los que mandan. Tienen la base en San Ángel y Chepe se quedó con un grupo para su protección privada en un pueblo que se llama Los Andes, pertenece al Difícil. La gente a veces nos dice: ‘que tan distintos que eran los tiempos antes’; ahora la gente tiene miedo, está aterrorizada (…)”.
Otro poblador citado en el informe dijo que: “Al parecer en las negociaciones, se le dio la oportunidad a Chepe Barrera de elegir el territorio donde deseaba permanecer (…) No hubo una mala relación entre Chepe y las Auc…Chepe tomó una parte de la región y ‘40’ tomó la otra (…) Hay desplazamientos de la población civil con la llegada de alias ‘40’ a la región. Es que ellos son terroristas. Ahora hay muchas muertes, sobre todo los fines de semana encuentras tres y cuatro cadáveres en las esquinas…” .
Las masacres en el Magdalena, excluyendo los municipios de la Sierra Nevada de Santa Marta, es decir Santa Marta, Ciénaga, Aracataca, Fundación y Zona Bananera, se intensificaron a partir de 1998 pero adquirieron su máximo nivel a inicios de los 2000 cuando las Auc intensificaron los guerra. Las masacres de tres o más víctimas según el Departamento de Policía del Magdalena pasaron de 42 en 1998 a 45 en 1999 y a 116 en 2000 siendo El Piñón, Pueblo Viejo, Salamina, Tenerife, El Banco y Plato los municipios más afectados. A estos habría que agregarle Ciénaga que si tiene jurisdicción en la Sierra Nevada, pero igualmente cuenta con zonas planas. En este municipio quedaron registradas las víctimas de la masacre de la Ciénaga Grande, en el municipio de Sitio Nuevo, ocurrida 2000. Resulta difícil establecer para cada uno de los municipios si las masacres fueron responsabilidad de las Autodefensas del Sur del Magdalena (Los Cheperos), o de las Auc, pero es más probable que lo sean hayan de estas últimas, tal como ocurrió en la Ciénaga Grande.
Como resultado de las incursiones de las autodefensas, los secuestros empezaron a ceder. Excluyendo los municipios de Santa Marta, Ciénaga, Fundación, Aracataca y Zona Bananera, que tienen jurisdicción en la Sierra Nevada, el pico de los secuestros fue en 2000, cuando ocurrieron treinta; en 2001 fueron solamente once y en 2002 cinco.
No obstante que el esfuerzo principal de las Auc y en particular de las Autodefensas del Sur del Magdalena se centró en neutralizar a las guerrillas y especialmente al Eln, la zona bajo su dominio se convirtió en un corredor del narcotráfico. Por allí pasaron cargamentos provenientes del sur de Bolívar con destino a la Sierra Nevada, desde donde se embarcaban al exterior. Pero esto sucedió cuando ya las Auc habían sometido a Chepe Barrera a sus órdenes. De ahí que es difícil saber hasta donde el negocio ilícito lo manejaba éste o las Auc. . Lo que sí es cierto es que aún después de las desmovilizaciones, algunas zonas del Magdalena siguen siendo corredores de tráfico de narcóticos.
Las autodefensas de Chepe Barrera hicieron parte integral de las Auc. No obstante, se desmovilizaron aparte de otros bloques y frentes de la misma organización. El 4 de diciembre de 2004 se desmovilizaron 47 de sus integrantes que entregaron 41 armas en el Corregimiento de Santa Rosa, municipio de Santa Ana. La desmovilización de Barrera causó controversia. Por un lado Barrera había sido detenido por el Ejército en octubre de 2004 pero quedó libre en virtud de la Resolución 262, del 30 de noviembre del 2004, con la que el Gobierno le otorgó el estatus de miembro representante del estado mayor de las Autodefensas del sur del Magdalena. Así Barrera pudo volver a sus tierras y permanecer ahí, mientras otros jefes de las autodefensas siguieron concentrados. En febrero de 2005, El Tiempo informó que había comprobado que “Barrera gozaba de algunos privilegios como salir de Santa Fe Ralito, Córdoba, y andaba libremente en su finca Las Mercedes, en el Magdalena.” La Fiscalía siguió investigándolo y encontró mérito para detenerlo y ordenar la incautación de varios de sus bienes.
Cuando el presidente Álvaro Uribe ordenó que los jefes paramilitares se concentraran en La Ceja, Antioquia, en 2006, Barrera fue sacado por la Policía de su finca Las Mercedes, en Pueblito de los Andes, sur del Magdalena, y llevado a los calabozos del Comando Departamental en Santa Marta.
Fuentes:
Observatorio Presidencial de DDHH y DIH. Panorama Reciente de la Sierra Nevada de santa Marta. Bogotá, 2002.
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH. Dinámica Reciente de la confrontación en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Jefe paramilitar que fue capturado goza de beneficios como si se hubiera desmovilizado. En: El Tiempo (ver)
Nuevas órdenes de captura a jefes paramilitares. En Revista Cambio (ver).
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH. Dinámica Reciente de la confrontación en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Vote bien. El Fraude se huele en el Magdalena (ver).
La libertad del conocido jefe paramilitar José 'Chepe' Barrera, concedida la semana pasada, genera preocupación. ¿Quedarán impunes sus crímenes?. En: El Tiempo, 10 de julio de 2006.
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sábado, 29 de noviembre de 2008
El guardaespaldas de Mancuso
Justicia y Paz
Lunes, 24 de Noviembre de 2008 07:30
Un ex soldado monteriano conocido como 'El Chuzo' fue testigo desde 1991 de cómo Mancuso reclutó a sus hombres en Córdoba y se hizo el jefe paramilitar más temido en la región.
Por Tadeo Martínez para Verdadabierta En breve: En su versión libre ante un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz del 27 al 29 de octubre de 2008, Edwin Manuel Tirado Morales, alias ‘El Chuzo’ relató cómo fue testigo de la creación de las Autodefensas de Córdoba y Urabá (Accu), de la mano de Salvatore Macuso y de los comandantes militares de la Brigada XI del Ejército en Montería, y cómo militares y autodefensas combatieron juntos.
Otros paramilitares mencionados en la versión: Salvatore Mancuso, 'Bocaelobo', 'El Cable', 'Cumbe', 'El Mulo', 'El Peluca', 'El Pisco', 'Cantinflas', 'El Perro', 'El Gordo', 'El Pipón', Hernando Fontalvo alias 'El Pájaro', Disney Negrete, alias ‘Colita’, Vicente Castaño, Carlos Castaño, Carlos Mauricio García, alias 'Doble Cero'; José Ever Veloza, alias 'HH'; 'Baltazar', 'El Negro Ricardo' un ex guerrillero del Epl, Mecateo, El Niche.
Lugares mencionados en la versión: Montería, Tierralta, Hacienda La Capilla, Volador (Valencia, Córdoba), Caramelo, Tres Piedras (Córdoba); Batata (Córdoba); puente de Betancí, Ciénaga de la Caimanera, Malagana (Bolívar), Pichilín (Ovejas, Sucre); El Guamo (Bolívar);
Funcionarios públicos o políticos presuntamente vinculados con las Accu: 'Memín' cuyo nombre real no suministró del Batallón Junín de la XI Brigada; comandante de la Brigada XI, el coronel Julio Charris Solano; General Martín Orlando Carreño (fallecido); Walter Fratini del Batallón Coyará (fallecido); coronel Leonardo Ortiz Chaparro, comandante de la Brigada XI; teniente coronel Agustín Lasso Cortez, comandante del Batallón Junín; coronel Lema del Batallón Junín; Humberto Santos Negrete, alcalde de Tierralta (1994-1997); alcalde Aníbal Ortiz, alcalde Marciano Argel.
Edwin Manuel Tirado, fue uno de los 12 hombres con los que Salvatore Mancuso creó su primer ejército en Córdoba. Foto Tadeo Martínez
- Vea perfil de Salvatore Mancuso
- Vea perfil de Carlos Castaño
- Vea perfil de Vicente Castaño
En 1991, Salvatore Mancuso era un prestigioso ganadero que se paseaba como cualquier paisano por las calles de su natal Montería. 'El Mono', como se le conocía en la sociedad cordobesa, hijo de un inmigrante italiano y una colombiana, había regresado a Córdoba después de haber estudiado hasta séptimo semestre de Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana y administración agropecuaria en la Escuela de Formación Técnica Agrícola en Bogotá. A su retorno a Montería se enteró de que el frente 38 de las Farc extorsionaba a su familia.
Entonces, en la zona de Tierralta, en el Alto Sinú, tenían presencia frentes del Epl, del Eln y el 18 de las Farc. El Eln controlaba Frasquillo, en el piedemonte del Nudo de Paramillo, mientras el Epl tenía control del Urabá y el alto San Jorge, y las Farc mandaban en el Nudo de Paramillo.
Estas guerrillas constantemente amenazan, boleteaban, secuestraban y asesinaban a finqueros como Macuso. Por eso él, al igual que otros ganaderos, empezó a visitar los cuarteles militares, como la XI Brigada con sede en Montería, buscando protección para sus negocios.
Fue en esos años entre 1990 y 1991, según lo recuerda Edwin Manuel Tirado Morales, a quien más tarde se le conoció en el mundo de las autodefensas como 'El Chuzo', cuando Mancuso empezó a conformar las temibles Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá (Accu).
'El Chuzo' fue testigo y protagonista de cómo el empresario se convirtió en paramilitar y cómo dirigió el grupo que asesinó y torturó indígenas, dirigentes sindicales, campesinos; robó tierras y desplazó centenares de familias, en la región. Todo esto lo contó 'El Chuzo' en una audiencia de Justicia y Paz en Barranquilla en donde empezó a rendir versión libre.
De la mano de los militares
Tirado Morales, nacido en Montería, habla con paciencia y piensa cada una de sus palabras antes de contestar. Con facilidad recuerda el día en que conoció a Salvatore Mancuso, cuando buscaba trabajo en la Brigada XI de Córdoba.
Por su cercanía con los militares, Mancuso empezó a seleccionar a los soldados retirados uno a uno. 'El Chuzo' cuenta que los esperaba a su salida de los destacamentos. Incluso que sus amigos militares empezaron a recomendarle nombres de aquellos soldados que se destacaban por ser troperos y dispuestos a entrar en acción contra la guerrilla.
Los finqueros de Tierralta le habían encomendado a Mancuso la misión de reunir un grupo de ex militares para formar unas autodefensas que les cuidaran sus propiedades y los protegieran del azote de la guerrilla.
Así fue como lo reclutó mientras buscaba empleo. 'El Chuzo' se topó con la oferta del ganadero a quien se le veía con frecuencia como invitado especial en cuanta ceremonia se hiciera en las bases militares. Mancuso fraguaba sus planes contraisurgentes y 'El Chuzo' sería uno de los primeros que le ayudaría a ejecutarlos.
Fue así como el ganadero Mancuso reunió a doce ex soldados del Ejército recomendados por sus comandantes en la hacienda La Capilla, de propiedad de su entonces esposa, Marta Dereix. Edwin o 'El Chuzo', como lo empezaron a llamar desde entonces, fue uno de los convocados.
“Mancuso me ofreció 150 mil pesos y a los soldados apenas le pagaban 110 mil. Ni siquiera lo pensé”, dice. Además, le ofrecieron techo y comida. “Sabíamos que pagaba los sueldos con los aportes que daban los finqueros”, agrega. Muy pronto sabrían qué les pedirían a cambio. Desde el primer momento, como relata 'El Chuzo', contaron con la bendición de los comandantes del Ejército en la región.
A esa reunión asistieron 'Bocaelobo', 'El Cable', 'Cumbe', 'El Mulo', 'El Peluca', 'El Pisco', 'Cantinflas', 'El Perro', 'El Gordo' y 'El Pipón', como fueron bautizados y se les conoció en toda la región. Allí dejaron sus nombres de pila, su pasado como militares y empezaron a ser los hombres de Mancuso. Los doce elegidos para constituir su propio comando paramilitar. En La Capilla, Mancuso les entregó radios y unas cuantas armas, y les encomendó la protección de una docena de fincas de propiedad de ganaderos de Córdoba entre las que se encontraban Veracruz, El Tronco, La Caimanera, La Pradera, Currayado y La Yuca, contra las que la guerrilla del Epl y las Farc se habían ensañado.
Las fincas estaban pegadas unas a la otra y esto permitió que muy pronto se consolidara una improvisada red de informantes, que primero le pasaba datos a los militares y después empezó a encarar a la subversión.
A finales de 1991, al grupo se le sumó otro ex militar Hernando Fontalvo, al que le pusieron el apodo de 'El Pájaro', y le ayudó a Mancuso a consolidar su jefatura paramilitar.
Muy pronto empezó la acción, 'El Chuzo' recuerda que hicieron la primera incursión de la mano con el Batallón de Contraguerrilla No. 11 Cacique Coyará, de la Brigada XI de Montería. “Todo se hizo con información que Mancuso dio al Ejército”, explica. Nueve soldados y dos suboficiales llegaron a la vereda Corea cerca a Tierralta, guiados por el propio jefe paramilitar, y emboscaron a una escuadra de guerrilleros del Epl que acampaba en la escuela del pueblo. “Cuando nos vieron abrieron fuego, pero cayeron tres de ellos, el resto huyó”.
En la región, empezaron a aparecer nuevos grupos paramilitares. Como el de Disney Negrete quien comandaba a ocho hombres. “Él tenía problemas con la guerrilla y armó su grupo a la entrada de Volador (un corregimiento del municipio de Valencia en Córdoba)”, dice el ex paramilitar.
Allí, según cuenta 'El Chuzo', el comandante era alias 'El Viejo'. Este grupo patrullaba la zona de Los Volcanes y hasta El Caramelo, de donde saldría después elegida como representante Eleodora Pineda. Sin embargo, nadie tenía el dominio de la región y cada grupo entraba y salía sin conocer límites. “Había guerrilla por todos lados”.
En Tres Piedras, municipio de Córdoba, había otro grupo comandado por alias 'Colita' y se decía que había otro en Puerto Libertador. Ya para ese momento, las pequeñas bandas de paramilitares reconocían que en el Urabá existían las Autodefensas al mando de los hermanos Carlos y Fidel Castaño a los que se les llamaba como ‘Los Tangueros’ o ‘Los Mochacabezas’.
Los Tangueros estaban al otro lado del río Sinú y eran independientes; respetaban los terrenos de los nuevos paramilitares. Lo mismo pasaba con el grupo de Mancuso, Negrete, 'El Viejo' y 'Colita'. Hasta que en el 93 un grupo de ganaderos fueron a donde 'El Mono' y le llevaron el mensaje que los señores del otro lado del río querían hablar con él. Mancuso junto a sus doce hombres fueron a la finca Las Tangas donde se encontraron con los hermanos Castaño y Carlos Mauricio García, alias 'Doble Cero'. Allí sellaron la conformación de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu).
Macuso entraba a la Brigada a su gusto
Después de dos años, el grupo se consolidó como apoyo de los militares. Además de brindar información, cometían asesinatos, señalaban presuntos guerrilleros y empezaron a cobrar 'vacunas' a los finqueros a cambio de protección. Una de las primeras incursiones en contra de presuntos guerrilleros fue coordinada por 'Memín' cuyo nombre real no suministró 'El Chuzo' , pero de quién dijo era del Batallón Junín de la XI Brigada.
“Ejecutaron a presuntos guerrilleros, recuperaron ganado y realizaban operaciones contra extorsionistas”, explica 'El Chuzo'.
“Cuando se prendía el candeleo (los enfrentamientos con la guerrilla) -dice- el Batallón Junín nos apoyaba , no usábamos camuflado, nos vestíamos de civil”. El Chuzo sabe qué militares y en qué operativos participaron conjuntamente fuerzas mixtas, Ejército y autodefensas. Mencionó en su última versión ante Justicia y Paz al ex comandante de la Brigada XI, el coronel Julio Charris Solano, como uno de los militares más cercanos a Mancuso. Era tal la familiaridad, que el ex jefe paramilitar entraba a la Brigada en carro y se devolvía para su finca en helicópteros del Ejército.
'El Chuzo' asegura que en una ocasión hicieron un operativo mixto en Batata, para el que reunieron más de 100 hombres con los que se enfrentaron al quinto frente de las Farc, comandando por alias 'El Manteco'.
Mancuso estuvo en la batalla que duró ocho días. En la vereda La Unión, el Ejército recogió en helicópteros a los hombres de las autodefensas. Para entonces ya estaban en las Accu, alias 'El Pájaro' y 'El Chuzo', y éstas entregaban a los militares las bajas que propinaba a la guerrilla. Según ‘El Chuzo’, estos fueron los primeros “falsos positivos”. La forma de hacerlo, dice El Chuzo, era simulando un combate y ellos se encargaban de entregar al ejército a los presuntos guerrilleros muertos en combate.
Otro militar que según El Chuzo, colaboró con las Auc, fue el coronel Martín Orlando Carreño, quien fue comandante de la Brigada XI de 1994 a 1997. En la audiencia el ex paramilitar se refirió a él como “el mismo ex candidato a la gobernación de Santander”.
‘El Chuzo’ también contó que cuando su grupo hacía patrullajes, Mancuso se encargaba de pedirles a los oficiales que despejaran la zona y que cuando necesitaban apoyo, ellos les daban refuerzos. En especial de los batallones Junín y Coyará.
Relató cómo, en un operativo, por ejemplo, aunque iba un sargento y 19 hombres, la mayoría soldados del ejército, el líder era Mancuso, y el armamento que utilizaban, fusiles Galil y ametralladoras, era del Ejército.
'El Chuzo' mencionó la colaboración que recibieron de parte del mayor Walter Fratini, quien era comandante del Batallón Coyará y quien fue mencionado por Mancuso en una de sus primeras versiones como uno de los principales apoyos que tuvieron las autodefensas en Córdoba. Fratini murió en un retén del Epl cerca a Tierralta.
También dijo que el coronel Leonardo Ortiz Chavarro, comandante de la Brigada XI, el teniente coronel Agustín Lasso Cortez, comandante del Batallón Junín y el coronel Lema del Junín tuvieron buenas relaciones con Mancuso.
Esta relación con los militares, según 'El Chuzo', le permitió al jefe paramilitar escapar de emboscadas guerrilleras como una que le montaron en el puente de Betancí cerca al municipio de Valencia, en donde, ante el tiroteo de la guerrilla, le tocó tirarse a la ciénaga de la Caimanera con su esposa embarazada y uno de sus hijos, para después ser rescatado por hombres de la brigada.
Con el control armado, Mancuso empezó a mandar en la región también en lo político. A partir de 1994, según cuenta ‘El Chuzo’, el ‘Mono’ escogió los alcaldes de la región, entre ellos a Humberto Santos Negrete, quien fue alcalde de Tierralta entre 1994 y 1997.
Negrete fue acusado por alias 'El Pájaro', desmovilizado del bloque Córdoba, de haber planeado la muerte del odontólogo, Elías Nassar Ruiz, ocurrida el 27 de julio de 1993, en el corregimiento Callejas. Según dijo El Pájaro, porque Ruiz atendía en su consultorio de Tierralta a los guerrilleros de las Farc. "Él (Negrete) le recomendó al comandante Mancuso asesinar al odontólogo, y yo recibí la orden de ejecutarlo con otros compañeros”, confesó 'El Pájaro' en una reciente audiencia de Justicia y Paz.
Según el desmovilizado, la amistad entre Negrete y Mancuso nació cuando el jefe paramilitar ayudó al político a librarse de una extorsión y a recuperar 100 reses que le había robado la guerrilla.
El modelo de Mancuso, tanto en lo político como en lo militar, se extendió por Córdoba y Sucre, y la estrategia fue cada vez más cruenta y dejó más víctimas entre la población civil, a medida que avanzó la década de los noventa.
El pupilo de 'El Profe'
‘El Chuzo’, estuvo durante ocho años como guardaespaldas de Mancuso. Era su sombra y administraba una de sus fincas. Trabajó con él hasta febrero de 1998, cuando Vicente Castaño lo abordó y le dijo que le habían hablado bien de él y que lo necesitaba para integrar un “grupo élite” que haría trabajos especiales desde Urabá hasta La Guajira. Él se puso a sus órdenes.
