lunes, 3 de marzo de 2008

Un repartidor devenido en la voz de la guerrilla

Un repartidor devenido en la voz de la guerrilla
José Vales
El Universal

Domingo 02 de marzo de 2008





BUENOS AIRES.— La mejor aproximación que la prensa mundial tuvo de Raúl Reyes, el vocero y número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fue en San Vicente del Caguán, durante las conversaciones de paz en las que oficiaba de vocero del grupo insurgente. A quienes lo frecuentaron les quedará la imagen de un hombre afable y conversador, dueño de un humor tan dúctil como esa devoción por una copita de vodka después de la cena, a las 19:00 horas (“la hora de la medianoche en la selva”), que se le había contagiado en sus años en Moscú.
En cambio, los que lo conocieron como miembro del secretariado o lo tuvieron enfrente como negociador, pueden ratificar que la guerrilla acaba de perder a unos de sus cuadros más duros, militar e ideológicamente. El líder de las FARC, Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda, ha perdido más que a su mano derecha; perdió a su yerno, ya que Reyes estaba casado con su hija, Olga Marín, quien residió en México hasta no hace mucho tiempo.

Antes de ingresar a las Juventudes Comunistas en la localidad de Paujíl (Caqueta), Reyes se llamaba Luis Edgar Devia, nacido en La Plata (Huila), donde fue repartidor de leche, estudiante, ingeniero, empleado de la multinacional Nestlé, donde alcanzó el cargo de jefe de planta. Una vida de profesional comprometido con los pobres, militante urbano hasta que el Partido lo envió a Moscú, a comienzos de los 70 (para acabar su formación ideológica y política) y de ahí a las FARC.

De Moscú, Reyes volvió más marxista de lo que se mostraba en las reuniones sindicales del Huila. Año tras año fue escalando posiciones en el mando militar de la guerrilla, hasta convertirse en el sucesor natural de su suegro, Tirofijo.

Ayer, él y su guardia fueron emboscados en Ecuador. Obsesionado por las acciones de inteligencia y la lectura fina de los acontecimientos políticos, no leyó lo que podría venir después de la liberación de los rehenes. Hacía una semana que la Fuerza de Tarea Conjunta Omega —el Ejército y la Policía Nacional—, lo venían siguiendo con los más sofisticados métodos de inteligencia. Su final marca el inicio de un nuevo capítulo en la guerra en Colombia. A partir de ayer, el gobierno de Álvaro Uribe y los colombianos encontraron lo que buscaron más de cuatro décadas: convencerse de que la cúpula de las FARC era franqueable.


www.eluniversal.com.mx

No hay comentarios: