Miércoles, 15 de Abril de 2009 Daniel Rendón Herrera, el capturado jefe de las autodefensas Gaitanistas y ex miembro del bloque Centauros de las Auc, había iniciado guerras en varias zonas del país para quedarse con el negocio del narcotráfico luego de la desmovilización de las Autodefensas.
Después de su paso por las autodefensas, Daniel Rendón Herrera, alias 'Don Mario', se convirtió en uno de los narcotraficantes más buscados del país. Foto: Verdad Abierta.
‘Don Mario’, hermano de ‘El Alemán’ (ex jefe del bloque Elmer Cárdenas de las autodefensas y quien hoy se encuentra en la cárcel de Itagüí), lleva al menos dos décadas en la guerra paramilitar, su nombre salió a la luz pública gracias a las infiltraciones que hizo la Fiscalía y a la Policía.
Cuando los jefes ‘paras’ se desmovilizaron y fueron a dar a la cárcel, ‘Don Mario’ se apartó y casi solo comenzó a construir su nuevo cartel siguiendo las "enseñanzas" de su tutor en el Bloque Centauros, Miguel Arroyave, alias 'Arcangel'.
'Don Mario' se la pasaba entre Tierralta y Valencia, en Córdoba, luego subía hasta la Costa que corre desde Arboletes hasta Turbo, en Antioquia. Así consiguió aliarse con algunos ex paras del ‘Élmer Cárdenas’ y se hizo al control absoluto de una de las principales rutas de exportación de drogas por el Caribe.
Alias 'Don Mario', luego de la desmovilización de los jefes paramilitares, empezó a convertirse en un personaje mediático, mostrado sobre todo por las autoridades como el heredero de una importante tajada de la torta del narcotráfico, dejada por sus antiguos patrones y representadas en zonas de cultivo, laboratorios para cristalizar la droga y rutas de envío al exterior.
Cuando el proceso de desmovilización mostraba al país hechos que hacían presumir, sobre todo al Gobierno y a la Fiscalía, que la reinserción de más de 40.000 hombres sería un éxito y que las víctimas y la sociedad colombiana accederían a los derechos de verdad, justicia y reparación en relación con los crímenes de estas organizaciones ilegales, organismos de inteligencia empezaron a relacionar a alias don Mario con lo que llamaron en su momento grupos emergentes.
Una vez el proceso entró en crisis y dejó ver que los ex jefes paramilitares no solo seguían manejando algunas actividades ilegales, entre ellas las del narcotráfico y se habían enfrascado en una disputa territorial por el dominio de las zonas cocaleras y las rutas de envío, Rendón Herrera quedó como la cabeza visible de esa disputa, pero desde la ilegalidad, porque muchos de sus principales enemigos, entre ellos alias 'don Berna', fueron extraditados a Estados Unidos.
Urabá primero
Urabá fue el primer escenario en disputa y que, en términos criminales, ganó luego de una guerra a muerte contra los desmovilizados del bloque Bananero, que comandó Ever Velosa, alias HH, extraditado también a Estados Unidos, luego de confesar casi cinco mil delitos, la mayoría en la zona bananera.
Las autoridades regionales calculan que la guerra que libró alias don Mario en Urabá cobró la vida de más de 200 personas, la mayoría desmovilizados de las autodefensas que lo combatieron también o que se negaron a hacer parte de su estructura.
Cuando se sintió ganador, Rendón Herrera reclutó, calculan las mismas autoridades, cerca de 600 hombres de las antiguas estructuras de los bloques Bananero y Elmer Cárdenas, hombres con los que trasladó su intención de apoderarse de otras regiones.
Luego vino el bajo Cauca, donde algunas organizaciones derechos humanos, denunciaron que alias don Mario hizo alianzas temporales con otras organizaciones de narcotráfico para combatir a quienes, en su momento, obligaban a los campesinos a sembrar hoja de coca a la región.
Rendón Herrera se enfrentó a otra organización que la Policía identifica como Los Paisas, grupo cercano a la llamada Oficina de Envigado, otra estructura al servicio de narcotráfico en el Valle de Aburrá, dedicada a cobrar cuentas por medio de sus sicarios a sueldo.
El Bajo Cauca es hoy por hoy, junto a Medellín y sus municipios vecinos, una de las zonas más conflictivas de Antioquia, debido al accionar de grupos de narcotraficantes y a la disputa entre los hombres de alias don Mario y de Los Paisas.
La Gobernación de Antioquia calcula que el 80 por ciento de las zonas productivas del Bajo Cauca está sembrado con hoja de coca, pese a que durante 2008 se erradicaron, de forma manual, unas 20.000 hectáreas.
Objetivo, Medellín
La estrategia de alias don Mario empezaba a impactar de forma violenta en Medellín, sobre todo algunos barrios populares de Medellín, debido a que logró “reclutar” a un importante jefe de La Oficina para que le hiciera la guerra a sus ex compañeros.
Un investigador judicial de la Fiscalía le dijo a Verdad Abierta que la división en La Oficina de Envigado tendrá mucho impacto entre las bandas delincuenciales del Valle de Aburrá, pues cada uno de los jefes de esa estructura de narcotraficantes maneja, en promedio, entre 30 y 40 bandas, muchas de las cuales están integradas por desmovilizados que se apartaron del proceso de reinserción.
Explicó que en Medellín, entre el 3 de abril y el 14 de abril de este año, ocurrieron 30 homicidios, y que pueden estar relacionados con esa disputa y con la intención de alias don Mario de apoderarse de los “negocios” de las personas que manejaban las redes de narcotráfico en Medellín y el Valle de Aburrá.
Barrios como Santo Domingo Savio y algunas de las comunas oriental y 13, de Medellín, empezaron a mostrar un reacomodo de estructuras criminales, al punto que revivieron prácticas que muchas personas pensaron superadas como los famosos límites imaginarios, en alusión a los dominios de uno y otro grupo y sobre el cual el enemigo no puede tomar posesión.
Uno de los crímenes que desató la oleada de venganza ocurrió el martes 7 de abril pasado, cuando hombres armados mataron a Andrés Casas, un desmovilizado del bloque Héroes de Granada quien, en opinión de las autoridades locales, se separó del proceso de reinserción y volvió a armar una estructura ilegal de mucho renombre a finales de los años 90 y principios de este siglo, por su capacidad para sicarial, conocida como La 29.
"Hay algunos lugares en las comunas de Medellín, que es un tema preocupante, y en otros lugares Cesar y Magdalena, áreas que se han convertido en zonas de riesgo y territorios de disputa de las nuevas estructuras de delincuentes", dijo hace casi dos años Sergio Caramagna, el ex jefe de la Misión de Observación del proceso de paz con las autodefensas en Colombia de la Organización de Estados Americanos (OEA).
A finales del año pasado, la Policía informó que luego de la desmovilización de todas las estructuras de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), capturó a 4.551 integrantes de bandas criminales, de los cuales 675 eran desmovilizados.
'Don Mario': ¿Afuera de Justicia y Paz?
El pasado 11 de marzo la Corte Suprema de Justicia emitió una providencia sobre el caso de alias 'Don Mario'. Aunque no es una decisión de fondo, porque simplemente está ordenando al Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá que se pronuncie sobre la solicitud de exclusión del proceso de Justicia y Paz del ex jefe paramilitar, puede convertirse en el primer paso para que 'Don Mario', no pueda someterse a los beneficios de la Ley 975, entre ellos, la pena alternativa de 5 a 8 años de prisión. (ver providencia completa)
Publicado en
www.verdadabierta.com
lunes, 17 de agosto de 2009
Asi cogieron a "Don Mario"
Por Andrea Peña, periodista de Semana.com
Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’, era el pez gordo de la delincuencia y el narcotráfico en el norte del país. Desde el año pasado, se convirtió en una de las obsesiones del presidente Álvaro Uribe y en una de las prioridades del director de la Policía, general Oscar Naranjo, cuando decidieron luchar contra las bandas criminales emergentes tras la desmovilización de las AUC. Por eso, desde hace nueve meses, comenzó un exhaustivo trabajo de inteligencia para encontrar a este poderoso narcotraficante y ubicar su paradero. De ahí que el general Naranjo, a comienzos de este año, decidiera trasladar por unos días su oficina a Antioquia para coordinar personalmente la concentración de hombres de unidades especiales de la Policía en el norte de este departamento y en el sur de Córdoba. Los resultados comenzaron a verse lentamente. Para lograrlo fueron necesarios aviones, helicópteros y unos dos mil hombres de la fuerza pública.