De este grupo hacían parte 'HH', 'Baltazar', 'El Negro Ricardo' un ex guerrillero del Epl, Mecateo, El Niche y 'El Chuzo', quienes luego asesinaron a líderes políticos, sindicalistas, defensores de derechos humanos, desertores, o personas incómodas para las autodefensas.
Durante su permanencia con 'El Profe' como se conocía a Vicente Castaño, participó en dos crímenes: los secuestros y desapariciones del ganadero cordobés Rudolf Paffen y del empresario samario Julio Zúñiga. Ambos están desaparecidos desde septiembre de 1998 y según Éver Veloza alias 'HH', quien fuera el comandante del grupo élite, esos cuerpos nunca serán encontrados.
Paffen fue secuestrado, a pesar de haber sido cercano a las Accu, porque utilizó el nombre de la organización para lograr contratos de obras públicas con la alcaldía de Tolú. A Vicente Castaño no le gustó que se aprovechara del nombre de su organización para sacar obtener réditos y ordenó su secuestro.
El secuestro del samario Julio Zúñiga fue motivado por la acusación que le hizo el político del Cesar Jorge Gnecco de que le entregaba armas a la guerrilla. El grupo paramilitar disfrazado con chalecos del CTI irrumpió en una fiesta en El Rodadero (Santa Marta) en la que estaba Zúñiga, de quien se sospechaba era narcotraficante. Según ‘El Chuzo’, le cobraron 25 mil millones de pesos y Zúñiga alcanzó a pagar una parte, y luego desapareció.
Jorge Gnecco fue asesinado tiempo después, cuando los hombres de Vicente Castaño descubrieron que había mentido sobre la relación entre Zuñiga y la guerrilla.
'El Chuzo' estuvo casi una década en las Auc, al lado de Mancuso y de Vicente Castaño. Vivió de cerca el crecimiento y expansión de la organización paramilitar, sus relaciones con militares y políticos. Sobre esto último habló poco en esta audiencia. Dijo que en las elecciones de 1998, el entonces candidato liberal a la Presidencia, Horacio Serpa, se reunió con Vicente Castaño, pero que Mancuso había ordenado votar por el aspirante ganador, Andrés Pastrana. Se refirió a los ex alcaldes Aníbal Ortiz, Marciano Argel y Humberto Santos Negrete como políticos elegidos con el apoyo de las Auc.
‘El Chuzo’ fue capturado el 6 de noviembre de 1998 y está condenado por el homicidio del ex alcalde de San Jacinto, Fredy Quiroz Tiedjen, cometido en diciembre de 1997. Hoy está convencido de que el grupo de los doce cometió muchos errores, justifica su existencia
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Justicia y Paz
Lunes, 24 de Noviembre de 2008 07:30
Un ex soldado monteriano conocido como 'El Chuzo' fue testigo desde 1991 de cómo Mancuso reclutó a sus hombres en Córdoba y se hizo el jefe paramilitar más temido en la región.
Por Tadeo Martínez para Verdadabierta En breve: En su versión libre ante un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz del 27 al 29 de octubre de 2008, Edwin Manuel Tirado Morales, alias ‘El Chuzo’ relató cómo fue testigo de la creación de las Autodefensas de Córdoba y Urabá (Accu), de la mano de Salvatore Macuso y de los comandantes militares de la Brigada XI del Ejército en Montería, y cómo militares y autodefensas combatieron juntos.
Otros paramilitares mencionados en la versión: Salvatore Mancuso, 'Bocaelobo', 'El Cable', 'Cumbe', 'El Mulo', 'El Peluca', 'El Pisco', 'Cantinflas', 'El Perro', 'El Gordo', 'El Pipón', Hernando Fontalvo alias 'El Pájaro', Disney Negrete, alias ‘Colita’, Vicente Castaño, Carlos Castaño, Carlos Mauricio García, alias 'Doble Cero'; José Ever Veloza, alias 'HH'; 'Baltazar', 'El Negro Ricardo' un ex guerrillero del Epl, Mecateo, El Niche.
Lugares mencionados en la versión: Montería, Tierralta, Hacienda La Capilla, Volador (Valencia, Córdoba), Caramelo, Tres Piedras (Córdoba); Batata (Córdoba); puente de Betancí, Ciénaga de la Caimanera, Malagana (Bolívar), Pichilín (Ovejas, Sucre); El Guamo (Bolívar);
Funcionarios públicos o políticos presuntamente vinculados con las Accu: 'Memín' cuyo nombre real no suministró del Batallón Junín de la XI Brigada; comandante de la Brigada XI, el coronel Julio Charris Solano; General Martín Orlando Carreño (fallecido); Walter Fratini del Batallón Coyará (fallecido); coronel Leonardo Ortiz Chaparro, comandante de la Brigada XI; teniente coronel Agustín Lasso Cortez, comandante del Batallón Junín; coronel Lema del Batallón Junín; Humberto Santos Negrete, alcalde de Tierralta (1994-1997); alcalde Aníbal Ortiz, alcalde Marciano Argel.
Edwin Manuel Tirado, fue uno de los 12 hombres con los que Salvatore Mancuso creó su primer ejército en Córdoba. Foto Tadeo Martínez
- Vea perfil de Salvatore Mancuso
- Vea perfil de Carlos Castaño
- Vea perfil de Vicente Castaño
En 1991, Salvatore Mancuso era un prestigioso ganadero que se paseaba como cualquier paisano por las calles de su natal Montería. 'El Mono', como se le conocía en la sociedad cordobesa, hijo de un inmigrante italiano y una colombiana, había regresado a Córdoba después de haber estudiado hasta séptimo semestre de Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana y administración agropecuaria en la Escuela de Formación Técnica Agrícola en Bogotá. A su retorno a Montería se enteró de que el frente 38 de las Farc extorsionaba a su familia.
Entonces, en la zona de Tierralta, en el Alto Sinú, tenían presencia frentes del Epl, del Eln y el 18 de las Farc. El Eln controlaba Frasquillo, en el piedemonte del Nudo de Paramillo, mientras el Epl tenía control del Urabá y el alto San Jorge, y las Farc mandaban en el Nudo de Paramillo.
Estas guerrillas constantemente amenazan, boleteaban, secuestraban y asesinaban a finqueros como Macuso. Por eso él, al igual que otros ganaderos, empezó a visitar los cuarteles militares, como la XI Brigada con sede en Montería, buscando protección para sus negocios.
Fue en esos años entre 1990 y 1991, según lo recuerda Edwin Manuel Tirado Morales, a quien más tarde se le conoció en el mundo de las autodefensas como 'El Chuzo', cuando Mancuso empezó a conformar las temibles Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá (Accu).
'El Chuzo' fue testigo y protagonista de cómo el empresario se convirtió en paramilitar y cómo dirigió el grupo que asesinó y torturó indígenas, dirigentes sindicales, campesinos; robó tierras y desplazó centenares de familias, en la región. Todo esto lo contó 'El Chuzo' en una audiencia de Justicia y Paz en Barranquilla en donde empezó a rendir versión libre.
De la mano de los militares
Tirado Morales, nacido en Montería, habla con paciencia y piensa cada una de sus palabras antes de contestar. Con facilidad recuerda el día en que conoció a Salvatore Mancuso, cuando buscaba trabajo en la Brigada XI de Córdoba.
Por su cercanía con los militares, Mancuso empezó a seleccionar a los soldados retirados uno a uno. 'El Chuzo' cuenta que los esperaba a su salida de los destacamentos. Incluso que sus amigos militares empezaron a recomendarle nombres de aquellos soldados que se destacaban por ser troperos y dispuestos a entrar en acción contra la guerrilla.
Los finqueros de Tierralta le habían encomendado a Mancuso la misión de reunir un grupo de ex militares para formar unas autodefensas que les cuidaran sus propiedades y los protegieran del azote de la guerrilla.
Así fue como lo reclutó mientras buscaba empleo. 'El Chuzo' se topó con la oferta del ganadero a quien se le veía con frecuencia como invitado especial en cuanta ceremonia se hiciera en las bases militares. Mancuso fraguaba sus planes contraisurgentes y 'El Chuzo' sería uno de los primeros que le ayudaría a ejecutarlos.
Fue así como el ganadero Mancuso reunió a doce ex soldados del Ejército recomendados por sus comandantes en la hacienda La Capilla, de propiedad de su entonces esposa, Marta Dereix. Edwin o 'El Chuzo', como lo empezaron a llamar desde entonces, fue uno de los convocados.
“Mancuso me ofreció 150 mil pesos y a los soldados apenas le pagaban 110 mil. Ni siquiera lo pensé”, dice. Además, le ofrecieron techo y comida. “Sabíamos que pagaba los sueldos con los aportes que daban los finqueros”, agrega. Muy pronto sabrían qué les pedirían a cambio. Desde el primer momento, como relata 'El Chuzo', contaron con la bendición de los comandantes del Ejército en la región.
A esa reunión asistieron 'Bocaelobo', 'El Cable', 'Cumbe', 'El Mulo', 'El Peluca', 'El Pisco', 'Cantinflas', 'El Perro', 'El Gordo' y 'El Pipón', como fueron bautizados y se les conoció en toda la región. Allí dejaron sus nombres de pila, su pasado como militares y empezaron a ser los hombres de Mancuso. Los doce elegidos para constituir su propio comando paramilitar. En La Capilla, Mancuso les entregó radios y unas cuantas armas, y les encomendó la protección de una docena de fincas de propiedad de ganaderos de Córdoba entre las que se encontraban Veracruz, El Tronco, La Caimanera, La Pradera, Currayado y La Yuca, contra las que la guerrilla del Epl y las Farc se habían ensañado.
Las fincas estaban pegadas unas a la otra y esto permitió que muy pronto se consolidara una improvisada red de informantes, que primero le pasaba datos a los militares y después empezó a encarar a la subversión.
A finales de 1991, al grupo se le sumó otro ex militar Hernando Fontalvo, al que le pusieron el apodo de 'El Pájaro', y le ayudó a Mancuso a consolidar su jefatura paramilitar.
