Conflicto armado Un libro publicado por el ex facilitador francés ante las Farc, Noël Saez, busca rebatir la versión oficial sobre cómo se realizó la Operación Jaque. ¿Contiene algo de verdad o es una estrategia de ventas?
Camilo Jiménez, corresponsal de Semana en Alemania
Un nuevo libro revive los interrogantes sobre una posible negociación detrás de la espectacular Operación Jaque, que logró el rescate de Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses y otros once rehenes.
En una entrevista publicada el lunes (9 de marzo) en el diario francés Le Figaro, Saez afirmó que “los centinelas de Ingrid Betancourt habían sido comprados” por el gobierno colombiano mucho antes del 2 de julio de 2008, fecha en que la operación de rescate tuvo lugar. “De lo contrario, los centinelas jamás habrían soltado a sus rehenes”, dijo. En la entrevista Saez no entrega pruebas concretas de que así haya sido.
Cuestionado por los periodistas de Le Figaro acerca del secreto escondido detrás del supuesto éxito de la misión de rescate, el veterano diplomático de 67 años y ex cónsul francés en Bogotá se limitó a decir que “la población colombiana está convencida de que (la operación) fue el fruto de una labor extraordinaria del ejército; y yo quiero demostrar lo contrario.”
De hacerlo se encargará un libro titulado “El emisario”, escrito por Saez con la colaboración de la periodista francesa Claude Mendibil, que fue puesto ayer en venta por la editorial Robert Laffont en las librerías de toda Francia y que dio ocasión a la entrevista publicada en Le Figaro. Se trata de un tomo de 250 páginas, en que el ex facilitador busca explicar porqué “la opinión pública ignora cómo fue efectuada la Operación Jaque”, considerada hasta ahora como la más perfecta operación militar de la historia de las Fuerzas Armadas de Colombia.
Asimismo, Saez dedica una buena parte del libro a “establecer con claridad la verdad” acerca de las negociaciones que dirigió durante su tiempo como facilitador para un acuerdo humanitario con las Farc con el fin de que devolvieran la libertad a Ingrid Betancourt.
Saez, quien entre 2005 y 2008 representó a los gobiernos de Jacques Chirac y Nicolás Sarkozy ante el Secretariado de las Farc, dice estar convencido de que la misión incluyó una negociación previa entre el gobierno de Álvaro Uribe y alias ‘César’, el carcelero de los rescatados, aunque no da pruebas concretas de que así haya sido.
“La operación ha sido presentada al mejor estilo hollywoodiense, pero si uno conoce a las Farc, es impensable que algo así pudiera sucedido”, dijo; no sin antes anotar que para él “lo importante es que los rehenes estén libres”.
Según la versión de los hechos consignada en el libro de Saez, la Operación Jaque ya se había iniciado en febrero de 2008, cinco meses antes de lo pensado. Así se lo dijo a Le Figaro: “En ese entonces el presidente Uribe nos informó a Bernard Kouchner y a mí que habían arrestado a la mujer de ‘César’ (…), quien ostentaba importantes responsabilidades en el seno de la guerrilla”. El ex facilitador francés considera posible que a partir de ese momento ‘César’ ya se hubiera ‘entregado’, no sin antes llegar a un acuerdo con el gobierno. Según lo pactado, el guerrillero colaboraría con la liberación de su grupo de secuestrados bajo la condición de que no lo extraditaran.
Saez se apoya en una declaración que dió el Presidente Uirbe quince días antes de la Operación Jaque. “A un guerrillero que está ofreciendo que va a entregar a Ingrid Betancourt y a otros secuestrados, se le mandó una carta -que él pidió-, se la mandó la Directora del DAS con mi autorización, de que si cumple con eso no se le extradita. Ojalá fuera verdad”, dijo el presidente Uribe el 13 de junio de 2008, durante un foro.
Según Saez, tan falsa como la versión difundida por el gobierno acerca de la forma en que la operación fue realizada fue la noticia difundida en la víspera de la misión según la cual él había partido hacia la selva para asistir a una reunión con Alfonso Cano, entonces recientemente nombrado jefe máximo de las Farc. “Ese anuncio sólo buscaba darle credibilidad a la operación ante los ojos de las Farc. El gobierno nos utilizó”, dijo.
Las afirmaciones de Saez van en la misma dirección de la versión que ha difundido la estación radial suiza Radio Suiza Romande, según la cual la Operación Jaque fue un montaje, que había resultado del pago de una recompensa de 20 millones de dólares a varios integrantes del grupo de guerrilleros que vigilaban a Ingrid Betancourt, los tres soldados estadounidenses y los demás once rescatados. Las afirmaciones de la radio suiza, publicadas un día después del espectacular rescate, se basaron en información obtenida de una fuente anónima por el periodista Frédéric Blassel.
El gobierno colombiano insinuó que la fuente de Blassel era otro de los antiguos facilitadores europeos ante las Farc, el suizo Jean-Pierre Gontard. Este profesor universitario de 68 años fue representante del gobierno de Suiza ante la cúpula de las Farc. Su país, junto con Francia y España, había sido admitido dentro del Grupo de Países Amigos que, con la aquiescencia del gobierno de Uribe, facilitarían una solución al conflicto armado con las Farc y, en fin, la paz en Colombia.
Sin embargo, como su colega francés Gontard debió abandonar el país poco después de la Operación Jaque y en medio de acusaciones dirigidas en su contra por el Gobierno, según las cuales correos hallados en los computadores portátiles de Raúl Reyes demostraban que los facilitadores excedieron las funciones asignadas.
Gontard había mantenido absoluto silencio, pero el volumen de las recriminaciones provenientes de Colombia (aparecía en los computadores de Reyes como el portador de medio millón de dólares pertenecientes a las Farc y escondidos en Costa Rica) se tornaron tan fuertes que en una entrevista publicada en Le Monde el pasado 2 de febrero negó rotundamente qeu se hubiera extralimitado en sus funciones de facilitador.
En la entrevista publicada ayer en Le Figaro, su par francés Noël Saez defiende la misma versión. “No tengo nada qué esconder”, dijo.
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www.semana.com
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lunes, 4 de mayo de 2009
jueves, 19 de marzo de 2009
“La Cruz Roja fue clara: cese total de operaciones militares”
Por: Elespectador.com
Jorge Enrique Botero asegura que el comisionado Restrepo lo autorizó a llevar cámaras al sitio de la liberación de cuatro secuestrados.
Dice que podría denunciar penalmente al Presidente por las afirmaciones que hizo sobre él, y contraataca con duros calificativos a los periodistas que lo acusaron de poner en peligro vidas humanas por su reporte a Telesur.
El primer proceso de liberación de secuestrados, de los tres que se dieron la semana pasada, se convirtió en otra manzana de la discordia entre la Casa de Nariño y los periodistas. No obstante, en esta ocasión el asunto fue más grave por los delicados señalamientos que el Gobierno hizo contra dos de los más polémicos pero también de los más especializados reporteros del tema de la guerra y la paz de Colombia: Jorge Enrique Botero y Hollman Morris.
Ambos fueron descalificados por altos funcionarios como “publicistas del terrorismo”. De cierta manera, les adjudicaron la responsabilidad por el cuasifracaso en que estuvo dicho proceso, cuando aviones espía sobrevolaron el sitio donde la guerrilla le entregaría a la comisión humanitaria cuatro uniformados. Con ese argumento, y con el de que estaban “haciendo fiesta” y “shows mediáticos”, el Primer Mandatario ordenó desbaratar la comisión para las dos siguientes entregas, sacando de la misma a la senadora Piedad Córdoba, a Botero y a Daniel Samper Pizano, de quien no expresó, al menos en público, queja alguna. Pero según precisó este influyente columnista de El Tiempo, el Presidente lo expulsó de la misión simplemente “por ser periodista”.
De acuerdo con la primera reacción gubernamental, Botero habría mentido cuando transmitió desde la selva que había aviones militares sobrevolando el área. Después se indicó que sería culpable de poner sus intereses periodísticos por encima de la seguridad de los secuestrados y de lucrarse del material que había obtenido. Por su parte, Morris sería “propagandista de la violencia” y se habría prestado a grabar con los rehenes entrevistas manipuladas por las Farc.
Para acabar de tensionar el clima, el comisionado Luis Carlos Restrepo, quien estaba a cargo de la recepción de los recién liberados en Villavicencio, prohibió el acceso de decenas de reporteros a las instalaciones del aeropuerto. Los representantes de los medios se amotinaron y eso obligó al palacio presidencial a dar la contraorden. Fue entonces cuando se produjo un choque entre el Comisionado y la Casa de Nariño.
En la charla con El Espectador cuenta su versión sobre cómo y de quién obtuvo el permiso de llevar cámaras; asegura que grabó el momento en que el ministro Santos ofreció disculpas por la presencia de los aviones militares y explica por qué decidió llamar a Telesur en esos momentos. Por último, se defiende de las acusaciones oficiales y ataca duramente a quienes lo han señalado como un oportunista.
Cecilia Orozco Tascón.- Pasado el fragor de los hechos, ¿cómo se siente respecto de sí mismo y de sus dos intervenciones ante los medios, la primera desde la selva con Telesur, y la segunda, frente a todos los reporteros en Villavicencio?
