sábado, 2 de agosto de 2008

Juancho Dique no resistió interrogatorio y estalló en llanto
El ex jefe paramilitar de la región de los Montes de María en versión libre ante la Fiscalía, ha contado todo: seis masacres en las que participó, las formas de asesinar, las armas que usaban, los objetivos que perseguían, los desertores de la guerrilla que servían como guías y los muertos que quedaban tirados en los caminos, plazas y canchas
Por Tadeo Martínez, corresponsal de Semana en Barranquilla
Fecha: 07/31/2008 -
En dos días Uber Enrique Bánquez Martínez, conocido por el alias de Juancho Dique, se ha referido a seis masacres ocurridas en Sucre y Bolívar, entre 1998 y 2005. Los hechos reconocidos ante Justicia y Paz, fueron cometidos por las autodefensas en las subregiones de los Montes de María, pueblos ribereños del Canal del Dique y los municipios de la zona norte del departamento de Bolívar.

El martes 29, hizo aclaraciones sobre hechos ocurridos en El Salao, donde dijo que unos insubordinados tomaron instrumentos musicales de la iglesia o la escuela, como gaitas, tamboras y flautas, y se pusieron a tocar. Explicó que también incendiaron algunas viviendas y asaltaron tiendas y residencias. Estos hechos, según Bánquez, lo hicieron algunos milicianos sin autorización de los comandantes. Pero desde la época en que tuvieron ocurrencia, las víctimas han contado que en esta masacre los paramilitares se atrevieron a jugar fútbol con las cabezas de las víctimas, cuatro días después de haber sido asesinadas.

También se refirió a las masacre de Chengue y a la forma como asesinaron a golpe y cuchillo a 29 personas para no hacer ruido. En la tarde del martes enunció la masacre de Mampuján y el miércoles dio detalles de tres masacres, ocurridas en San Isidro, Libertad y Monteadentro, todos municipios de los Montes de María en Sucre y Bolívar. Pero, son tantos los hechos y tanta la necesidad que tienen las víctimas de aclarar y saber por qué hicieron lo que hicieron, que hoy, ante preguntas de las víctimas y ante un interrogatorio de la fiscal, Juancho Dique no resistió, dijo sentirse presionado y estalló en llanto. Pero llanto de impotencia e inseguridad de no saber cómo responder y qué responder.

Chengue: una masacre sin ruido

La fiscal Yolanda Gómez, suspendió momentáneamente la audiencia y pidió a la Procuradora, Marta Choperena, que se pronunciara ante la manifestación del postulado de sentirse “presionado”. La Procuradora le dijo al postulado que se trata de una reconstrucción histórica, por lo tanto el interrogatorio de la fiscal era pertinente. Agregó que, aunque el señor Banquez ha ido suministrando nueva información sobre hechos en los cuales participó o de los cuales tuvo conocimiento por su pertenencia al grupo armado, siempre es necesario preguntar para aclarar los hechos.

El miércoles pidió que no se sorprendieran si siempre se refería a la finca de El Palmar, en Rincón del Mar, desde donde salían todas las órdenes para cometer los homicidios, los que se realizaban con listados de las personas que iban a ejecutar. Su ex jefe, alias Cadena siempre lo citaba a esa finca para darle instrucciones o para que lo acompañara en las incursiones paramilitares en veredas y municipios de la región. ¿Quién elaboraba las listas de las personas a ejecutar?

No se sabe, pero se las entregaba Rodrigo Cadena. ¿Quienes participaban? Al principio gente de Mancuso y de Jorge 40, quienes enviaban a comandantes como “El Gallo” y “Amaury”, desde Magangue y El Guamo. Los primeros años del frente, entre 1997 y 2000, las incursiones armadas se hicieron con el apoyo de bloques más antiguos y los salarios de los militantes los pagaba directamente Carlos Castaño. A partir de 2000 comenzaron a cobrar a todo el que desarrollara una actividad económica en la región y empezaron a tener financiación propia.

Con relación a las otras masacres, las que relató en su segundo día no ocurrieron en un sitio preciso, como El Salao y Chengue, donde sacaron a la gente de sus casas y las llevaron a la plaza del pueblo. Atacaron a transportadores de los Montes de María, entre San Isidro, Caracolí y La Cansona, y los ejecutaron porque, según ellos, auxiliaban a la guerrilla llevándoles mercados y medicinas.