Muy pronto empezó la acción, 'El Chuzo' recuerda que hicieron la primera incursión de la mano con el Batallón de Contraguerrilla No. 11 Cacique Coyará, de la Brigada XI de Montería. “Todo se hizo con información que Mancuso dio al Ejército”, explica. Nueve soldados y dos suboficiales llegaron a la vereda Corea cerca a Tierralta, guiados por el propio jefe paramilitar, y emboscaron a una escuadra de guerrilleros del Epl que acampaba en la escuela del pueblo. “Cuando nos vieron abrieron fuego, pero cayeron tres de ellos, el resto huyó”.
En la región, empezaron a aparecer nuevos grupos paramilitares. Como el de Disney Negrete quien comandaba a ocho hombres. “Él tenía problemas con la guerrilla y armó su grupo a la entrada de Volador (un corregimiento del municipio de Valencia en Córdoba)”, dice el ex paramilitar.
Allí, según cuenta 'El Chuzo', el comandante era alias 'El Viejo'. Este grupo patrullaba la zona de Los Volcanes y hasta El Caramelo, de donde saldría después elegida como representante Eleodora Pineda. Sin embargo, nadie tenía el dominio de la región y cada grupo entraba y salía sin conocer límites. “Había guerrilla por todos lados”.
En Tres Piedras, municipio de Córdoba, había otro grupo comandado por alias 'Colita' y se decía que había otro en Puerto Libertador. Ya para ese momento, las pequeñas bandas de paramilitares reconocían que en el Urabá existían las Autodefensas al mando de los hermanos Carlos y Fidel Castaño a los que se les llamaba como ‘Los Tangueros’ o ‘Los Mochacabezas’.
Los Tangueros estaban al otro lado del río Sinú y eran independientes; respetaban los terrenos de los nuevos paramilitares. Lo mismo pasaba con el grupo de Mancuso, Negrete, 'El Viejo' y 'Colita'. Hasta que en el 93 un grupo de ganaderos fueron a donde 'El Mono' y le llevaron el mensaje que los señores del otro lado del río querían hablar con él. Mancuso junto a sus doce hombres fueron a la finca Las Tangas donde se encontraron con los hermanos Castaño y Carlos Mauricio García, alias 'Doble Cero'. Allí sellaron la conformación de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu).
Macuso entraba a la Brigada a su gusto
Después de dos años, el grupo se consolidó como apoyo de los militares. Además de brindar información, cometían asesinatos, señalaban presuntos guerrilleros y empezaron a cobrar 'vacunas' a los finqueros a cambio de protección. Una de las primeras incursiones en contra de presuntos guerrilleros fue coordinada por 'Memín' cuyo nombre real no suministró 'El Chuzo' , pero de quién dijo era del Batallón Junín de la XI Brigada.
“Ejecutaron a presuntos guerrilleros, recuperaron ganado y realizaban operaciones contra extorsionistas”, explica 'El Chuzo'.
“Cuando se prendía el candeleo (los enfrentamientos con la guerrilla) -dice- el Batallón Junín nos apoyaba , no usábamos camuflado, nos vestíamos de civil”. El Chuzo sabe qué militares y en qué operativos participaron conjuntamente fuerzas mixtas, Ejército y autodefensas. Mencionó en su última versión ante Justicia y Paz al ex comandante de la Brigada XI, el coronel Julio Charris Solano, como uno de los militares más cercanos a Mancuso. Era tal la familiaridad, que el ex jefe paramilitar entraba a la Brigada en carro y se devolvía para su finca en helicópteros del Ejército.
'El Chuzo' asegura que en una ocasión hicieron un operativo mixto en Batata, para el que reunieron más de 100 hombres con los que se enfrentaron al quinto frente de las Farc, comandando por alias 'El Manteco'.
Mancuso estuvo en la batalla que duró ocho días. En la vereda La Unión, el Ejército recogió en helicópteros a los hombres de las autodefensas. Para entonces ya estaban en las Accu, alias 'El Pájaro' y 'El Chuzo', y éstas entregaban a los militares las bajas que propinaba a la guerrilla. Según ‘El Chuzo’, estos fueron los primeros “falsos positivos”. La forma de hacerlo, dice El Chuzo, era simulando un combate y ellos se encargaban de entregar al ejército a los presuntos guerrilleros muertos en combate.
Otro militar que según El Chuzo, colaboró con las Auc, fue el coronel Martín Orlando Carreño, quien fue comandante de la Brigada XI de 1994 a 1997. En la audiencia el ex paramilitar se refirió a él como “el mismo ex candidato a la gobernación de Santander”.
‘El Chuzo’ también contó que cuando su grupo hacía patrullajes, Mancuso se encargaba de pedirles a los oficiales que despejaran la zona y que cuando necesitaban apoyo, ellos les daban refuerzos. En especial de los batallones Junín y Coyará.
Relató cómo, en un operativo, por ejemplo, aunque iba un sargento y 19 hombres, la mayoría soldados del ejército, el líder era Mancuso, y el armamento que utilizaban, fusiles Galil y ametralladoras, era del Ejército.
'El Chuzo' mencionó la colaboración que recibieron de parte del mayor Walter Fratini, quien era comandante del Batallón Coyará y quien fue mencionado por Mancuso en una de sus primeras versiones como uno de los principales apoyos que tuvieron las autodefensas en Córdoba. Fratini murió en un retén del Epl cerca a Tierralta.
También dijo que el coronel Leonardo Ortiz Chavarro, comandante de la Brigada XI, el teniente coronel Agustín Lasso Cortez, comandante del Batallón Junín y el coronel Lema del Junín tuvieron buenas relaciones con Mancuso.
Esta relación con los militares, según 'El Chuzo', le permitió al jefe paramilitar escapar de emboscadas guerrilleras como una que le montaron en el puente de Betancí cerca al municipio de Valencia, en donde, ante el tiroteo de la guerrilla, le tocó tirarse a la ciénaga de la Caimanera con su esposa embarazada y uno de sus hijos, para después ser rescatado por hombres de la brigada.
Con el control armado, Mancuso empezó a mandar en la región también en lo político. A partir de 1994, según cuenta ‘El Chuzo’, el ‘Mono’ escogió los alcaldes de la región, entre ellos a Humberto Santos Negrete, quien fue alcalde de Tierralta entre 1994 y 1997.
Negrete fue acusado por alias 'El Pájaro', desmovilizado del bloque Córdoba, de haber planeado la muerte del odontólogo, Elías Nassar Ruiz, ocurrida el 27 de julio de 1993, en el corregimiento Callejas. Según dijo El Pájaro, porque Ruiz atendía en su consultorio de Tierralta a los guerrilleros de las Farc. "Él (Negrete) le recomendó al comandante Mancuso asesinar al odontólogo, y yo recibí la orden de ejecutarlo con otros compañeros”, confesó 'El Pájaro' en una reciente audiencia de Justicia y Paz.
Según el desmovilizado, la amistad entre Negrete y Mancuso nació cuando el jefe paramilitar ayudó al político a librarse de una extorsión y a recuperar 100 reses que le había robado la guerrilla.
El modelo de Mancuso, tanto en lo político como en lo militar, se extendió por Córdoba y Sucre, y la estrategia fue cada vez más cruenta y dejó más víctimas entre la población civil, a medida que avanzó la década de los noventa.
El pupilo de 'El Profe'
‘El Chuzo’, estuvo durante ocho años como guardaespaldas de Mancuso. Era su sombra y administraba una de sus fincas. Trabajó con él hasta febrero de 1998, cuando Vicente Castaño lo abordó y le dijo que le habían hablado bien de él y que lo necesitaba para integrar un “grupo élite” que haría trabajos especiales desde Urabá hasta La Guajira. Él se puso a sus órdenes.
De este grupo hacían parte 'HH', 'Baltazar', 'El Negro Ricardo' un ex guerrillero del Epl, Mecateo, El Niche y 'El Chuzo', quienes luego asesinaron a líderes políticos, sindicalistas, defensores de derechos humanos, desertores, o personas incómodas para las autodefensas.
Durante su permanencia con 'El Profe' como se conocía a Vicente Castaño, participó en dos crímenes: los secuestros y desapariciones del ganadero cordobés Rudolf Paffen y del empresario samario Julio Zúñiga. Ambos están desaparecidos desde septiembre de 1998 y según Éver Veloza alias 'HH', quien fuera el comandante del grupo élite, esos cuerpos nunca serán encontrados.
Paffen fue secuestrado, a pesar de haber sido cercano a las Accu, porque utilizó el nombre de la organización para lograr contratos de obras públicas con la alcaldía de Tolú. A Vicente Castaño no le gustó que se aprovechara del nombre de su organización para sacar obtener réditos y ordenó su secuestro.
El secuestro del samario Julio Zúñiga fue motivado por la acusación que le hizo el político del Cesar Jorge Gnecco de que le entregaba armas a la guerrilla. El grupo paramilitar disfrazado con chalecos del CTI irrumpió en una fiesta en El Rodadero (Santa Marta) en la que estaba Zúñiga, de quien se sospechaba era narcotraficante. Según ‘El Chuzo’, le cobraron 25 mil millones de pesos y Zúñiga alcanzó a pagar una parte, y luego desapareció.
Jorge Gnecco fue asesinado tiempo después, cuando los hombres de Vicente Castaño descubrieron que había mentido sobre la relación entre Zuñiga y la guerrilla.
'El Chuzo' estuvo casi una década en las Auc, al lado de Mancuso y de Vicente Castaño. Vivió de cerca el crecimiento y expansión de la organización paramilitar, sus relaciones con militares y políticos. Sobre esto último habló poco en esta audiencia. Dijo que en las elecciones de 1998, el entonces candidato liberal a la Presidencia, Horacio Serpa, se reunió con Vicente Castaño, pero que Mancuso había ordenado votar por el aspirante ganador, Andrés Pastrana. Se refirió a los ex alcaldes Aníbal Ortiz, Marciano Argel y Humberto Santos Negrete como políticos elegidos con el apoyo de las Auc.
