viernes, 27 de junio de 2008

En radiografías, 16 jóvenes de Ciudad Bolívar escribieron relatos de violencia de su zonas

Foto: Alberto Urrego/ELTIEMPO

Los jóvenes se dieron a la tarea de recopilar testimonios. Según ellos, Ciudad Bolívar tiene que recuperar su propia memoria histórica.

Recorrieron los rincones y las empinadas montañas que rodean su barrio, Candelaria La Nueva, para recoger las historias humanas y dolorosas que vivieron cientos de desplazados y desmovilizados.


"Estábamos en el pueblo con mi papá y mi hermana. Íbamos por un camino oscuro cuando vimos a dos hombres que nos pidieron luz. Les dijimos que no teníamos. Ellos se pusieron de mal genio y finalmente mi papá nos besó y nos soltó de la mano: "A donde voy no las puedo llevar", dijo, y nunca volvió", lee indignado Carlos Peña, un joven habitante de Ciudad Bolívar.

Esta historia, que es de un vecino suyo la han vivido más del 80 por ciento de los habitantes de cerca de 460 barrios que él mismo conoce como la palma de su mano.

"Queríamos contar la verdad. No disfrazarla como muchos lo hacen, y qué mejor que esa labor esté en nuestras manos porque nosotros vivimos y sufrimos esa realidad", contó Omar Ramírez, otro de los jóvenes.

Cerca de 400 historias fueron recogidas y puestas sobre radiografías del cuerpo humano. Algunas, escritas por sus protagonistas, dejan ver un relato nostálgico que desnuda la realidad de la violencia que enfrentan a diario.

Hace un año, Gemanar, la fundación creada por estos jóvenes, empezó la recopilación y hace menos de seis meses comenzó la tarea de realizar elmontaje que se convertía en la catarsis de esta localidad.

Cuatro paneles grandes, con radiografías en ambas caras, acompañan una mesa y cuatro sillas. 'Más allá de los huesos y la carne. La última cena', es el nombre de este proyecto. Al otro lado un cuerpo es velado y completa la representación del sufrimiento que implica vivir la guerra.

"Todos podríamos estar en nuestra última cena en familia como lo hicieron las víctimas de estos relatos. Por eso, nunca olvidemos que podemos estar comiendo con nuestra familia por última vez", explicó Rocío Peña, otra de las jóvenes.

Este programa hace parte del proyecto Jóvenes conviven por Bogotá, de la Secretaría de Gobierno, y fue uno de los trabajos que demostró tolerancia e incluyó actores propios de la comunidad.

Protagonistas de los relatos

"Los niños buenos se acuestan a las 8 y si no nosotros los acostamos", fue la frase que despertó a este grupo para salir a protestar y para intentar cambiar la situación que pretendía reprimirlos. Por eso salieron a marchar noches enteras en contra de asesinatos que se cometían en la localidad. Hoy realizan charlas y encuentros con desmovilizados que llegaron cansados del pasado que vivieron.

Jhon Romero lleva 6 años en la localidad y con apenas 22 años ya vivió la crueldad de la guerra. Por eso se vino de Arauca y hoy, como miembro de Gemanar, denuncia sin miedo lo que conoce.
"Porque no quiero que los relatos se queden en voces y mucho menos entre las tumbas", confirmó.

En la Plaza de Bolívar y en distintos puntos de la localidad o la ciudad donde ha sido expuesto, los transeúntes se acercan curiosos a esa estructura que sostiene radiografías de cuerpos humanos. Algunos las leen y sus rostros se transforman, mientras que otros apenas pasan saliva y dan la vuelta.

"Entre de pequeño a la guerrilla porque los paras mataron a mi papá de tres tiros, yo mismo los vi. Desde ahí quise vengarlo y a todos los que resultaba quebrando lo hacía de la misma manera.
Un día volví a mi pueblo y me di cuenta que nada de eso había servido, pero tuve que huir a la ciudad donde todavía me despierto asustado", se lee en uno de los relatos.

Es una noche de Septimazo y en la avenida Jiménez el montaje aguarda a su público. Desconocidos se acercan, parejas agarradas de la mano leen en voz baja, pero empieza a llover y a diferencia de las demás presentaciones y trabajos que los rodean éste permanece rodeado del silencio de sus observadores que intentan guardar la tristeza que producen estas historias.

LINA SÁNCHEZ ALVARADO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO


www.eltiempo.com

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