Jorge Enrique Botero.- No puedo ocultar mi satisfacción por el final feliz que han tenido estas nuevas liberaciones. En su momento hubo quienes dijeron que yo me estaba tirando todo, pero voy a ser terriblemente inmodesto: creo que el reporte que hice para Telesur desde el punto de entrega, así como la denuncia sobre los sobrevuelos militares en el aeropuerto de Villavo, contribuyeron de manera importante a que no se frustrara el proceso.
C.O.T.- Pero usted ofreció disculpas, al menos por la llamada que hizo desde el sitio de la liberación.
J.E.B.- Ofrecí disculpas por no haber consultado con los demás miembros de la delegación y por haber transgredido el protocolo, pero advirtiendo que hice lo que hice por buscar una fórmula para destrabar la entrega.
C.O.T.- El Gobierno lo criticó a usted por haber violado su condición de garante. ¿Qué dice al respecto?
J.E.B.- Desde el principio, saliendo de Bogotá y llegando a Florencia, todo el mundo se dio cuenta de que llevaba mis cámaras. No obstante, también era garante en el sentido de que por el hecho de que hubiera un registro, se garantizaba que cualquier intento de sabotear las liberaciones quedaría en evidencia… como en efecto sucedió.
C.O.T.- Daniel Samper ha dicho que las partes, es decir, el Gobierno y las Farc, y por supuesto la Cruz Roja, aceptaron la presencia suya, como periodista. ¿Con cuánto tiempo de antelación hizo la petición?
J.E.B.- Es claro que las partes aceptaron mi presencia como periodista. Las Farc consintieron a través de un mensaje electrónico, a mediados de enero, y el Gobierno, el miércoles anterior, al comienzo de la operación. Le hice
la solicitud al doctor (Luis Carlos) Restrepo en una reunión tumultuosa en el Comité Internacional de la Cruz Roja donde estaban al menos seis de los funcionarios de éste; también estaban Piedad, Olga Amparo Sánchez, el embajador del Brasil, otros empleados de la embajada y uno de los pilotos que acompañaron la operación. Él me dijo que lo pensaría y quedamos en que me respondería en la tarde de ese mismo día. A las cinco y media, en casa de Piedad, aceptó que yo viajara con mi equipo de video.
C.O.T.- ¿Cree que los asistentes a las reuniones corroborarían su versión?
J.E.B.- Estoy absolutamente seguro de que así sería. Además, hay evidencias de lo que dije, pues durante la reunión alguien me hizo llegar una nota aconsejándome que hiciera formalmente la solicitud de viajar con cámaras. Y así lo hice.
C.O.T.- El propio Presidente aseguró que usted violó el trato. ¿Supone que no conocía lo que se pactó con el Comisionado?
J.E.B.- Me niego a creer que el comisionado Restrepo no les haya notificado a sus jefes, el Presidente y el ministro Santos, que yo iba con cámaras.
C.O.T.- El Presidente también dijo que usted era un “publicista del terrorismo”. ¿Qué opinión le merece ese calificativo?
J.E.B.- Opino que no deja de ser toda una ironía que segundos antes de calificarme como “publicista del terrorismo”, el Presidente hubiera alardeado de la disminución de los asesinatos a periodistas durante sus gobiernos. Coincido con algunos colegas y abogados amigos en que Uribe deberá demostrar lo que dijo sobre mí y si no lo hace, tendrá que responder por calumnia e injuria.
C.O.T.- ¿Denunciará al jefe de Estado? ¿No le preocupa que la denuncia se convierta en una disputa de perdedor que polarizaría aún más las quejas contra usted?
J.E.B.- No he valorado aún ningún tipo de denuncia. Pero si las circunstancias me obligan, no dudaría en hacerlo.
C.O.T.- Le hago la pregunta que se debieron hacer muchos reporteros que hubieran querido estar en esa misión: ¿Por qué lo seleccionaron a usted y no a otro u otros?
J.E.B.- Son muchas las montañas subidas y los ríos cruzados detrás de las personas en poder de la guerrilla. Creo que después de cuatro documentales, tres libros y centenares de artículos y notas para radio y televisión sobre el tema, me gané el puesto en el helicóptero. Es increíble que todavía haya colegas que se sienten con derecho a primicias y privilegios por el solo hecho de salir todos los días en los noticieros, o porque el presidente Uribe los llama por su nombre en las ruedas de prensa.
C.O.T.- ¿Qué lo llevó a tomar la decisión de transmitir para Telesur si usted ya no trabaja para ese canal?
J.E.B.- Las liberaciones estaban pendiendo de un hilito. Entre los momentos que tengo grabados, hay uno muy dramático cuando el jefe guerrillero que nos recibió, le comunica a Piedad que no podían hacer las liberaciones en medio de los sobrevuelos. Pensé que nos tendríamos que devolver con las manos vacías. La guerrilla estaba realmente enojada y no lo ocultaba. De repente vi un teléfono satelital y se me ocurrió que si los comandantes (guerrilleros) podían denunciar lo que estaba ocurriendo, se decidirían a entregar a los rehenes. Yo sabía que Telesur
estaba haciendo una transmisión continúa del proceso y me comuniqué con el canal, relaté al aire lo que ocurría y ellos después entrevistaron al comandante Jairo Martínez. ¿Por qué Telesur? Porque sigo sintiendo que es mi casa.
C.O.T.- Antes de continuar quisiera puntualizar en los términos de ‘comandante’, para el jefe de los guerrilleros, y el de ‘rehenes’, para hablar de los secuestrados. ¿Esas palabras son indicativas de su posición política?
J.E.B.- Son descriptivas de una realidad. En los grupos guerrilleros hay unos rangos, así como tienen rangos los miembros de la Fuerza Pública, y no veo por qué yo deba hacer caso omiso de los términos que ellos utilizan para sí mismos. En cuanto a lo de ‘rehenes’, he optado por esa definición porque es la terminología que usa el CICR para referirse a las personas privadas de la libertad.
C.O.T.- ¿Qué contienen sus cámaras?
J.E.B.- El contenido saldrá en los próximos días en un reportaje de 52 minutos que ya estoy editando. Le adelanto algo: cuando todo se estaba derrumbando, Piedad le solicitó al CICR que llamara al Comisionado, pero el doctor Restrepo iba en un avión rumbo a Villavo y su teléfono satelital estaba apagado. Entonces Piedad pidió que se comunicaran con el ministro Santos. Éste dijo que, en unos minutos, averiguaría lo que estaba pasando. Al rato el CICR le volvió a marcar y él confirmó que había sobrevuelos, que los aviones habían salido de Tres Esquinas y que le había ordenado al general Padilla que los suspendiera de inmediato. También ofreció disculpas. Todo eso está grabado.
C.O.T.- Pero el ministro Santos dijo que él y los comandantes de Fuerza Aérea y Ejército habían pactado con el CICR sobrevuelos por encima de los 20 mil pies. ¿La Cruz Roja sabía o no sabía que la Fuerza Aérea iba a aparecer?
J.E.B.- Cuando nos reunimos con el comisionado Restrepo en el aeropuerto de Villavicencio, y él utilizó el argumento de los famosos 20 mil pies, la Cruz Roja fue clara en subrayar que lo pactado con el ministro Santos fue “cese total de operaciones militares en las áreas de liberación”. Para mí, ese fue un argumento de última hora, del que echó mano el Gobierno cuando descubrió que teníamos las pruebas de lo ocurrido.
C.O.T.- ¿Cuál fue la situación que se vivió en tierra cuando se escuchó el ruido de los aviones?
J.E.B.- En tierra había un gran nerviosismo. Le cuento que si no es por las dotes políticas de Piedad, las humorísticas de Daniel Samper y la mesura y calma de Olga Amparo Sánchez, aquello se hubiera puesto cada vez peor. También creo que fueron claves la diligencia y la buena disposición del CICR y la serenidad que mostró la tripulación brasileña. Imagínese usted la escena: un enorme helicóptero posado en un clarito de la selva a orillas del río Caguán, decenas de guerrilleros fuertemente armados y un desfile de aviones dando vueltas sobre nuestras cabezas.
C.O.T.- A usted también lo criticaron algunos medios y periodistas por presuntas faltas a la ética. ¿Se siente culpable?
J.E.B.- Estoy listo a dar el debate sobre ética que nuevamente se ha abierto. Pienso que actué con responsabilidad y no violé ningún principio de nuestro oficio. Es curioso que la irresponsabilidad del Gobierno hacia la misión humanitaria se hubiera convertido con el paso de las horas en la “irresponsabilidad de Botero”. Una columnista dijo que yo no pensé en los secuestrados cuando llamé a Telesur. Le quiero decir que tiene razón. Tal vez ella se la pase pensando en los secuestrados, mientras yo actúo y seguiré haciéndolo, para conseguir su libertad. Y a la niña arrogante e ignorante que dirige La Noche de RCN, le quiero decir que se oía como el diablo haciendo hostias cuando me acusó de buscar protagonismo. Ella, quien ha hecho de todo, y subrayo “de todo”, con tal de alcanzar el estrellato. Como decía Alan Jara: “el mundo al revés”. Los pájaros tirándoles a las escopetas.