‘El Chuzo’ fue capturado el 6 de noviembre de 1998 y está condenado por el homicidio del ex alcalde de San Jacinto, Fredy Quiroz Tiedjen, cometido en diciembre de 1997. Hoy está convencido de que el grupo de los doce cometió muchos errores, justifica su existencia
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Historia del Paramilitarismo,
Paramilitarismo
La ley del gatillo de 'HH'
La ley del gatillo de 'HH'
Justicia y Paz - Audiencias
Viernes, 21 de Noviembre de 2008 02:29
La aceptación de 88 crímenes en los que tuvo responsabilidad directa o indirecta, demuestran que Ever Velosa García alias 'HH', ex comandante de los bloques Bananero y Calima de las autodefensas, decidía a dedo quién vivía y quién moría en el Urabá antioqueño.
Por Javier Arboleda para Verdadabierta
En breve: del 27 de octubre al 19 de noviembre, Éver Velosa García, alias HH o Carepollo, aceptó la comisión de 88 actos delictivos, en los que tuvo responsabilidad directa en, por lo menos, 172 homicidios cometidos en Urabá, Cauca y Valle del Cauca, entre ellos las masacres del Alto Naya, La Mojana, El Aracatazo y el Golazo. También aceptó su culpa en la muerte de 13 militantes de la Unión Patriótica y 13 sindicalistas de Urabá y Valle del Cauca. Por estos crímenes, el desmovilizado jefe paramilitar recibió medida de aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación y quedó a disposición del magistrado Olimpo Castaño Quintero, con funciones de juez de garantías dentro del proceso de Justicia y Paz.
Otros paramilitares mencionados en las audiencias: los urbanos del bloque Bananeros: alias Monoleche, Manigueto, San Pedro, Chilapo, El tigre, Uber Coca, Wilson, Cepillo, Estopín, Danilo, El Mello, Carlos, El Cura, Giovani.
Funcionarios públicos o políticos presuntamente vinculados con alias HH: general (r) Rito Alejo del Río.
HH ha reconocido hasta el momento la autoría de 182 homicidios, entre los que se encuentran militantes de la UP, sindicalistas y civiles inocentes de los que simplemente tenían rumores en su contra. Foto Semana.
- 'HH': ¿cínico o arrepentido?
- Habla Éver Veloza, alias "H.H"
- La captura de 'HH'
El abogado y defensor de los Derechos Humanos, Fernando Javier Cruz Peña, murió porque así lo quiso Ever Velosa García, alias HH o Carepollo, ex comandante del bloque Calima, quien contrarió la orden que recibió de Carlos Cataño Gil, el ex máximo jefe de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia, Auc, de no tocarlo.
Cruz Peña desapareció el 10 de diciembre de 2000, cuando varios hombres armados, que se le identificaron como miembros de la Policía y la Fiscalía, lo abordaron en una céntrica calle de Cali, Valle del Cauca, donde lo obligaron a bajarse del taxi en el que viajaba y se lo llevaron en un vehículo particular.
El abogado, quien para le época de los hechos era el presidente de la Asociación de Juristas Demócratas, cayó en una trampa de intereses entre algunos mandos de las Auc.
El comando que lo retuvo lo trasladó hasta un predio privado en Jamundí, donde se lo entregaron a un mando paramilitar conocido como Martín, quien dio el aviso a Velosa García de que ya lo tenía en su poder.
El ex jefe del bloque Calima se comunicó por teléfono con Castaño Gil, pero este le dijo que no lo matara, que lo mantuviera con vida mientras negociaban un posible canje entre el jurista y un comerciante que estaba en poder de las Farc.
“No estuve de acuerdo y ordené su ejecución”, confesó Velosa García en la audiencia de versión libre, en la que explicó que un guerrillero, apodado Relojito, “que tenía vínculos también con las AUC”, les dijo que el abogado era el encargado de llevar los procesos penales de los presos políticos de las Farc, en Cauca y Valle del Cauca.
Tras su ejecución, los paramilitares enterraron el cadáver de Cruz Peña en una fosa clandestina, de la que siempre tuvieron referencia, al punto que el ex jefe de autodefensas, en una de sus versiones libres, le entregó las coordenadas exactas a la Fiscalía para su exhumación. El ente acusador confirmó de que se trataba efecto del abogado luego de que se practicaran algunas pruebas de ADN.
En este y otros 172 homicidios, Velosa García aceptó su responsabilidad como autor material o intelectual y en relación con su participación en el conflicto interno colombiano en calidad de miembro y comandante de esos bloques de las Auc.
Por estos y otros delitos, documentados en 88 hechos por la Fiscal Nubia Stela Chávez Niño, el magistrado Olimpo Castaño Quintero, con funciones de juez de garantías dentro del proceso de Justicia y Paz, le impuso medida de aseguramiento de detención preventiva, basado en que se trata de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra.
Con esa decisión, tomada el pasado miércoles 19 de noviembre, terminó la primera audiencia parcial de imputación de cargos a un ex jefe de las Auc, que comenzó el pasado 10 de noviembre y en el que será juzgado por 200 hechos que confesó en 38 audiencias de versión libre, desde cuando inició su proceso ante la Unidad Nacional de Justicia y Paz.
A su disposición
El magistrado Castaño Quintero le suspendió al imputado las 12 medidas de aseguramiento que tenía en su contra en otros procesos que la justicia ordinaria le sigue y determinó que todos los casos quedarán bajo su supervisión para efectos del esclarecimiento de la verdad de la participación del jefe paramilitar en el conflicto colombiano.
Entre los delitos que aceptó en una sala de audiencias en las que las víctimas fueron las principales ausentes, Velosa García reconoció su participación en las masacres del Alto Naya, ocurrida entre el 10 y 12 de abril de 2001, cuando por orden suya murieron 22 personas, todas indígenas, cuyo único pecado fue vivir en un corredor que le servía a las Farc y al Eln de zona de escape y de confinamiento de secuestrados.
El confeso paramilitar, de manera pública, les pidió el perdón a los pueblos indígenas y reconoció que este como el de la casi totalidad de los crímenes que ordenó y ejecutó “afectaron a personas que nada tenía que ver con el conflicto y que nunca debieron de morir”.
También aceptó los cargos y dio algunas explicaciones de cómo sus hombres ingresaron la noche del 3 de abril de 1996 al bar El Golazo, de Apartadó y dispararon contra las personas que departían a esa hora entre quienes –sospechaban- había más de un colaborador de la guerrilla.
Esa condena colectiva la lamentó en la audiencia, Veloza confesó que asesinaron personas o cometieron masacres de personas inocentes basados en rumores que casi nunca verificaban.
Error de cálculo
Velosa García también aceptó los cargos por la masacre de El Aracatazo, ocurrida la noche del 12 de agosto de 1995, en un bar ubicado a pocas cuadras del comando de Policía de Chigorodó, a donde llegaron varios hombres urbanos de las autodefensas con la misión de matar a tres personas que departían allí.
“La situación se les salió de las manos a los muchachos y terminaron matando a 18 personas”, contó Velosa García, al explicar que Carlos Castaño le hizo el reclamo por el exceso y lo obligó a tenderles una trampa a los autores materiales del múltiple crimen para que la fuerza pública los capturara.
En efecto, al día siguiente envió a 18 de sus hombres, armados y uniformados, en dos camperos a Turbo, de modo que el Ejército los pudiera sorprender en un retén que montó en la vía a esa población del Urabá antioqueño.
Lo paradójico –hizo énfasis- es que ninguno de los retenidos recibió una condena por la masacre sino que la justicia regional los procesó por concierto para delinquir y porte ilegal de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas.
La UP
Velosa García reconoció que mató y ordenó matar a 13 militantes de la Unión Patriótica (UP) en Urabá, basado en la creencia de que este movimiento político nació por iniciativa de las Farc y seguía las indicaciones de este grupo guerrillero.
Dijo que para muchos de esos homicidios se basaron solo en las informaciones suministradas por los desmovilizados del Epl, que antes de unirse a sus filas formaron un grupo que se llamó los Comandos Populares, organización que justificó su accionar como respuesta a los reiterados ataques de las Farc contra quienes decidieron dejar las armas.
Contó que el 23 de mayo de 1995, sus hombres montaron un retén a la entrada de la finca Banafinca y, a la llegada de los trabajadores, pararon el vehículo y, con lista en mano, obligaron a bajar a Camilo Solano Baltazar, Walter de Jesús Borja David y Melquicedec Rentería Machado, a quienes mataron de un tiro de fusil en la cabeza por su militancia en la UP.
Antes, el 18 de mayo de ese mismo año, en otro retén que montaron en la vía a la finca La Virgina, en la vía Carepa-Apartadó, bajaron de un chivero a Alejandro Valoyes Mena, a quien torturaron y, antes de dispararle, le dijeron que lo mataban porque ni trabajaba ni dejaba trabajar.
El 19 de enero de 1996, los hombres de HH incursionaron en una vivienda de la vereda Veranillo, de Turbo, donde mataron al concejal de ese municipio, Marcelino José Blanquicet Castro, y al inspector de Policía de esa zona, Manuel Alfredo Flórez García, ambos miembros de la UP.
El ex jefe 'para' recordó en la audiencia que la justicia ordinaria lo había exonerado por este doble crimen, pero que había renunciado a la absolución para aceptar su responsabilidad en el proceso de Justicia y Paz.
“Todas fueron víctimas inocentes. Todas, la mayoría, no murieron en combates sino que murieron en sus casas o en sus lugares de trabajo”, agregó el confeso paramilitar, al insistir en que cometió múltiples errores y que esos errores costaron la vida de muchas personas.
En la lista de muertos de la UP también aparecieron los nombres de Wilton Antonio Garcés Flórez, Edilberto Cuadrado Llorente, Carlos Arturo Moreno López, Julio César Serna, Humberto Pacheco Castillo, Luis Eduardo Cubides Vanegas y Vidal Devia Ramírez, asesinados de manera selectiva entre los años 1995 y 1996 y ante la mirada indiferente de muchas autoridades de la región.
Los sindicalistas
La fiscal Chávez Niño le imputó también 19 homicidios de dirigentes de Sintrainagro, el sindicato de los trabajadores bananeros que los paramilitares diezmaron a punta de ataques y amenazas.
Entre los hechos que aceptó, Velosa García reconoció que el 25 de marzo de 1996, hombres bajo su mando y haciéndose pasar como milicianos de las Farc, llegaron a la finca La Teca, en la vereda Churidó, de Apartadó, de donde obligaron a salir a la gente para que asistiera a una reunión.