La cacería
Hace tres semanas, con la captura de 18 personas cercanas a Don Mario, entre ellos Jaime Ernesto Culma, alias ‘El Puma’, las autoridades comenzaron en serio a pisarle los talones al capo.
En dos oportunidades, las autoridades intentaron capturar a alias ‘Don Mario’ en operaciones de asalto como la de este lunes. Pero fracasaron.
Por eso lo intentaron una tercera vez: el pasado lunes santo comenzó la primera fase de la casería final a Daniel Rendón Herrera. 250 comandos jungla de la Policía y 50 hombres de la Dijín rastrearon los pasos del capo, quien se sabía estaba en algún lugar del Urabá.
Llegar hasta él no era fácil. Información de inteligencia señalaba que nueve personas caminaban con él para protegerlo y que un segundo anillo, conformado por 80 personas, también estaba listo para escudarlo.
Gracias a las pistas entregadas por informantes, la Policía comenzó a ubicar el sitio exacto donde se encontraba Don Mario.
Primero hicieron un cerco de dos kilómetros de diámetro aproximadamente. Valiéndose de helicópteros artillados y hombres en tierra, comenzaron a cerrarle el paso a ‘Don Mario’, gracias a inteligencia humana y técnica, que iban facilitando la ubicación del capo y sus hombres. Ante el cierre del cerco y la presión creciente se supo que empezaba tener pocas provisiones y cada vez menos vías de escape.
Con el paso de los días, el cerco comenzó a estrecharse cada vez más y en la noche de este lunes, el general Naranjo ordenó arrancar la operación en el sitio donde se sabía estaba ubicado ‘Don Mario’. Fue así como a las dos de la madrugada del martes inicio la avanzada de los comandos.
“Cuando lo teníamos aproximadamente a 20 metros se comenzó a divisar una construcción pequeña, con tablas cortadas (como de cama), cerca de un árbol. Y cuando lo vimos de cerca estaba abrazado a una palmera, comiendo arroz con la mano”, aseguró el coronel César Augusto Pinzón, director de la Dijín, quien confirmó que la detención se hizo pasadas las ocho de la mañana.
“Estaba acorralado, virtualmente, como un perro”, agregó el ministro de Defensa Juan Manuel Santos.
Las imágenes que se vieron en las cámaras de televisión no distaban mucho de las fotos y el video que el año pasado se conocían de él. Su pelo estaba más canoso, tenía un poco de barba, estaba vestido con camiseta gris y azul, pantalón gris y zapatos tenis.
Según Pinzón, en la operación fueron incautados dos fusiles AK-47 y una memoria USB. Además, seis personas lograron huir y sólo una, cuya identidad está por confirmarse, fue capturada.
Aunque la captura de ‘Don Mario’ no significa que el narcotráfico se haya acabado, es obvio que el negocio sí se afectará sensiblemente, especialmente en Antioquia y Córdoba.
Muy seguramente bandas como la de Los Paisas y la Oficina de Envigado harán todo lo posible por copar los dominios de ‘Don Mario’, y ahí está el reto de la fuerza pública: en no dejar que una nueva ola de violencia inunde a ciudades como Medellín por cuenta de este reacomodamiento de mafias.
Publicado
en www.semana.com
Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’, era el pez gordo de la delincuencia y el narcotráfico en el norte del país. Desde el año pasado, se convirtió en una de las obsesiones del presidente Álvaro Uribe y en una de las prioridades del director de la Policía, general Oscar Naranjo, cuando decidieron luchar contra las bandas criminales emergentes tras la desmovilización de las AUC. Por eso, desde hace nueve meses, comenzó un exhaustivo trabajo de inteligencia para encontrar a este poderoso narcotraficante y ubicar su paradero. De ahí que el general Naranjo, a comienzos de este año, decidiera trasladar por unos días su oficina a Antioquia para coordinar personalmente la concentración de hombres de unidades especiales de la Policía en el norte de este departamento y en el sur de Córdoba. Los resultados comenzaron a verse lentamente. Para lograrlo fueron necesarios aviones, helicópteros y unos dos mil hombres de la fuerza pública.
La cacería
Hace tres semanas, con la captura de 18 personas cercanas a Don Mario, entre ellos Jaime Ernesto Culma, alias ‘El Puma’, las autoridades comenzaron en serio a pisarle los talones al capo.
En dos oportunidades, las autoridades intentaron capturar a alias ‘Don Mario’ en operaciones de asalto como la de este lunes. Pero fracasaron.
Por eso lo intentaron una tercera vez: el pasado lunes santo comenzó la primera fase de la casería final a Daniel Rendón Herrera. 250 comandos jungla de la Policía y 50 hombres de la Dijín rastrearon los pasos del capo, quien se sabía estaba en algún lugar del Urabá.
Llegar hasta él no era fácil. Información de inteligencia señalaba que nueve personas caminaban con él para protegerlo y que un segundo anillo, conformado por 80 personas, también estaba listo para escudarlo.
Gracias a las pistas entregadas por informantes, la Policía comenzó a ubicar el sitio exacto donde se encontraba Don Mario.
Primero hicieron un cerco de dos kilómetros de diámetro aproximadamente. Valiéndose de helicópteros artillados y hombres en tierra, comenzaron a cerrarle el paso a ‘Don Mario’, gracias a inteligencia humana y técnica, que iban facilitando la ubicación del capo y sus hombres. Ante el cierre del cerco y la presión creciente se supo que empezaba tener pocas provisiones y cada vez menos vías de escape.
Con el paso de los días, el cerco comenzó a estrecharse cada vez más y en la noche de este lunes, el general Naranjo ordenó arrancar la operación en el sitio donde se sabía estaba ubicado ‘Don Mario’. Fue así como a las dos de la madrugada del martes inicio la avanzada de los comandos.
“Cuando lo teníamos aproximadamente a 20 metros se comenzó a divisar una construcción pequeña, con tablas cortadas (como de cama), cerca de un árbol. Y cuando lo vimos de cerca estaba abrazado a una palmera, comiendo arroz con la mano”, aseguró el coronel César Augusto Pinzón, director de la Dijín, quien confirmó que la detención se hizo pasadas las ocho de la mañana.
“Estaba acorralado, virtualmente, como un perro”, agregó el ministro de Defensa Juan Manuel Santos.
Las imágenes que se vieron en las cámaras de televisión no distaban mucho de las fotos y el video que el año pasado se conocían de él. Su pelo estaba más canoso, tenía un poco de barba, estaba vestido con camiseta gris y azul, pantalón gris y zapatos tenis.
Según Pinzón, en la operación fueron incautados dos fusiles AK-47 y una memoria USB. Además, seis personas lograron huir y sólo una, cuya identidad está por confirmarse, fue capturada.
Aunque la captura de ‘Don Mario’ no significa que el narcotráfico se haya acabado, es obvio que el negocio sí se afectará sensiblemente, especialmente en Antioquia y Córdoba.
Muy seguramente bandas como la de Los Paisas y la Oficina de Envigado harán todo lo posible por copar los dominios de ‘Don Mario’, y ahí está el reto de la fuerza pública: en no dejar que una nueva ola de violencia inunde a ciudades como Medellín por cuenta de este reacomodamiento de mafias.
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Escuela de sepultureros
La Fiscalía llegó al Gilgal, Chocó, a desenterrar los muertos de la violencia.
Allí, a diferencia de otros sitios, encontró una historia heroica de un profesor de sociales y sus estudiantes. ¿Qué lecciones les dejó la tarea de enterrar a los muertos?