C.O.T.- Las palabras de algunos colegas contra usted, y las suyas contra ellos, han sido muy duras. ¿La polarización política ha provocado también honda división entre los periodistas?
J.E.B.- Inevitablemente la polarización de la política ha tocado nuestra profesión la cual, entre otras cosas, ha estado atada a los avatares políticos a lo largo de la historia del país.
C.O.T.- Muchos de sus críticos dicen que usted se dedicó sólo a hacer trabajos y libros sobre las Farc ¿Cómo y por qué terminó especializándose en ese tema?
J.E.B.- La vida me fue mandando por esos caminos. Todo comenzó cuando el Noticiero 24 Horas me mandó a cubrir unas liberaciones que se produjeron durante el gobierno del presidente Samper, en Cartagena del Chairá. Han pasado más de 10 años y ahí sigo. Y le cuento que no pienso parar hasta que el círculo se cierre con las liberaciones de los 22 miembros de la Fuerza Pública que siguen en la selva.
C.O.T.- ¿No ha pensado que tanta concentración en un solo tema lo ha hecho perder objetividad frente a la guerrilla, como dicen algunos?
J.E.B.- Hay quienes dicen que muchos periodistas terminan enamorándose de sus fuentes, pero en mi caso, seguramente no han visto mis documentales. Nadie, después de verlos, puede decir que alguno de ellos contenga apología a una u otra de las partes, o que yo haya tomado partido. Mis trabajos hablan por sí mismos.
“No me he querido ir del país”
C.O.T.- ¿Usted sabía que el periodista Hollman Morris, quien ha recibido tantas críticas como usted, iba a estar en el sitio de entrega?
J.E.B.- No. No sabía que Hollman estaría allí. Lo vi desde el helicóptero, cuando aterrizábamos, y me sorprendí. Pensé que él y los colegas que lo acompañaban habían sido muy audaces al llegar hasta semejante lejura, corriendo todo tipo de riesgos. Admiro su decisión de conseguir las noticias.
C.O.T.- A Morris lo cobijan medidas de protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque ésta considera que su vida corre peligro. ¿Hay riesgos también para usted?
J.E.B.- Desde hace años el peligro ronda mi vida, pero no me he querido ir del país y no pienso hacerlo. Realmente me cuesta imaginarme con una cámara cubriendo los sucesos de Dinamarca.
C.O.T.- Entonces ¿cuáles son sus planes profesionales? ¿Todavía tiene espacio en Colombia o se le han cerrado puertas?
J.E.B.- Hace rato me las cerraron. Pero mire usted la ironía: todo el tiempo usan mis imágenes para ilustrar el tema de los rehenes. Sin embargo, cada vez hay más alternativas en otras partes y voy a aprovecharlas. Tengo en camino un par de proyectos documentales para televisión, un libro a punto de salir en EE.UU. y otro que estoy cocinando a fuego lento y que se publicará en Colombia.
Y ahora, un libro sobre los últimos días de Marulanda
En contraste con la dura polémica que despiertan sus actividades periodísticas en Colombia, los documentales y libros de Jorge Enrique Botero tienen buena acogida en el exterior. El mes entrante, Alfred A. Knopf Inc., una de las editoriales más prestigiosas de Estados Unidos, pondrá en el mercado el libro de Botero titulado Into the jungle, con la historia de los tres oficiales norteamericanos que permanecieron en poder de las Farc durante varios años. Por su parte, la editorial Random House Mondadori ya compró los derechos del libro que está en etapa de investigación, sobre los últimos días de Manuel Marulanda Vélez. Ya se conoce el éxito en ventas que tuvieron sus otros libros: Espérame en el cielo, capitán, Últimas noticias de la guerra y Simón Trinidad, el hombre de hierro. Adicionalmente, el primero de ellos será llevado al cine, y el de noticias de guerra se venderá en Estados Unidos, tanto en inglés como en español. Los derechos del programa que realizará con las grabaciones de los cuatro uniformados liberados estos días, ya fueron adquiridos por Telesur. Curiosamente, Botero también ha sido galardonado la mayoría de las veces en el extranjero: Premio Rey de España, en el género crónica en televisión; Premio Nuevo Periodismo Iberoamericano, entregado por García Márquez, en México; Premio Inserso, del Ministerio de Asuntos Sociales de España, y Premio Oro del Festival de Cataluña.
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Jorge Enrique Botero asegura que el comisionado Restrepo lo autorizó a llevar cámaras al sitio de la liberación de cuatro secuestrados.
Dice que podría denunciar penalmente al Presidente por las afirmaciones que hizo sobre él, y contraataca con duros calificativos a los periodistas que lo acusaron de poner en peligro vidas humanas por su reporte a Telesur.
El primer proceso de liberación de secuestrados, de los tres que se dieron la semana pasada, se convirtió en otra manzana de la discordia entre la Casa de Nariño y los periodistas. No obstante, en esta ocasión el asunto fue más grave por los delicados señalamientos que el Gobierno hizo contra dos de los más polémicos pero también de los más especializados reporteros del tema de la guerra y la paz de Colombia: Jorge Enrique Botero y Hollman Morris.
Ambos fueron descalificados por altos funcionarios como “publicistas del terrorismo”. De cierta manera, les adjudicaron la responsabilidad por el cuasifracaso en que estuvo dicho proceso, cuando aviones espía sobrevolaron el sitio donde la guerrilla le entregaría a la comisión humanitaria cuatro uniformados. Con ese argumento, y con el de que estaban “haciendo fiesta” y “shows mediáticos”, el Primer Mandatario ordenó desbaratar la comisión para las dos siguientes entregas, sacando de la misma a la senadora Piedad Córdoba, a Botero y a Daniel Samper Pizano, de quien no expresó, al menos en público, queja alguna. Pero según precisó este influyente columnista de El Tiempo, el Presidente lo expulsó de la misión simplemente “por ser periodista”.
De acuerdo con la primera reacción gubernamental, Botero habría mentido cuando transmitió desde la selva que había aviones militares sobrevolando el área. Después se indicó que sería culpable de poner sus intereses periodísticos por encima de la seguridad de los secuestrados y de lucrarse del material que había obtenido. Por su parte, Morris sería “propagandista de la violencia” y se habría prestado a grabar con los rehenes entrevistas manipuladas por las Farc.
Para acabar de tensionar el clima, el comisionado Luis Carlos Restrepo, quien estaba a cargo de la recepción de los recién liberados en Villavicencio, prohibió el acceso de decenas de reporteros a las instalaciones del aeropuerto. Los representantes de los medios se amotinaron y eso obligó al palacio presidencial a dar la contraorden. Fue entonces cuando se produjo un choque entre el Comisionado y la Casa de Nariño.
En la charla con El Espectador cuenta su versión sobre cómo y de quién obtuvo el permiso de llevar cámaras; asegura que grabó el momento en que el ministro Santos ofreció disculpas por la presencia de los aviones militares y explica por qué decidió llamar a Telesur en esos momentos. Por último, se defiende de las acusaciones oficiales y ataca duramente a quienes lo han señalado como un oportunista.
Cecilia Orozco Tascón.- Pasado el fragor de los hechos, ¿cómo se siente respecto de sí mismo y de sus dos intervenciones ante los medios, la primera desde la selva con Telesur, y la segunda, frente a todos los reporteros en Villavicencio?
Jorge Enrique Botero.- No puedo ocultar mi satisfacción por el final feliz que han tenido estas nuevas liberaciones. En su momento hubo quienes dijeron que yo me estaba tirando todo, pero voy a ser terriblemente inmodesto: creo que el reporte que hice para Telesur desde el punto de entrega, así como la denuncia sobre los sobrevuelos militares en el aeropuerto de Villavo, contribuyeron de manera importante a que no se frustrara el proceso.
C.O.T.- Pero usted ofreció disculpas, al menos por la llamada que hizo desde el sitio de la liberación.
J.E.B.- Ofrecí disculpas por no haber consultado con los demás miembros de la delegación y por haber transgredido el protocolo, pero advirtiendo que hice lo que hice por buscar una fórmula para destrabar la entrega.
C.O.T.- El Gobierno lo criticó a usted por haber violado su condición de garante. ¿Qué dice al respecto?
J.E.B.- Desde el principio, saliendo de Bogotá y llegando a Florencia, todo el mundo se dio cuenta de que llevaba mis cámaras. No obstante, también era garante en el sentido de que por el hecho de que hubiera un registro, se garantizaba que cualquier intento de sabotear las liberaciones quedaría en evidencia… como en efecto sucedió.
C.O.T.- Daniel Samper ha dicho que las partes, es decir, el Gobierno y las Farc, y por supuesto la Cruz Roja, aceptaron la presencia suya, como periodista. ¿Con cuánto tiempo de antelación hizo la petición?
J.E.B.- Es claro que las partes aceptaron mi presencia como periodista. Las Farc consintieron a través de un mensaje electrónico, a mediados de enero, y el Gobierno, el miércoles anterior, al comienzo de la operación. Le hice
la solicitud al doctor (Luis Carlos) Restrepo en una reunión tumultuosa en el Comité Internacional de la Cruz Roja donde estaban al menos seis de los funcionarios de éste; también estaban Piedad, Olga Amparo Sánchez, el embajador del Brasil, otros empleados de la embajada y uno de los pilotos que acompañaron la operación. Él me dijo que lo pensaría y quedamos en que me respondería en la tarde de ese mismo día. A las cinco y media, en casa de Piedad, aceptó que yo viajara con mi equipo de video.
