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viernes, 4 de diciembre de 2009

A ‘Don Diego’ le esperan mínimo 10 años de cárcel en EE.UU.

Al declararse culpable de narcotráfico en una corte de Miami, este narcotráficante logró que el fiscal le levantara algunos de los demás cargos que pesaban contra él.

Además de declararse culpable y recibir menos pena, el acuerdo contempla la indemnización de 500 mil dólares a la familia de Jairo García, que fue secuestrado torturado y asesinado por la organización narcotraficante que lideraba ‘Don Diego’.

Diego León Montoya Sánchez, conocido en el mundo de la mafia colombiana como alias ‘Don Diego’, se declaró culpable de conspiración para importar cocaína, asociación ilícita y obstrucción de la justicia, luego de que las autoridades comprobaran que ingresó a Estados Unidos calculada en 10.000 millones de dólares.

Como parte de un acuerdo, los fiscales consolidaron acusaciones en Miami y Washington y levantaron varios cargos contra el narcotraficante, quien fue uno de los más poderosos jefes del cartel del Norte del Valle.

Según las investigaciones, Montoya fue responsable de exportar 1.200.000 libras de cocaína a lo largo de la última década. En un momento llegó a integrar la lista de los más buscados por el FBI, y las autoridades colombianas lo culpan de unas 1.500 muertes vinculadas con las drogas.

Montoya, de 48 años, compareció con cadenas en los pies y un uniforme carcelario. Escuchó las traducciones al español del procedimiento con auriculares y formuló una breve declaración.

Agradeció al juez por permitirle iniciar "un nuevo capítulo" de su vida, ofreció disculpas a su familia y a otras familias a las que afectó, como también a los gobiernos de Estados Unidos y Colombia. “Gracias a ustedes, y que Dios acompañe mis pasos para que pueda reparar el daño que hice”, dijo.

Las autoridades calculan que en su mejor momento, el cartel controlaba un 60% del comercio de la cocaína en Colombia. A partir de principios de los 90, tomó la posta de los anteriores carteles de Cali y Medellín.

Montoya fue capturado en Colombia en septiembre del 2007 después de una intensa cacería y fue extraditado a Estados Unidos en diciembre del 2008. Sin embargo, un tratado de extradición entre Colombia y Estados Unidos impide que Montoya sea sentenciado a cadena perpetua.

Por estos delitos, la Fiscalía pedirá una pena de al menos 45 años, pero hasta el 21 de octubre se conocerá su condena que la dará a conocer la jueza Cecilia Altonaga, que se calcula en mínimo 10 años.

Dos hermanos de Montoya ya se habían declarado culpables de cargos de drogas en Estados Unidos. Eugenio Montoya, que manejaba las finanzas del cartel y el lavado de dinero, cumple una condena a 30 años. Juan Carlos Montoya fue sentenciado a 22 años.

Con información de AP.

Publicado en
www.semana.com

lunes, 17 de agosto de 2009

Las Guerras de "Don Mario"

Miércoles, 15 de Abril de 2009 Daniel Rendón Herrera, el capturado jefe de las autodefensas Gaitanistas y ex miembro del bloque Centauros de las Auc, había iniciado guerras en varias zonas del país para quedarse con el negocio del narcotráfico luego de la desmovilización de las Autodefensas.

Después de su paso por las autodefensas, Daniel Rendón Herrera, alias 'Don Mario', se convirtió en uno de los narcotraficantes más buscados del país. Foto: Verdad Abierta.

‘Don Mario’, hermano de ‘El Alemán’ (ex jefe del bloque Elmer Cárdenas de las autodefensas y quien hoy se encuentra en la cárcel de Itagüí), lleva al menos dos décadas en la guerra paramilitar, su nombre salió a la luz pública gracias a las infiltraciones que hizo la Fiscalía y a la Policía.

Cuando los jefes ‘paras’ se desmovilizaron y fueron a dar a la cárcel, ‘Don Mario’ se apartó y casi solo comenzó a construir su nuevo cartel siguiendo las "enseñanzas" de su tutor en el Bloque Centauros, Miguel Arroyave, alias 'Arcangel'.