Pese a la negativa de Gustavo Antonio Vargas Úsuga, dirigente de Sintrainagro, y a los ruegos de Rosmira del Socorro Guisao Castro, quien les imploró que, por sus tres hijas, nada le hiciera, ambos fueron acribillados. Con sevicia uno de los paramilitares le cortó el cuello a la mujer.
El pánico que generó el Bloque Bananero entre los dirigentes de Sintrainagro obligó al exilio a muchos de ellos, pero otros no corrieron con la misma suerte, pese a que la seguidilla de homicidios daba a entender que se trataba de una acción de exterminio contra esos dirigentes.
Muchos de los crímenes ocurrieron ante la mirada impotente de los trabajadores que, en algunos casos, sabían que algo iba a ocurrir pero que poco pudieron hacer.
La presencia de un campero blanco, en el que se movilizaban los paramilitares y que la gente de Urabá bautizó como Camino al Cielo, era la señal de que una nueva víctima iba a caer, de las tantas que aparecían en las listas negras de las autodefensas.
Esa lista era la sentencia de muerte y producto de esa información murieron los sindicalistas Luis Álvaro David Olivero, Elkin de Jesús Escobar López, Gustavo Alberto Gutiérrez López, Jairo Alberto López Manco, Elmer Antonio Urquijo Beltrán, Luis Antonio Espitia González, Arcesio Gallego Lozano, Misael Antonio Moreno Córdoba, Rogelio Mosquera Palacio, Ángel Huberto Zabala Bejarano, Dayro Darío Pérez Negrete y Elías García Díaz.
En Valle del Cauca
Por orden de 'HH' también murieron asesinados Roberth Cañarte Montealegre, Basilides Quiroga Muñoz, Ana Rubiela Villada Ramírez, James Raúl Ospina y los profesores indígenas Dionila Bitonás Chilgüeso y Ever Valencia Valencia, dirigentes sindicales y comunales de los municipios de Bugalagrande, Dagua, Sevilla y Tuluá (Valle del Cauca).
Velosa García precisó que, sin muchas bases ni pruebas, ordenó la muerte del juez Cuarto Civil Municipal de Buga, Carlos Humberto Trujillo, de 35 años, dirigente de Asonal Judicial en el Valle del Cauca, ocurrida el 25 de enero de 2001, cuando un sicario le disparó por la espalda dentro de un vehículo de servicio público que había salido de Cali.
Estos crímenes son apenas unos cuantos de los que Velosa García –dijo- seguirá confesando una vez reanude sus versiones libres el próximo mes y que calcula superan los cinco mil hechos entre homicidios, amenazas, desplazamiento forzado y reclutamiento de menores.
www.verdadabierta.com/web3/
Justicia y Paz - Audiencias
Viernes, 21 de Noviembre de 2008 02:29
La aceptación de 88 crímenes en los que tuvo responsabilidad directa o indirecta, demuestran que Ever Velosa García alias 'HH', ex comandante de los bloques Bananero y Calima de las autodefensas, decidía a dedo quién vivía y quién moría en el Urabá antioqueño.
Por Javier Arboleda para Verdadabierta
En breve: del 27 de octubre al 19 de noviembre, Éver Velosa García, alias HH o Carepollo, aceptó la comisión de 88 actos delictivos, en los que tuvo responsabilidad directa en, por lo menos, 172 homicidios cometidos en Urabá, Cauca y Valle del Cauca, entre ellos las masacres del Alto Naya, La Mojana, El Aracatazo y el Golazo. También aceptó su culpa en la muerte de 13 militantes de la Unión Patriótica y 13 sindicalistas de Urabá y Valle del Cauca. Por estos crímenes, el desmovilizado jefe paramilitar recibió medida de aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación y quedó a disposición del magistrado Olimpo Castaño Quintero, con funciones de juez de garantías dentro del proceso de Justicia y Paz.
Otros paramilitares mencionados en las audiencias: los urbanos del bloque Bananeros: alias Monoleche, Manigueto, San Pedro, Chilapo, El tigre, Uber Coca, Wilson, Cepillo, Estopín, Danilo, El Mello, Carlos, El Cura, Giovani.
Funcionarios públicos o políticos presuntamente vinculados con alias HH: general (r) Rito Alejo del Río.
HH ha reconocido hasta el momento la autoría de 182 homicidios, entre los que se encuentran militantes de la UP, sindicalistas y civiles inocentes de los que simplemente tenían rumores en su contra. Foto Semana.
- 'HH': ¿cínico o arrepentido?
- Habla Éver Veloza, alias "H.H"
- La captura de 'HH'
El abogado y defensor de los Derechos Humanos, Fernando Javier Cruz Peña, murió porque así lo quiso Ever Velosa García, alias HH o Carepollo, ex comandante del bloque Calima, quien contrarió la orden que recibió de Carlos Cataño Gil, el ex máximo jefe de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia, Auc, de no tocarlo.
Cruz Peña desapareció el 10 de diciembre de 2000, cuando varios hombres armados, que se le identificaron como miembros de la Policía y la Fiscalía, lo abordaron en una céntrica calle de Cali, Valle del Cauca, donde lo obligaron a bajarse del taxi en el que viajaba y se lo llevaron en un vehículo particular.
El abogado, quien para le época de los hechos era el presidente de la Asociación de Juristas Demócratas, cayó en una trampa de intereses entre algunos mandos de las Auc.
El comando que lo retuvo lo trasladó hasta un predio privado en Jamundí, donde se lo entregaron a un mando paramilitar conocido como Martín, quien dio el aviso a Velosa García de que ya lo tenía en su poder.
El ex jefe del bloque Calima se comunicó por teléfono con Castaño Gil, pero este le dijo que no lo matara, que lo mantuviera con vida mientras negociaban un posible canje entre el jurista y un comerciante que estaba en poder de las Farc.
“No estuve de acuerdo y ordené su ejecución”, confesó Velosa García en la audiencia de versión libre, en la que explicó que un guerrillero, apodado Relojito, “que tenía vínculos también con las AUC”, les dijo que el abogado era el encargado de llevar los procesos penales de los presos políticos de las Farc, en Cauca y Valle del Cauca.
Tras su ejecución, los paramilitares enterraron el cadáver de Cruz Peña en una fosa clandestina, de la que siempre tuvieron referencia, al punto que el ex jefe de autodefensas, en una de sus versiones libres, le entregó las coordenadas exactas a la Fiscalía para su exhumación. El ente acusador confirmó de que se trataba efecto del abogado luego de que se practicaran algunas pruebas de ADN.
En este y otros 172 homicidios, Velosa García aceptó su responsabilidad como autor material o intelectual y en relación con su participación en el conflicto interno colombiano en calidad de miembro y comandante de esos bloques de las Auc.
Por estos y otros delitos, documentados en 88 hechos por la Fiscal Nubia Stela Chávez Niño, el magistrado Olimpo Castaño Quintero, con funciones de juez de garantías dentro del proceso de Justicia y Paz, le impuso medida de aseguramiento de detención preventiva, basado en que se trata de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra.
Con esa decisión, tomada el pasado miércoles 19 de noviembre, terminó la primera audiencia parcial de imputación de cargos a un ex jefe de las Auc, que comenzó el pasado 10 de noviembre y en el que será juzgado por 200 hechos que confesó en 38 audiencias de versión libre, desde cuando inició su proceso ante la Unidad Nacional de Justicia y Paz.
A su disposición
El magistrado Castaño Quintero le suspendió al imputado las 12 medidas de aseguramiento que tenía en su contra en otros procesos que la justicia ordinaria le sigue y determinó que todos los casos quedarán bajo su supervisión para efectos del esclarecimiento de la verdad de la participación del jefe paramilitar en el conflicto colombiano.
Entre los delitos que aceptó en una sala de audiencias en las que las víctimas fueron las principales ausentes, Velosa García reconoció su participación en las masacres del Alto Naya, ocurrida entre el 10 y 12 de abril de 2001, cuando por orden suya murieron 22 personas, todas indígenas, cuyo único pecado fue vivir en un corredor que le servía a las Farc y al Eln de zona de escape y de confinamiento de secuestrados.
El confeso paramilitar, de manera pública, les pidió el perdón a los pueblos indígenas y reconoció que este como el de la casi totalidad de los crímenes que ordenó y ejecutó “afectaron a personas que nada tenía que ver con el conflicto y que nunca debieron de morir”.
También aceptó los cargos y dio algunas explicaciones de cómo sus hombres ingresaron la noche del 3 de abril de 1996 al bar El Golazo, de Apartadó y dispararon contra las personas que departían a esa hora entre quienes –sospechaban- había más de un colaborador de la guerrilla.
Esa condena colectiva la lamentó en la audiencia, Veloza confesó que asesinaron personas o cometieron masacres de personas inocentes basados en rumores que casi nunca verificaban.
Error de cálculo
Velosa García también aceptó los cargos por la masacre de El Aracatazo, ocurrida la noche del 12 de agosto de 1995, en un bar ubicado a pocas cuadras del comando de Policía de Chigorodó, a donde llegaron varios hombres urbanos de las autodefensas con la misión de matar a tres personas que departían allí.
“La situación se les salió de las manos a los muchachos y terminaron matando a 18 personas”, contó Velosa García, al explicar que Carlos Castaño le hizo el reclamo por el exceso y lo obligó a tenderles una trampa a los autores materiales del múltiple crimen para que la fuerza pública los capturara.
En efecto, al día siguiente envió a 18 de sus hombres, armados y uniformados, en dos camperos a Turbo, de modo que el Ejército los pudiera sorprender en un retén que montó en la vía a esa población del Urabá antioqueño.
Lo paradójico –hizo énfasis- es que ninguno de los retenidos recibió una condena por la masacre sino que la justicia regional los procesó por concierto para delinquir y porte ilegal de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas.
La UP
Velosa García reconoció que mató y ordenó matar a 13 militantes de la Unión Patriótica (UP) en Urabá, basado en la creencia de que este movimiento político nació por iniciativa de las Farc y seguía las indicaciones de este grupo guerrillero.