C.O.T.- ¿Cree que los asistentes a las reuniones corroborarían su versión?
J.E.B.- Estoy absolutamente seguro de que así sería. Además, hay evidencias de lo que dije, pues durante la reunión alguien me hizo llegar una nota aconsejándome que hiciera formalmente la solicitud de viajar con cámaras. Y así lo hice.
C.O.T.- El propio Presidente aseguró que usted violó el trato. ¿Supone que no conocía lo que se pactó con el Comisionado?
J.E.B.- Me niego a creer que el comisionado Restrepo no les haya notificado a sus jefes, el Presidente y el ministro Santos, que yo iba con cámaras.
C.O.T.- El Presidente también dijo que usted era un “publicista del terrorismo”. ¿Qué opinión le merece ese calificativo?
J.E.B.- Opino que no deja de ser toda una ironía que segundos antes de calificarme como “publicista del terrorismo”, el Presidente hubiera alardeado de la disminución de los asesinatos a periodistas durante sus gobiernos. Coincido con algunos colegas y abogados amigos en que Uribe deberá demostrar lo que dijo sobre mí y si no lo hace, tendrá que responder por calumnia e injuria.
C.O.T.- ¿Denunciará al jefe de Estado? ¿No le preocupa que la denuncia se convierta en una disputa de perdedor que polarizaría aún más las quejas contra usted?
J.E.B.- No he valorado aún ningún tipo de denuncia. Pero si las circunstancias me obligan, no dudaría en hacerlo.
C.O.T.- Le hago la pregunta que se debieron hacer muchos reporteros que hubieran querido estar en esa misión: ¿Por qué lo seleccionaron a usted y no a otro u otros?
J.E.B.- Son muchas las montañas subidas y los ríos cruzados detrás de las personas en poder de la guerrilla. Creo que después de cuatro documentales, tres libros y centenares de artículos y notas para radio y televisión sobre el tema, me gané el puesto en el helicóptero. Es increíble que todavía haya colegas que se sienten con derecho a primicias y privilegios por el solo hecho de salir todos los días en los noticieros, o porque el presidente Uribe los llama por su nombre en las ruedas de prensa.
C.O.T.- ¿Qué lo llevó a tomar la decisión de transmitir para Telesur si usted ya no trabaja para ese canal?
J.E.B.- Las liberaciones estaban pendiendo de un hilito. Entre los momentos que tengo grabados, hay uno muy dramático cuando el jefe guerrillero que nos recibió, le comunica a Piedad que no podían hacer las liberaciones en medio de los sobrevuelos. Pensé que nos tendríamos que devolver con las manos vacías. La guerrilla estaba realmente enojada y no lo ocultaba. De repente vi un teléfono satelital y se me ocurrió que si los comandantes (guerrilleros) podían denunciar lo que estaba ocurriendo, se decidirían a entregar a los rehenes. Yo sabía que Telesur
estaba haciendo una transmisión continúa del proceso y me comuniqué con el canal, relaté al aire lo que ocurría y ellos después entrevistaron al comandante Jairo Martínez. ¿Por qué Telesur? Porque sigo sintiendo que es mi casa.
C.O.T.- Antes de continuar quisiera puntualizar en los términos de ‘comandante’, para el jefe de los guerrilleros, y el de ‘rehenes’, para hablar de los secuestrados. ¿Esas palabras son indicativas de su posición política?
J.E.B.- Son descriptivas de una realidad. En los grupos guerrilleros hay unos rangos, así como tienen rangos los miembros de la Fuerza Pública, y no veo por qué yo deba hacer caso omiso de los términos que ellos utilizan para sí mismos. En cuanto a lo de ‘rehenes’, he optado por esa definición porque es la terminología que usa el CICR para referirse a las personas privadas de la libertad.
C.O.T.- ¿Qué contienen sus cámaras?
J.E.B.- El contenido saldrá en los próximos días en un reportaje de 52 minutos que ya estoy editando. Le adelanto algo: cuando todo se estaba derrumbando, Piedad le solicitó al CICR que llamara al Comisionado, pero el doctor Restrepo iba en un avión rumbo a Villavo y su teléfono satelital estaba apagado. Entonces Piedad pidió que se comunicaran con el ministro Santos. Éste dijo que, en unos minutos, averiguaría lo que estaba pasando. Al rato el CICR le volvió a marcar y él confirmó que había sobrevuelos, que los aviones habían salido de Tres Esquinas y que le había ordenado al general Padilla que los suspendiera de inmediato. También ofreció disculpas. Todo eso está grabado.
C.O.T.- Pero el ministro Santos dijo que él y los comandantes de Fuerza Aérea y Ejército habían pactado con el CICR sobrevuelos por encima de los 20 mil pies. ¿La Cruz Roja sabía o no sabía que la Fuerza Aérea iba a aparecer?
J.E.B.- Cuando nos reunimos con el comisionado Restrepo en el aeropuerto de Villavicencio, y él utilizó el argumento de los famosos 20 mil pies, la Cruz Roja fue clara en subrayar que lo pactado con el ministro Santos fue “cese total de operaciones militares en las áreas de liberación”. Para mí, ese fue un argumento de última hora, del que echó mano el Gobierno cuando descubrió que teníamos las pruebas de lo ocurrido.
C.O.T.- ¿Cuál fue la situación que se vivió en tierra cuando se escuchó el ruido de los aviones?
J.E.B.- En tierra había un gran nerviosismo. Le cuento que si no es por las dotes políticas de Piedad, las humorísticas de Daniel Samper y la mesura y calma de Olga Amparo Sánchez, aquello se hubiera puesto cada vez peor. También creo que fueron claves la diligencia y la buena disposición del CICR y la serenidad que mostró la tripulación brasileña. Imagínese usted la escena: un enorme helicóptero posado en un clarito de la selva a orillas del río Caguán, decenas de guerrilleros fuertemente armados y un desfile de aviones dando vueltas sobre nuestras cabezas.
C.O.T.- A usted también lo criticaron algunos medios y periodistas por presuntas faltas a la ética. ¿Se siente culpable?
J.E.B.- Estoy listo a dar el debate sobre ética que nuevamente se ha abierto. Pienso que actué con responsabilidad y no violé ningún principio de nuestro oficio. Es curioso que la irresponsabilidad del Gobierno hacia la misión humanitaria se hubiera convertido con el paso de las horas en la “irresponsabilidad de Botero”. Una columnista dijo que yo no pensé en los secuestrados cuando llamé a Telesur. Le quiero decir que tiene razón. Tal vez ella se la pase pensando en los secuestrados, mientras yo actúo y seguiré haciéndolo, para conseguir su libertad. Y a la niña arrogante e ignorante que dirige La Noche de RCN, le quiero decir que se oía como el diablo haciendo hostias cuando me acusó de buscar protagonismo. Ella, quien ha hecho de todo, y subrayo “de todo”, con tal de alcanzar el estrellato. Como decía Alan Jara: “el mundo al revés”. Los pájaros tirándoles a las escopetas.
C.O.T.- Las palabras de algunos colegas contra usted, y las suyas contra ellos, han sido muy duras. ¿La polarización política ha provocado también honda división entre los periodistas?
J.E.B.- Inevitablemente la polarización de la política ha tocado nuestra profesión la cual, entre otras cosas, ha estado atada a los avatares políticos a lo largo de la historia del país.
C.O.T.- Muchos de sus críticos dicen que usted se dedicó sólo a hacer trabajos y libros sobre las Farc ¿Cómo y por qué terminó especializándose en ese tema?
J.E.B.- La vida me fue mandando por esos caminos. Todo comenzó cuando el Noticiero 24 Horas me mandó a cubrir unas liberaciones que se produjeron durante el gobierno del presidente Samper, en Cartagena del Chairá. Han pasado más de 10 años y ahí sigo. Y le cuento que no pienso parar hasta que el círculo se cierre con las liberaciones de los 22 miembros de la Fuerza Pública que siguen en la selva.
C.O.T.- ¿No ha pensado que tanta concentración en un solo tema lo ha hecho perder objetividad frente a la guerrilla, como dicen algunos?
J.E.B.- Hay quienes dicen que muchos periodistas terminan enamorándose de sus fuentes, pero en mi caso, seguramente no han visto mis documentales. Nadie, después de verlos, puede decir que alguno de ellos contenga apología a una u otra de las partes, o que yo haya tomado partido. Mis trabajos hablan por sí mismos.
“No me he querido ir del país”
C.O.T.- ¿Usted sabía que el periodista Hollman Morris, quien ha recibido tantas críticas como usted, iba a estar en el sitio de entrega?
J.E.B.- No. No sabía que Hollman estaría allí. Lo vi desde el helicóptero, cuando aterrizábamos, y me sorprendí. Pensé que él y los colegas que lo acompañaban habían sido muy audaces al llegar hasta semejante lejura, corriendo todo tipo de riesgos. Admiro su decisión de conseguir las noticias.
C.O.T.- A Morris lo cobijan medidas de protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque ésta considera que su vida corre peligro. ¿Hay riesgos también para usted?