'Don Mario' se la pasaba entre Tierralta y Valencia, en Córdoba, luego subía hasta la Costa que corre desde Arboletes hasta Turbo, en Antioquia. Así consiguió aliarse con algunos ex paras del ‘Élmer Cárdenas’ y se hizo al control absoluto de una de las principales rutas de exportación de drogas por el Caribe.

Alias 'Don Mario', luego de la desmovilización de los jefes paramilitares, empezó a convertirse en un personaje mediático, mostrado sobre todo por las autoridades como el heredero de una importante tajada de la torta del narcotráfico, dejada por sus antiguos patrones y representadas en zonas de cultivo, laboratorios para cristalizar la droga y rutas de envío al exterior.

Cuando el proceso de desmovilización mostraba al país hechos que hacían presumir, sobre todo al Gobierno y a la Fiscalía, que la reinserción de más de 40.000 hombres sería un éxito y que las víctimas y la sociedad colombiana accederían a los derechos de verdad, justicia y reparación en relación con los crímenes de estas organizaciones ilegales, organismos de inteligencia empezaron a relacionar a alias don Mario con lo que llamaron en su momento grupos emergentes.

Una vez el proceso entró en crisis y dejó ver que los ex jefes paramilitares no solo seguían manejando algunas actividades ilegales, entre ellas las del narcotráfico y se habían enfrascado en una disputa territorial por el dominio de las zonas cocaleras y las rutas de envío, Rendón Herrera quedó como la cabeza visible de esa disputa, pero desde la ilegalidad, porque muchos de sus principales enemigos, entre ellos alias 'don Berna', fueron extraditados a Estados Unidos.

Urabá primero


Urabá fue el primer escenario en disputa y que, en términos criminales, ganó luego de una guerra a muerte contra los desmovilizados del bloque Bananero, que comandó Ever Velosa, alias HH, extraditado también a Estados Unidos, luego de confesar casi cinco mil delitos, la mayoría en la zona bananera.

Las autoridades regionales calculan que la guerra que libró alias don Mario en Urabá cobró la vida de más de 200 personas, la mayoría desmovilizados de las autodefensas que lo combatieron también o que se negaron a hacer parte de su estructura.

Cuando se sintió ganador, Rendón Herrera reclutó, calculan las mismas autoridades, cerca de 600 hombres de las antiguas estructuras de los bloques Bananero y Elmer Cárdenas, hombres con los que trasladó su intención de apoderarse de otras regiones.

Luego vino el bajo Cauca, donde algunas organizaciones derechos humanos, denunciaron que alias don Mario hizo alianzas temporales con otras organizaciones de narcotráfico para combatir a quienes, en su momento, obligaban a los campesinos a sembrar hoja de coca a la región.

Rendón Herrera se enfrentó a otra organización que la Policía identifica como Los Paisas, grupo cercano a la llamada Oficina de Envigado, otra estructura al servicio de narcotráfico en el Valle de Aburrá, dedicada a cobrar cuentas por medio de sus sicarios a sueldo.

El Bajo Cauca es hoy por hoy, junto a Medellín y sus municipios vecinos, una de las zonas más conflictivas de Antioquia, debido al accionar de grupos de narcotraficantes y a la disputa entre los hombres de alias don Mario y de Los Paisas.

La Gobernación de Antioquia calcula que el 80 por ciento de las zonas productivas del Bajo Cauca está sembrado con hoja de coca, pese a que durante 2008 se erradicaron, de forma manual, unas 20.000 hectáreas.

Objetivo, Medellín

La estrategia de alias don Mario empezaba a impactar de forma violenta en Medellín, sobre todo algunos barrios populares de Medellín, debido a que logró “reclutar” a un importante jefe de La Oficina para que le hiciera la guerra a sus ex compañeros.

Un investigador judicial de la Fiscalía le dijo a Verdad Abierta que la división en La Oficina de Envigado tendrá mucho impacto entre las bandas delincuenciales del Valle de Aburrá, pues cada uno de los jefes de esa estructura de narcotraficantes maneja, en promedio, entre 30 y 40 bandas, muchas de las cuales están integradas por desmovilizados que se apartaron del proceso de reinserción.

