sábado, 15 de noviembre de 2008

Renunció el general Montoya

Renunció el general Montoya

Justicia El comandante del Ejército, general Mario Montoya, permaneció desde comienzos del 2006 y deja el cargo en medio de las gravísimas denuncias de falsos positivos que orquestaron miembros del Ejército en varios lugares del país.

El general Mario Montoya Uribe presentó su renuncia como comandante del Ejército luego de conocerse los escándalos por la muerte de centenares de civiles que miembros del Ejército presentaron como ilegales muertos en combate.

"Señor Presidente, he pasado 39 años al servicio de mi Patria y creo haber llegado al final de la jornada...Nadie mejor que mis soldados pueden dar testimonio de mi gran dedicación para lograr para los colombianos la paz que, por años, hemos anhelado(...)", leyó el general Montoya en una rueda de prensa.

Precisamente la semana pasada, el presidente Álvaro Uribe anunció el retiro por facultad discrecional de 27 militares, entre ellos tres generales de la República, que tuvieron que ver con ejecuciones extrajudiciales.

SEMANA, en su última edición, reveló varios detalles de la comisión que evaluó la actuación de los militares que en Bogotá y Norte de Santander tuvieron que ver, de manera directa o indirecta, con los falsos positivos en Ocaña.

El informe dice que encontró “Un desorden en el ejercicio militar que rayaba con lo criminal. ‘Un trabajador indisciplinado en una empresa cualquiera es un lastre, pero en una militar es un riesgo para las vidas de los demás’, explica una alta fuente. Si bien guardan con celo los resultados, SEMANA pudo establecer algunos de los hallazgos.

En la mayoría de los casos, se repitió un modus operandi que no cumplía la doctrina militar básica. En primer lugar, no había ningún tipo de inteligencia previa antes de salir a la operación o, si la había, era un reporte vago, sin análisis. En segundo lugar, tampoco salían con un plan de operación, es decir, quién dirigía el grupo, cuál era la estrategia, etcétera, y en algunos casos sin poner al tanto a mandos superiores. Y, por último, hacían la operación de noche. En los informes reportan haber encontrado una o dos sombras sospechosas que se mueven, les gritan ‘alto’, la 'sombra' dispara con una pistola y ellos responden con ráfagas de fusiles”, dijo SEMANA.

Aunque el general Montoya, que llevaba 39 años de carrera militar, recientemente fue reconocido por la “Operación Jaque”, que logró rescatar a 15 secuestrados por las Farc, y la presión que ejerció sobre los guerrilleros que tenían en su poder al congresista Oscar Tulio Lizcano, que finalmente se escapó hace una semana, también fue cuestionado por su manera de ganar la guerra con el bodycount, que es el conteo de bajas para obtener méritos.

Su paso por Antioquia fue uno de los capítulos más polémicos del general Montoya. Por un lado, estuvo a cargo de las importantes operaciones militares que golpearon duramente a la guerrilla. Pero por otro varias de estas operaciones coincidieron con una fuerte expansión paramilitar en esas zonas, quizás porque no lo acompañó una estrategia integral del Estado para recuperar la autoridad legítima.

La Orión y la Mariscal recuperaron la comuna 13 de Medellín, durante años azotada por las milicias. La Marcial, en los municipios de San Francisco y Cocorná en el oriente antioqueño, adelantada en marzo de 2003, terminó de debilitar al Frente Carlos Alirio Buitrago del ELN. Gracias al éxito de esta operación, los ataques a las torres eléctricas que suministran energía al resto del país disminuyeron drásticamente y la circulación por la carretera Bogotá- Medellín ha fluido como nunca. Los secuestros bajaron 56 por ciento en Antioquia, según Fondelibertad, la entidad encargada de la prevención de secuestro.

Pero tras la recuperación de la comuna 13 de Medellín, las autodefensas del Bloque Cacique Nutibara consolidaron su poder y fueron prácticamente la autoridad hasta que se desmovilizaron a finales de 2002 como lo muestra el documental ‘La Sierra’ y lo denunció públicamente el Instituto Popular de Capacitación de la capital paisa, entre otros.

En el nororiente antioqueño también existieron desafortunadas coincidencias entre la ofensiva del Ejército y una expansión paramilitar del Bloque Metro. Diversas fuentes contaron en su momento a SEMANA que el grupo bajo el mando de Doble Cero facilitó el ingreso del Ejército a zonas como Río Verde y Aquitania, donde históricamente se asentó el ELN. El artículo ‘¿Meras coincidencias? de la revista también denunció que en el casco urbano de San Francisco, cabecera municipal de esa zona, las autodefensas tenían su base en una casa a la vista de todos.

Pero quizás el caso más polémico fue el de Bojayá en 2002. Después de que las Farc mataron a 119 personas que se refugiaban en una Iglesia, organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, la Diócesis de Quibdó y la Defensoría del Pueblo denunciaron ante la Procuraduría que el Ejército bajo el mando del general Montoya no había prestado atención a las alertas que, días antes, había dado la población de Bojayá sobre una eventual confrontación entre la guerrilla y los paramilitares.

"La población, con mucha angustia, está diciendo que los paramilitares están presentes y eso - junto con la presencia de las fuerzas militares - ha creado confusión dentro de la población civil”, dijo en su momento Anders Kompass, de la oficina del Alto Comisionado, cuando llegó al lugar de la tragedia. Al conocer las declaraciones, el general Montoya aseguró que no había evidencias sobre los vínculos entre militares y paras, y que su comandancia recibía demasiadas advertencias de posibles masacres “como para responder a todas y cada una”. Una investigación de la Procuraduría contra Montoya y contra el general Leonel Gómez Estrada, comandante de la Primera División, no les formuló cargos.

Su protagonismo

Periodistas y fotógrafos que viajaron hasta Bojayá después de la masacre tienen su propia versión de Montoya Uribe. Cuentan, por ejemplo, el episodio del zapato de un supuesto niño muerto en el ataque. “Un periodista de televisión iba a entrevistarlo, pero antes el general le pidió que esperara un momento. De uno de sus bolsillos, sacó un zapato de niño y cuando las cámaras ya estaban encendidas, comenzó a llorar”, dijo uno de los testigos.

Un caso similar ocurrió en el segundo semestre de 2002. Después de un enfrentamiento con las Farc en el municipio de Andes, Antioquia, el general Montoya llegó a la zona y cuando vio que todos los periodistas estaban reunidos cerca de las armas incautadas, tomo una de estas y, apuntando al cielo, descargó dos ráfagas enteras.

Esta tendencia al protagonismo en los medios le ha ocasionado recelo entre algunos sectores militares. Sin embargo, es normal que todo cambio brusco en las filas ocasione cierto malestar, máxime cuando se trata de reemplazar al general Castellanos, que contaba con mucho aprecio entre la tropa.



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