J.E.B.- Desde hace años el peligro ronda mi vida, pero no me he querido ir del país y no pienso hacerlo. Realmente me cuesta imaginarme con una cámara cubriendo los sucesos de Dinamarca.
C.O.T.- Entonces ¿cuáles son sus planes profesionales? ¿Todavía tiene espacio en Colombia o se le han cerrado puertas?
J.E.B.- Hace rato me las cerraron. Pero mire usted la ironía: todo el tiempo usan mis imágenes para ilustrar el tema de los rehenes. Sin embargo, cada vez hay más alternativas en otras partes y voy a aprovecharlas. Tengo en camino un par de proyectos documentales para televisión, un libro a punto de salir en EE.UU. y otro que estoy cocinando a fuego lento y que se publicará en Colombia.
Y ahora, un libro sobre los últimos días de Marulanda
En contraste con la dura polémica que despiertan sus actividades periodísticas en Colombia, los documentales y libros de Jorge Enrique Botero tienen buena acogida en el exterior. El mes entrante, Alfred A. Knopf Inc., una de las editoriales más prestigiosas de Estados Unidos, pondrá en el mercado el libro de Botero titulado Into the jungle, con la historia de los tres oficiales norteamericanos que permanecieron en poder de las Farc durante varios años. Por su parte, la editorial Random House Mondadori ya compró los derechos del libro que está en etapa de investigación, sobre los últimos días de Manuel Marulanda Vélez. Ya se conoce el éxito en ventas que tuvieron sus otros libros: Espérame en el cielo, capitán, Últimas noticias de la guerra y Simón Trinidad, el hombre de hierro. Adicionalmente, el primero de ellos será llevado al cine, y el de noticias de guerra se venderá en Estados Unidos, tanto en inglés como en español. Los derechos del programa que realizará con las grabaciones de los cuatro uniformados liberados estos días, ya fueron adquiridos por Telesur. Curiosamente, Botero también ha sido galardonado la mayoría de las veces en el extranjero: Premio Rey de España, en el género crónica en televisión; Premio Nuevo Periodismo Iberoamericano, entregado por García Márquez, en México; Premio Inserso, del Ministerio de Asuntos Sociales de España, y Premio Oro del Festival de Cataluña.
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Polemica por la Liberación de Rehenes
Las liberaciones y la ética periodística
El gobierno acusó al periodista Hollman Morris de prestarse a la manipulación de las Farc. El reportero respondió que se le obstaculizó su libertad de informar. ¿Hasta dónde cada parte tiene la razón?
En la primera noche de libertad, el subintendente de la Policía Juan Fernando Galicia dijo que las Farc lo habían obligado a él, a los otros dos policías y al soldado que estaban cautivos a dar declaraciones basadas en un libreto. Comentó que los chantajearon con que si no decían lo que los guerrilleros pedían, no serían liberados.
Con base en esa declaración, el gobierno ató cabos cuando se enteró de la presencia del periodista Hollman Morris en la zona y concluyó que él era el encargado de difundir las premeditadas declaraciones de los recién liberados.
Pero el periodista ha argumentado que la razón de su presencia es que desde hace varios meses viene preparando un documental sobre el secuestro. Para tales efectos, dice el periodista, buscó una entrevista con un alto mando de las Farc y que cuando por fin la consiguió, fueron los mismos guerrilleros los que lo condujeron hasta el sitio de la entrega. Escuche la explicación del periodista.
Morris explicó que sí entrevistó a los tres policías y al soldado antes de ser entregados a la comisión. Pero dijo que desde un comienzo se dio cuenta de que sus respuestas no eran espontáneas, sino que obedecían a un testimonio premeditado. “Entonces me dediqué a preguntarles sólo el nombre y cuánto tiempo llevan secuestrados”, explicó en esta entrevista en La W. En ella, también aclaró que, como periodista, tiene la posibilidad de seleccionar qué publica y qué no y aclaró que no iba a publicar testimonios prefabricados por las Farc. Escuche las declaraciones de Morris.
Después llegó la comisión humanitaria. Según un comunicado del gobierno, la presencia de Morris “sorprendió a la Comisión del CICR y a Piedad Córdoba y pretendió que lo trasladaran en el helicóptero dispuesto para recoger a los secuestrados que iban a ser liberados”. Pero no viajó en el helicóptero.
Morris no estaba solo. Lo acompaña el periodista Camilo Raigozo, del semanario Voz. Ambos le explicaron a la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) que “fueron detenidos en un retén del Batallón ‘Héroes de Guapí’ del Ejército. Los militares les impedían el paso hacia el municipio de La Unión Peneya, ubicado a tres horas de Florencia, capital del departamento de Caquetá, al sur del país”.
Dijeron, además, que los uniformados les dijeron que “no podían pasar por ser periodistas. Luego de un rato les dieron paso y los reporteros se dedicaron a realizar su trabajo informativo, relacionado con la liberación de los secuestrados por parte de las Farc”.
La Flip documentó, además, que los periodistas fueron seguidos insistentemente por el Ejército, por lo que los comunicadores decidieron contar su situación a organizaciones de derechos humanos. Para hacerlo, fueron al único establecimiento del pueblo que tiene servicio de celular. “De un momento a otro, el coronel del batallón de apellido Martínez – que la FLIP no pudo identificar totalmente –, ingresó al lugar y ordenó el cierre del establecimiento. Los periodistas fueron detenidos por algunos minutos mientras les exigían la entrega de su material periodístico, argumentando “tener órdenes de superiores”. Los periodistas se negaron a cumplir dicha exigencia. Los militares continuaron vigilando y siguiendo a los periodistas”, dice una alerta emitida por la Flip.
Finalmente, el comandante de la XII Brigada del Ejército, Félix Iván Muñoz, ordenó a los militares que dejaran de exigirles la entrega del material a Morris y Raigozo. Al parecer, tal decisión obedeció a una llamada que hizo el defensor del pueblo, Vólmar Pérez.
Pese a que los militares les dijeron a los comunicadores que podían retirarse, ellos consideraron que se mantenían en riesgo y prefirieron esperar el acompañamiento de funcionarios de la Defensoría del Pueblo. Finalmente, llegaron a Florencia, capital de Caquetá.
Sin embargo, el gobierno ha sentado su protesta en discusiones éticas sobre la posible divulgación de declaraciones premeditadas por las Farc en boca de los liberados para hacerle apología a la violencia. Escuche al ministro Juan Manuel Santos hablando de la ética periodística en La W.
El vicepresidente Francisco Santos también salió a sentar su protesta en el mismo sentido. “El Gobierno respeta y garantiza la libertad de prensa, pero considera que ni la libertad de prensa ni la liberación de secuestrados deban ser utilizados para hacerle apología a la violencia y a quienes someten al pueblo colombiano al secuestro, a tratos inhumanos, a mutilaciones y a ataques terroristas”, dice un comunicado emitido desde su despacho.
El ministro de Defensa declaró, además, que Morris es “afín a la guerrilla”. Escuche al Ministro cuestionar las acciones de Morris.
Y el periodista se defiende diciendo que el gobierno ataca a los periodistas que quieren hacer un cubrimiento responsable del conflicto colombiano. Según el comunicador, ya ha empezado a recibir amenazas por los comentarios de Juan Manuel Santos y pide moderar el lenguaje para proteger su vida. Escuche a Morris contando cómo el Ministro lo había cuestionado antes.
Respecto a la seguridad de Morris, el Vicepresidente cuenta en su comunicado que “Morris cuenta con medidas cautelares solicitadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a pesar de alegar riesgo extraordinario para su vida, se sometió a riesgo extremo, sin informar al Estado del cual demanda protección”.
Algunas reflexiones para el debate
Fue una desfortunada coincidencia que un trabajo documental de los periodistas Morris y Raigozo se cruzara con el delicado operativo de liberación en su primera etapa. Las partes habian llegado a un acuerdo de que no habría prensa cubriendo las liberaciones. Al estar presentes los periodistas en el sitio donde fueron liberados los cuatro primeros rehenes se violó ese acuerdo, y los malentendidos que de ahí en adalante siguieron casi dan al traste con toda la misión humanitaria.
La reponsabilidad del periodismo es mayor cuando estén vidas de terceros en juego.
El gobierno se apresuró a sacar conclusiones que afectaron el buen nombre y la libertad de informar de los periodistas Hollman y Raigozo. Sin concoer bien los hechos, dijo que Morris iba a hacer "apología de la violencia" cuando ni siqueira pensaba publicar las entrevistas que él también percibió como ensayadas por los guerrilleros.
Con calificativos como "afina a la guerrilla" el Ministro de Defensa descalifica la labor de un periodista valiente y, en un país tan intolerante, pone en riesgo su vida. Morris tiene medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y como tal debe ser especialmente protegido por el gobierno, que debe abstenerse de atacar periodistas que le son críticos.
Es necesario que la Fuerza Pública respete siempre la libertad de los periodistas para conseguir información, para preservar su material periodístico y para moverse por el territorio nacional. Ellos son los garantes más inmediatos de que se respete la libertad de información, pilar de toda democracia.
