viernes, 1 de agosto de 2008

Eramos como sus madres
En Caquetá, los habitantes de un pequeño pueblo mediaron para salvar de la muerte a un grupo de soldados después de un ataque guerrillero. Lea esta semana los mejores testimonios del libro Crónica de Vida, publicado por la Comisión Europea en Colombia y Colprensa.
Por Acened*
Fecha: 07/28/2008 -
Era una noche llena de estrellas, el cielo estaba inspirado por la tranquilidad de la noche, recibiendo el fresco en la oscura plaza de mercado, cuando a las 11 de la noche escuchamos unas explosiones y unas luces lejos de nuestro pueblo.

Cuando nos interrumpieron esa tranquilidad, alistamos maletas para emprender el viaje, ya que creíamos que la “Marrana” iba a acabar nuestra vereda. No pudimos dormir. Amaneció y la gente empezó a llegar a contar que la “Marrana” tiraba bombas y una de esas le cayó a un rancho que no tenía guerrilla, sino una humilde familia campesina. Empezó el suspenso, la inquietud, no sabíamos qué hacer, no queríamos dejar lo que habíamos conseguido.

A la semana, una mañana el sol calentaba mucho, cuando todo el mundo corría hacia el filo. Yo me fui también y me dio mucho dolor cuando vi unos soldados sin botas, con hambre, heridos, derrotados ahí en el filo. Nos pidieron ayuda porque la misma “Marrana” los había atacado por falta de comunicación de su comandante.

Como al otro lado del río estaban los otros (guerrilla), pues les pedimos que tuvieran humanidad con aquella gente y nos dejaran atenderlos. Con la bandera de la paz, fue una pequeña comisión la que llevaba y traía razones, se les ayudó hasta cuando llegó el atardecer y la guerrilla nos mandó a decir que la orden era que se los entregáramos o que nosotros desocuparíamos el pueblo para matarlos a ellos.

Tanta lucha y lucha, les rogamos que se entregaran hasta que llegaron las seis de la tarde y no lo hacían. Bueno, habíamos perdido la esperanza, cuando bajaron del filo y dijeron que lo hacían si nos comprometíamos a garantizarles la vida. La junta hizo un documento firmado por la guerrilla donde nos prometieron respetarles la vida en la jungla. Los soldados empezaron a descargar sus armamentos.

Cuando un guerrillero que venía del filo hizo una ráfaga para abrir paso, todo el mundo corrió y nosotros pensamos que nos mataron, ya que creímos que los soldados iban a recoger sus armas y pelear.

Pero no, gracias a Dios ellos corrieron, se metieron en las casas y nos cogieron, abrazados como unos niños chiquitos, suplicándonos que no dejáramos que los mataran: Ustedes son madres y nuestras madres nos esperan”.

A 28 soldados aquella noche los tranquilizamos, se les hizo una comida, soñaron y se tranquilizaron, pero se los llevaron al otro día. Se supo que estaban vivos, nos dejaron teléfonos para llamar a sus madres, algunos nos dejaron cartas.

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*Nombre cambiado para proteger la identidad de la víctima.

Este texto hace parte del libro Crónicas de Vida, publicado por la Comisión Europea para Colombia y Colprensa en una alianza para que desplazados y víctimas de la violencia cuenten sus historias de su puño y letra. Semana publicará las mejores crónicas a lo largo de esta semana.



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