Explicó que en Medellín, entre el 3 de abril y el 14 de abril de este año, ocurrieron 30 homicidios, y que pueden estar relacionados con esa disputa y con la intención de alias don Mario de apoderarse de los “negocios” de las personas que manejaban las redes de narcotráfico en Medellín y el Valle de Aburrá.

Barrios como Santo Domingo Savio y algunas de las comunas oriental y 13, de Medellín, empezaron a mostrar un reacomodo de estructuras criminales, al punto que revivieron prácticas que muchas personas pensaron superadas como los famosos límites imaginarios, en alusión a los dominios de uno y otro grupo y sobre el cual el enemigo no puede tomar posesión.

Uno de los crímenes que desató la oleada de venganza ocurrió el martes 7 de abril pasado, cuando hombres armados mataron a Andrés Casas, un desmovilizado del bloque Héroes de Granada quien, en opinión de las autoridades locales, se separó del proceso de reinserción y volvió a armar una estructura ilegal de mucho renombre a finales de los años 90 y principios de este siglo, por su capacidad para sicarial, conocida como La 29.

"Hay algunos lugares en las comunas de Medellín, que es un tema preocupante, y en otros lugares Cesar y Magdalena, áreas que se han convertido en zonas de riesgo y territorios de disputa de las nuevas estructuras de delincuentes", dijo hace casi dos años Sergio Caramagna, el ex jefe de la Misión de Observación del proceso de paz con las autodefensas en Colombia de la Organización de Estados Americanos (OEA).

A finales del año pasado, la Policía informó que luego de la desmovilización de todas las estructuras de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), capturó a 4.551 integrantes de bandas criminales, de los cuales 675 eran desmovilizados.

'Don Mario': ¿Afuera de Justicia y Paz?

El pasado 11 de marzo la Corte Suprema de Justicia emitió una providencia sobre el caso de alias 'Don Mario'. Aunque no es una decisión de fondo, porque simplemente está ordenando al Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá que se pronuncie sobre la solicitud de exclusión del proceso de Justicia y Paz del ex jefe paramilitar, puede convertirse en el primer paso para que 'Don Mario', no pueda someterse a los beneficios de la Ley 975, entre ellos, la pena alternativa de 5 a 8 años de prisión. (ver providencia completa)

Publicado en
www.verdadabierta.com

Asi cogieron a "Don Mario"

Por Andrea Peña, periodista de Semana.com

Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’, era el pez gordo de la delincuencia y el narcotráfico en el norte del país. Desde el año pasado, se convirtió en una de las obsesiones del presidente Álvaro Uribe y en una de las prioridades del director de la Policía, general Oscar Naranjo, cuando decidieron luchar contra las bandas criminales emergentes tras la desmovilización de las AUC. Por eso, desde hace nueve meses, comenzó un exhaustivo trabajo de inteligencia para encontrar a este poderoso narcotraficante y ubicar su paradero. De ahí que el general Naranjo, a comienzos de este año, decidiera trasladar por unos días su oficina a Antioquia para coordinar personalmente la concentración de hombres de unidades especiales de la Policía en el norte de este departamento y en el sur de Córdoba. Los resultados comenzaron a verse lentamente. Para lograrlo fueron necesarios aviones, helicópteros y unos dos mil hombres de la fuerza pública.

La cacería

Hace tres semanas, con la captura de 18 personas cercanas a Don Mario, entre ellos Jaime Ernesto Culma, alias ‘El Puma’, las autoridades comenzaron en serio a pisarle los talones al capo.

En dos oportunidades, las autoridades intentaron capturar a alias ‘Don Mario’ en operaciones de asalto como la de este lunes. Pero fracasaron.

Por eso lo intentaron una tercera vez: el pasado lunes santo comenzó la primera fase de la casería final a Daniel Rendón Herrera. 250 comandos jungla de la Policía y 50 hombres de la Dijín rastrearon los pasos del capo, quien se sabía estaba en algún lugar del Urabá.