Dijo que para muchos de esos homicidios se basaron solo en las informaciones suministradas por los desmovilizados del Epl, que antes de unirse a sus filas formaron un grupo que se llamó los Comandos Populares, organización que justificó su accionar como respuesta a los reiterados ataques de las Farc contra quienes decidieron dejar las armas.
Contó que el 23 de mayo de 1995, sus hombres montaron un retén a la entrada de la finca Banafinca y, a la llegada de los trabajadores, pararon el vehículo y, con lista en mano, obligaron a bajar a Camilo Solano Baltazar, Walter de Jesús Borja David y Melquicedec Rentería Machado, a quienes mataron de un tiro de fusil en la cabeza por su militancia en la UP.
Antes, el 18 de mayo de ese mismo año, en otro retén que montaron en la vía a la finca La Virgina, en la vía Carepa-Apartadó, bajaron de un chivero a Alejandro Valoyes Mena, a quien torturaron y, antes de dispararle, le dijeron que lo mataban porque ni trabajaba ni dejaba trabajar.
El 19 de enero de 1996, los hombres de HH incursionaron en una vivienda de la vereda Veranillo, de Turbo, donde mataron al concejal de ese municipio, Marcelino José Blanquicet Castro, y al inspector de Policía de esa zona, Manuel Alfredo Flórez García, ambos miembros de la UP.
El ex jefe 'para' recordó en la audiencia que la justicia ordinaria lo había exonerado por este doble crimen, pero que había renunciado a la absolución para aceptar su responsabilidad en el proceso de Justicia y Paz.
“Todas fueron víctimas inocentes. Todas, la mayoría, no murieron en combates sino que murieron en sus casas o en sus lugares de trabajo”, agregó el confeso paramilitar, al insistir en que cometió múltiples errores y que esos errores costaron la vida de muchas personas.
En la lista de muertos de la UP también aparecieron los nombres de Wilton Antonio Garcés Flórez, Edilberto Cuadrado Llorente, Carlos Arturo Moreno López, Julio César Serna, Humberto Pacheco Castillo, Luis Eduardo Cubides Vanegas y Vidal Devia Ramírez, asesinados de manera selectiva entre los años 1995 y 1996 y ante la mirada indiferente de muchas autoridades de la región.
Los sindicalistas
La fiscal Chávez Niño le imputó también 19 homicidios de dirigentes de Sintrainagro, el sindicato de los trabajadores bananeros que los paramilitares diezmaron a punta de ataques y amenazas.
Entre los hechos que aceptó, Velosa García reconoció que el 25 de marzo de 1996, hombres bajo su mando y haciéndose pasar como milicianos de las Farc, llegaron a la finca La Teca, en la vereda Churidó, de Apartadó, de donde obligaron a salir a la gente para que asistiera a una reunión.
Pese a la negativa de Gustavo Antonio Vargas Úsuga, dirigente de Sintrainagro, y a los ruegos de Rosmira del Socorro Guisao Castro, quien les imploró que, por sus tres hijas, nada le hiciera, ambos fueron acribillados. Con sevicia uno de los paramilitares le cortó el cuello a la mujer.
El pánico que generó el Bloque Bananero entre los dirigentes de Sintrainagro obligó al exilio a muchos de ellos, pero otros no corrieron con la misma suerte, pese a que la seguidilla de homicidios daba a entender que se trataba de una acción de exterminio contra esos dirigentes.
Muchos de los crímenes ocurrieron ante la mirada impotente de los trabajadores que, en algunos casos, sabían que algo iba a ocurrir pero que poco pudieron hacer.
La presencia de un campero blanco, en el que se movilizaban los paramilitares y que la gente de Urabá bautizó como Camino al Cielo, era la señal de que una nueva víctima iba a caer, de las tantas que aparecían en las listas negras de las autodefensas.
Esa lista era la sentencia de muerte y producto de esa información murieron los sindicalistas Luis Álvaro David Olivero, Elkin de Jesús Escobar López, Gustavo Alberto Gutiérrez López, Jairo Alberto López Manco, Elmer Antonio Urquijo Beltrán, Luis Antonio Espitia González, Arcesio Gallego Lozano, Misael Antonio Moreno Córdoba, Rogelio Mosquera Palacio, Ángel Huberto Zabala Bejarano, Dayro Darío Pérez Negrete y Elías García Díaz.
En Valle del Cauca
Por orden de 'HH' también murieron asesinados Roberth Cañarte Montealegre, Basilides Quiroga Muñoz, Ana Rubiela Villada Ramírez, James Raúl Ospina y los profesores indígenas Dionila Bitonás Chilgüeso y Ever Valencia Valencia, dirigentes sindicales y comunales de los municipios de Bugalagrande, Dagua, Sevilla y Tuluá (Valle del Cauca).
Velosa García precisó que, sin muchas bases ni pruebas, ordenó la muerte del juez Cuarto Civil Municipal de Buga, Carlos Humberto Trujillo, de 35 años, dirigente de Asonal Judicial en el Valle del Cauca, ocurrida el 25 de enero de 2001, cuando un sicario le disparó por la espalda dentro de un vehículo de servicio público que había salido de Cali.
Estos crímenes son apenas unos cuantos de los que Velosa García –dijo- seguirá confesando una vez reanude sus versiones libres el próximo mes y que calcula superan los cinco mil hechos entre homicidios, amenazas, desplazamiento forzado y reclutamiento de menores.
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Historia del Paramilitarismo,
Paramilitarismo
sábado, 15 de noviembre de 2008
La expansión: el nacimiento de las Autodefensas Unidas de Colombia (1997-2002)
La expansión: el nacimiento de las Autodefensas Unidas de Colombia (1997-2002)
La historia - La expansión
1997 fue una época clave para los paramilitares. En este año, Carlos Castaño logra integrar los diferentes grupos que delinquían en el país constituyendo las Autodefensas Unidas de Colombia. Éstas marcarían una de las épocas mas sangrientas de la historia del país, en la que se registrarían mas de mil masacres, millones de personas desplazadas por la violencia, la alianza de paramilitares y políticos en las regiones y la expansión del poder paramilitar en todo el país.
En abril de 1997, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, las del Magdalena Medio y las de los Llanos Orientales se unieron para conformar las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En la práctica se trató de una federación de grupos regionales.
Como ha señalado Fernando Cubides, estos grupos atomizados se reunieron bajo la bandera de las AUC, con el propósito de presentarse como una organización con un mando unificado, un plan nacional, una coordinación multiregional de las acciones y una agenda con pretensiones programáticas, todo con miras a lograr un espacio en la negociación con el Estado y un estatus que garantizara, a futuro, su reconocimiento como actor político.
A partir de este momento, las autodefensas se trazan la meta de contener la expansión de la guerrilla e incursionar en las zonas donde estos grupos tienen sus fuentes de financiamiento, principalmente del narcotráfico. Siguiendo este propósito, en 1997, se presentan hechos de violencia en varias regiones, poniendo de presente el salto que se comenzaba a producir en el patrón de crecimiento de las autodefensas
Durante las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y las Farc, la presencia territorial de las autodefensas experimenta un crecimiento sin precedentes. En noviembre de 1998, coincidiendo con el inicio del proceso de paz, las AUC asesinan a 40 personas e incineran alrededor de 100 casas en Bolívar, Antioquia, Meta y Vichada.
Posteriormente, en diciembre del mismo año, aprovechando la declaración por parte de las AUC de una tregua unilateral durante la época de navidad, las FARC atacaron el cuartel general de Carlos Castaño en el Nudo de Paramillo.
La retaliación a la incursión guerrillera, que por poco le cuesta la vida al comandante de las autodefensas, no se hizo esperar y, en enero de 1999, las ACCU asesinaron a 130 personas por tener supuestos vínculos con la subversión.
Evolución de las víctimas de masacres 1990-2005
La intensificación de las masacres entre 1998 y 2001, se explica por la lógica de expansión de los grupos paramilitares, inscrita en el propósito de crear un corredor que dividiera el norte del centro del país y que, a su vez, permitiera el control de la producción de coca entre Urabá, Bajo Cauca, sur de Bolívar y Catatumbo. De esta forma, los grupos paramilitares contarían con la posibilidad de incursionar en las zonas de retaguardia de las FARC, ubicadas en el sur y oriente del país.
En este período, la tendencia creciente en la violencia se produce en la medida en que sus protagonistas desencadenan en la cual dirigen sus acciones contra los civiles, pues las respuestas para mantener su influencia sobre las posiciones en disputa se centran en la población.
En la disputa por el control de posiciones estratégicas, la guerrilla termina respondiendo con las mismas armas de los paramilitares. De aquí que la guerrilla, particularmente las Farc, incremente la ejecución de asesinatos y masacres entre 1997 y 2001, siguiendo a las autodefensas que fueron las que ostentaron el mayor número de víctimas.
Así mismo, se descubre la razón del enfrentamiento entre guerrillas y autodefensas en regiones como la Sierra Nevada de Santa Marta, Norte de Santander, Chocó, Urabá, Magdalena Medio, Montes de María o Nariño, donde los grupos armados actúan con especial intensidad atacando civiles inermes, para lograr el control sobre corredores y zonas de retaguardia, avanzada y obtención de recursos económicos.
Hay que agregar que las comunidades, ante la presión de los grupos armados en los cascos urbanos, ubicados en zonas en disputa a lo largo de los ríos y carreteras, se ven forzadas a desplazarse hacia las áreas selváticas, o quedan inmovilizadas en sus lugares de residencia. En buena parte de estos escenarios se producen bloqueos económicos y retenes en el suministro de provisiones. Como resultado, las comunidades se ven obligadas a desplazarse o imposibilitadas para moverse y acceder a los servicios mínimos.
A partir de 2002, la disminución de las víctimas de masacres se relaciona, en primer lugar, con la conducta asumida por las autodefensas que, tras haber logrado la consolidación de su dominio en amplios territorios, dejan de recurrir a la violencia masiva e indiscriminada y, en segundo lugar, con el repliegue de las guerrillas en escenarios regionales donde la Fuerza Pública logra retomar la iniciativa en la confrontación armada.
Fuentes
Fernando Cubides "Los paramilitares y su estrategia", en: Deas, Malcolm y María Victoria Llorente (1999), Reconocer la guerra para construir la paz, Bogotá, Editorial Norma - Cerec - Universidad de los Andes; y. “Paramilitares y narcotráfico: ¿Matrimonio indisoluble?”, en: Rangel, Alfredo (2005), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia y Planeta.