El profesor Guillermo se puso nervioso tan pronto colgó el teléfono. Comenzó a caminar de un lugar para otro dentro de su casa y a contar muertos con los dedos de las manos. Había recibido una llamada desde Medellín en la que le avisaban que un fiscal encargado de exhumaciones llegaría en los próximos días para desenterrar a los cadáveres de su corregimiento, el Gilgal, de Unguía, Chocó. Le había llegado la hora de recordar los lugares donde enterró los cuerpos de 20 personas, que tras ser asesinadas por paras o guerrilleros quedaban tendidas en cualquier rincón del pueblo, sin ningún doliente que los salvara de la carroña. Salió de su casa y llamó uno a uno a los alumnos y ex alumnos para que se reunieran y le ayudaran a recordar los nombres de los muertos y el lugar exacto de las fosas. "Si les pedí ayuda a mis estudiantes para enterrarlos, ahora se las pido para desenterrarlos", dice el profesor.
Gilgal -nombre bíblico que en hebreo significa 'rueda que da vueltas'- es un pueblo llano y caluroso con 50 años de historia y 900 habitantes. Para llegar hasta él hay que embarcarse en una lancha en el puerto de Turbo y atravesar durante 90 minutos el golfo de Urabá hasta Unguía. Allí, los jeep son una especie en vías de extinción y decenas de hombres jóvenes dan la bienvenida al nuevo imperio del mototaxismo en el que por menos de 15.000 pesos llevan a los pasajeros hasta Balboa, la vereda más alejada a dos horas de camino.
El Gilgal es conocido por su vocación religiosa (fue fundado por pastores evangélicos provenientes de Córdoba y Sucre) y, tristemente, por su pasado cruel de muertos a sangre fría. Fue aquí donde el bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) impuso el orden a su antojo desde 1996 hasta 2006, cuando se desmovilizó y llegó al pueblo el primer comando de Policía.
Pero como la historia tiene sus paradojas, esa época y ese lugar, en que la sevicia llegó a grados inimaginables, también tuvo lugar una historia heroica en la que un profesor de ciencias sociales y sus alumnos demostraron el valor de la solidaridad humana.
La historia de Guillermo Castañeda en el Chocó y en la docencia está dada por el azar. Nacido hace 45 años en Jardín, Antioquia, decidió seguir los consejos de un amigo de juventud y aventurarse en un viaje que se ha alargado por más de 20 años. "No sabía a qué venía y cuando me ofrecieron dar clases acepté", dice. Hoy, el 'Profe' es el empleado más antiguo del colegio, adonde sus tres hijos estudiaron hasta hace dos años cuando los mandó para Medellín; y Liliana, su esposa, también del suroeste antioqueño, es profesora en Santa María la Nueva del Darién, una vereda a 15 minutos en moto. El nombre de Guillermo es reconocido en todo el Urabá chocoano, pero su fama no se la han dado las cátedras de sociales ni de historia sino sus oficios como sepulturero.
En el listado de muertos que recordaba la semana pasada alcanzó a contar 20 que ayudó a enterrar con sus alumnos, pero sabía que el número de tragedias en el pueblo se multiplicaba por 10.
Los años de los entierros
Una de las historias que más recuerda es la de 'Monillo', en 2001. "Al señor, que era conocido en el pueblo con ese apodo, lo mataron como a las 7 de la noche -recuerda el profesor- y al otro día en la mañana, mientras yo iba caminando para la escuela vi un corrillo de cerdos que se estaban comiendo los sesos del cadáver". El profesor no interrumpió su recorrido y al llegar a su curso de octavo grado les dictó la primera tarea de la semana: "Vamos a enterrar a 'Monillo'".
Como había sucedido en otras ocasiones, lo primero que hizo fue preguntar quién quería acompañarlo en los oficios de sepulturero, y cuatro muchachos -entre los 12 y los 16 años- levantaron la mano. Édgar Acevedo, uno de ellos y que hoy trabaja como mototaxista en Unguía, dice que todo el acto del entierro -desde que el profesor les avisaba hasta que echaban el último palazo de tierra- podía durar hasta ocho horas. Tenían que dejar los cuadernos en las casas de cada uno, cambiarse el uniforme por ropa de trabajo y buscar por todo el pueblo palas, barretones y una carretilla para transportar el cadáver hasta un cementerio improvisado sin cruces ni lápidas. Lo más difícil de todo era abrir el hueco: "Como aquí casi siempre hace calor, la tierra se hace dura y seca... se podía reconocer fácil a los que lo abríamos porque las manos eran llenas de ampollas", recuerda Édgar.
Pero el caso de 'Monillo' fue la excepción. En este, más que abrir el hueco, lo duro fue ver a los siete niños que habían quedado huérfanos. No tenían mamá y el papá era su única compañía en la casa. La misma noche en la que lo mataron el inspector de Policía, encargado de todos los actos fúnebres del Gilgal, como si se tratara de una noticia cualquiera, llegó hasta la casa de madera y les dijo: "Mataron a su papá, vayan a recogerlo". En ese tiempo, cuenta Guillermo, los inspectores eran una figura decorativa del pueblo y aún se pregunta si era por miedo o apatía frente a la realidad de la violencia. "Cuando fui a recoger a los niños para llevarlos a mi casa me sorprendió que ninguno estuviera llorando o al menos triste... y yo le pregunté a Liliana si era una cuestión cultural o de inocencia o de falta de afecto". Su esposa lo llama choque cultural. Mientras en su tierra el acto de reclamar cristiana sepultura se convierte en un clamor colectivo, aquí parecería no tener la misma importancia.
Durante todo este tiempo en el Gilgal aún les cuesta entender no sólo la reacción de los niños de 'Monillo' y la frialdad con la que el inspector les dio la noticia, sino la indolencia con la que muchos habitantes han actuado frente a actos de barbarie. El personero de Unguía y ex alumno de Guillermo, Leonardo Altamiranda, reconoce que si no fuera por la solidaridad de su profesor muchos muertos del pueblo se hubieran convertido en un problema de salud pública.
Pero ¿qué ha significado para toda una generación de niños el hecho de haber sepultado a los muertos? Muchos de ellos se refieren a los entierros, a las torturas y a los cadáveres como si fueran un adorno más del paisaje del Gilgal. Les gusta contar las historias. Joshe, un muchacho bajito y con las mejillas hundidas, recuerda la vez que él mismo llegó al salón de clases a pedirle al profesor que enterraran a un señor que había quedado tirado y moribundo en una de las carreteras a la salida del pueblo. El asesino, con precisión de cirujano, le había pegado dos tiros en la cerviz que le volaron los ojos pero que no alcanzaron a matarlo. Cuando Joshe lo vio por primera vez estaba pidiendo ayuda y con las manos empapadas en sangre trataba de acomodarse los ojos en la cara. Los paras lo remataron delante de todos. Tuvieron que dejar que pasara toda la mañana y parte de la tarde para poder recogerlo y enterrarlo. Cuando llegaron al cementerio, por equivocación y olvido, tuvieron que abrir dos huecos porque en el primero que excavaron ya había otro cadáver en alto grado de descomposición. "Casi no se nos va el olor a muerto de encima -dice Joshe- no fuimos capaces de comer carne durante un mes".
Durante estos últimos días, cuando la Fiscalía llegó para cumplir su tarea de exhumar, el pueblo se ha convertido en una incubadora de historias tristes. La época en la que los muertos fueron destripados como animales y llevados a rastras por las calles parece haber terminado y, ahora, cada exhumación revive anécdotas y recuerda que el único acto de resistencia fue el del profesor con sus alumnos. Cuando se le pregunta por qué no tiró la toalla y decidió irse para otro lugar con su familia, Guillermo contesta que en ningún otro sitio se hubiera sentido tan útil, y uno de sus alumnos lo interrumpe para completar la respuesta: "Si no hubiera sido por este profe, nadie hubiera hecho la tarea".