Comenzaron en San Isidro, donde el mismo Bánquez dijo que a la medianoche despertaron al carnicero y al dueño del billar y los asesinaron al frente de sus casas. En todos estos casos llevaban como guías a desertores de las Farc o el Eln, que iban señalando a quienes pertenecían o colaboraban con las fuerzas insurgentes. En esta incursión hicieron retenes, bajaban a los conductores de sus jeep y en un sitio asesinaban a dos, más adelante a tres más y al final del camino, en La Cansona, a otros tantos. Así, dice, al sumar hechos aquí y allá, acumulaban una docena de muertos. Como estaban en una zona de serranía, una vez cometidas las ejecuciones, empujaban los carros al precipicio con las víctimas fatales en su interior. Así, en un trayecto de 40 o 60 kilómetros, dejaban una estela de muerte y terror.

Así, recorriendo caminos y trochas, en vehículos robados y a pie, atravesaron la geografía montemariana “obsesionados” con debilitar o derrotar al jefe guerrillero Martín Caballero, comandante del 35 frente de las Farc. En todos estos años (1997 – 2005), cometieron más de 20 masacres, según cálculos de Bánquez y los nombres de esos pueblos quedaron inevitablemente atados a tragedias imborrables. La masacre comenzó con un desplazamiento en Mampuján. Una vez en el pueblo y cuando habían reunido a la gente en la cancha de fútbol, Cadena le dijo a la gente que se fuera, que les daba 24 horas para abandonar el pueblo.

Siguieron los paramilitares sembrando el miedo en caseríos como El Loro, Yucalito y Aya. Al Loro llegaron a las cinco las cinco de la mañana, iban en busca de un campamento del Eln y encontraron los cambuches vacíos. Sobre la marcha se inventaron una lista y la gente estaba haciendo café cuando fueron a buscarlos y llevarlos a la cancha. Pusieron a las víctimas boca abajo y les dispararon dos tiros de gracia. En el recorrido por esos caseríos, supo después Bánquez por informaciones periodísticas, habían asesinado a 11 personas. Esa fue la masacre de Mampuján, cometida por 150 hombres armados con fusiles contra campesinos indefensos.

Los cadáveres quedaban tirados en los caminos, en las canchas de fútbol y en las plazas. La masacre de Mampuján fue planificada por Cadena, Amaury, El Gallo y Nicolás. Bánquez sólo acataba órdenes, era subalterno de Cadena. La masacre de la Cansona o San Isidro, fue cometida contra los transportadores veredales por ser presuntos auxiliadores de la guerrilla.

El comandante era “El Gallo”, subalterno de Mancuso. Algunos de los homicidios los cometía el mismo Cadena y participaron 35 hombres. Cuando iban de retirada la guerrilla les puso un cerco y recibieron auxilio con helicópteros de Mancuso, quien arrojó cilindros y “sombreros chinos” (bombas), contra las filas subversivas. Eso fue en el centro de los Montes de María, a tres horas del Carmen de Bolívar. La orden de Mancuso era tomar el control de la región y el guía era Macayepo, quien había sido guerrillero durante años.

Otra masacre a la que se refirió, fue a la ocurrida en la Libertad, un corregimiento de San Onofre a mediados de 1998. Cadena le dijo que a la entrada de Pajonal iba a recoger a un guía, al parecer un infante de marina que nunca se quitó el pasamontaña. “Nunca supe quién era”, dice. Llegaron en la noche, tarde, la gente dormía. Fueron de casa en casa con la lista que le había entregado Cadena y subieron a cinco personas en el platón de una camioneta doble cabina, los llevaron a las afueras del pueblo y los ejecutaron. Lo hicieron a esa hora porque la infantería estaba a media hora. También los pusieron boca abajo y les dispararon dos tiros a cada uno. La lista la dejaban encima de los muertos y sus cuerpos en el camino.

Y la última fue la ocurrida en Chinulito, también fue de noche y la masacre ocurrió en un recorrido de dos o tres días de camino montañoso entre Arenita, Chinulito, Plan Parejo y El Tesoro. También llevaban un desertor como guía que iba señalando quienes eran los “colaboradores” de la guerrilla. Todos esos corregimientos son de la jurisdicción de Colosó, otro pueblo montemariano. En Chinulito mucha gente se desplazó, pues cadena les había dado también plazo de 24 horas para abandonar el pueblo. Quedó vacío.

En la tarde, la fiscal comenzó a hacerle preguntas formuladas desde la sala de víctimas. Preguntaban por homicidios, desapariciones, tentativa de homicidio y otros hechos ocurridos entre 1996 y 2000. Bánquez decía que en 1997 había sido de una Convivir pero en Córdoba, que en 1998 había llegado con Cadena a la zona, pero que era un grupito pequeño que incursionaba y se retiraba. Que no tenía hechos claros, que por la zona habían pasado varios comandos en poco tiempo de varios grupos. La fiscal le insistía, porque era ambiguo, hasta que dijo que se sentía presionado y se puso a llorar.

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