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En la primera noche de libertad, el subintendente de la Policía Juan Fernando Galicia dijo que las Farc lo habían obligado a él, a los otros dos policías y al soldado que estaban cautivos a dar declaraciones basadas en un libreto. Comentó que los chantajearon con que si no decían lo que los guerrilleros pedían, no serían liberados.
Con base en esa declaración, el gobierno ató cabos cuando se enteró de la presencia del periodista Hollman Morris en la zona y concluyó que él era el encargado de difundir las premeditadas declaraciones de los recién liberados.
Pero el periodista ha argumentado que la razón de su presencia es que desde hace varios meses viene preparando un documental sobre el secuestro. Para tales efectos, dice el periodista, buscó una entrevista con un alto mando de las Farc y que cuando por fin la consiguió, fueron los mismos guerrilleros los que lo condujeron hasta el sitio de la entrega. Escuche la explicación del periodista.
Morris explicó que sí entrevistó a los tres policías y al soldado antes de ser entregados a la comisión. Pero dijo que desde un comienzo se dio cuenta de que sus respuestas no eran espontáneas, sino que obedecían a un testimonio premeditado. “Entonces me dediqué a preguntarles sólo el nombre y cuánto tiempo llevan secuestrados”, explicó en esta entrevista en La W. En ella, también aclaró que, como periodista, tiene la posibilidad de seleccionar qué publica y qué no y aclaró que no iba a publicar testimonios prefabricados por las Farc. Escuche las declaraciones de Morris.
Después llegó la comisión humanitaria. Según un comunicado del gobierno, la presencia de Morris “sorprendió a la Comisión del CICR y a Piedad Córdoba y pretendió que lo trasladaran en el helicóptero dispuesto para recoger a los secuestrados que iban a ser liberados”. Pero no viajó en el helicóptero.
Morris no estaba solo. Lo acompaña el periodista Camilo Raigozo, del semanario Voz. Ambos le explicaron a la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) que “fueron detenidos en un retén del Batallón ‘Héroes de Guapí’ del Ejército. Los militares les impedían el paso hacia el municipio de La Unión Peneya, ubicado a tres horas de Florencia, capital del departamento de Caquetá, al sur del país”.
Dijeron, además, que los uniformados les dijeron que “no podían pasar por ser periodistas. Luego de un rato les dieron paso y los reporteros se dedicaron a realizar su trabajo informativo, relacionado con la liberación de los secuestrados por parte de las Farc”.
La Flip documentó, además, que los periodistas fueron seguidos insistentemente por el Ejército, por lo que los comunicadores decidieron contar su situación a organizaciones de derechos humanos. Para hacerlo, fueron al único establecimiento del pueblo que tiene servicio de celular. “De un momento a otro, el coronel del batallón de apellido Martínez – que la FLIP no pudo identificar totalmente –, ingresó al lugar y ordenó el cierre del establecimiento. Los periodistas fueron detenidos por algunos minutos mientras les exigían la entrega de su material periodístico, argumentando “tener órdenes de superiores”. Los periodistas se negaron a cumplir dicha exigencia. Los militares continuaron vigilando y siguiendo a los periodistas”, dice una alerta emitida por la Flip.
Finalmente, el comandante de la XII Brigada del Ejército, Félix Iván Muñoz, ordenó a los militares que dejaran de exigirles la entrega del material a Morris y Raigozo. Al parecer, tal decisión obedeció a una llamada que hizo el defensor del pueblo, Vólmar Pérez.
Pese a que los militares les dijeron a los comunicadores que podían retirarse, ellos consideraron que se mantenían en riesgo y prefirieron esperar el acompañamiento de funcionarios de la Defensoría del Pueblo. Finalmente, llegaron a Florencia, capital de Caquetá.
Sin embargo, el gobierno ha sentado su protesta en discusiones éticas sobre la posible divulgación de declaraciones premeditadas por las Farc en boca de los liberados para hacerle apología a la violencia. Escuche al ministro Juan Manuel Santos hablando de la ética periodística en La W.
El vicepresidente Francisco Santos también salió a sentar su protesta en el mismo sentido. “El Gobierno respeta y garantiza la libertad de prensa, pero considera que ni la libertad de prensa ni la liberación de secuestrados deban ser utilizados para hacerle apología a la violencia y a quienes someten al pueblo colombiano al secuestro, a tratos inhumanos, a mutilaciones y a ataques terroristas”, dice un comunicado emitido desde su despacho.
El ministro de Defensa declaró, además, que Morris es “afín a la guerrilla”. Escuche al Ministro cuestionar las acciones de Morris.
Y el periodista se defiende diciendo que el gobierno ataca a los periodistas que quieren hacer un cubrimiento responsable del conflicto colombiano. Según el comunicador, ya ha empezado a recibir amenazas por los comentarios de Juan Manuel Santos y pide moderar el lenguaje para proteger su vida. Escuche a Morris contando cómo el Ministro lo había cuestionado antes.
Respecto a la seguridad de Morris, el Vicepresidente cuenta en su comunicado que “Morris cuenta con medidas cautelares solicitadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a pesar de alegar riesgo extraordinario para su vida, se sometió a riesgo extremo, sin informar al Estado del cual demanda protección”.
Algunas reflexiones para el debate
Fue una desfortunada coincidencia que un trabajo documental de los periodistas Morris y Raigozo se cruzara con el delicado operativo de liberación en su primera etapa. Las partes habian llegado a un acuerdo de que no habría prensa cubriendo las liberaciones. Al estar presentes los periodistas en el sitio donde fueron liberados los cuatro primeros rehenes se violó ese acuerdo, y los malentendidos que de ahí en adalante siguieron casi dan al traste con toda la misión humanitaria.
La reponsabilidad del periodismo es mayor cuando estén vidas de terceros en juego.
El gobierno se apresuró a sacar conclusiones que afectaron el buen nombre y la libertad de informar de los periodistas Hollman y Raigozo. Sin concoer bien los hechos, dijo que Morris iba a hacer "apología de la violencia" cuando ni siqueira pensaba publicar las entrevistas que él también percibió como ensayadas por los guerrilleros.
Con calificativos como "afina a la guerrilla" el Ministro de Defensa descalifica la labor de un periodista valiente y, en un país tan intolerante, pone en riesgo su vida. Morris tiene medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y como tal debe ser especialmente protegido por el gobierno, que debe abstenerse de atacar periodistas que le son críticos.
Es necesario que la Fuerza Pública respete siempre la libertad de los periodistas para conseguir información, para preservar su material periodístico y para moverse por el territorio nacional. Ellos son los garantes más inmediatos de que se respete la libertad de información, pilar de toda democracia.
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Polemica por la Liberación de Rehenes
Acuerdo Humanitario será la principal preocupación de Alan Jara tras recuperar su libertad
En su regreso exhibió un refinado sentido del humor y una memoria prodigiosa que le permitió mencionar con nombre propio a decenas de periodistas a los que escuchó durante sus 7 años de cautiverio.
Relató con mucha precisión de detalle el momento en que las Farc se lo llevaron el 15 de julio de 2001; la tarde del 18 de diciembre pasado cuando fue informado de que volvería a la libertad, y las 7 semanas de caminata para llegar al lugar en que fue recogido el martes.
Nada había en su rostro que delatara enfermedad o tristeza. Por el contrario, desde el primer momento en que apareció a través de las ventanillas del helicóptero que lo transportó desde la selva hasta la capital del Meta, dejó ver su felicidad. Su rostro enjuto y su figura menuda contrastaban con la fortaleza de sus palabras.
Aunque arrancó muchas carcajadas de los más de 100 periodistas que atendieron su conferencia de prensa, con anécdotas sobre su vida de secuestrado, como la de la diversificada dieta de lentejas, arroz y fríjoles, día y noche, lo que más llamó la atención fue su insistente reclamo al presidente Álvaro Uribe, por no acceder al acuerdo humanitario.
También aseguró que es equivocado afirmar que las Farc están derrotadas, concepto que adobó con más anécdotas, como la de su sorpresa cuando, en plena selva, un comandante guerrillero consiguió, de un día para otro, una olla a presión de 13 litros para cocinar los infaltables fríjoles, solo porque él se lo sugirió a manera de chiste.
Algunas palabras suyas hacen pensar que volverá a la actividad política, pero dijo que, ante todo, se dedicará a trabajar por el acuerdo humanitario hasta lograr que los demás secuestrados que "se pudren en la selva" recobren su libertad.
Respondió todas las preguntas de los reporteros y cuando alguien le sugirió que pusiera fin al interrogatorio periodístico, dijo que no, que había descansado mucho y que quería absolver los interrogantes.
Estaba lleno de agradecimientos. En varias oportunidades envió saludos a sus ex compañeros de cautiverio, a los periodistas de los medios de comunicación que han habilitado programas especiales para hacerles la vida más grata a los secuestrados, obviamente, muchas veces a Piedad Córdoba y al presidente Hugo Chávez.
Cómo fue el secuestro
Jara recordó que el 15 de julio 2001 fue invitado por la ONU a Lejanías (Meta) para la inauguración de un puente. Según su relato, al llegar a la zona se encontraron con un retén de la guerrilla, que les permitió seguir.
Sin embargo, al momento del regreso los guerrilleros le exigieron bajar del vehículo para hablar con él.