Allí, a diferencia de otros sitios, encontró una historia heroica de un profesor de sociales y sus estudiantes. ¿Qué lecciones les dejó la tarea de enterrar a los muertos?
El profesor Guillermo se puso nervioso tan pronto colgó el teléfono. Comenzó a caminar de un lugar para otro dentro de su casa y a contar muertos con los dedos de las manos. Había recibido una llamada desde Medellín en la que le avisaban que un fiscal encargado de exhumaciones llegaría en los próximos días para desenterrar a los cadáveres de su corregimiento, el Gilgal, de Unguía, Chocó. Le había llegado la hora de recordar los lugares donde enterró los cuerpos de 20 personas, que tras ser asesinadas por paras o guerrilleros quedaban tendidas en cualquier rincón del pueblo, sin ningún doliente que los salvara de la carroña. Salió de su casa y llamó uno a uno a los alumnos y ex alumnos para que se reunieran y le ayudaran a recordar los nombres de los muertos y el lugar exacto de las fosas. "Si les pedí ayuda a mis estudiantes para enterrarlos, ahora se las pido para desenterrarlos", dice el profesor.
Gilgal -nombre bíblico que en hebreo significa 'rueda que da vueltas'- es un pueblo llano y caluroso con 50 años de historia y 900 habitantes. Para llegar hasta él hay que embarcarse en una lancha en el puerto de Turbo y atravesar durante 90 minutos el golfo de Urabá hasta Unguía. Allí, los jeep son una especie en vías de extinción y decenas de hombres jóvenes dan la bienvenida al nuevo imperio del mototaxismo en el que por menos de 15.000 pesos llevan a los pasajeros hasta Balboa, la vereda más alejada a dos horas de camino.
El Gilgal es conocido por su vocación religiosa (fue fundado por pastores evangélicos provenientes de Córdoba y Sucre) y, tristemente, por su pasado cruel de muertos a sangre fría. Fue aquí donde el bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) impuso el orden a su antojo desde 1996 hasta 2006, cuando se desmovilizó y llegó al pueblo el primer comando de Policía.
Pero como la historia tiene sus paradojas, esa época y ese lugar, en que la sevicia llegó a grados inimaginables, también tuvo lugar una historia heroica en la que un profesor de ciencias sociales y sus alumnos demostraron el valor de la solidaridad humana.
La historia de Guillermo Castañeda en el Chocó y en la docencia está dada por el azar. Nacido hace 45 años en Jardín, Antioquia, decidió seguir los consejos de un amigo de juventud y aventurarse en un viaje que se ha alargado por más de 20 años. "No sabía a qué venía y cuando me ofrecieron dar clases acepté", dice. Hoy, el 'Profe' es el empleado más antiguo del colegio, adonde sus tres hijos estudiaron hasta hace dos años cuando los mandó para Medellín; y Liliana, su esposa, también del suroeste antioqueño, es profesora en Santa María la Nueva del Darién, una vereda a 15 minutos en moto. El nombre de Guillermo es reconocido en todo el Urabá chocoano, pero su fama no se la han dado las cátedras de sociales ni de historia sino sus oficios como sepulturero.
En el listado de muertos que recordaba la semana pasada alcanzó a contar 20 que ayudó a enterrar con sus alumnos, pero sabía que el número de tragedias en el pueblo se multiplicaba por 10.
Los años de los entierros
Una de las historias que más recuerda es la de 'Monillo', en 2001. "Al señor, que era conocido en el pueblo con ese apodo, lo mataron como a las 7 de la noche -recuerda el profesor- y al otro día en la mañana, mientras yo iba caminando para la escuela vi un corrillo de cerdos que se estaban comiendo los sesos del cadáver". El profesor no interrumpió su recorrido y al llegar a su curso de octavo grado les dictó la primera tarea de la semana: "Vamos a enterrar a 'Monillo'".
Como había sucedido en otras ocasiones, lo primero que hizo fue preguntar quién quería acompañarlo en los oficios de sepulturero, y cuatro muchachos -entre los 12 y los 16 años- levantaron la mano. Édgar Acevedo, uno de ellos y que hoy trabaja como mototaxista en Unguía, dice que todo el acto del entierro -desde que el profesor les avisaba hasta que echaban el último palazo de tierra- podía durar hasta ocho horas. Tenían que dejar los cuadernos en las casas de cada uno, cambiarse el uniforme por ropa de trabajo y buscar por todo el pueblo palas, barretones y una carretilla para transportar el cadáver hasta un cementerio improvisado sin cruces ni lápidas. Lo más difícil de todo era abrir el hueco: "Como aquí casi siempre hace calor, la tierra se hace dura y seca... se podía reconocer fácil a los que lo abríamos porque las manos eran llenas de ampollas", recuerda Édgar.
Pero el caso de 'Monillo' fue la excepción. En este, más que abrir el hueco, lo duro fue ver a los siete niños que habían quedado huérfanos. No tenían mamá y el papá era su única compañía en la casa. La misma noche en la que lo mataron el inspector de Policía, encargado de todos los actos fúnebres del Gilgal, como si se tratara de una noticia cualquiera, llegó hasta la casa de madera y les dijo: "Mataron a su papá, vayan a recogerlo". En ese tiempo, cuenta Guillermo, los inspectores eran una figura decorativa del pueblo y aún se pregunta si era por miedo o apatía frente a la realidad de la violencia. "Cuando fui a recoger a los niños para llevarlos a mi casa me sorprendió que ninguno estuviera llorando o al menos triste... y yo le pregunté a Liliana si era una cuestión cultural o de inocencia o de falta de afecto". Su esposa lo llama choque cultural. Mientras en su tierra el acto de reclamar cristiana sepultura se convierte en un clamor colectivo, aquí parecería no tener la misma importancia.
Durante todo este tiempo en el Gilgal aún les cuesta entender no sólo la reacción de los niños de 'Monillo' y la frialdad con la que el inspector les dio la noticia, sino la indolencia con la que muchos habitantes han actuado frente a actos de barbarie. El personero de Unguía y ex alumno de Guillermo, Leonardo Altamiranda, reconoce que si no fuera por la solidaridad de su profesor muchos muertos del pueblo se hubieran convertido en un problema de salud pública.
Pero ¿qué ha significado para toda una generación de niños el hecho de haber sepultado a los muertos? Muchos de ellos se refieren a los entierros, a las torturas y a los cadáveres como si fueran un adorno más del paisaje del Gilgal. Les gusta contar las historias. Joshe, un muchacho bajito y con las mejillas hundidas, recuerda la vez que él mismo llegó al salón de clases a pedirle al profesor que enterraran a un señor que había quedado tirado y moribundo en una de las carreteras a la salida del pueblo. El asesino, con precisión de cirujano, le había pegado dos tiros en la cerviz que le volaron los ojos pero que no alcanzaron a matarlo. Cuando Joshe lo vio por primera vez estaba pidiendo ayuda y con las manos empapadas en sangre trataba de acomodarse los ojos en la cara. Los paras lo remataron delante de todos. Tuvieron que dejar que pasara toda la mañana y parte de la tarde para poder recogerlo y enterrarlo. Cuando llegaron al cementerio, por equivocación y olvido, tuvieron que abrir dos huecos porque en el primero que excavaron ya había otro cadáver en alto grado de descomposición. "Casi no se nos va el olor a muerto de encima -dice Joshe- no fuimos capaces de comer carne durante un mes".
Durante estos últimos días, cuando la Fiscalía llegó para cumplir su tarea de exhumar, el pueblo se ha convertido en una incubadora de historias tristes. La época en la que los muertos fueron destripados como animales y llevados a rastras por las calles parece haber terminado y, ahora, cada exhumación revive anécdotas y recuerda que el único acto de resistencia fue el del profesor con sus alumnos. Cuando se le pregunta por qué no tiró la toalla y decidió irse para otro lugar con su familia, Guillermo contesta que en ningún otro sitio se hubiera sentido tan útil, y uno de sus alumnos lo interrumpe para completar la respuesta: "Si no hubiera sido por este profe, nadie hubiera hecho la tarea".
martes, 11 de agosto de 2009
¿Por qué mataron a los niños?

