sábado, 29 de diciembre de 2007

Uribe quiere guerra

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Buenos Aires, 29 / 12 / 2007

Uribe quiere guerra
Por: Frida Modak (ALAI)
Fecha publicación:20/12/2007

“Yo le pido a Dios todos los días que el gobierno de Colombia no sepa donde está mi hija”, dijo Yolanda Pulecio, ex embajadora y madre de Ingrid Betancourt, al salir de su entrevista con el canciller argentino. Luego agregó “Tengo mucho miedo de la prueba de vida de mi hija, por miedo a que descubrieran a las personas y supieran dónde se encuentra mi hija y el presidente mande operaciones militares y que la maten y justifiquen la guerra diciendo que la guerrilla la mató”.

“Quiero hacerme eco del llamado de Sarkozy para que colaboremos en la negociación para lograr la liberación de Betancourt, cuya madre nos acompaña aquí”, dijo Cristina Fernández en su discurso de toma de posesión como Presidenta de Argentina. Y agregó “Comprometemos el esfuerzo de nuestra diplomacia y solicitar a Dios que ilumine al presidente de la hermana y querida República de Colombia para poder alumbrar una solución que exige el derecho humanitario, sin que eso signifique inmiscuirse”.

“Todos los días avanzamos en eso”, dijo Alvaro Uribe, presidente colombiano, cuando al salir de su entrevista con la mandataria argentina le preguntaron sobre la posibilidad de una ofensiva militar para desarticular a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Y puntualizó ”Mi obsesión es liberar a todos los secuestrados y derrotar al terrorismo secuestrador en Colombia. Nada ganaríamos con liberar estos secuestrados si eso recrudece la capacidad de los terroristas de secuestrar”.

Nos asomamos así a la historia de Colombia, violenta desde que accedió a la independencia y gobernada hasta hoy por liberales y conservadores, quienes con sus querellas por el poder político y económico protagonizaron hechos de una barbarie inconmensurable, como lo relatan sus historiadores. Los enfrentamientos de sus respectivos grupos armados determinaron que la población civil se refugiara en las montañas para vivir en paz, pero hasta allí llegó la violencia y de ese embate surgieron, como mecanismo de defensa, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y otras agrupaciones como el Ejército de Liberación Nacional, al que se sumó el sacerdote católico Camilo Torres a mediados de los años sesenta del siglo pasado.

Plan Colombia

Hace ocho años la violencia recrudeció al ponerse en práctica en 1998 el llamado Plan Colombia, cuando el entonces presidente Andrés Pastrana sostuvo que para terminar con la violencia, no dijo la de quien, había que “internacionalizar” el conflicto para solucionarlo y con ese pretexto le abrió las puertas a Estados Unidos. Desde entonces el gobierno colombiano ha recibido miles de millones de dólares, unos hablan de tres a cuatro mil y otros elevan la cifra a siete mil. Armas y soldados estadounidenses pululan por el país. Algunos estudios indican que en estos ocho años han muerto en confrontaciones de carácter militar 19 mil 262 colombianos, militares y miembros de las llamadas guerrillas, lo que implica que cada día han muerto siete personas.

Para justifica esta ofensiva armada se dijo que había que combatir la fabricación y tráfico de drogas y con ello a los poderosos cárteles de la droga. Pero paralelamente, la rica oligarquía colombiana promovía la formación de paramilitares para defenderlos, supuestamente, de las guerrillas. Hechos posteriores sugieren algo distinto. Los más de 30 mil paramilitares estaban involucrados en el narcotráfico y también ejercían coacción política para lograr el triunfo de determinados candidatos a cualquier puesto de elección. Si sus jefes acumularon fortunas, la de quienes los crearon son inimaginables.

Uno de los escándalos que han sacudido al régimen uribista es, justamente, el de los vínculos de políticos con los paramilitares, lo que ha determinado que haya 20 detenidos, entre ellos familiares del presidente. Aunque se supone que los paramilitares se disolvieron y fueron amnistiados por Uribe, se están reagrupando y sus bandas actúan en distintos puntos del país. Esto, publicado en la prensa colombiana, no se admite y se centra el problema en las FARC, a las que se acusa de financiarse con el narcotráfico, aunque los informes del ministerio de Hacienda de esa nación dicen otra cosa.

El dinero de la droga le significó a Colombia no pasar por las crisis que enfrentaron otros países latinoamericanos entre los años 80 y 90, porque esos miles de millones de dólares se reciclaron en la economía formal. Incluso uno de sus presidentes estableció que todos los colombianos con familiares en el exterior quedaban autorizados para recibir remesas y se abrió una ventanilla oficial con ese objeto. Por esa ventanilla, por la que desfilaron decenas de miles de personas porque a una buena parte del país le aparecieron parientes ricos afuera. El episodio es conocido como “la ventanilla siniestra”.

La presencia estadounidense no ha variado la situación, Colombia sigue produciendo droga y el narcotráfico va viento en popa. Dicen los estudiosos del tema que eso confirma que la DEA, la agencia estadounidense para el combate a la droga se preocupa más por garantizar que el dinero de la droga se quede en Estados Unidos.

El uribismo

El mandatario colombiano representa a una fracción del viejo Partido Liberal, que busca unificarse bajo la dirección de César Gaviria, ex presidente y ex Secretario General de la OEA, Uribe es un personaje controvertido. La revista estadounidense Newsweek señaló que estaba involucrado con los cárteles de la droga, lo que él negó. Otras informaciones relacionan a su padre, que fue asesinado, con Pablo Escobar Gaviria, que fuera jefe del Cartel de Medellín, y el presidente responsabiliza a las FARC de la muerte de su progenitor en un plagio. (Corresponsalía del diario mexicano Excelsior,25-1-05).

La madre de Ingrid Betancourt ha responsabilizado a Uribe del fracaso de varias gestiones destinadas a liberar a los rehenes de las FARC. A la mediación que encabezó el Presidente Hugo Chávez hay que agregar otro de los más sonados de esos fracasos. Este se produjo cuando el 13 de diciembre de 2004 fue secuestrado en Venezuela Rodrigo Granda, conocido como el canciller de las FARC, a quien trasladaron a la zona fronteriza de Cúcuta y al día siguiente lo presentaron como detenido en Colombia, para extraditarlo luego a Estados Unidos. Granda estaba en Venezuela participando en una gestión auspiciada por los gobiernos de Francia, España y Suiza para liberar a Betancourt y otros, gestión no autorizada por Uribe.

Ahora Uribe desautorizó la mediación que con su visto bueno realizaba el presidente de Venezuela, con respaldo de Francia, a pretexto de que se había comunicado con el jefe del ejército colombiano. El general Mario Montoya ha sido señalado por la Agencia Central de Inteligencia, CIA, de Estados Unidos, de estar vinculado a los paramilitares. La información la publicó el diario Los Angeles Times en marzo de este año.

Y con esto se resume la situación, porque el problema colombiano no tiene salida ni el país se puede democratizar de verdad porque Estados Unidos está ocupando, Plan Colombia mediante, a ese país como su base militar estratégica para el control de América del Sur y sus recursos petroleros. Colombia limita con Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador, todos ricos en petróleo y gas, y además tiene la ventaja de limitar con Panamá, que fue parte de su territorio, lo que permite usar el Canal para el transporte de tropas cuando se estime necesario.

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