Los principales aspectos sobre la evolución de la violencia en estas regiones se encuentran en los estudios elaborados por el Observatorio del Programa Presidencial de Derechos
La historia - La expansión
1997 fue una época clave para los paramilitares. En este año, Carlos Castaño logra integrar los diferentes grupos que delinquían en el país constituyendo las Autodefensas Unidas de Colombia. Éstas marcarían una de las épocas mas sangrientas de la historia del país, en la que se registrarían mas de mil masacres, millones de personas desplazadas por la violencia, la alianza de paramilitares y políticos en las regiones y la expansión del poder paramilitar en todo el país.
En abril de 1997, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, las del Magdalena Medio y las de los Llanos Orientales se unieron para conformar las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En la práctica se trató de una federación de grupos regionales.
Como ha señalado Fernando Cubides, estos grupos atomizados se reunieron bajo la bandera de las AUC, con el propósito de presentarse como una organización con un mando unificado, un plan nacional, una coordinación multiregional de las acciones y una agenda con pretensiones programáticas, todo con miras a lograr un espacio en la negociación con el Estado y un estatus que garantizara, a futuro, su reconocimiento como actor político.
A partir de este momento, las autodefensas se trazan la meta de contener la expansión de la guerrilla e incursionar en las zonas donde estos grupos tienen sus fuentes de financiamiento, principalmente del narcotráfico. Siguiendo este propósito, en 1997, se presentan hechos de violencia en varias regiones, poniendo de presente el salto que se comenzaba a producir en el patrón de crecimiento de las autodefensas
Durante las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y las Farc, la presencia territorial de las autodefensas experimenta un crecimiento sin precedentes. En noviembre de 1998, coincidiendo con el inicio del proceso de paz, las AUC asesinan a 40 personas e incineran alrededor de 100 casas en Bolívar, Antioquia, Meta y Vichada.
Posteriormente, en diciembre del mismo año, aprovechando la declaración por parte de las AUC de una tregua unilateral durante la época de navidad, las FARC atacaron el cuartel general de Carlos Castaño en el Nudo de Paramillo.
La retaliación a la incursión guerrillera, que por poco le cuesta la vida al comandante de las autodefensas, no se hizo esperar y, en enero de 1999, las ACCU asesinaron a 130 personas por tener supuestos vínculos con la subversión.
Evolución de las víctimas de masacres 1990-2005
La intensificación de las masacres entre 1998 y 2001, se explica por la lógica de expansión de los grupos paramilitares, inscrita en el propósito de crear un corredor que dividiera el norte del centro del país y que, a su vez, permitiera el control de la producción de coca entre Urabá, Bajo Cauca, sur de Bolívar y Catatumbo. De esta forma, los grupos paramilitares contarían con la posibilidad de incursionar en las zonas de retaguardia de las FARC, ubicadas en el sur y oriente del país.
En este período, la tendencia creciente en la violencia se produce en la medida en que sus protagonistas desencadenan en la cual dirigen sus acciones contra los civiles, pues las respuestas para mantener su influencia sobre las posiciones en disputa se centran en la población.
En la disputa por el control de posiciones estratégicas, la guerrilla termina respondiendo con las mismas armas de los paramilitares. De aquí que la guerrilla, particularmente las Farc, incremente la ejecución de asesinatos y masacres entre 1997 y 2001, siguiendo a las autodefensas que fueron las que ostentaron el mayor número de víctimas.
Así mismo, se descubre la razón del enfrentamiento entre guerrillas y autodefensas en regiones como la Sierra Nevada de Santa Marta, Norte de Santander, Chocó, Urabá, Magdalena Medio, Montes de María o Nariño, donde los grupos armados actúan con especial intensidad atacando civiles inermes, para lograr el control sobre corredores y zonas de retaguardia, avanzada y obtención de recursos económicos.
Hay que agregar que las comunidades, ante la presión de los grupos armados en los cascos urbanos, ubicados en zonas en disputa a lo largo de los ríos y carreteras, se ven forzadas a desplazarse hacia las áreas selváticas, o quedan inmovilizadas en sus lugares de residencia. En buena parte de estos escenarios se producen bloqueos económicos y retenes en el suministro de provisiones. Como resultado, las comunidades se ven obligadas a desplazarse o imposibilitadas para moverse y acceder a los servicios mínimos.
A partir de 2002, la disminución de las víctimas de masacres se relaciona, en primer lugar, con la conducta asumida por las autodefensas que, tras haber logrado la consolidación de su dominio en amplios territorios, dejan de recurrir a la violencia masiva e indiscriminada y, en segundo lugar, con el repliegue de las guerrillas en escenarios regionales donde la Fuerza Pública logra retomar la iniciativa en la confrontación armada.
Fuentes
Fernando Cubides "Los paramilitares y su estrategia", en: Deas, Malcolm y María Victoria Llorente (1999), Reconocer la guerra para construir la paz, Bogotá, Editorial Norma - Cerec - Universidad de los Andes; y. “Paramilitares y narcotráfico: ¿Matrimonio indisoluble?”, en: Rangel, Alfredo (2005), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia y Planeta.
Los principales aspectos sobre la evolución de la violencia en estas regiones se encuentran en los estudios elaborados por el Observatorio del Programa Presidencial de Derechos
MAS
El comienzo: los años del MAS y las Autodefensas del Magdalena Medio (1981-1991)
La historia
Aunque los grupos paramilitares o de autodefensa fueron, en un principio, amparados por la ley, en su evolución van quedando al servicio de grandes propietarios rurales y de narcotraficantes interesados en proteger sus territorios.
El origen de estos grupos, tal como se conocen hoy en día, se remonta a comienzos de la década de los ochenta, con la creación del grupo Muerte a Secuestradores (MAS) por parte de sectores del narcotráfico afectados por los secuestros de la guerrilla.
Pablo Escobar, uno de los capos narcotraficantes creadores del MAS. Foto SEMANA
El MAS surge en 1981 cuando no se había producido la guerra entre los carteles de Medellín y de Cali. El antecedente es el aumento de las presiones de las guerrillas a los narcotraficantes y el hecho que les da la justificación para su conformación fue el secuestro de Marta Nieves Ochoa, hermana de varios de los integrantes del cartel de Medellín, los hermanos Ochoa, ocurrido el 12 de noviembre de 1981.
Narcotraficantes como Pablo Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, quienes lideraron la compra masiva de predios rurales, crearon los primeros grupos en defensa de sus propiedades como, por ejemplo, el MAS en el Magdalena Medio, sobre todo en Puerto Boyacá.
A partir de 1982, las muertes se incrementaron dramáticamente en esta región. Las denuncias de los sectores afectados originaron, a principios de la administración de Belisario Betancur (1982-1986), una investigación de la Procuraduría General de la Nación, en coordinación con la Dirección Nacional de Instrucción Criminal. (ver informe y conclusiones de la Procuraduría)
Las conclusiones de las primeras investigaciones, reveladas a la opinión pública por el Procurador Carlos Jiménez, señalaban a los paramilitares como los principales responsables de la intensificación de la violencia, con el apoyo de miembros activos del Ejército y la Policía.
Luego de expulsar a la guerrilla de la zona sur del Magdalena Medio, utilizando una táctica que evitaba al máximo los enfrentamientos directos con las estructuras armadas y, en cambio, atacaba el eslabón más débil, representado en las redes de apoyo, grupos seleccionados de los paramilitares que operaban allí, ayudaron a entrenar a otros semejantes en Córdoba, Urabá, Putumayo y la región del Ariari en el Meta. Con la extensión del modelo Puerto Boyacá a otras regiones del país, los grupos paramilitares experimentaron su primer gran impulso, reflejado en el elevado número de asesinatos y masacres que realizaron.
La historia
Aunque los grupos paramilitares o de autodefensa fueron, en un principio, amparados por la ley, en su evolución van quedando al servicio de grandes propietarios rurales y de narcotraficantes interesados en proteger sus territorios.
El origen de estos grupos, tal como se conocen hoy en día, se remonta a comienzos de la década de los ochenta, con la creación del grupo Muerte a Secuestradores (MAS) por parte de sectores del narcotráfico afectados por los secuestros de la guerrilla.
Pablo Escobar, uno de los capos narcotraficantes creadores del MAS. Foto SEMANA
El MAS surge en 1981 cuando no se había producido la guerra entre los carteles de Medellín y de Cali. El antecedente es el aumento de las presiones de las guerrillas a los narcotraficantes y el hecho que les da la justificación para su conformación fue el secuestro de Marta Nieves Ochoa, hermana de varios de los integrantes del cartel de Medellín, los hermanos Ochoa, ocurrido el 12 de noviembre de 1981.
Narcotraficantes como Pablo Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, quienes lideraron la compra masiva de predios rurales, crearon los primeros grupos en defensa de sus propiedades como, por ejemplo, el MAS en el Magdalena Medio, sobre todo en Puerto Boyacá.
A partir de 1982, las muertes se incrementaron dramáticamente en esta región. Las denuncias de los sectores afectados originaron, a principios de la administración de Belisario Betancur (1982-1986), una investigación de la Procuraduría General de la Nación, en coordinación con la Dirección Nacional de Instrucción Criminal. (ver informe y conclusiones de la Procuraduría)
Las conclusiones de las primeras investigaciones, reveladas a la opinión pública por el Procurador Carlos Jiménez, señalaban a los paramilitares como los principales responsables de la intensificación de la violencia, con el apoyo de miembros activos del Ejército y la Policía.
Luego de expulsar a la guerrilla de la zona sur del Magdalena Medio, utilizando una táctica que evitaba al máximo los enfrentamientos directos con las estructuras armadas y, en cambio, atacaba el eslabón más débil, representado en las redes de apoyo, grupos seleccionados de los paramilitares que operaban allí, ayudaron a entrenar a otros semejantes en Córdoba, Urabá, Putumayo y la región del Ariari en el Meta. Con la extensión del modelo Puerto Boyacá a otras regiones del país, los grupos paramilitares experimentaron su primer gran impulso, reflejado en el elevado número de asesinatos y masacres que realizaron.
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