Cuatro años después de la masacre de San José de Apartadó, donde tres niños fueron degollados y descuartizados, SEMANA reconstruye esos días de horror y el encubrimiento que siguió.
En febrero de 2005 Armando Gordillo conoció el paraíso y el corazón de las tinieblas en menos de una semana. El capitán del Ejército estaba en las exuberantes playas de Capurganá, en el mar Caribe, cuidando a las estrellas de televisión que grababan el reality Desafío 2005, cuando recibió una llamada en la que se le ordenaba que saliera para Nueva Antioquia, un paraje cerca de Apartadó, porque se daría inicio a la operación 'Fénix', programada por la Brigada XVII de Urabá. Era el comienzo de uno de los episodios más sangrientos de la guerra en Colombia: la masacre de Mulatos y La Resbalosa.
Cuando Gordillo recibió la llamada, hacía apenas una semana que la Brigada había recibido el golpe más duro de los últimos años, y el peor en la era del presidente Álvaro Uribe. En la vereda El Porroso, de Mutatá, un oficial y 18 soldados habían muerto en un cerco tendido por las Farc. La Brigada no había podido explicar lo ocurrido. Se dijo que hubo problemas de comunicación, que se trató de una emboscada; en todo caso, el general Héctor Fandiño y todos los altos oficiales de la Brigada estaban adoloridos y humillados por este golpe, que incluso le valió una sanción al General.
Por eso a Gordillo no le extrañó que lo llamaran para hacer parte de una acción envolvente de varios batallones sobre el cañón del río Mulatos, donde se sabía tenían su guarida los guerrilleros de los frentes 5 y 58 de las Farc, especialmente 'Samir', un temido insurgente que acampaba con frecuencia en la zona. Cuando llegó a Nueva Antioquia el 17 de febrero, tampoco le extrañó encontrar reunidos a los miembros de su batallón, oficiales y soldados, con un grupo paramilitar. No era la primera vez que esto ocurría. Todos sabían que el Bloque Héroes de Tolová, que pertenecía a 'Don Berna', tenía su centro de operaciones en el cerro de la Hoz, donde se estaba planeando los detalles de la operación. Dos meses atrás se había desmovilizado el Bloque Bananeros de Urabá, y se suponía que sus hombres estaban en plena reincorporación a la civilidad, bajo el mando de Ever Veloza, 'H. H.'.
Gordillo dice que cuando llegó a Nueva Antioquia sus superiores del Batallón Vélez, el teniente coronel Orlando Espinoza y el mayor José Fernando Castaño, tenían todo coordinado con los paramilitares del Héroes de Tolová. De hecho, la compañía Alacrán de otro batallón, el de Contraguerrilla 33, ya había partido en dirección a la vereda Las Nieves. Este grupo iba guiado por un paramilitar recién desmovilizado conocido como 'Melaza', viejo conocido de los militares, asiduo visitante de la Brigada XVII y quien no tuvo problema en vestir un camuflado y portar un fusil oficial, mientras se comunicaba por radio con las demás compañías que estaban en el terreno.
A Gordillo le asignaron un grupo paramilitar coordinado por alias '44', del que hacían parte varios esbirros como 'Kiko', 'Cobra' y 'Pirulo'. "Ellos dijeron que conocían el terreno, sabían de campamentos y caletas de las Farc hacia el cañón de Mulatos… que esa operación ya se había hablado con mandos superiores", le dijo Gordillo a la Fiscalía.
Los acontecimientos que siguieron muestran que la operación tenía el sello de la venganza. Las víctimas de la incursión iban a ser civiles, varios de ellos niños, que morirían degollados y descuartizados, en un acto de barbarie al mejor estilo de las matanzas de 'chulavitas' de la época de La Violencia.
Las tropas avanzaban lentamente, deteniendo a su paso a los pocos campesinos que transitaban esos caminos. 'Melaza' guiaba a los hombres del Batallón 33 y con frecuencia ponía en contacto al oficial que comandaba el grupo con las tropas que habían quedado atrás. Adriano José Cano, Melaza', tenía en ese entonces 25 años y trabajaba para el Ejército con frecuencia. "Ganaba 15.000 pesos diarios y bonificaciones, dependiendo de los resultados que tuviera la operación", dice. Así lo había hecho desde cuando ingresó a los paramilitares en 1997, y así lo hizo varias veces después de entregar las armas, "previa autorización del centro de referencia para desmovilizados", explica.
Desde niño había sido arriero y conocía como la palma de su mano los caminos de Urabá. En particular había estado en varias ocasiones en San José de Apartadó. Cómo no iba a conocer esas trochas si en el año 2001 participó en la masacre de seis campesinos en esta región. Esa vez iba encapuchado, pero muchos lo reconocieron. 'Melaza' era un nombre asociado con muerte.
Las tropas tenían información de que había un miliciano en la vereda Las Nieves y al amanecer del 20 de febrero cercaron el humilde rancho. "Llegamos como a las 6 de la mañana. Era un ranchito en medio del monte. Rodeamos la casa y el teniente Rodríguez metió la boquilla del fusil por la ventana. El miliciano le echó mano a un AK-47. Entonces disparamos todos contra el rancho. La casa quedó como un colador y aun herido de muerte, el miliciano seguía disparando. Cuando todo se calmó, vimos a un niño negrito y a la esposa del miliciano que salió con una niña de 2 años en los brazos completamente ensangrentada. 'Me mataron la niña', dijo. No se había dado cuenta siquiera de que estaba completamente desnuda. Yo me le acerqué y le dije: 'señora, vaya póngase algo'".
Efectivamente, Marcelino Moreno, 'Macho Rucio', era un miliciano y, al parecer, su muerte ocurrió en combate. La niña estaba herida, pero le dieron primeros auxilios y fue evacuada en un helicóptero y sobrevivió. Suerte que no tuvieron los hijos de Luis Eduardo Guerra y Alfonso Tuberquia, cuyo encuentro fue con la patrulla que venía rezagada.
Sin piedad
Ese domingo, cuando Luis Eduardo Guerra escuchó a lo lejos los disparos y el helicóptero del Ejército, se disuadió de salir a coger cacao. Guerra era el más destacado líder campesino de la comunidad de paz de San José de Apartadó. Esta comunidad había nacido una década atrás como un experimento de resistencia civil frente a la guerra, bajo la tutela especial del cura jesuita Javier Giraldo y de la ex alcaldesa de Apartadó Gloria Cuartas. La comunidad había sido blanco de todo tipo de críticas y señalamientos por parte del gobierno de una supuesta tolerancia con las Farc. También había sido víctima de innumerables atropellos y asesinatos selectivos. Luis Eduardo Guerra, a pesar de haberse formado en el campo, era un hombre con el don de la palabra, con un pensamiento tan estructurado que generaba sospecha en sus adversarios, que lo consideraban un ideólogo de la guerrilla. Era uno de aquellos casos excepcionales del hombre con talento y autodidacta. "Se levantaba a las 4 de la mañana a escuchar noticias y después de las jornadas en el campo, se ponía a leer historia, filosofía, era muy disciplinado", cuenta uno de los líderes de la comunidad. De hecho, Guerra era una especie de canciller de la comunidad de paz.
Al día siguiente, el lunes 21 de febrero, Guerra decidió salir por fin hacia su cultivo, con su compañera, Bellanira, de 17 años, su hijo Deiner ,de 11, quienes iban a lomo de mula, y su hermano medio Darío. Después de un corto recorrido, a eso de las 8 de la mañana, un grupo de militares salió entre la maleza y los detuvo. Desde un principio Darío temió lo peor. Se dio cuenta de que la actitud de los uniformados era taimada y extraña. Tuvo el presentimiento -al parecer correcto- de que con los militares había paramilitares. Entonces cuando vio que toda la atención de los soldados se centró en Luis Eduardo, se fue escabullendo detrás de la mula y, como pudo, salió corriendo entre la maraña. Poco después escuchó gritos de dolor y de espanto. Y ningún disparo. Los habían matado a garrote y con machete. Y degollados. Y aunque Gordillo dice que no sabe nada sobre estas primeras muertes, los investigadores tienen la hipótesis de que fueron sus tropas combinadas de militares y paramilitares, quienes estaban en ese lugar.