Llegar hasta él no era fácil. Información de inteligencia señalaba que nueve personas caminaban con él para protegerlo y que un segundo anillo, conformado por 80 personas, también estaba listo para escudarlo.

Gracias a las pistas entregadas por informantes, la Policía comenzó a ubicar el sitio exacto donde se encontraba Don Mario.

Primero hicieron un cerco de dos kilómetros de diámetro aproximadamente. Valiéndose de helicópteros artillados y hombres en tierra, comenzaron a cerrarle el paso a ‘Don Mario’, gracias a inteligencia humana y técnica, que iban facilitando la ubicación del capo y sus hombres. Ante el cierre del cerco y la presión creciente se supo que empezaba tener pocas provisiones y cada vez menos vías de escape.

Con el paso de los días, el cerco comenzó a estrecharse cada vez más y en la noche de este lunes, el general Naranjo ordenó arrancar la operación en el sitio donde se sabía estaba ubicado ‘Don Mario’. Fue así como a las dos de la madrugada del martes inicio la avanzada de los comandos.

“Cuando lo teníamos aproximadamente a 20 metros se comenzó a divisar una construcción pequeña, con tablas cortadas (como de cama), cerca de un árbol. Y cuando lo vimos de cerca estaba abrazado a una palmera, comiendo arroz con la mano”, aseguró el coronel César Augusto Pinzón, director de la Dijín, quien confirmó que la detención se hizo pasadas las ocho de la mañana.

“Estaba acorralado, virtualmente, como un perro”, agregó el ministro de Defensa Juan Manuel Santos.

Las imágenes que se vieron en las cámaras de televisión no distaban mucho de las fotos y el video que el año pasado se conocían de él. Su pelo estaba más canoso, tenía un poco de barba, estaba vestido con camiseta gris y azul, pantalón gris y zapatos tenis.

Según Pinzón, en la operación fueron incautados dos fusiles AK-47 y una memoria USB. Además, seis personas lograron huir y sólo una, cuya identidad está por confirmarse, fue capturada.

Aunque la captura de ‘Don Mario’ no significa que el narcotráfico se haya acabado, es obvio que el negocio sí se afectará sensiblemente, especialmente en Antioquia y Córdoba.

Muy seguramente bandas como la de Los Paisas y la Oficina de Envigado harán todo lo posible por copar los dominios de ‘Don Mario’, y ahí está el reto de la fuerza pública: en no dejar que una nueva ola de violencia inunde a ciudades como Medellín por cuenta de este reacomodamiento de mafias.

Publicado
en www.semana.com

jueves, 26 de marzo de 2009

La guardia de ‘Don Mario’

Por: Fernando Cárdenas H. Elespectador.com

El Espectador recorrió las selváticas cercanías del Golfo de Urabá, donde el ‘narco’ más buscado del país cuenta con al menos 400 hombres en armas con el brazalete de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.
En otros lugares del mundo, un año y medio puede significar un tiempo muy corto para dar un vuelco significativo de la realidad. Pero en el Urabá chocoano, cerca de la frontera con Panamá, bastaron los últimos 18 meses para que el mapa geopolítico de toda una región privilegiada para lo ilícito se volviera a rayar.

En vista del giro en una de las zonas más abandonadas del planeta, este equipo de El Espectador recorrió varios pueblos del tapón del Darién colombiano, justo donde hoy Daniel Rendón Herrera, más conocido con el alias de Don Mario, encontró el lugar perfecto para esconderse de las autoridades y dirigir desde la selva su época dorada de poder y fortuna.

Ya en las laderas colombianas de la serranía del Darién, los pocos que se atreven a hablar del hecho cuentan que con la desmovilización de los 1.500 hombres del bloque paramilitar Élmer Cárdenas (BEC) en agosto de 2006, al mando de su hermano Freddy Rendón Herrera, El Alemán, este territorio quedó sumergido en un vacío de poder. Ni estúpido que fuera y acostumbrado a la guerra, el mayor de los Rendón de Amalfi —la misma tierra antioqueña de los hermanos Castaño Gil— supo piratear a la perfección la estructura política y militar que gobernó a sangre y fuego durante una década la región y, de paso, copar de tropa bien armada esa franja. Para ese propósito, metió de un zarpazo a 400 hombres al Chocó hace dos meses, tras entrenarlos en un campo especializado en el lado antioqueño del mapa. Lo mismo ha hecho en otros lados, como Córdoba y el Bajo Cauca antioqueño.