Dijo que tras un recorrido de 11 días, durante los cuales lo llevaron por varios de los municipios de la zona de distensión: Mesetas, Uribe, La Julia, Macarena y finalmente el Caguán. En este poblado, lo llevaron hasta donde Jorge Briceño 'Mono Jojoy'.
Comentó que el jefe guerrillero le hizo una serie de requerimientos y le pidió aclaraciones. "Usted no sabía que yo dije que iba a coger los parlamentarios para el canje. Le respondí que yo no era parlamentario y él me dijo que iba a serlo y aquí estoy, 7 años y medio después. Ojalá esas palabras sean premonitorias", contó ayer Jara.
Cómo fue la liberación
Poco antes de que se conociera la decisión de las Farc de liberar unilateralmente a seis secuestrados, el pasado 21 de diciembre, comenzó la marcha de Alan Jara hacia la libertad.
Según el ex gobernador, la jornada para su liberación "fue muy dura". Jara contó que duraron siete semanas caminando, "y para saber cada cuánto hacían un alto en el camino -porque tienen una capacidad de marcha increíble- yo contaba que cada 4 mil pasos paraban".
Jara aseguró que todos esos días se los pasó contando. "Calculé que pasamos de los 150 kilómetros a pie, para no contar los que recorrimos en lancha", relató.
Acuerdo Humanitario
"Al presidente Uribe lo único que tengo para pedirle es el acuerdo humanitario", dijo Jara.
Señaló que la actitud del Presidente no ha ayudado a que se produzca el intercambio y por ende la liberación de los secuestrados. "Lo digo con claridad, siento de todo corazón que Uribe no hizo nada por la libertad de nosotros", aseguró el ex gobernador.
Luego agregó que "siempre se dan hechos que, en una u otra dirección, apuntan a lo mismo, a que no se avance en el intercambio humanitario, a que no avance el diálogo político".
"No veo otra salida que la negociada", manifestó.
Para Jara, a los secuestrados que siguen en poder de la guerrilla se les está aplicando una pena de muerte por omisión, "que consiste en que hay un verdugo, que son las Farc, que es quien dispara y quien asesina cuando así lo considera, y hay una omisión cuando no hacemos nada por impedirlo".
Por ello consideró que la celebración de un acuerdo humanitario no significa que se debilite la política de seguridad democrática que ha aplicado el presidente Uribe. "No puede ser tan débil", dijo.
"Las Farc no están derrotadas"
Sobre la actual condición de las Farc, el ex gobernador del Meta también hizo algunos comentarios. Jara aseguró que "las Farc no están derrotadas", y confesó que no sabía qué se estaría diciendo acá, "pero allá en el monte hay muchos y la mayoría son jóvenes".
Para ilustrarlo, Jara contó cómo, en cuestión de horas consiguieron una estufa de gasolina porque estaban cocinando con leña y eso ocasionaba bastante humo. También relató que los fríjoles que cocinaban no se ablandaban y manera de chiste les recomendó conseguir una olla a presión.
"A mí me gusta ponerle picantito, y le dije, ¿por qué no se consigue una olla exprés? Al día siguiente estaba la olla exprés de 13 litros. Impresionante", comentó.
"Suplico que supriman las cadenas"
El recién liberado reveló que a dos de sus compañeros los tienen encadenados las 24 horas desde hace dos años. Según él, fueron castigados luego de que los propios guerrilleros cometieron una 'falta' al dejar flojas sus ataduras.
"Suplico que ese método lo supriman como método de sanción", pidió Jara.
Explicó que cuando los encadenan en parejas implica que hagan hasta sus actividades más íntimas en compañía: "Si yo voy al baño, usted va al baño", contó.
Agregó que, incluso, en largas caminatas los obligan a andar encadenados: "Si pasando un puente se cae uno, se cae el otro (...) es una circunstancia triste, dolorosa, hasta los mismos guerrilleros encargados de ponerlas arrugan la cara cuando hacen eso".
Jara relató que en una ocasión debieron atravesar así, atados, un ancho río: "Tenía unos 300 o 340 metros y en la orilla estaba 'Martín Sombra' dirigiendo la operación".
Según Jara, el guerrillero le preguntó a uno de los soldados si sabía nadar. A pesar de la respuesta negativa del militar, 'Sombra' se limitó a decir: "Bueno, cuidado, no se vayan a ahogar".
Lo más duro son las cadenas de la indiferencia que ustedes han contribuido a romper.
Operación 'Jaque'
De la operación 'Jaque', Alan Jara dijo tener la visión que tienen las Farc. Según él, la guerrilla sigue con el convencimiento de que "(alias) 'César' es un traidor y los vendió, y que la operación 'Jaque' fue eso". Jara agregó que "esa es la posición de las Farc. Es lo que yo oí y me consta".
REDACCIÓN POLÍTICA
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Relató con mucha precisión de detalle el momento en que las Farc se lo llevaron el 15 de julio de 2001; la tarde del 18 de diciembre pasado cuando fue informado de que volvería a la libertad, y las 7 semanas de caminata para llegar al lugar en que fue recogido el martes.
Nada había en su rostro que delatara enfermedad o tristeza. Por el contrario, desde el primer momento en que apareció a través de las ventanillas del helicóptero que lo transportó desde la selva hasta la capital del Meta, dejó ver su felicidad. Su rostro enjuto y su figura menuda contrastaban con la fortaleza de sus palabras.
Aunque arrancó muchas carcajadas de los más de 100 periodistas que atendieron su conferencia de prensa, con anécdotas sobre su vida de secuestrado, como la de la diversificada dieta de lentejas, arroz y fríjoles, día y noche, lo que más llamó la atención fue su insistente reclamo al presidente Álvaro Uribe, por no acceder al acuerdo humanitario.
También aseguró que es equivocado afirmar que las Farc están derrotadas, concepto que adobó con más anécdotas, como la de su sorpresa cuando, en plena selva, un comandante guerrillero consiguió, de un día para otro, una olla a presión de 13 litros para cocinar los infaltables fríjoles, solo porque él se lo sugirió a manera de chiste.
Algunas palabras suyas hacen pensar que volverá a la actividad política, pero dijo que, ante todo, se dedicará a trabajar por el acuerdo humanitario hasta lograr que los demás secuestrados que "se pudren en la selva" recobren su libertad.
Respondió todas las preguntas de los reporteros y cuando alguien le sugirió que pusiera fin al interrogatorio periodístico, dijo que no, que había descansado mucho y que quería absolver los interrogantes.
Estaba lleno de agradecimientos. En varias oportunidades envió saludos a sus ex compañeros de cautiverio, a los periodistas de los medios de comunicación que han habilitado programas especiales para hacerles la vida más grata a los secuestrados, obviamente, muchas veces a Piedad Córdoba y al presidente Hugo Chávez.
Cómo fue el secuestro
Jara recordó que el 15 de julio 2001 fue invitado por la ONU a Lejanías (Meta) para la inauguración de un puente. Según su relato, al llegar a la zona se encontraron con un retén de la guerrilla, que les permitió seguir.
Sin embargo, al momento del regreso los guerrilleros le exigieron bajar del vehículo para hablar con él.
Dijo que tras un recorrido de 11 días, durante los cuales lo llevaron por varios de los municipios de la zona de distensión: Mesetas, Uribe, La Julia, Macarena y finalmente el Caguán. En este poblado, lo llevaron hasta donde Jorge Briceño 'Mono Jojoy'.
Comentó que el jefe guerrillero le hizo una serie de requerimientos y le pidió aclaraciones. "Usted no sabía que yo dije que iba a coger los parlamentarios para el canje. Le respondí que yo no era parlamentario y él me dijo que iba a serlo y aquí estoy, 7 años y medio después. Ojalá esas palabras sean premonitorias", contó ayer Jara.
Cómo fue la liberación
Poco antes de que se conociera la decisión de las Farc de liberar unilateralmente a seis secuestrados, el pasado 21 de diciembre, comenzó la marcha de Alan Jara hacia la libertad.
Según el ex gobernador, la jornada para su liberación "fue muy dura". Jara contó que duraron siete semanas caminando, "y para saber cada cuánto hacían un alto en el camino -porque tienen una capacidad de marcha increíble- yo contaba que cada 4 mil pasos paraban".
Jara aseguró que todos esos días se los pasó contando. "Calculé que pasamos de los 150 kilómetros a pie, para no contar los que recorrimos en lancha", relató.
Acuerdo Humanitario
"Al presidente Uribe lo único que tengo para pedirle es el acuerdo humanitario", dijo Jara.
Señaló que la actitud del Presidente no ha ayudado a que se produzca el intercambio y por ende la liberación de los secuestrados. "Lo digo con claridad, siento de todo corazón que Uribe no hizo nada por la libertad de nosotros", aseguró el ex gobernador.
Luego agregó que "siempre se dan hechos que, en una u otra dirección, apuntan a lo mismo, a que no se avance en el intercambio humanitario, a que no avance el diálogo político".
"No veo otra salida que la negociada", manifestó.
Para Jara, a los secuestrados que siguen en poder de la guerrilla se les está aplicando una pena de muerte por omisión, "que consiste en que hay un verdugo, que son las Farc, que es quien dispara y quien asesina cuando así lo considera, y hay una omisión cuando no hacemos nada por impedirlo".