Hacia el mediodía, en la vereda La Resbalosa, a cuatro horas de allí, la escena se repitió con mayor sevicia. Según varios testimonios en poder de la justicia, y el del propio capitán Gordillo, los paramilitares, al mando de '44', le tomaron la delantera unos 500 metros al Ejército. Los paramilitares llegaron a la casa de Alfonso Bolívar, otro destacado líder de la comunidad de paz, cuando la familia estaba almorzando. Se inició un intercambio de disparos con un hombre llamado Alejandro Pérez -guerrillero de las Farc, según ha comprobado la Fiscalía-, quien alcanzó a correr unos cuantos metros antes de caer acribillado. Los paramilitares detonaron varias cargas explosivas contra la casa y vieron cómo cinco hombres salieron corriendo hacia el monte. Eran Bolívar y sus trabajadores. Lo que siguió es indescriptible.
Jorge Luis Salgado, alias 'Kiko', paramilitar del Bloque Héroes de Tolová, ahora en prisión, la contó a la Procuraduría lo que ocurrió esa tarde: "…vi que había una mujer muerta en el piso… de repente reportaron a los comandantes de unos niños que estaban adentro de la casa… creo que estaban debajo de la cama… fueron sacados de allí al patio… se le preguntó al comandante que qué se hacía con estos niños y llegaron a la conclusión de que serían una amenaza en el futuro diciendo textualmente que ellos crecían y se volverían guerrilleros… por ese motivo se ordenó ejecutarlos en silencio… fue cuando en esos instantes apareció el papá de ellos, con una rula en la mano… los peladitos gritaron ¡papá!... él les decía que no iba a pasar nada y les suplicó a los comandantes que por favor no fueran a matar a los niños… entonces él se arrodilla con las manos en la nuca… los niños corrieron hacia él… y es cuando el papá, ya consciente de lo que iba a suceder, le dice al niño que ellos iban a hacer un viaje largo y que posiblemente no iban a regresar… entonces la niña le busca al niño una ropita en un taleguito, y se lo entrega diciendo adiós con la mano…".
Bolívar había logrado correr y protegerse donde una vecina, pero al cabo de una hora, se sintió mal por haber dejado abandonada a su esposa, Sandra Milena, de 24 años, y a sus pequeños hijos, Natalia, de 5, y Santiago, de 18 meses, y regresó a su casa, a enfrentar la muerte. Todos murieron y fueron enterrados por sus victimarios en una fosa cerca de la casa. Los vecinos que al día siguiente pasaron por allí, una vez se habían ido los uniformados, dijeron que sólo se veía el rastro de sangre, la tierra removida y "un machete amellado de picar huesos".
Según los testimonios de los paramilitares, desde ese mismo instante el capitán Gordillo se enteró de lo que había ocurrido. La operación conjunta siguió, sin embargo, tres días más. Prácticamente hasta cuando el escándalo de la masacre ya estaba en la prensa de todo el mundo. A lo largo de esa semana la Fiscalía no pudo ir a levantar los cadáveres. El padre Javier Giraldo dice que el argumento que le dieron las autoridades judiciales es que necesitaban la protección y el transporte el Ejército, y la Brigada había dicho que "no tenía helicópteros disponibles". No obstante, en los testimonios que reposan en el proceso se dice que el general Héctor Fandiño y el coronel Néstor Iván Duque viajaron en un helicóptero el jueves de esa semana hasta donde estaban las tropas. De qué se enteraron ese día o qué decisiones tomaron es un misterio. Se sabe, eso sí, que esa misma fecha los paramilitares abandonaron la zona.
Para entonces, ya unas 110 personas de la comunidad y observadores internacionales había salido a pie a recuperar los cuerpos, habían llegado a la casa de Tuberquia y rodeado las fosas en espera de la Fiscalía. Uno de los primeros en llegar al lugar fue un oficial, quien se le presentó con su rostro altivo y su mirada fría ante los dolientes: "Soy el capitán Gordillo y vengo a brindarles protección". Ese viernes 25 de febrero en la tarde se inició la exhumación. Al día siguiente encontrarían junto al río los cuerpos de Luis Eduardo y su familia, devorados por los animales. Tan infames como estos crímenes resultaron los actos posteriores para encubrirlos.
¿Obstrucción a la justicia?
Desde el primer momento, el padre Javier Giraldo levantó su dedo señalando al Ejército como culpable. "Había hablado con muchos campesinos y sus versiones me convencieron de ello", dice. Pero le llovieron críticas. ¿Quién podía imaginar que el Ejército estuviera involucrado en un crimen en el que las principales víctimas eran niños?
No habían reposado en sus tumbas los muertos cuando los medios de comunicación empezaron a emitir los testimonios de dos supuestos desmovilizados de las Farc que acusaban a la comunidad de San José de Apartadó de tener vínculos con la guerrilla, y aseguraban que era ésta la que había cometido la atroz masacre. Los ex guerrilleros eran Elkin Tuberquia y Apolinar Guerra, quienes estaban bajo la tutela del coronel Néstor Iván Duque, comandante entonces del Batallón Bejarano, adscrito a la Brigada XVII. Sus versiones eran demasiado inverosímiles, pero confundieron enormemente al principio.
De otro lado, el comandante de las Fuerzas Armadas, general Carlos Alberto Ospina, se esforzó en explicar con mapas en la mano que las coordenadas de ubicación de los militares demostraban que estaban lejos de la zona de los hechos. Se ha conocido que un oficial había ordenado alterar la ubicación desde el mismo momento en que se desarrolló la operación. Como si fuera poco, el propio gobierno, antes que lamentar la masacre e instar porque se aclarara, salió a enjuiciar a la comunidad por su negativa a la presencia de militares y policías en la zona.
La justicia estaba en la encrucijada de que era evidente que la masacre había sido acto de militares y paramilitares, pero no había por dónde empezar, pues la comunidad de paz se negaba a hablar. Vino a ser el testimonio de 'Melaza' el que empezó a desenredar la madeja.
La justicia actúa
Todo pudo haber quedado en la sombra de la impunidad de no ser por la diligente acción de una fiscal. Como la comunidad de paz, embargada por la desconfianza, no quiso hablar con la justicia, los fiscales y los investigadores de la Procuraduría empezaron a arañar evidencias de un lado y de otro. Hace dos años la Fiscalía, en un acto inusual y hasta insólito, llamó a indagatoria a 60 militares de la Brigada XVII que habrían participado en los hechos, para intentar romper el pacto de silencio que, al parecer, se había hecho.
A finales de 2007 la historia tendría un giro definitivo. 'Melaza' había sido capturado dentro de la investigación que se seguía por la muerte de Carlos Castaño. Aunque en un principio él iba a participar en el asalto al máximo jefe de las AUC, luego fue relevado y finalmente no asistió. Ya había sido absuelto y cuando ya prácticamente tenía la boleta de libertad en sus manos para volver a la calle, un fiscal recordó que en un libro de Germán Castro Caycedo se mencionaba a un 'Melaza' asociado a la masacre de San José de Apartadó. Y lo llamaron a declarar por este caso. 'Melaza' sólo atinó a decir: "Yo no maté a esos niños".
Desde la cárcel de Itagüí, donde habló con SEMANA, el ex paramililtar ratifica su versión: "El Estado pide la verdad, pero para qué, si no puede aguantarla". El testimonio de 'Melaza' incriminó desde el primer momento al capitán Gordillo. Y éste a su vez ha involucrado a sus superiores, pues dice que en noviembre de 2007 "me encontré con mi general (Fandiño) en un apartamento de la 106. Me mostró la declaración de alias 'Melaza' y dijo que lo más probable era que me llamaran a indagatoria... me dijo que en ningún momento debía decir que iban guías civiles con armamento, ni otro personal diferente a soldados… que ya había declaraciones de dos informantes de las Farc (Tuberquia y Guerra) que habían dicho que a esa gente la habían matado los del frente 58".