Si se mira el mapa de norte a sur, el viaje comienza casi en la frontera, en Acandí. Un pueblo costero sin magia, con presencia de las autoridades estatales, aunque por debajo de la alfombra mandan los “urbanos” de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), el brazo armado de Don Mario y sus amigos. Esta es una de esas verdades que en los caseríos todos saben, incluso las amas de casa, pero que nadie las comenta por miedo a las represalias. Los mudos viven más, dicen.

Así que no hay nombres propios en la grabadora. En especial el de las autoridades locales, que intentan tildar sus comarcas como remansos de paz, y al mismo tiempo demandan protección por la amenaza de los grupos ilegales que operan en la comarca. “Uno está acá en la Alcaldía protegido, pero si sale, en cualquier momento te pueden matar”, aclara uno de ellos en su oficina sin luz eléctrica.

La discreción general no impide que se filtren los últimos acontecimientos. Como la jugosa oferta que llega desde el monte, de casi dos sueldos mínimos a quien empuñe un fusil con los gaitanistas y se anime a recorrer esa cordillera desde el Parque Los Katíos hasta Capurganá. La bola corrió en todo el país: Don Mario paga el mejor sueldo de la guerra. A los patrulleros, 700.000. Al trabajo político en un pueblo, dos millones. Y si dirigen las finanzas de la organización, llámese manejo de lanchas rápidas, el sueldo puede llegar a los 10 millones.

Una tentación que incluso tiene amenazados los proyectos productivos de pesca y turismo de los paramilitares desmovilizados, pues se paga la mitad del sueldo de los gaitanistas. De ahí que desde la cárcel de Itagüí, El Alemán, en medio de las versiones libres bajo la Ley de Justicia y Paz, reclama por la suerte de sus antiguos hombres. “Estoy muy preocupado, porque me los están amenazando para que dejen todo y se vuelvan al monte”, sostuvo, sin decir que en los últimos meses 150 de sus 400 hombres inscritos en cooperativas ya se han ido a las filas de su hermano.

En Acandí, Don Mario es el que les da trabajo a casi todos los dueños de lanchas y tiene convertida la playa de este pueblo en un centro de reunión de traquetos. Ahora mismo, este periodista está sentado almorzando en la costa caribeña al lado de

varios ‘narcos’ que estacionan sus cuatrimotos a un costado y usan cadenas de oro. El guía nos pide “bajar las cámaras” y nos cuenta: “Una vez a ese man —uno de los vecinos de mesa— alguien le tomó una foto. Él fue y le preguntó que cuánto valía la cámara y sacó 1,5 millones de pesos en efectivo y se la pagó. De una, la tiró al mar”.

Las autoridades prefieren no hablar del nuevo furor, más bien optan por revelar lo que ocurrió en la frontera panameña, a mediados de enero. El frente 57 de las Farc, que camina por todo el filo de la frontera y donde se refugia al menos a un miembro del Secretariado, quemó la finca El Tigre, bien arriba de Acandí, porque sus dueños se negaban a pagar una extorsión.

Según el relato de un reinsertado, hace un año este grupo irregular estaba pasando física hambre y no alcanzaba a tener más de 30 guerrilleros en la parte alta del pueblo. Luego, a finales del año pasado, la guerrilla pudo reponerse al desespero y ahora supera los 100 hombres bien dotados, con nuevas energías y con varias acciones muy cerca del casco principal. En realidad, en todo el límite chocoano este frente ha crecido de tal forma en el último año que ya supera los mil hombres, justo con la llegada de Don Mario, en una especie de pacto de no agresión que algunos analistas olfatean como una alianza perversa.

Ante el incendio de la finca El Tigre, de inmediato reaccionó la Fuerza Pública, que movilizó a esa montaña donde estaban las fumarolas a hombres y helicópteros, pero en vez de repeler las balas de los guerrilleros, se toparon con algo nuevo para ellos: una columna de al menos 40 hombres de los gaitanistas, que disparaban con la intensidad de las mejores épocas de la lucha armada, con un saldo de dos militares heridos y varios ilegales muertos.