Por ello consideró que la celebración de un acuerdo humanitario no significa que se debilite la política de seguridad democrática que ha aplicado el presidente Uribe. "No puede ser tan débil", dijo.
"Las Farc no están derrotadas"
Sobre la actual condición de las Farc, el ex gobernador del Meta también hizo algunos comentarios. Jara aseguró que "las Farc no están derrotadas", y confesó que no sabía qué se estaría diciendo acá, "pero allá en el monte hay muchos y la mayoría son jóvenes".
Para ilustrarlo, Jara contó cómo, en cuestión de horas consiguieron una estufa de gasolina porque estaban cocinando con leña y eso ocasionaba bastante humo. También relató que los fríjoles que cocinaban no se ablandaban y manera de chiste les recomendó conseguir una olla a presión.
"A mí me gusta ponerle picantito, y le dije, ¿por qué no se consigue una olla exprés? Al día siguiente estaba la olla exprés de 13 litros. Impresionante", comentó.
"Suplico que supriman las cadenas"
El recién liberado reveló que a dos de sus compañeros los tienen encadenados las 24 horas desde hace dos años. Según él, fueron castigados luego de que los propios guerrilleros cometieron una 'falta' al dejar flojas sus ataduras.
"Suplico que ese método lo supriman como método de sanción", pidió Jara.
Explicó que cuando los encadenan en parejas implica que hagan hasta sus actividades más íntimas en compañía: "Si yo voy al baño, usted va al baño", contó.
Agregó que, incluso, en largas caminatas los obligan a andar encadenados: "Si pasando un puente se cae uno, se cae el otro (...) es una circunstancia triste, dolorosa, hasta los mismos guerrilleros encargados de ponerlas arrugan la cara cuando hacen eso".
Jara relató que en una ocasión debieron atravesar así, atados, un ancho río: "Tenía unos 300 o 340 metros y en la orilla estaba 'Martín Sombra' dirigiendo la operación".
Según Jara, el guerrillero le preguntó a uno de los soldados si sabía nadar. A pesar de la respuesta negativa del militar, 'Sombra' se limitó a decir: "Bueno, cuidado, no se vayan a ahogar".
Lo más duro son las cadenas de la indiferencia que ustedes han contribuido a romper.
Operación 'Jaque'
De la operación 'Jaque', Alan Jara dijo tener la visión que tienen las Farc. Según él, la guerrilla sigue con el convencimiento de que "(alias) 'César' es un traidor y los vendió, y que la operación 'Jaque' fue eso". Jara agregó que "esa es la posición de las Farc. Es lo que yo oí y me consta".
REDACCIÓN POLÍTICA
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lunes, 11 de agosto de 2008
Operacion Jaque
Debate porque Gobierno dice que no sabía de uso de logo de Cruz Roja desde inicio de Operación Jaque
La Cruz Roja internacional condenó, en tanto, el aparente "uso abusivo deliberado" de su emblema por parte del Ejército.
Jorge Enrique Robledo aseguró que el gobierno tapa una mentira con otra mentira
Juan Manuel Galán dice que Gobierno debe responder por video
La grabación muestra que el uso de un emblema de la Cruz Roja fue deliberado desde un comienzo y no producto de los nervios de un oficial en el último momento, como lo aseguró Álvaro Uribe.
El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dijo que ni él, ni el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, (tampoco) conocían el video en su totalidad. La declaración la hizo el lunes en San José del Guaviare.
"Lamentamos profundamente que al Presidente y al Gobierno no se le haya dado toda la información en su momento. Ustedes saben que el Presidente ha asumido desde el principio con claridad la responsabilidad sobre estos hechos", dijo por su parte el Canciller, Jaime Bermúdez.
"Conversaremos con la Cruz Roja porque tenemos toda la disposición de tener la mejor relación con ellos. Tengo una reunión prevista con ellos y estamos definiendo la fecha exacta", agregó el ministro.
Mediante un comunicado de la Casa de Nariño, el mandatario señaló: "Es grave que integrantes de las Fuerzas Armadas filtren noticias de manera clandestina y sin coordinación con sus superiores. Además, es grave que en las primeras investigaciones sobre la operación no haya salido a relucir toda la verdad".
Uribe, al parecer, se refería a las primeras informaciones que dijo tener sobre el uso del emblema de la Cruz Roja Internacional y que se filtró cuando CNN aseguró que habían intentado venderles por 300 mil dólares un video en el que se veía claramente la utilización del símbolo del organismo internacional.
En el video también se aprecia que unos miembros de la misión, que simulaban ser periodistas, tenían, además del logo de Telesur, el del canal ecuatoriano Ecuavisa.
Agregó que no sabía que el militar portó desde el primer momento el peto con el logo del organismo internacional y aseguró que el uniformado inclusive juró por su hijo que solo sacó el emblema cuando sintió miedo.
Por esto, dijo que el oficial será sancionado y no se le entregarán las condecoraciones anunciadas, como la Cruz de Boyacá.
El general Mario Montoya, directamente responsable de la operación, aseguró que se enteró del uso del emblema por la versión del oficial que lo llevó ese día y que no hubo un plan previo para usarlo.
Otro punto de debate es si el video fue filtrado o comprado. La directora de noticias de RCN, Clara Elvira Ospina, al respecto se limitó a responder: "Lo que aquí pasó fue un impecable trabajo de reportería, cuando se supo que había un video, nosotros empezamos a buscarlo, y el que busca encuentra".
Mientras tanto, el ministro Santos añadió que el video no fue entregado oficialmente sino que fue filtrado, y que se tienen indicios de quién lo habría hecho.
Según dijo, al revelar el video se puso en riesgo la vida de los militares que participaron en la operación, por lo que catalogó el hecho como "violación a la lealtad y traición a la patria".
"Ese no es un asunto que tenga que ver con RCN, nosotros hicimos un trabajo periodístico, las Fuerzas Militares, el Ministerio de Defensa y el Gobierno están en su derecho de averiguar cómo se filtró una información y nosotros estamos en nuestro derecho de reservarnos la fuente", dijo Ospina.
Vea el video en : http://www.youtube.com/p/1916D8B1FBEE306E
La Cruz Roja internacional condenó, en tanto, el aparente "uso abusivo deliberado" de su emblema por parte del Ejército.
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La grabación muestra que el uso de un emblema de la Cruz Roja fue deliberado desde un comienzo y no producto de los nervios de un oficial en el último momento, como lo aseguró Álvaro Uribe.
El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dijo que ni él, ni el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, (tampoco) conocían el video en su totalidad. La declaración la hizo el lunes en San José del Guaviare.
"Lamentamos profundamente que al Presidente y al Gobierno no se le haya dado toda la información en su momento. Ustedes saben que el Presidente ha asumido desde el principio con claridad la responsabilidad sobre estos hechos", dijo por su parte el Canciller, Jaime Bermúdez.
"Conversaremos con la Cruz Roja porque tenemos toda la disposición de tener la mejor relación con ellos. Tengo una reunión prevista con ellos y estamos definiendo la fecha exacta", agregó el ministro.
Mediante un comunicado de la Casa de Nariño, el mandatario señaló: "Es grave que integrantes de las Fuerzas Armadas filtren noticias de manera clandestina y sin coordinación con sus superiores. Además, es grave que en las primeras investigaciones sobre la operación no haya salido a relucir toda la verdad".
Uribe, al parecer, se refería a las primeras informaciones que dijo tener sobre el uso del emblema de la Cruz Roja Internacional y que se filtró cuando CNN aseguró que habían intentado venderles por 300 mil dólares un video en el que se veía claramente la utilización del símbolo del organismo internacional.
En el video también se aprecia que unos miembros de la misión, que simulaban ser periodistas, tenían, además del logo de Telesur, el del canal ecuatoriano Ecuavisa.
Agregó que no sabía que el militar portó desde el primer momento el peto con el logo del organismo internacional y aseguró que el uniformado inclusive juró por su hijo que solo sacó el emblema cuando sintió miedo.
Por esto, dijo que el oficial será sancionado y no se le entregarán las condecoraciones anunciadas, como la Cruz de Boyacá.
El general Mario Montoya, directamente responsable de la operación, aseguró que se enteró del uso del emblema por la versión del oficial que lo llevó ese día y que no hubo un plan previo para usarlo.
Otro punto de debate es si el video fue filtrado o comprado. La directora de noticias de RCN, Clara Elvira Ospina, al respecto se limitó a responder: "Lo que aquí pasó fue un impecable trabajo de reportería, cuando se supo que había un video, nosotros empezamos a buscarlo, y el que busca encuentra".
Mientras tanto, el ministro Santos añadió que el video no fue entregado oficialmente sino que fue filtrado, y que se tienen indicios de quién lo habría hecho.
Según dijo, al revelar el video se puso en riesgo la vida de los militares que participaron en la operación, por lo que catalogó el hecho como "violación a la lealtad y traición a la patria".
"Ese no es un asunto que tenga que ver con RCN, nosotros hicimos un trabajo periodístico, las Fuerzas Militares, el Ministerio de Defensa y el Gobierno están en su derecho de averiguar cómo se filtró una información y nosotros estamos en nuestro derecho de reservarnos la fuente", dijo Ospina.
Vea el video en : http://www.youtube.com/p/1916D8B1FBEE306E
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