Pero la suerte de Gordillo estaba echada. A finales de ese mes fue capturado. Poco después, al conocer la acusación en su contra, se dio cuenta de que no tenía nada qué hacer. Se declaró culpable y se acogió a sentencia anticipada. Confesó que sus tropas patrullaban con los paramilitares, y la justicia entendió que lo hicieron para cometer actos de terror y barbarie. Por eso hoy 10 militares están llamados a juicio, entre ellos el coronel Espinosa y el mayor Castaño. El fiscal Mario Iguarán anunció que también se investigará al general Héctor Fandiño, el comandante de la Brigada en aquel entonces.
Por lo menos seis de los paramilitares que participaron en la masacre han muerto. Alias '44', quien conocía piezas clave de lo que ocurrió, fue asesinado en Valencia, Córdoba, el año pasado. 'Melaza' y 'Kiko' están fuertemente custodiados en la cárcel, por las amenazas que han sufrido.
La historia le ha dado la razón al vituperado sacerdote Javier Giraldo. Su tesis, parecía inconcebible, poco a poco se confirma. Aunque él mismo está a las puertas de la cárcel por una denuncia por calumnia que le interpuso el coronel Duque, y a la que Giraldo ha respondido con una radical objeción de conciencia, negándose a presentarse ante el tribunal y rendir testimonio.
Por esas paradojas de la guerra, el hombre fuerte de las Farc en San José de Apartadó, 'Samir', al que los propios militares culpaban de la masacre, se desmovilizó en diciembre y desde entonces acompaña a la Brigada XVII en operaciones en todo Urabá. Su testimonio será clave en este caso.
La justicia trata de desentrañar los interrogantes que aún deja planteada esta compleja investigación. ¿Quién planeó la operación conjunta? ¿Se trató de una venganza contra la comunidad por las acciones de las Farc? ¿Hubo intención de desviar a la justicia?
Mientras tanto, Gordillo, sin sombra de remordimiento en los ojos, espera su condena en una cárcel militar. Desde otra prisión castrense, los 10 militares que irán a juicio niegan hasta el momento todo lo ocurrido.
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Cae 'Camilo' o 'El Tuerto' ficha clave del narcotráfico de las Farc en frontera venezolana
Aunque el golpe apenas fue reseñado en Colombia, la DEA considera que las Farc perdieron a una ficha esencial en su andamiaje. Sobre su cabeza pesaba una recompensa de un millón de dólares.
Una hora y 20 minutos le faltaron a Ignacio Leal García, uno de los 50 guerrilleros colombianos que Estados Unidos busca por narcotráfico, para evadir el cerco de las autoridades.
Ese era el tiempo que le quedaba para llegar a la frontera con Venezuela. Leal, también conocido como 'Camilo' o 'El Tuerto', fue detenido en la vereda Panamá, de Arauca, el pasado Jueves Santo.
Investigadores de Inteligencia de la Policía colombiana le seguían los pasos desde hace 10 meses. Finalmente lo capturaron en esa vereda, a unos 80 kilómetros de la línea limítrofe. García le reportaba directamente a 'Granobles', el hermano del 'Mono Jojoy' y jefe de la guerrilla en esa zona del país.
El general Orlando Páez Varón, jefe de Seguridad Ciudadana de la Policía, dice que el mismo secretariado se beneficiaba de los negocios de narcotráfico que hacía 'El Tuerto'. En Venezuela, su
enlace es un hombre conocido como 'Cocorrinche'. Los datos suministrados por un informante fueron determinantes para la captura de Ignacio Leal.
"Tiene pendiente un control médico en Venezuela por un problema del corazón", les dijo el informante a los investigadores de inteligencia, y los alertó de la salida de 'el Tuerto' de Arauquita por cualquiera de tres puntos: Panamá, Filipinas o Bocas del Ele.
A las 12 y 40 de la mañana del Jueves Santo, Leal García salió por la vereda Panamá, con varias mujeres y niños. Cuando la Policía lo sorprendió lo acompañaban cinco familiares, entre ellos dos niñas, una de las cuales iba en sus brazos. Viajaban en un Renault 21 en perfecto estado.
Leal García se identificó con una cédula falsa pero ya las autoridades lo tenían plenamente identificado. Ante las autoridades colombianas Leal debe responder por rebelión, terrorismo, extorsión y secuestro.
REDACCIÓN JUSTICIA
Publicado en
www.eltiempo.com
Una hora y 20 minutos le faltaron a Ignacio Leal García, uno de los 50 guerrilleros colombianos que Estados Unidos busca por narcotráfico, para evadir el cerco de las autoridades.
Ese era el tiempo que le quedaba para llegar a la frontera con Venezuela. Leal, también conocido como 'Camilo' o 'El Tuerto', fue detenido en la vereda Panamá, de Arauca, el pasado Jueves Santo.
Investigadores de Inteligencia de la Policía colombiana le seguían los pasos desde hace 10 meses. Finalmente lo capturaron en esa vereda, a unos 80 kilómetros de la línea limítrofe. García le reportaba directamente a 'Granobles', el hermano del 'Mono Jojoy' y jefe de la guerrilla en esa zona del país.
El general Orlando Páez Varón, jefe de Seguridad Ciudadana de la Policía, dice que el mismo secretariado se beneficiaba de los negocios de narcotráfico que hacía 'El Tuerto'. En Venezuela, su
enlace es un hombre conocido como 'Cocorrinche'. Los datos suministrados por un informante fueron determinantes para la captura de Ignacio Leal.
"Tiene pendiente un control médico en Venezuela por un problema del corazón", les dijo el informante a los investigadores de inteligencia, y los alertó de la salida de 'el Tuerto' de Arauquita por cualquiera de tres puntos: Panamá, Filipinas o Bocas del Ele.
A las 12 y 40 de la mañana del Jueves Santo, Leal García salió por la vereda Panamá, con varias mujeres y niños. Cuando la Policía lo sorprendió lo acompañaban cinco familiares, entre ellos dos niñas, una de las cuales iba en sus brazos. Viajaban en un Renault 21 en perfecto estado.
Leal García se identificó con una cédula falsa pero ya las autoridades lo tenían plenamente identificado. Ante las autoridades colombianas Leal debe responder por rebelión, terrorismo, extorsión y secuestro.
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'Cacería' de la mafia a familia de Wilber Varela 'Jabón': hallado el cadáver de su medio hermano
El cuerpo de José Jair Posso estaba en una fosa común, en la zona de Calima-Darién (Valle), según lo reportó el CTI de la Fiscalía.
Familiares de Posso lo habían reportado como desaparecido el pasado 19 de marzo, cuando iba a reunirse con su sobrino Wílber Felipe Varela, 'Varelita', asesinado en Armenia por sicarios al día siguiente, el viernes 20 de marzo.
Según informes de inteligencia de las autoridades, los dos crímenes son un mensaje de Luis Enrique Calle Serna, alias 'Comba', a la familia y a testaferros de 'Jabón' para obligarlos a entregar los bienes del extinto capo.
El cadáver de Posso tenía un limón en la cavidad oral, con el que lo asfixiaron, y estaba envuelto en una sábana y encima tenía un plástico.
Expertos forenses del CTI de la Fiscalía, que ayer en cuestión de horas lograron identificar el cadáver, determinaron que, según la forma como lo sepultaron, tenían la intención de que se preservara por largo tiempo.
En la misma fosa común las autoridades hallaron el cadáver de otro hombre, de aproximadamente 55 años y que al cierre de esta edición no había sido identificado.
Ambos cuerpos fueron llevados hasta la morgue de Buga (Valle) y luego los trasladaron hacía la sede del Instituto de Medicina Legal en Cali.