Los testimonios florecen en este aspecto. En los dos últimos meses, el choque entre la fuerza pública y las tropas de las AGC se ha repetido en varios poblados, como Carepa y Currulao, donde los ilegales atacaron a comitivas policiales y de la Armada con un desenlace de varios efectivos heridos y muertos. En Lomas Aisladas, donde termina la carretera y empiezan los pantanos del Darién, también hubo intercambio de disparos en diciembre. El ejército se vio desdibujado por la potencia armada de este grupo y no pudo arrestar a uno de los comandantes de la organización. Según un analista político cercano a los paramilitares, “estos pequeños ataques obedecen a que Don Mario quiere enfrentarse al Gobierno como una fuerza armada no sólo dedicada a actividades ilícitas, que lo lleve a una negociación”.

En vísperas de Navidad, el grupo atacó en Santa María del Darién a un pelotón del ejército y además de matar a un sargento y herir a tres soldados, se robaron cinco fusiles y una ametralladora M60.

De todas sus acciones, la única prueba de la presencia de Don Mario en el campo es un rayado de las AGC en San María del Darién, Chocó. La tierra de Camilo Torres, no del cura guerrillero sino de alias Fritanga, un hacendado y ganadero de la región que cayó en desgracia por el lío del fiscal Valencia Cossio, y que hoy está recluido en una celda. En las cercanías lo identifican como un joven de campo que regalaba dinero a los desposeídos. No como la mano derecha o el jefe de finanzas de Don Mario, según el expediente judicial.

Ningún guía local nos quiso acompañar a registrar ese grafiti que está en el frontis de su discoteca La Jungla, con gallera en el centro y adornos de hierro forjado. Además de la ausencia de policía en el pueblo, la gente se dedica a mirar con ceño fruncido a los extraños. Hacer preguntas significa que a los cinco minutos lleguen unos motorizados a imponer la ley, tal cual pasaba en los tiempos de El Alemán, cuando los alcaldes eran damas de compañía y los caseríos obedecían u obedecían las órdenes de los “urbanos”.

Salimos de Santa María en dos motos arrendadas para recorrer otros caseríos, como Unguía, Gilgal y las veredas aledañas a este lado de la montaña. Pero no pudimos llegar muy lejos, ya que en el siguiente pueblo a nuestro acompañante lo retuvieron los hombres de Don Mario para un interrogatorio por nuestra presencia. Una llamada por celular nos advirtió del hecho y nos aconsejó salir de la zona de inmediato, por la rabia de los mandos medios y bajos, más acostumbrados a las “vueltas” de tulas que a las preguntas de la prensa.

La opción fue dejar esos caseríos díscolos de jerarquía y meternos a las partes altas, las más selváticas, donde los campesinos dicen que se mueven “los gaitanistas” en grandes pelotones. También, el jefe. Para meterse en el monte de la serranía del Darién hay que hacer largas caminatas y viajar en mulas maduras que resistan esos caminos de contrabando.

En esa selva de árboles viejos que ha impedido el término de la carretera Panamericana, ya no se divisa, como en los pueblos, a los soldados profesionales haciendo presencia en pequeños grupos. Sólo hay indígenas pescando o campesinos trabajando en fincas semiabandonadas. En medio de follaje y tras dos días de camino, pudimos comprobar el rastro de Don Mario. No directamente de él, que se mueve como un zorro viejo, sino el de sus colaboradores. En una quebrada pequeña y antes de subir una gran loma, estaban cuatro hombres armados descansando. Nos saludaron y nos dijeron que si les llevábamos los bolsos en las bestias. “Allá están los demás”, apuntó uno que no tenía mucha experiencia y que le costaba hablar por el cansancio. En la cima estaba un grupo de 40 miembros de los gaitanistas, de los 400 que entraron al Darién a fines del año pasado. Unos kilómetros más allá camina otro bloque similar, y así.