'Comba' fue en el pasado el hombre de confianza de 'Jabón' y las autoridades lo señalan de ser uno de los responsables del asesinato del capo, ocurrido el año pasado en un hotel campestre de Valencia (Venezuela).
Desde entonces, 'Comba' asumió el poder en la organización de su antiguo jefe y ahora lo señalan de desatar una persecución contra los allegados y bienes del extinto capo, además de tener el 80 por ciento del control de las rutas de droga en el Pacífico.
Esa misma estrategia la usó Varela contra las familias de sus antiguos aliados en la mafia, como los Patiño Fómeque y Miguelito Solano.
De hecho, el asesinato de Solano, ocurrido en el 2002 en Cartagena, y la expropiación de los bienes que este dejó se convirtieron en el detonante de la guerra entre 'Jabón' y el extraditado Diego Montoya, 'don Diego', que dejó más de 1.600 muertos en Cali y el norte del Valle.
REDACCIÓN JUSTICIA
Familiares de Posso lo habían reportado como desaparecido el pasado 19 de marzo, cuando iba a reunirse con su sobrino Wílber Felipe Varela, 'Varelita', asesinado en Armenia por sicarios al día siguiente, el viernes 20 de marzo.
Según informes de inteligencia de las autoridades, los dos crímenes son un mensaje de Luis Enrique Calle Serna, alias 'Comba', a la familia y a testaferros de 'Jabón' para obligarlos a entregar los bienes del extinto capo.
El cadáver de Posso tenía un limón en la cavidad oral, con el que lo asfixiaron, y estaba envuelto en una sábana y encima tenía un plástico.
Expertos forenses del CTI de la Fiscalía, que ayer en cuestión de horas lograron identificar el cadáver, determinaron que, según la forma como lo sepultaron, tenían la intención de que se preservara por largo tiempo.
En la misma fosa común las autoridades hallaron el cadáver de otro hombre, de aproximadamente 55 años y que al cierre de esta edición no había sido identificado.
Ambos cuerpos fueron llevados hasta la morgue de Buga (Valle) y luego los trasladaron hacía la sede del Instituto de Medicina Legal en Cali.
'Comba' fue en el pasado el hombre de confianza de 'Jabón' y las autoridades lo señalan de ser uno de los responsables del asesinato del capo, ocurrido el año pasado en un hotel campestre de Valencia (Venezuela).
Desde entonces, 'Comba' asumió el poder en la organización de su antiguo jefe y ahora lo señalan de desatar una persecución contra los allegados y bienes del extinto capo, además de tener el 80 por ciento del control de las rutas de droga en el Pacífico.
Esa misma estrategia la usó Varela contra las familias de sus antiguos aliados en la mafia, como los Patiño Fómeque y Miguelito Solano.
De hecho, el asesinato de Solano, ocurrido en el 2002 en Cartagena, y la expropiación de los bienes que este dejó se convirtieron en el detonante de la guerra entre 'Jabón' y el extraditado Diego Montoya, 'don Diego', que dejó más de 1.600 muertos en Cali y el norte del Valle.
REDACCIÓN JUSTICIA
Capturado el “hombre de las finanzas” de las Farc en Arauca
Conflicto armado Un millón de dólares ofrecía el Departamento de Justicia de Estados Unidos por Ignacio Leal García, alias ‘Camilo’ o ‘El Tuerto’, que manejaba el narcotráfico para el Bloque Oriental.
Cuando se desplazaba en un carro particular por una vía del municipio de Arauquita, la Policía capturó a Ignacio Leal García, un guerrillero de las Farc de 34 años conocido con el alias de ‘Camilo’ o ‘El Tuerto’, quien al parecer era el encargado de las finanzas del frente 10 de las Farc, asentado en el departamento de Arauca.
Vestido de civil y con documentos falsos, ‘Camilo’ fue encontrado por las autoridades en una carretera el pasado sábado en la tarde, cuando al parecer se dirigía hacia Venezuela para practicarse un chequeo médico. Su ubicación se logró durante una operación denominada ‘Cazador’, realizada de manera conjunta entre el Ejército y la Policía, luego de las pistas entregadas por informantes que recibieron recompensa del gobierno.
“Este hombre manejaba toda una red de narcotraficantes en el oriente del país que sacaban la coca hacia el exterior. Tenía muchas propiedades a nombre de familiares suyos. También manejaba múltiples cuentas bancarias y muchos contactos con mafiosos en la zona”, dijo a Semana.com el coronel Luis Alberto Ortiz, comandante de la Policía de Arauca.
Por tal razón, Leal García era una de las fuentes principales de ingresos del Bloque Oriental de las Farc, al mando del Mono Jojoy, aunque le respondía directamente a
Germán Briceño Suárez, alias ‘Grannobles’, encargado del direccionamiento de tráfico de estupefacientes en Arauca, y quien le había asignado actividades relacionadas con el narcotráfico, extorsión, presión e intimidación a los habitantes de esa región.
Según la Policía, ‘Camilo’ llevaba cerca de 17 años de militancia en las Farc. Controlaba más de 2 mil hectáreas de cultivos de coca en Arauca, con una producción estimada en 17 toneladas anuales de cocaína, cuyo valor en el mercado de los Estados Unidos es de unos 422 millones de dólares. En la Unión Europea supera los 676 millones de euros.
Así mismo, el guerrillero tendrá que responder por terrorismo, concierto para delinquir, narcotráfico o posesión de sustancias para el procesamiento de narcóticos.
Alias ‘Camilo’ era uno de los 50 principales objetivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, estaba pedido en extradición por autoridades de Estados Unidos bajo cargos de tráfico de drogas, su nombre estaba en la circular roja de Interpol y por su cabeza se ofrecía un millón de dólares.
Cuando se desplazaba en un carro particular por una vía del municipio de Arauquita, la Policía capturó a Ignacio Leal García, un guerrillero de las Farc de 34 años conocido con el alias de ‘Camilo’ o ‘El Tuerto’, quien al parecer era el encargado de las finanzas del frente 10 de las Farc, asentado en el departamento de Arauca.
Vestido de civil y con documentos falsos, ‘Camilo’ fue encontrado por las autoridades en una carretera el pasado sábado en la tarde, cuando al parecer se dirigía hacia Venezuela para practicarse un chequeo médico. Su ubicación se logró durante una operación denominada ‘Cazador’, realizada de manera conjunta entre el Ejército y la Policía, luego de las pistas entregadas por informantes que recibieron recompensa del gobierno.
“Este hombre manejaba toda una red de narcotraficantes en el oriente del país que sacaban la coca hacia el exterior. Tenía muchas propiedades a nombre de familiares suyos. También manejaba múltiples cuentas bancarias y muchos contactos con mafiosos en la zona”, dijo a Semana.com el coronel Luis Alberto Ortiz, comandante de la Policía de Arauca.
Por tal razón, Leal García era una de las fuentes principales de ingresos del Bloque Oriental de las Farc, al mando del Mono Jojoy, aunque le respondía directamente a
Germán Briceño Suárez, alias ‘Grannobles’, encargado del direccionamiento de tráfico de estupefacientes en Arauca, y quien le había asignado actividades relacionadas con el narcotráfico, extorsión, presión e intimidación a los habitantes de esa región.
Según la Policía, ‘Camilo’ llevaba cerca de 17 años de militancia en las Farc. Controlaba más de 2 mil hectáreas de cultivos de coca en Arauca, con una producción estimada en 17 toneladas anuales de cocaína, cuyo valor en el mercado de los Estados Unidos es de unos 422 millones de dólares. En la Unión Europea supera los 676 millones de euros.
Así mismo, el guerrillero tendrá que responder por terrorismo, concierto para delinquir, narcotráfico o posesión de sustancias para el procesamiento de narcóticos.
Alias ‘Camilo’ era uno de los 50 principales objetivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, estaba pedido en extradición por autoridades de Estados Unidos bajo cargos de tráfico de drogas, su nombre estaba en la circular roja de Interpol y por su cabeza se ofrecía un millón de dólares.
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