Todos portaban fusiles AK-47 nuevos y usaban trajes camuflados importados de pocas mudas. Al comandante, con equipo de radio, se le notaba la experiencia de mando, no así a los otros muchachos, que al perecer no conocen bien el terreno y están recién llegados a los pantanos del Darién atraídos por el sueldo. Vienen de otros rincones como si fueran colonos o raspachines. Él nos dejó pasar sin tomar nota de las advertencias del pueblo, con la condición de no hacer preguntas y menos sacar fotos.

De alguna forma ellos querían que registráramos el momento. Esa realidad de que el considerado narcotraficante más buscado del momento tiene un ejército robusto como para proponer encima de una mesa unos diálogos posparamilitarismo o pelear por bastante tiempo en una de las zonas más estratégicas para la salida de cocaína del país. Dinero para la guerra, le sobra.

El prontuario de Rendón

A pesar de que Daniel Rendón Herrera, de 44 años, apareció en el listado de desmovilizados del bloque Élmer Cárdenas (el grupo de su hermano menor Freddy), este campesino antioqueño —quien creció cerca de Fidel, Vicente y Carlos Castaño— no está en la cárcel de Itagüí como el Alemán, sino que anda prófugo y es considerado como el principal reto de seguridad para la Policía Nacional. Por eso ofrecen una recompensa de 3 mil millones de pesos por la ubicación de su paradero.

Amante de la buena comida y de los relojes caros, Don Mario tiene una larga experiencia en la guerra y en el narcotráfico desde los 90, que lo han catapultado a dominar los territorios dejados por los grandes jefes paramilitares extraditados a Estados Unidos, no sin antes dejar una estela de sangre. Conoce muy bien Antioquia, Córdoba y Urabá, sus territorios naturales, así como los Llanos Orientales, donde secundó al grupo paramilitar del extinto Miguel Arroyave, El químico.

Su organización es considerada hoy por las autoridades como una de las tantas “bandas emergentes” que hay en el país, incluido su brazo armado de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Luego de pelear con otras estructuras armadas como ‘las Águilas Negras’ y ‘Los Paisas’ en varias zonas, su imperio abarca desde la Serranía del Darién y el Urabá hasta Córdoba y el Bajo Cauca de Antioquia, lugares de producción de coca y rutas de contrabando.

Los desmovilizados del caucho

Hace unos meses la cabeza de ‘Don Mario’ costaba menos, como un narco de medio pelo, pero sin duda que el paro armado que impuso en toda la zona de Urabá, el 15 de octubre pasado cuando estrenó las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), fue motivo suficiente para que las autoridades crearan un bloque de búsqueda contra el hombre más perseguido por narcotráfico del país (la recompensa es de tres mil millones de pesos), y a quien el director de la Policía, general Óscar Naranjo, llama “criminal al servicio del narcotráfico”. Ese día de octubre, Acandí amaneció lleno de panfletos y los negocios no se atrevieron a abrir las rejas. En Unguía cuentan que pasó lo mismo. En Apartadó, 3.000 tiendas hicieron caso a la advertencia de unos encapuchados con fusiles de paralizar el comercio, y los trabajadores de las bananeras se tuvieron que devolver a sus casas porque había retenes armados.

El estreno de las AGC

Los hombres que dejaron las armas del bloque Elmer Cárdenas tienen en estos momentos varios proyectos productivos en su ex zona de influencia en el Urabá. Liderado por la Cooperativa de Trabajo Asociado Constructores de Paz (Construpaz) y acompañados por la oficina de Acción Social y Naciones Unidas, han avanzado en pesca, artesanía y turismo, así como las 400 hectáreas plantadas de caucho y pimienta en Villa la Paz, cerca de Unguía y Necoclí.

Sin embargo, la mala noticia para esta iniciativa es que las familias que se incorporaron a estos proyectos han sufrido la deserción de más de 150 miembros, producto de la tentación de volver a empuñar las armas que ofrecen los gaitanistas en vez de esperar los resultados de unos cultivos de rendimiento tardío.

Espere el próximo domingo la segunda parte de este reportaje.


Publicado en :
http://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso115823-guardia-de-don-mario